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Lección 204

Repaso (184)

No soy un cuerpo.

Soy libre.

Pues sigo siendo tal como Dios me creó.

[184] El Nombre de Dios es mi herencia.

El Nombre de Dios me recuerda que soy Su Hijo, no esclavo del tiempo, sin ataduras a las leyes que rigen el mundo de las enfermas ilusiones, libre en Dios, por siempre jamás uno con Él.

No soy un cuerpo.

Soy libre.

Pues sigo siendo tal como Dios me creó.

✨ Resumen y puesta en práctica

Un nombre de herencia: no eres esclavo del tiempo ni del mundo

Este repaso de la lección 184 te invita a reconocer la herencia más preciosa que posees: el Nombre de Dios mismo. La afirmación «No soy un cuerpo. Soy libre. Porque sigo siendo tal como Dios me creó» te prepara para recibir esta herencia que siempre te ha pertenecido. El repaso de estas lecciones es significativo en la fase avanzada de tu recorrido. Te permite pasar de la comprensión mental a la experiencia vivida de estas verdades, enraizando en ti la conciencia de tu filiación divina.

La lección 184 te dice que el Nombre de Dios es tu herencia. Ese Nombre no es una palabra ni una etiqueta. Es el recordatorio de que eres el Hijo de Dios, y no el esclavo del tiempo. No estás sometido a las leyes que gobiernan este mundo de ilusiones enfermas. Por ese Nombre, eres libre en Dios, siendo uno con Él para siempre. El Nombre de Dios trasciende todos los nombres y todos los símbolos que fragmentan tu percepción y te hacen creer que estás separado de tu Fuente.

¿Por qué es tan importante el repaso aquí? Porque el mundo no cesa de darte otras identidades: eres un trabajador, un padre o una madre, un cuerpo con una historia y una edad. Cada uno de esos nombres te mantiene en la ilusión de la separación. Al repasar esta lección, te desvistes de todos esos nombres prestados para conservar solo el Nombre que es verdaderamente el tuyo, el que Dios te dio antes de que el mundo fuera creado.

Para integrar esta verdad hoy, cada vez que te definas por un papel que desempeñas, detente un instante. Respira hondo y recuerda: «El Nombre de Dios es mi herencia. No estoy definido por este mundo». Observa la libertad que nace de este simple pensamiento. No tienes que probar quién eres, ni ganarte tu identidad. Te la da Dios mismo. Cuando encuentres a alguien, mira más allá del nombre mundano y reconoce en él la misma herencia sagrada.

Deja que el Nombre de Dios te libere hoy, y recuerda que eres libre porque sigues siendo tal como Dios te creó.

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