Rabbi Abba se levantó, puso sus manos sobre la cabeza del joven y lo bendijo. Luego dijo: Siempre había pensado que solo se encuentra sabiduría en los justos que son dignos de ella. Ahora me doy cuenta de que, mientras Rabbi Siméon viva, incluso los niños gozan del favor de conocer la Sabiduría suprema. ¡Dichoso tú, Rabbi Siméon! ¡Desdichada la generación que ya no te verá! Permanecieron sentados hasta el amanecer y continuaron estudiando la doctrina.
Rabbi Abba comenzó entonces a hablar así: Está escrito: «Todo tu pueblo es un pueblo de justos, etc.». Este versículo ha sido explicado por los colegas de la siguiente manera: ¿Por qué dice la Escritura: «Todo tu pueblo es un pueblo de justos»? ¿Acaso son justos todos los israelitas? ¿No hay entre los israelitas tantos pecadores y tantos impíos que transgreden el mandamiento de la Escritura? Pero esto es lo que hemos aprendido al respecto en los misterios de la tradición: ¡Feliz la suerte de los israelitas que ofrecen sacrificios! Pues la voluntad del Santo, bendito Sea, es que los israelitas ofrezcan a sus hijos en holocausto el octavo día de su nacimiento; y, desde el momento en que los niños son circuncidados, participan de la buena porción del Santo, bendito Sea, tal como está escrito: «Y el Justo es el fundamento del mundo». Desde el momento en que los niños participan de la porción del Justo, son llamados Justos. Así, en el momento de la circuncisión, todos los israelitas son llamados «justos»; por eso la Escritura añade: «... Poseerán la tierra para siempre», tal como está escrito: «Ábranme las puertas del Justo para que entre por ellas»; y un poco más abajo está escrito: «Esta es la puerta del señor; por ella entrarán los justos». Estas palabras aluden a los que han sido circuncidados, pues son llamados «justos». La Escri-
Son los retoños que he plantado, lo que quiere decir: son los retoños de las plantas que el Santo, bendito sea, plantó en el Jardín del Edén; y la tierra de aquí abajo es una de esas plantas. Por eso, los israelitas tienen una buena porción en el mundo futuro, tal como está escrito: «Y los justos habitarán en la tierra eternamente». La Escritura dice: «Poseerán la tierra para siempre». ¿Qué significan las palabras «para siempre»? Estas palabras tienen el sentido que se ha indicado en nuestra tradición y que los compañeros han explicado. Abraham no tenía la letra Hé en su nombre mientras no fue circuncidado; pero, inmediatamente después de su circuncisión, la letra Hé se añadió a su nombre y la Shejiná se unió a él; y desde ese momento fue llamado Abraham. Por eso está escrito: «Tal fue el origen del cielo y de la tierra cuando fueron creados». Ahora bien, una tradición nos enseña que no hay que leer «behibaram», sino «belle baram», lo que quiere decir: por Abraham. ¿Cómo se puede decir que el cielo y la tierra fueron creados por Abraham, que es la imagen de la Séphira «Gracia» (Hésed), cuando sabemos que la palabra «behibaram» significa que el cielo y la tierra fueron creados por la Shejiná, cuyo símbolo es la Hé? Estas dos tradiciones no se contradicen, sino que ambas vienen a decir lo mismo. Rabbi Jacob preguntó a su padre, Rabbi Abba: Sabemos que la Hé de la palabra «behibaram» está escrita en el Pentateuco más pequeña que las demás letras, mientras que la Hé de la palabra «halaïehovah» (que comienza el versículo: «¿Así es como agradecen al Señor, pueblo insensato e ignorante?») se escribe más grande que las demás letras del Pentateuco. ¿Qué diferencia hay entre estas dos Hé? Rabbi Abba le respondió: La primera de estas Hé designa el grado celestial cuya imagen es el año sabático, mientras que la segunda Hé designa el grado superior del cielo cuya imagen es el año jubilar. Por la misma razón, la luna a veces está llena y otras, menguada; y, sin embargo, es la misma luna. Tal es también el misterio por el cual se designa a la Shejiná, a veces mediante una Hé escrita más pequeña que las demás letras, y otras mediante una Hé escrita más grande.
