Que hoy no seamos ni arrogantes ni falsamente humildes. Hemos ido más allá de tales necedades. No podemos juzgarnos a nosotros mismos, ni necesitamos hacerlo. Esos no son sino intentos de retrasar la decisión, y de demorar el compromiso con nuestra función. No nos corresponde juzgar nuestro valor, ni podemos saber qué papel es el mejor para nosotros; lo que podemos hacer dentro de un plan mayor que no podemos ver en su totalidad. Nuestro papel está dispuesto en el Cielo, no en el infierno. Y lo que creemos que es debilidad puede ser fortaleza; lo que creemos que es nuestra fortaleza es a menudo arrogancia.
Sea cual sea tu papel asignado, fue seleccionado por la Voz de Dios, cuya función es hablar también por ti. Viendo tus fortalezas exactamente como son, y consciente por igual de dónde pueden aplicarse mejor, para qué, a quién y cuándo, Él elige y acepta tu parte por ti. No obra sin tu propio consentimiento. Pero no se engaña en cuanto a lo que eres, y escucha solo a Su Voz en ti.
Es a través de Su capacidad de oír una Voz que es Su Propia como te das cuenta por fin de que hay Una Voz en ti. Y esa Única Voz señala tu función, y te la transmite, dándote la fortaleza para comprenderla, para hacer lo que conlleva, y para tener éxito en todo lo que hagas relacionado con ella. Dios se ha unido a Su Hijo en esto, y así Su Hijo se convierte en Su mensajero de unidad con Él.
Es esta unión, por medio de la Voz de Dios, del Padre y del Hijo, la que separa la salvación del mundo. Es esta Voz la que habla de leyes que el mundo no obedece; la que promete salvación de todo pecado, con la culpa abolida en la mente que Dios creó impecable. Ahora esta mente vuelve a ser consciente de Quién la creó, y de Su unión duradera con ella. Así su Ser es la única Realidad en la que su voluntad y la de Dios están unidas.
Un mensajero no elige hacer el mensaje que entrega. Ni cuestiona el derecho de quien lo hace, ni pregunta por qué ha elegido a quienes recibirán el mensaje que trae. Basta con que lo acepte, lo lleve a aquellos a quienes fue destinado, y cumpla su papel en la entrega. Si insiste en juzgar cuáles deberían ser los mensajes, o cuál es su propósito, o adónde deberían llevarse, falla en desempeñar su parte apropiada como portador de la Palabra.
Hay una diferencia importante en el papel de los mensajeros del Cielo que los distingue de los que el mundo designa. Los mensajes que entregan están destinados primero a ellos. Y solo cuando pueden aceptarlos para sí mismos se vuelven capaces de llevarlos más lejos, y de darlos en todas partes donde estaban destinados a ser dados. Como los mensajeros terrenales, no escribieron los mensajes que portan, pero se convierten en sus primeros receptores en el sentido más verdadero, recibiendo para prepararse a dar.
Un mensajero terrenal cumple su papel entregando todos los mensajes. Los mensajeros de Dios desempeñan su parte aceptando Sus mensajes como para sí mismos, y demuestran que comprenden los mensajes dándolos. No eligen papeles que no les sean dados por Su autoridad. Y así ganan con cada mensaje que dan.
¿Quieres recibir los mensajes de Dios? Pues así te conviertes en Su mensajero. Ahora estás designado. Y sin embargo esperas para dar los mensajes que has recibido, y por eso no sabes que son tuyos, y no los reconoces. Nadie puede recibir y comprender que ha recibido hasta que da. Pues en el dar está su propia aceptación de lo que recibió.
Tú, que eres ahora un mensajero de Dios, recibes Sus mensajes, pues eso es parte de tu papel asignado. Él no ha dejado de ofrecerte lo que necesitas, ni se ha quedado sin aceptar. Sin embargo, otra parte de tu tarea asignada está aún por cumplirse. Aquel que ha recibido por ti los mensajes de Dios querría que también tú los recibieras. Pues así te identificas con Él y reclamas lo tuyo.
