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Lección 206

Repaso (186)

No soy un cuerpo.

Soy libre.

Pues sigo siendo tal como Dios me creó.

[186] La salvación del mundo depende de mí.

Se me han confiado los dones de Dios, porque soy Su Hijo. Y quiero dar Sus dones allí donde Él quiso que fueran.

No soy un cuerpo.

Soy libre.

Pues sigo siendo tal como Dios me creó.

✨ Resumen y puesta en práctica

La salvación del mundo reposa en tus manos amorosas

Este repaso de la lección 186 te confía una responsabilidad magnífica: la salvación del mundo depende de ti. La afirmación «No soy un cuerpo. Soy libre. Porque sigo siendo tal como Dios me creó» te prepara para oír esta verdad sin que tu ego haga de ella una carga. El repaso de las lecciones en esta fase final es crucial porque transforma conceptos intelectuales en convicciones profundas que guían cada una de tus acciones.

La lección 186 afirma que la salvación del mundo depende de ti porque los dones de Dios te son confiados como Su Hijo amado. Eres un depositario del amor que Dios ha puesto en ti. Y tu función es simple: dar esos dones allí donde Dios los destinaba, es decir, a todos tus hermanos. La verdadera humildad no consiste en creerte indigno, sino en aceptar el papel que Dios te ha confiado, sabiendo que tienes la fuerza para cumplirlo.

El repaso es particularmente importante aquí porque este mensaje puede parecer abrumador para el ego. Podrías pensar: «¿Cómo podría yo, con mis límites, salvar al mundo?». Pero el repaso te permite comprender que no eres tú, como persona limitada, quien salva al mundo. Es la luz de Dios la que brilla a través de ti. Tu única tarea es no estorbar esa luz. Cuanto más repasas, más dejas caer las barreras que tu ego había construido.

Para vivir esto hoy, reconoce que cada persona que encuentras es una ocasión de salvación. Antes de hablar con alguien, conéctate interiormente con Dios: «Que Tu don pase por mí para llegar a mi hermano». Observa cómo tus palabras se vuelven más suaves sin que lo fuerces. Si estás cansado, recuerda que no eres tú quien hace el trabajo, sino Dios a través de ti. No eres más que el canal, y el canal no necesita preocuparse.

Hoy, acepta esta responsabilidad con alegría, y deja que la luz de Dios salve al mundo a través de ti.

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