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Lección 232

Está en mi mente, Padre mío, a lo largo del día.

“Está en mi mente, Padre mío, cuando despierte, y brilla sobre mí a lo largo del día de hoy. Que cada minuto sea un tiempo en que more contigo. Y no me dejes olvidar mi acción de gracias de cada hora porque has permanecido conmigo, y siempre estarás ahí para oír mi llamada a Ti y responderme. Al llegar la noche, que todos mis pensamientos se aquieten en Ti y en Tu Amor, y déjame dormir seguro de mi seguridad, cierto de Tu cuidado y felizmente consciente de que soy Tu Hijo.”

Así debería ser cada día. Hoy practica el fin del miedo. Ten fe en Aquel Que es tu Padre. Confía todas las cosas a Él. Deja que Él te revele todas las cosas, y no te desalientes porque eres Su Hijo.

✨ Resumen y puesta en práctica

Que Dios esté en tu mente a lo largo de todo el día.

Esta lección es una oración continua por la presencia de Dios a cada instante de la jornada. Comienza al despertar: «Está en mi mente, Padre mío, cuando despierto, y brilla sobre mí hoy durante todo el día». El día no comienza con las preocupaciones del mundo, sino con una invitación a la presencia divina. Desde el primer instante de conciencia, incluso antes de pensar en las tareas, las obligaciones, las preocupaciones, vuelves tu mente hacia Dios. Lo invitas a estar presente, a brillar sobre ti como el sol ilumina la tierra. Esta invitación inicial marca el tono de todo el día.

La lección estructura el tiempo en una sucesión de momentos sagrados: «Que cada minuto sea un tiempo en que permanezco contigo. Y que no olvide darte las gracias cada hora por haberte quedado conmigo, y por estar siempre ahí para oír la llamada que Te hago y responderme». Cada minuto se convierte en una ocasión de permanecer con Dios. Cada hora, en un momento para darle las gracias.

El día termina como comenzó: «Cuando llega la noche, que todos mis pensamientos sean todavía de Ti y de Tu Amor. Y que duerma seguro de mi seguridad, cierto de Tu solicitud y alegremente consciente de ser Tu Hijo». La conciencia de Dios no se detiene con la puesta del sol. Los últimos pensamientos antes del sueño son para Él, y el sueño mismo es arrullado por la certeza de la seguridad, de la solicitud y de la identidad filial.

Puesta en práctica:

Hoy, crea recordatorios en tu teléfono o coloca notitas en lugares estratégicos para acordarte de decir: «Está en mi mente, Padre mío, durante todo el día». Cada hora, tómate tres segundos para dar gracias interiormente: «Gracias por estar conmigo». Por la noche, antes de dormir, repasa tus pensamientos con Dios, confiándole todo, y duérmete en la certeza de que eres Su Hijo, perfectamente seguro y amado.

Vivir cada día con Dios en tu mente es transformar el más ordinario de los días en una conversación continua con el Amor infinito.


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