Es esta unión la que emprendemos reconocer hoy. Pero no buscaremos mantener nuestras mentes apartadas de Aquel que habla por nosotros, pues es solo nuestra voz la que oímos cuando Le atendemos. Solo Él puede hablarnos a nosotros y por nosotros, uniendo en una Voz el recibir y el dar la Palabra de Dios; el dar y recibir Su Voluntad.
Practicamos dándole lo que Él quisiera tener para que reconozcamos Sus dones para nosotros. Necesita nuestra voz para poder hablar a través de nosotros. Necesita nuestras manos para sostener Sus mensajes y llevarlos a quienes Él designa. Necesita nuestros pies para llevarnos adonde Él quiere, para que los que esperan en la desdicha sean por fin liberados. Y necesita nuestra voluntad unida a la Suya, para que podamos ser los verdaderos receptores de los dones que da.
Aprendamos tan solo esta lección de hoy: no reconoceremos lo que recibimos hasta que lo demos. Lo has oído decir de cien maneras, y sin embargo aún falta la creencia. Pero esto es seguro; hasta que se le dé creencia, recibirás mil milagros y luego recibirás mil más, pero no sabrás que Dios Mismo no ha dejado don alguno más allá de lo que ya tienes; ni ha negado la más pequeña de las bendiciones a Su Hijo. ¿Qué puede significar esto para ti hasta que te hayas identificado con él y con lo suyo?
Nuestra lección de hoy se enuncia así:
Estoy entre los ministros de Dios, y estoy agradecido de tener los medios por los cuales reconocer que soy libre.
El mundo se retira a medida que iluminamos nuestras mentes, y nos damos cuenta de que estas santas palabras son verdaderas. Son el mensaje que se nos envía hoy desde nuestro Creador. Ahora demostramos cómo han cambiado nuestras mentes acerca de nosotros mismos y de cuál es nuestra función. Pues al demostrar que no aceptamos ninguna voluntad que no compartamos, nuestros muchos dones de nuestro Creador surgirán ante nuestra vista y saltarán a nuestras manos, y reconoceremos lo que recibimos.
✨ Resumen y puesta en práctica
Tienes un papel sagrado en el plan de Dios.
No seas ni arrogante ni falsamente humilde. Ya has superado esas tonterías. No puedes juzgar tu propio valor, y no necesitas hacerlo. No tienes que conocer el mejor papel para ti, ni comprender el plan más vasto en el que te inscribes. Tu papel te es dado en el Cielo, no en el infierno. Y lo que piensas que es debilidad puede ser tu fuerza, mientras que lo que crees que es tu fuerza suele ser arrogancia.
Sea cual sea el papel que se te asigne, ha sido elegido por la Voz que habla por Dios. Esa Voz ve tus fuerzas exactamente como son, y sabe dónde pueden aplicarse mejor. No trabaja sin tu consentimiento, pero no se equivoca sobre lo que eres. Al escuchar esa única Voz en ti, tomas conciencia de tu función sagrada. Dios se ha unido a Su Hijo; así Su Hijo se convierte en Su mensajero de unidad con Él.
Esta lección se enlaza con la 151 (todas las cosas son ecos de la Voz que habla por Dios) y con la 152 (el poder de decisión me pertenece). La 155 (ceder el paso) es la consecuencia práctica de esa pertenencia. La 157 (entrar en Su presencia) y la 158 (dar como recibo) describen la experiencia de este ministerio. Los repasos 172 y 174 refuerzan la idea de que eres un canal del amor de Dios.
Puesta en práctica:
Hoy, pregunta en silencio: «¿Cuál es mi función hoy? ¿Cuál es lo que estoy mejor situado para ofrecer al mundo?». Escucha la respuesta que sube desde dentro, sin juzgar si eres capaz de cumplirla. Luego simplemente confía y actúa en esa dirección. No estás solo en esta misión.
Eres un mensajero de Dios. Y tu mensaje es el amor que eres.
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