Esto es lo que decía un antiguo guerrero:
No me atrevo a dar la señal; prefiero recibirla.
No me atrevo a avanzar una pulgada; prefiero retroceder un pie.
A eso se le llama no tener filas que seguir, brazos que extender, enemigos que perseguir ni armas que empuñar.
No hay desgracia mayor que resistir a la ligera.
Resistir a la ligera es casi perder nuestro tesoro.
Por eso, cuando dos ejércitos combaten en igualdad de condiciones, el hombre más compasivo obtiene la victoria.
No me atrevo a dar la señal; prefiero recibirla.
No me atrevo a avanzar una pulgada; prefiero retroceder un pie.
A eso se le llama no tener filas que seguir, brazos que extender, enemigos que perseguir ni armas que empuñar.
No hay desgracia mayor que resistir a la ligera.
Resistir a la ligera es casi perder nuestro tesoro.
Por eso, cuando dos ejércitos combaten en igualdad de condiciones, el hombre más compasivo obtiene la victoria.