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Lección 111

Repaso (91 y 92)

Hoy comienza nuestro tercer repaso. Repasaremos dos de las últimas veinte ideas cada día hasta haberlas repasado todas. Observaremos el formato especial para estos períodos de práctica, que se te anima encarecidamente a seguir con la mayor fidelidad posible. Entendemos, por supuesto, que puede serte imposible emprender lo que aquí se sugiere como óptimo todos los días y a todas las horas del día.

El aprendizaje no se verá obstaculizado si te saltas un período de práctica porque es imposible a la hora programada. Tampoco es necesario que hagas esfuerzos excesivos para compensar el número de prácticas perdidas. Los rituales no son nuestra meta, y comprometerían nuestro propósito de aprendizaje.

Pero el aprendizaje sí se verá obstaculizado si te saltas un período de práctica porque no estás dispuesto a dedicar el tiempo que se te pide. No te equivoques en esto. La falta de disposición puede estar cuidadosamente escondida tras un velo de situaciones que no puedes controlar. Aprende a distinguir las situaciones que son genuinamente inadecuadas para tu práctica de aquellas que creas para mantener un camuflaje de tu falta de disposición.

Los períodos de práctica que has perdido porque no querías hacerlos, por la razón que fuera, deben hacerse en cuanto hayas cambiado de parecer respecto a tu meta. Solo te niegas a cooperar en la práctica de la salvación cuando esta interfiere con metas que aprecias más. Cuando retires el valor que les has dado, deja que tus períodos de práctica sustituyan a tus letanías en honor de ellas. No te han dado nada. Pero tus períodos de práctica te ofrecen todo. Acepta su ofrenda y está en paz.

El formato que debes usar para estos repasos es el siguiente: dedica cinco minutos dos veces al día, o más si lo prefieres, a meditar sobre las ideas asignadas. Lee primero las ideas y los comentarios escritos al principio de los ejercicios de cada día. Luego empieza a pensar en ellas tranquilamente, dejando que tu mente las relacione con tus necesidades, tus aparentes problemas y todas tus preocupaciones.

Coloca las ideas en tu mente, y deja que las use como desee. Dale la fe de que las usará con sabiduría, ayudada en sus decisiones por Aquel que te dio estos pensamientos. ¿En qué puedes confiar sino en lo que está en tu mente? Ten fe, durante estos repasos, en que los medios que usa el Espíritu Santo no te fallarán. La sabiduría de tu mente acudirá en tu ayuda. Dale una dirección al principio, luego reclínate con fe serena, y deja que use las ideas que le has dado tal como te fueron dadas a ti.

Te fueron dadas con perfecta confianza; con absoluta seguridad de que las usarías bien; con perfecta fe en que comprenderías sus mensajes y los usarías para ti. Ofrécelas a tu mente con la misma confianza, la misma seguridad y la misma fe. No te fallará. Es el medio elegido por el Espíritu Santo para tu salvación. Y con Su confianza, la tuya está igualmente justificada.

Subrayamos los beneficios que tendrá para ti dedicar los primeros cinco minutos del día a tu repaso y dedicarle también los últimos cinco minutos de tu día de vigilia. Si esto no puede hacerse, intenta al menos dividirlos de modo que hagas uno por la mañana y el otro justo antes de quedarte dormido.

Los ejercicios que han de hacerse a lo largo del día son igual de importantes, y quizá de un valor aún mayor. Has tendido a hacer los ejercicios y luego pasar a otras cosas, sin aplicarles lo que has aprendido. Como resultado, tu aprendizaje ha recibido poco refuerzo, y no le has dado la oportunidad de demostrar su valor ante tus ojos.

Aquí hay otra oportunidad de usarlo bien. En estos repasos, insistimos en la necesidad de no dejar que tu aprendizaje permanezca ocioso entre tus períodos de práctica más largos. Procura dar a tus dos ideas diarias un repaso breve pero serio cada hora. Usa una en punto, y la otra media hora más tarde. No necesitas dedicarle más que un momento.