Rabbi Abba dice: ¡Feliz la suerte de los israelitas, a quienes el Santo, bendito sea, distinguió de los demás pueblos al darles la marca de la circuncisión! Porque quienquiera que lleve esta señal no irá al infierno, si la conserva intacta de manera conveniente, es decir, si vive en castidad, si no se pone bajo el dominio de otro poder, es decir, bajo el dominio del demonio y, por último, si no quebranta el juramento prestado en nombre del Rey. Porque quienquiera que quebranta la ley de la castidad es tan culpable como quien quebranta el juramento prestado en nombre del Santo, bendito sea, tal como está escrito: «Porque han quebrantado la ley del Señor, pues han engendrado hijos bastardos».
Rabbi Abba dijo además: En el momento en que el hombre introduce a su hijo en la Alianza de la circuncisión, el Santo, bendito sea, llama a todas las legiones celestiales y les dice: ¡Miren qué hijo he creado en el mundo! En ese momento, el profeta Elías recorre el mundo en cuatro vuelos y llega al lugar donde tiene lugar la circuncisión. Por eso hemos aprendido que el hombre está obligado a colocar un asiento en honor del profeta, en la casa donde tiene lugar la circuncisión, y a decir: Este asiento está destinado al profeta Elías; si no se pronuncian estas palabras, el profeta no se sienta en él. Después, el profeta sube al cielo y da testimonio de la circuncisión ante el Santo, bendito sea. Observen que la Escritura dice primero: «Y el Señor, dirigiéndole la palabra, le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?». Y un poco más abajo: «Y respondió: Ardo de celo por Ti, Señor, Dios de los ejércitos (Sebaoth), porque los hijos de Israel han abandonado Tu Alianza, etc.». Dios le habló así a Elías: Juro por tu vida que, dondequiera que mis hijos impriman esta marca sagrada en su carne, tú estarás presente; y la misma boca que hoy da testimonio ante Mí de que los hijos de Israel han abandonado la Alianza dará testimonio en adelante de que han cumplido este acto de la Alianza. Esto corrobora la tradición según la cual el profeta Elías fue castigado por el Santo, bendito sea, porque se había convertido en acusador de los hijos de Dios.
Mientras conversaban así sobre los temas de la doctrina, amaneció. Rabbi Abba y su hijo se dispusieron entonces a partir. El dueño de la casa les dijo: «Concluyan la obra de la que hablaron esta noche». Ellos le preguntaron qué significaban aquellas palabras. Él les respondió: «Mañana verán al Maestro, es decir, al profeta Elías, que estará aquí presente. Mi esposa me encarga pedirles este favor: que aplacen su partida, pues mañana se celebrará el banquete de la circuncisión de mi hijo recién nacido». Rabbi Abba respondió: «Esta es una invitación a una buena obra: se nos invita a recibir a la Shejiná; nos quedaremos». Pasaron allí todo el día. Al llegar la noche, el dueño de la casa invitó a todos sus amigos, y todos pasaron la noche dedicándose al estudio de la doctrina. Nadie durmió en toda la noche. El dueño de la casa, dirigiéndose a sus invitados, les dijo: «Quisiera que cada uno de ustedes expusiera una idea nueva relativa a la doctrina».
