Me equivoqué cuando pensé que vivía separado de Dios, una entidad aparte que se movía en aislamiento, sin unión, alojada en un cuerpo. Ahora sé que mi vida es de Dios, no tengo otro hogar y no existo aparte de Él. Él no tiene Pensamientos que no sean parte de mí, y yo no tengo ninguno salvo Aquellos que son de Él.
Padre nuestro, déjanos ver el rostro de Cristo en lugar de nuestros errores. Pues nosotros, que somos Tu santo Hijo, somos impecables. Queremos contemplar nuestra impecabilidad, pues la culpa proclama que no somos Tu Hijo. Y no queremos olvidarTe más. Estamos solos aquí y anhelamos el Cielo, donde estamos en casa. Hoy queremos regresar. Nuestro Nombre es el Tuyo, y reconocemos que somos Tu Hijo.
✨ Resumen y puesta en práctica
Dios es tu vida, no hay otra.
Esta lección corrige el error fundamental que está en la fuente de todas las ilusiones: creer que puedes vivir por ti mismo, separado de Dios. «Me equivocaba cuando pensaba vivir aparte de Dios, una entidad separada que se movía en el aislamiento, desprendida y alojada en un cuerpo». Ese es el error reconocido: la idea de que podrías ser una pequeña cosa independiente, un cuerpo con una voluntad propia, una vida que te pertenece en propiedad.
La corrección es radical: «Ahora sé que mi vida es la de Dios, que no tengo otra morada y no existo aparte de Él. Él no tiene Pensamientos que no formen parte de mí, y yo no tengo más pensamientos que los que son de Él». No es una unión mística que alcanzar, es una realidad que reconocer.
La oración que sigue es una petición de visión: «Déjanos ver la faz de Cristo en lugar de nuestros errores. Porque nosotros, que somos Tu santo Hijo, estamos sin pecado. Querríamos contemplar nuestra impecabilidad, porque la culpa proclama que no somos Tu Hijo.
Puesta en práctica:
Hoy, cada vez que te sientas vulnerable, limitado o solo, recuerda: «No tengo vida aparte de Dios. Su vida es mi vida». Cuando te cruce el miedo a la muerte o a la pérdida, acuérdate de que vives de la vida eterna de Dios, que no puede morir. Mira tu reflejo en un espejo y di: «Este cuerpo no es mi vida».
No eres una gota separada del océano: eres el océano entero experimentándose como gota por un instante, antes de reconocer su inmensidad verdadera.
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