La idea de hoy expresa algo más fuerte que la mera determinación. Da a la visión prioridad entre tus deseos. Puede que sientas reticencia a usar la idea alegando que no estás seguro de que realmente lo digas en serio. Esto no importa. El propósito de los ejercicios de hoy es acercar un poco más el momento en que la idea será enteramente verdadera.
Puede haber una gran tentación de creer que se te pide algún tipo de sacrificio cuando dices que quieres ver por encima de todo. Si te inquieta la falta de reservas que esto supone, añade:
La visión no tiene costo para nadie.
Si aún persiste el miedo a la pérdida, añade además:
Sólo puede bendecir.
La idea de hoy necesita muchas repeticiones para dar el máximo beneficio. Debe usarse al menos cada media hora, y con más frecuencia si es posible. Podrías intentar hacerlo cada quince o veinte minutos. Se recomienda que establezcas un intervalo de tiempo definido para usar la idea al despertar o poco después, y procures atenerte a él a lo largo del día. No será difícil hacerlo, aunque estés conversando o de algún otro modo ocupado en ese momento. Aun así puedes repetirte una frase corta sin perturbar nada de lo que esté ocurriendo.
La verdadera pregunta es cuán a menudo lo recordarás. ¿Cuánto quieres que la idea de hoy sea verdadera? Responde una de estas preguntas, y habrás respondido la otra. Probablemente dejarás pasar varias aplicaciones, y quizá un buen número. No te inquietes por ello, pero procura atenerte a tu horario a partir de entonces. Si siquiera una vez durante el día sientes que fuiste perfectamente sincero mientras repetías la idea de hoy, puedes estar seguro de que te has ahorrado muchos años de esfuerzo.
✨ Resumen y puesta en práctica
¿Quieres ver? Entonces pon la visión en primer lugar de tus deseos.
Esta lección es como una declaración de amor a la verdad. La idea « Por encima de todo quiero ver » no es una simple resolución, es un compromiso del corazón. Podrías dudar, decirte que no estás seguro de pensarlo de verdad, pero no importa. La meta es acercarte un poco más a ese momento en que esta verdad se volverá enteramente real para ti. Si la idea te parece exigir un sacrificio, recuerda: la visión no le cuesta nada a nadie. Solo puede bendecir. Así que respira profundamente y deja que este pensamiento te habite.
Esta lección pide una repetición frecuente, al menos cada media hora, ¿y por qué no cada quince o veinte minutos? Fija un ritmo desde que te despiertes e intenta ceñirte a él. Incluso en plena conversación o en medio de una actividad, siempre puedes repetirte esta breve frase sin molestar a nada. Ese es todo el arte de esta práctica: la sencillez. No hace falta aislarse, no hacen falta condiciones perfectas. Solo un recordatorio suave y constante que atraviesa tu día como un hilo luminoso.
La verdadera pregunta es esta: ¿cuántas veces te acordarás? ¿Hasta qué punto quieres que esta idea sea verdad? Estas dos preguntas son una sola. Quizá te olvides varias veces, y no pasa nada. No te preocupes. Pero si una sola vez en tu día repites esta frase con una sinceridad perfecta, sabe que acabas de ahorrarte años de esfuerzo. Cada instante de sinceridad es un tesoro que cuenta.
Puesta en práctica:
Hoy, cada veinte minutos, detente un segundo y dite interiormente: « Por encima de todo quiero ver. » Si surge un miedo o una duda, añade: « La visión no le cuesta nada a nadie. Solo puede bendecir. » Lleva un pequeño cuaderno o una nota en tu teléfono para marcar cada aplicación; te ayudará a mantenerte constante.
Recuerda: no es la perfección lo que cuenta, es el movimiento de tu corazón que se vuelve hacia la luz.
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