« Ustedes, los que se distinguieron entre los hijos de Israel, exponiendo voluntariamente su vida al peligro, bendigan al Señor». ¿Por qué Debora y Barac comenzaron su cántico con este versículo? Pero sabemos, por una tradición, que el mundo subsiste únicamente gracias a la Alianza, tal como está escrito: «Si no hubiera hecho la Alianza con el día y con la noche, no habría establecido las leyes que rigen el cielo y la tierra». Así, mientras los israelitas cumplen la obra de la Alianza, es decir, el acto de la circuncisión, las leyes que rigen el cielo y la tierra permanecen estables. Pero, durante el tiempo en que Israel abandona la ley de la Alianza —de lo que Dios nos preserve—, el cielo y la tierra dejan de ser estables, y las bendiciones ya no se derraman en este mundo. Adviertan que los demás pueblos nunca dominan a Israel sino cuando este abandona esa ley fundamental. ¿Qué se entiende por «abandonar esta ley fundamental»? Se entiende por ello que los israelitas ya no practican el acto de la «peria», que consiste en retraer el prepucio para dejar al descubierto el glande. Por eso la Escritura dice: «Y los hijos de Israel abandonaron al Señor, etc.». Y un poco más abajo: «Y el Señor los entregó en manos de Sisara». Así, estas palabras: «… Abandonaron al Señor» deben interpretarse de esta manera: que abandonaron la ley de la Alianza. Pero, cuando llegó Debora, que sació a Israel con esta palabra (es decir, con la relación que existe entre la opresión de Israel y su abandono de la ley de la Alianza), el enemigo de Israel sucumbió. Por eso la tradición nos enseña que el Santo, bendito sea, dijo a Josué: ¡Cómo! Los israelitas están incircuncisos, no practican la ley de la «peria», no dejan al descubierto el glande; en una palabra, no entran en Mi Alianza, ¿y tú quieres hacerlos entrar en la tierra santa y someter allí a sus enemigos? No: «Renueva entre los hijos de Israel la operación de la circuncisión». Mientras los israelitas no hayan practicado la ley de la «peria» ni hayan dejado al descubierto la marca de la Alianza, no podrán entrar en la tierra santa ni someter a sus enemigos. Lo mismo ocurrió con Debora: tan pronto como Israel volvió a recibir la marca de la Alianza, prevaleció sobre sus enemigos, y las bendiciones comenzaron de nuevo a derramarse en el mundo. Por eso la Escritura dice: «Biproa peraoth» (es decir: después de que volvieron a practicar la ley de la «peria»), «bebithnadeb am» (es decir: cuando el pueblo de Israel volvió a recibir esta ley), «barcou Jéhovah» (es decir: entonces las bendiciones del Señor volvieron a derramarse en el mundo).
Otro invitado se levantó y comenzó a hablar de la siguiente manera: Está escrito: «Mientras Moisés iba de camino, el Señor se le presentó en la posada y quiso quitarle la vida». ¿A quién quería quitarle la vida? ¿A Moisés o a su hijo? —A Moisés. El Santo, bendito sea, habló así a Moisés: ¿Cómo? ¿Quieres librar al pueblo de Israel del yugo de los egipcios, quieres vencer a un rey grande y poderoso como el Faraón, y olvidas circuncidar a tu propio hijo? Por eso quería matarlo. Hemos aprendido por tradición que el ángel Gabriel descendió en ese momento, rodeado de una llama, para quemar a Moisés; al mismo tiempo, una serpiente salió de las llamas y quería devorarlo. ¿Por qué una serpiente? El Santo, bendito sea, dijo así a Moisés: ¿Te propones ir a matar a la serpiente grande y poderosa, es decir, al Faraón, y no circuncidas a tu propio hijo? Inmediatamente, Dios hizo una señal a la serpiente para que devorara a Moisés. Cuando Séfora vio esto, circuncidó a su hijo, y la serpiente soltó a Moisés, tal como está escrito: «Y Séfora tomó enseguida un “tzour” y circuncidó a su hijo». ¿Qué significa la palabra «tzour»? Esta palabra significa «remedio». ¿Y en qué consistía este remedio? La Escritura añade: «Le cortó el prepucio a su hijo». En ese momento, ella fue inspirada por el Espíritu Santo.
Otro invitado habló así: Está escrito: «Y José dijo a sus hermanos: Acérquense a mí. Y ellos se acercaron a él, etc.» ¿Por qué dijo José a sus hermanos: «Acérquense a mí»? ¿Acaso no estaban cerca de él? He aquí la razón. Cuando José les dijo que era su hermano, ellos se asustaron, pues lo vieron a la cabeza del reino. José les dijo: He obtenido el reino gracias a esta señal de la Alianza; y se la mostró. Por eso les dijo: «Acérquense a mí…» Y la Escritura añade: «…Y ellos se acercaron a él». Y, mostrándoles su miembro marcado por la circuncisión, les dijo: Este miembro es el que me valió la realeza, porque lo conservé puro. De esto inferimos que la realeza espera a todos los que conservan en toda su pureza esta señal de la Alianza. ¿De dónde lo sabemos? Lo sabemos por Booz, como está escrito: «Te juro por el Señor: duerme aquí hasta la mañana». El espíritu tentador quería seducir a Booz. Pero este juró en nombre del Señor no sucumbir a la tentación y conservó intacta la pureza de la señal de la Alianza. Por eso fue juzgado digno de dar a luz a reyes que dominaban sobre todos los demás reyes y de ser la raíz del Rey-Mesías, que es llamado por el nombre del Santo, Bendito sea.
