El Santo guarda la gran imagen (el Tao), y todos los pueblos del imperio acuden a Él.
Acuden, y Él no les hace ningún daño; les procura paz, calma y tranquilidad.
La música y los manjares exquisitos retienen al extranjero que pasa.
Pero cuando el Tao sale de nuestra boca, es insípido y no tiene sabor.
Se lo mira y no se lo puede ver; se lo escucha y no se lo puede oír; se lo emplea y no se lo puede agotar.
Acuden, y Él no les hace ningún daño; les procura paz, calma y tranquilidad.
La música y los manjares exquisitos retienen al extranjero que pasa.
Pero cuando el Tao sale de nuestra boca, es insípido y no tiene sabor.
Se lo mira y no se lo puede ver; se lo escucha y no se lo puede oír; se lo emplea y no se lo puede agotar.