Padre, Tu Mente creó todo lo que es, Tu Espíritu entró en ello; Tu Amor le dio vida. ¿Y miraría yo lo que Tú creaste como si pudiera hacerse pecaminoso? No quiero percibir imágenes tan oscuras y temibles. El sueño de un loco apenas es apto para ser mi elección, en lugar de toda la hermosura con que bendijiste la creación; toda su pureza, su alegría y su eterno y sereno hogar en Ti.
Y mientras permanecemos aún fuera de la puerta del Cielo, miremos todo lo que vemos a través de la santa visión y de los ojos de Cristo. Que todas las apariencias nos parezcan puras, para que podamos pasarlas por alto con inocencia y caminar juntos hacia la casa de nuestro Padre como hermanos y santos Hijos de Dios.
✨ Resumen y puesta en práctica
Con los ojos de Cristo, todo lo que ves es puro.
Tras haber aprendido a ver más allá de las diferencias (lección 262), esta lección eleva tu visión a un nivel todavía más alto. En el plan de estudios, es el don de la santa visión. La Mente de Dios creó todo lo que es, Su Espíritu puro entró en ello, Su Amor le dio la vida. ¿Cómo podrías mirar lo que Dios creó como si pudiera ser vuelto pecador? Esta lección te invita a percibir toda la creación como pura, alegre, eterna.
La idea central es que la santa visión ve la pureza original de todas las cosas. Te niegas a ver imágenes oscuras y aterradoras. Abandonas el sueño de un loco por la belleza con que Dios bendijo la creación. Al contemplar el mundo por la santa visión de Cristo, todas las apariencias te parecen puras, y puedes pasar más allá en inocencia, yendo hacia la casa del Padre como un santo Hijo de Dios. Las puertas del Cielo se abren ante ti.
Esta lección se apoya en la precedente (262), donde aprendiste a ver la unidad más allá de las diferencias. Prepara las lecciones 264-265 sobre el Amor omnipresente de Dios y la dulzura de la creación. Enlaza también con el tema del perdón (247): cuando perdonas, ves la pureza que el pecado parecía ocultar. Ahora ves esa pureza directamente, sin pasar por el perdón. Es la visión directa de la verdad.
Concretamente, hoy pasea (aunque sea mentalmente) por la naturaleza o por las calles de tu ciudad. Para cada cosa que veas —un árbol, un rostro, un edificio, un animal—, pregúntate: "¿Cómo ve Cristo esto?". Luego deja que suba la respuesta. Podrías sentir una dulzura, una belleza, una inocencia que no habías notado antes. Cuando veas algo que te parezca feo o triste, mira más profundamente: la pureza original está ahí, bajo las apariencias.
Los ojos de Cristo ven un mundo de pura luz. Déjalo mirar a través de ti hoy, y verás lo que Dios creó: perfecto, puro, eternamente amoroso.
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