Otro invitado comenzó a hablar de la manera siguiente: Está escrito: «Aunque los ejércitos acamparan contra mí, mi corazón no se asustaría; aunque me hicieran la guerra, aun entonces confiaría plenamente en aquella (bezoth)». ¿Qué significa la palabra «aquella» (bezoth)? Designa la marca de la Alianza que el hombre lleva siempre y que también está impresa en lo alto. Por eso David dijo: «… Confiaría plenamente en aquella (bezoth)», es decir, en la marca de la Alianza, tal como está escrito: «He aquí (zoth) la señal de la Alianza»; y en otro lugar: «He aquí (zoth) la Alianza que hago con ustedes». Todas estas palabras «zoth» designan los mismos grados de la esencia divina, pues sabemos, por tradición, que «ze» (masculino) y «zoth» (femenino) están unidos y nunca se separan. Pero quizá se objete que todos se encuentran en la misma situación; ¿por qué, entonces, decía David: «Confiaría plenamente en zoth», como si «zoth» fuera exclusivamente suyo? Pero David se había unido a ella, es decir, a la Shejiná, de la cual era imagen, por la corona real que poseía. Observen que fue porque el rey David no conservó «zoth» en toda su pureza por lo que se le arrebató la realeza durante cierto tiempo; así nos lo enseña la tradición. «Zoth» está impresa en la realeza celestial, así como en Jerusalén, la ciudad santa. En el momento en que David abandonó «zoth», cuando pecó con Betsabé, una voz celestial hizo oír estas palabras: David, serás separado de aquello a lo que estás unido ahora: serás expulsado de Jerusalén y se te quitará la realeza. ¿De dónde lo sabemos? Lo sabemos por las palabras de la Escritura: «Haré que se levanten contra ti males que nacerán de tu propia casa». Así, David fue castigado por el mismo aspecto por el que había pecado. Ahora bien, si el rey David fue castigado tan severamente por haberse separado de «zoth», ¿qué será de los demás hombres de este mundo? Estos serán castigados con mayor razón.
Otro invitado comenzó a hablar de la siguiente manera: Está escrito: «Si el Señor no me hubiera asistido, poco habría faltado para que mi alma cayera en el infierno (Doumâ)». Hemos aprendido lo siguiente: ¿Cuál es la obra que constituye el mérito de los israelitas para que no vayan al infierno ni sean entregados a las manos del ángel Doumâ, como los pueblos paganos? Es la marca de la Alianza. Pues sabemos, por tradición, que a la hora en que el hombre abandona este bajo mundo, numerosas legiones de ángeles, encargados de castigar a los culpables, se acercan a él; pero, apenas ven la marca santa de la Alianza, lo dejan y no se apoderan de él para entregarlo a las manos de Doumâ, que hace descender a los hombres al infierno; pues quienquiera que sea entregado a las manos de este último desciende al infierno. Así, tanto los ángeles de arriba como los de abajo temen esta marca sagrada; y el hombre que la conserva pura no teme rigor alguno, pues está unido al nombre del Santo, bendito sea. Como el rey David no conservó esta marca sagrada en toda su pureza, le fue arrebatada la realeza y fue expulsado de Jerusalén. David temía que los ángeles encargados de ejercer el rigor contra los hombres se apoderaran de su alma y la pusieran en manos de Doumâ, lo cual habría significado para ella la muerte eterna. David tuvo este temor hasta el momento en que el profeta Natán le anunció esta buena noticia: «El Señor también ha perdonado tu pecado, y no morirás». Entonces David exclamó: «Si el Señor no me hubiera asistido, poco habría faltado para que mi alma cayera en el infierno».
Otro invitado comenzó a hablar de la siguiente manera: Está escrito: «Si encuentro gracia ante el Señor, Él me responderá y me hará ver Su señal (otho) y Su tabernáculo». ¿Quién es, pues, capaz de ver al Santo, bendito sea? He aquí lo que la tradición nos enseña al respecto: En el momento en que se decretó el castigo contra él, David sabía que se le había impuesto ese castigo por no haber conservado en toda su pureza la señal de la Alianza, que abarca todas las demás obras y sintetiza todos los actos del hombre; pues nadie merece el nombre de justo si no conserva esa señal en toda su pureza. Por eso rogó a Dios diciendo: «Si encuentro gracia ante el Señor, Él me responderá y me hará ver Su señal (otho) y Su tabernáculo». ¿Qué quería decir con la palabra «otho»? David dijo: Que Dios se digne hacerme ver Su señal santa, pues tiemblo desde el momento en que perdí la mía. ¿Qué se entiende por la señal de Dios? La realeza y Jerusalén son la señal de Dios. Ahora bien, quien no conserva en toda su pureza su propia señal no puede aspirar a la señal de Dios. Por eso David rogaba a Dios que le hiciera ver Su señal santa, que es la realeza, así como Su tabernáculo, que es Jerusalén; pues había perdido su propia señal, que corresponde a la de Dios.
