El Tao practica constantemente la no-acción y (sin embargo) no hay nada que no haga.
Si los reyes y los vasallos pueden conservarlo, todos los seres se convertirán.
Si, una vez convertidos, todavía quieren ponerse en movimiento, los contendré con ayuda del ser simple que no tiene nombre (es decir, mediante el Tao).
Al ser simple que no tiene nombre, ni siquiera hay que desearlo.
La ausencia de deseos procura la quietud. Entonces el imperio se rectifica por sí mismo.
Si los reyes y los vasallos pueden conservarlo, todos los seres se convertirán.
Si, una vez convertidos, todavía quieren ponerse en movimiento, los contendré con ayuda del ser simple que no tiene nombre (es decir, mediante el Tao).
Al ser simple que no tiene nombre, ni siquiera hay que desearlo.
La ausencia de deseos procura la quietud. Entonces el imperio se rectifica por sí mismo.