Si el hombre actúa para gobernar perfectamente el imperio, veo que no lo logrará.
El imperio es (como) un vaso divino (en el que el hombre) no debe trabajar.
Si trabaja en él, lo destruye; si quiere apoderarse de él, lo pierde.
Por eso, entre los seres, unos marchan (adelante) y otros los siguen; unos calientan y otros enfrían; unos son fuertes y otros débiles; unos se mueven y otros se detienen.
De ahí que el hombre santo suprima los excesos, el lujo y la magnificencia.
El imperio es (como) un vaso divino (en el que el hombre) no debe trabajar.
Si trabaja en él, lo destruye; si quiere apoderarse de él, lo pierde.
Por eso, entre los seres, unos marchan (adelante) y otros los siguen; unos calientan y otros enfrían; unos son fuertes y otros débiles; unos se mueven y otros se detienen.
De ahí que el hombre santo suprima los excesos, el lujo y la magnificencia.