Otro invitado comenzó a hablar de la siguiente manera: Está escrito: «Y en mi carne veré a mi Dios (Éloha)». ¿Por qué decía Job: «... En mi carne»? ¿Por qué no decía «en mí»? Pero Job hablaba realmente de la carne. ¿Y a qué se refería con ello? Aludía a la carne de la que habla la Escritura: «La carne santa la han mancillado»; y en otro lugar: «La Alianza que hago con ustedes quedará marcada en su carne, como signo de la Alianza eterna». Pues sabemos por tradición que, cada vez que el hombre es marcado con el signo sagrado de la Alianza, ve al Santo, bendito sea, en persona; porque es en ese momento cuando el alma santa (neschamah) se une al cuerpo del hombre. Si el hombre es indigno y no conserva en toda su pureza esa marca de la Alianza, la Escritura dice de él: «Perecen por el soplo de Dios (minischmath Éloha)». Pues quien no conserva en toda su pureza la marca del Santo, bendito sea, también pierde su alma. Pero la Shejiná nunca se separa de quien es digno y conserva la marca en toda su pureza. ¿Y cuándo se establece definitivamente la Shejiná en el hombre? Cuando este se casa, y cuando pone su signo de la Alianza en su lugar. Pues sabemos por tradición que las letras Vav y Hé están colocadas una junto a la otra en el orden alfabético por esta razón: porque la Vav es el símbolo del principio masculino, mientras que la Hé es el símbolo del principio femenino. Ambos principios están unidos. Así, cuando el marido y la mujer se unen, los dos forman uno solo; y un rayo de gracia celestial los cubre. Este rayo emana del lado del principio masculino. Se llama «hésed» (gracia), según las palabras de la Escritura: «La gracia de Dios (hésed El) dura para siempre». Pues este rayo sale de la Sabiduría suprema y penetra en el principio masculino; y este se lo comunica al principio femenino. Sabemos por otra tradición que las letras de la palabra «Éloha» se descomponen de esta manera: El (אל) designa la luz de la Sabiduría; O (ו) designa el principio masculino, y Hé (ה) designa el principio femenino. Los tres unidos llevan el nombre de «Éloha». El alma santa que de ellos emana no permanece unida al hombre sino mientras este conserve en toda su pureza la marca de la Alianza; y por eso Job dijo: «Y en mi carne veré a mi Dios (Éloha)». Pues es gracias a la pureza de la carne que el hombre conserva el alma. Por eso, ¡feliz el destino de los santos israelitas que se unen al Santo, bendito sea! ¡Feliz su destino en este mundo y en el mundo futuro! De ellos dice la Escritura: «Ustedes se han unido al Señor, su Dios». Y por esta razón añade la Escritura: «... Han permanecido con vida hasta hoy».