Repítela, y deja que tu mente descanse un rato en silencio y en paz. Luego pasa a otras cosas, pero procura mantener el pensamiento contigo, y deja que te ayude a mantener tu paz durante todo el día. Si te sientes sacudido, piensa en él de nuevo. Estos períodos de práctica están pensados para ayudarte a formar el hábito de aplicar lo que aprendes cada día a todo lo que haces.

No la repitas para luego dejarla a un lado. Su utilidad para ti no tiene límites. Y está destinada a servirte en todas las circunstancias, en todo momento y en todo lugar, y siempre que necesites ayuda de cualquier tipo. Procura, pues, llevarla contigo a las actividades del día, y hacerlas santas, dignas del Hijo de Dios, aceptables para Dios y para tu Ser.

La tarea de repaso de cada día terminará con una reformulación del pensamiento que ha de usarse cada hora, y del que ha de aplicarse también cada media hora. No los olvides. Esta segunda oportunidad con cada una de estas ideas traerá tanto progreso que saldremos de estos repasos con avances en el aprendizaje tan grandes que volveremos a empezar sobre terreno firme.

No olvides lo poco que has aprendido. No olvides cuánto puedes aprender ahora. No olvides la necesidad que tu Padre tiene de ti mientras repasas estos pensamientos que Él te ha dado.

Para el repaso de la mañana y de la noche:

[91] Los milagros se ven en la luz.

No puedo ver en la oscuridad. Que la luz de la santidad y de la verdad ilumine mi mente, y déjame ver la inocencia que hay dentro.

[92] Los milagros se ven en la luz, y la luz y la fortaleza son uno.

Veo a través de la fortaleza, el don de Dios para mí.

Mi debilidad es la oscuridad que Su don disipa dándome Su fortaleza para ocupar su lugar.

En punto: Los milagros se ven en la luz.

A la media hora:

Los milagros se ven en la luz, y la luz y la fortaleza son uno.

✨ Resumen y puesta en práctica

Iniciamos el segundo gran repaso del lote 2. Las lecciones 91 a 110 han profundizado temas esenciales: la visión de los milagros, la fuerza y la luz, la alegría y la paz, la unidad del Ser, el espíritu puro, la felicidad y el descanso en Dios. El repaso 111 te devuelve a las lecciones 91 y 92, los cimientos de la visión. Es el momento de comprobar que empiezas a ver los milagros en la luz, y que reconoces que esa luz es una fuerza.

« Los milagros se ven en la luz » (91) y « Los milagros se ven en la luz, y la luz y la fuerza son una » (92). Juntas, estas dos ideas te dan el marco de percepción del nuevo mundo. La primera te enseña DÓNDE mirar (en la luz, no en las tinieblas). La segunda te dice CÓMO mirar (con la fuerza de Dios, no con la debilidad del cuerpo). Repasar estas dos juntas es ejercitarte en la visión correcta.

Los repasos 111 a 120 cubren las diez últimas lecciones del lote 2 por parejas. Esta segunda serie de repasos es más contemplativa que la primera (81-90). Las lecciones repasadas son más profundas, más cercanas a la experiencia directa que a la instrucción teórica. Tras este repaso, habrás completado el lote 2 (lecciones 61-120) y estarás preparado para la continuación del camino. Cada día de repaso es un paso más hacia la integración.

Hoy, repasa mañana y noche diciendo: « Los milagros se ven en la luz. » A cada hora: « Los milagros se ven en la luz. » A cada media hora: « Los milagros se ven en la luz, y la luz y la fuerza son una. » Si una situación te parece oscura o difícil, recuerda: no puedes ver en las tinieblas. Llévala a la luz de tu conciencia, y deja que la fuerza de Dios sustituya a tu debilidad.

Repasar no es retroceder. Es dejar que la verdad se profundice en ti.

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