El primer y principal motivo del arrepentimiento surge cuando un hombre llega a reconocer la naturaleza de su Dios, examina y medita sobre la continuidad de la bondad de Dios hacia él, así como sobre la deuda de servicio agradecido que tiene con Él. El segundo motivo del arrepentimiento surge cuando recibe advertencias y reproches del Creador, que le hacen avergonzarse del mal de sus actos, ya sea por medio de un profeta de su generación, de la Biblia o de la boca de algún maestro del servicio de Dios. Pues ninguna época ni generación carece de hombres así, como dicen nuestros sabios: «Antes de que se pusiera el sol de Moisés, salió el sol de Josué; antes de que se pusiera el sol de Elí, brilló el de Samuel, su discípulo; antes de que se pusiera el sol de Elías, salió el sol de Eliseo». El día en que murió Rabbi Aqiba nació nuestro santo maestro; así, se verá que en cada época y en todos los países nunca faltarán hombres que llamen a la gente a Dios y a Su servicio, y que enseñen la Torah.
El tercer motivo para arrepentirse es el del hombre que vuelve a Dios a causa de las pruebas y del temor a los castigos.
El cuarto motivo para arrepentirse es el del hombre a quien solo incitan a arrepentirse las tribulaciones y las penas que lo estremecen, cuando ve en ellas un castigo por el pecado, despierta de su sueño de indiferencia y vuelve a Dios.
Pero feliz el que es impulsado al arrepentimiento de la primera manera.
El cuarto motivo para arrepentirse es el del hombre a quien solo incitan a arrepentirse las tribulaciones y las penas que lo estremecen, cuando ve en ellas un castigo por el pecado, despierta de su sueño de indiferencia y vuelve a Dios.
Pero feliz el que es impulsado al arrepentimiento de la primera manera.