El hombre que conoce (el Tao) no habla; quien habla no lo conoce.
Cierra la boca, clausura los oídos y los ojos, embota su actividad, se libera de todos los vínculos, modera su luz (interior), se asimila a lo vulgar. Puede decirse que se parece al Tao.
Es inaccesible tanto al favor como al desdén, tanto al provecho como al perjuicio, tanto a los honores como a la ignominia.
Por eso es el hombre más honorable del universo.
Cierra la boca, clausura los oídos y los ojos, embota su actividad, se libera de todos los vínculos, modera su luz (interior), se asimila a lo vulgar. Puede decirse que se parece al Tao.
Es inaccesible tanto al favor como al desdén, tanto al provecho como al perjuicio, tanto a los honores como a la ignominia.
Por eso es el hombre más honorable del universo.