¿Qué es la Palabra de Dios? Mi Hijo es puro y santo como Yo Mismo. Y así Dios se convirtió en el Padre del Hijo a quien ama, pues así fue creado. Esta es la Palabra que Su Hijo no creó con Él, porque en esto nació Su Hijo. Aceptemos Su Paternidad, y todo nos es dado. Neguemos que fuimos creados en Su Amor y negaremos nuestro Ser, y no estaremos seguros de quiénes somos, de quién es nuestro Padre ni con qué propósito hemos venido. Y sin embargo, solo necesitamos reconocer a Aquel Que nos dio Su Palabra en nuestra creación, para recordarLo y así recordar nuestro Ser.
Padre, Tu Palabra es mía. Y es esto lo que quiero decir a todos mis hermanos, que me son dados para estimarlos como a mí mismo, así como Tú me amas, me bendices y me salvas.
✨ Resumen y puesta en práctica
La Palabra de Dios dice que eres puro y santo. Díselo a tus hermanos.
Después de haber aprendido a escuchar la guía divina (lección 275), esta lección te revela el mensaje central que debes transmitir. En el currículo, es una revelación de la verdad fundamental. ¿Cuál es la Palabra de Dios? "Mi Hijo es puro y santo como Yo." Así es como Dios llegó a ser el Padre del Hijo que Él ama. Es esta Palabra la que Su Hijo no creó con Él, pues en ella nació Su Hijo. Aceptar Su Paternidad es recibirlo todo.
La idea central es que la Palabra de Dios es también tu palabra. Al negar que fuiste creado en Su Amor, niegas tu Ser. Al aceptar Su Palabra, te acuerdas de Él y de tu Ser. Estás invitado a decir esta Palabra a todos tus hermanos, que te son dados para que los quieras como a los tuyos, como eres amado, bendecido y salvado por Dios. La Palabra que dices a los demás, te la dices a ti mismo.
Esta lección se inscribe en la continuidad de la lección 275 (la Voz curadora) y prepara las lecciones siguientes sobre la libertad (277-280). Hace eco de la lección 252 (el Hijo de Dios es mi Identidad) y de la lección 260 (Dios me creó). La Palabra de Dios no es una fórmula mágica, sino una declaración de verdad sobre tu identidad y la de todos. Al decirla, la refuerzas para ti mismo.
Concretamente, hoy, memoriza esta frase: "Eres puro y santo como Dios mismo." Dísela a cada persona que encuentres, en tu corazón, no en voz alta si la situación no se presta. Mira a alguien y piensa: "Eres puro y santo." Mírate en el espejo y di: "Soy puro y santo." Cada vez que surja la duda o la culpa, repite la Palabra de Dios. Ella disuelve las nubes del miedo.
La Palabra de Dios es la declaración más poderosa que existe. Revela quién eres realmente. Dísela hoy a todos los que encuentres, y al darla, la recibirás.
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