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Lección 220

Repaso (200)

No soy un cuerpo.

Soy libre.

Pues permanezco tal como Dios me creó.

[200] No hay paz excepto la paz de Dios

No me dejes apartarme del camino de la paz, pues estoy perdido en otros caminos que no sean este.

Déjame seguir a Aquel Que me conduce a casa, y la paz es tan segura como el Amor de Dios.

No soy un cuerpo.

Soy libre.

Pues permanezco tal como Dios me creó.

✨ Resumen y puesta en práctica

La única paz que existe

el repaso de la lección 200 concluye esta serie de repasos afirmando que no hay más paz que la paz de Dios. El estribillo «No soy un cuerpo. Soy libre. Porque sigo siendo tal como Dios me creó» resuena como la última palabra sobre todo intento de encontrar la paz en otra parte. Los repasos que acabas de atravesar (lecciones 201 a 220) son importantes porque han consolidado las veinte lecciones anteriores en un cimiento sólido. Este repaso final es como la clave de bóveda que cierra el conjunto. Al afirmar que no hay más que una sola paz, cortas de raíz todas las búsquedas vanas que te alejarían de la verdad.


La lección 200 te pidió que no buscaras más lejos. El repaso añade una oración: «No me dejes apartarme del camino de la paz, porque estoy perdido en otras rutas que no sean esa. Pero déjame seguir a Quien me conduce a casa, y la paz es tan cierta como el Amor de Dios». Esta oración reconoce humildemente que sin guía te extravías. Pero con el Guía, la paz es cierta.


Durante este repaso final del primer ciclo, tómate un momento para medir el camino recorrido. Desde la lección 181 hasta este repaso 220, has explorado la naturaleza de la percepción, del perdón, de la identidad y de la paz. Ahora, estas ideas ya no te son extrañas: empiezan a formar parte de ti. El repaso es el sello que autentifica este aprendizaje. La paz de Dios no es una recompensa futura sino una presencia actual.

Puesta en práctica:

Para cerrar este período de repaso, tómate un momento de silencio. Repite lentamente el estribillo: «No soy un cuerpo. Soy libre. Porque sigo siendo tal como Dios me creó». Luego añade: «No hay más paz que la paz de Dios». Da gracias por la guía recibida durante estos repasos. Comprométete a seguir practicando, porque la verdad no se aprende de una vez por todas: se vive a cada instante. La paz te acompaña ahora, tan cierta como el Amor de Dios.


Los repasos son los puntos de anclaje que impiden que el barco de tu conciencia se aleje a la deriva de la verdad: sin ellos, los vientos del mundo te llevarían lejos de la orilla de la paz.


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