Dirigiéndose a los invitados, Rabbi Abba les dijo: ¡Cómo! ¡Ustedes poseen tanta luz y permanecen en este pueblo! Ellos le respondieron: Cuando los pájaros abandonan su nido, no saben adónde ir, tal como está escrito: «Como el pájaro que abandona su nido, así es el hombre que abandona su país». Ahora bien, este país nos es propicio para el estudio de la doctrina. Esta es nuestra costumbre: dormimos durante la primera mitad de la noche y consagramos la segunda mitad al estudio de la doctrina. Y cuando amanece, el aire perfumado de los bosques cercanos y el murmullo de las aguas que corren por los arroyos abren nuestro espíritu al estudio de la doctrina y la graban en nuestro corazón. La severidad celestial se abatió una vez sobre este país; un gran número de maestros
Los ilustres murieron por haber descuidado el estudio de la doctrina. Desde entonces nos dedicamos día y noche al estudio de la doctrina en este país, que nos es tan propicio; y quienquiera que se separara de este país sería tan insensato como si se separara de la vida. Rabbi Abba alzó las manos y los bendijo. Salieron juntos hasta el amanecer. Apenas despuntó el día, los invitados dijeron a los jóvenes que estaban allí presentes: Salgan a ver si ya es de día. Y, en ese caso, que cada uno de ustedes comunique a este gran hombre, es decir, a Rabbi Abba, alguna idea nueva relativa a la doctrina. Salieron y comprobaron que había amanecido. Uno de los jóvenes dijo: Hoy descenderá un fuego desde lo alto. Otro añadió: El fuego descenderá sobre esta casa. Un tercero, por último, añadió: Este fuego que va a descender quemará al anciano que está aquí presente, es decir, a Rabbi Abba. Rabbi Abba exclamó: ¡Que Dios nos libre! Se asustó al oír esas palabras y no pudo articular una sola palabra. Al recobrar el ánimo, exclamó: Veo que el cielo está en comunicación con la tierra, puesto que estos jóvenes saben predecir los acontecimientos que tendrán lugar durante el día. Y, en efecto, las predicciones de los jóvenes se cumplieron. Pues los amigos reunidos en la casa vieron ese día el rostro de la Shejiná y quedaron así rodeados de fuego. En cuanto a la predicción referente a Rabbi Abba, también se cumplió; pues la alegría que experimentó al estudiar la doctrina encendió su rostro e hizo que ardiera como el fuego. No salieron de la casa en todo el día; la casa estaba rodeada de un humo espeso; y los amigos allí reunidos sintieron una alegría tan viva como si ese mismo día hubieran recibido la doctrina en el monte Sinaí. Sus espíritus estaban tan absortos en el estudio de la doctrina que, al salir de la casa, no sabían si era de día o de noche. Entonces Rabbi Abba dijo: Mientras estemos juntos, que cada uno de nosotros exponga una idea nueva de sabiduría, para derramar el bien sobre el dueño de esta casa, que hoy celebra el banquete de la circuncisión.
Uno de los invitados empezó a hablar de la siguiente manera: Está escrito: «Bienaventurado aquel a quien Tú has elegido y tomado a Tu servicio; habitará en Tus atrios. Nos saciaremos de los bienes de Tu casa; Tu tabernáculo es santo». Así, la Escritura empieza empleando la palabra «atrio», luego la palabra «casa» y, por último, la palabra «tabernáculo». Uno es inferior al otro y superior al otro. Primero se dice: «Habitará en Tus atrios...», como está escrito: «Y el que haya quedado en Sion y haya permanecido en Jerusalén será llamado santo». Después la Escritura dice: «Nos saciaremos de los bienes de Tu casa...», como está escrito: «Por la Sabiduría se edificará la casa, y por la Inteligencia se consolidará». La Escritura no dice: «La Sabiduría edificará la casa»; pues, si estuviera escrito así, se habría entendido que la Sabiduría misma es llamada casa; pero la Escritura dice: «Por la Sabiduría se edificará la casa»; esto es una alusión al misterio expresado en las palabras: «Y un río sale del Edén para regar el Jardín, etc.». Por último, la Escritura añade: «... Tu tabernáculo (hecal) es santo»; este es el más alto de todos los grados. Pues sabemos, por una tradición, que la palabra «hecal» significa «he cal», es decir, «allí está todo»; pues el tabernáculo es lo que une todo. El comienzo del versículo confirma esta interpretación: «Bienaventurado aquel a quien Tú has elegido y tomado a Tu servicio; habita en Tus atrios...». Quien ofrece a su hijo en holocausto ante el Santo, bendito sea, es decir, lo somete a la ceremonia de la circuncisión, puede estar seguro de que el Santo, bendito sea, acepta esta ofrenda, acerca de Sí al recién nacido y elige Su morada en el interior de los dos recintos, es decir, en el tabernáculo que está dentro de los dos recintos mencionados. Y, como es el recinto interior el que une los dos recintos exteriores, la Escritura emplea la palabra «hatzerékha» en plural; pues la Escritura se refiere a los dos recintos exteriores. Por esta razón, los hombres celosos de la antigüedad acostumbraban recitar este versículo cuando ofrecían a sus hijos en holocausto, es decir, cuando los hacían circuncidar. La recitación del versículo se hacía de la siguiente manera: Una parte de los presentes empezaba a recitar la primera parte
del versículo: «Dichoso aquel a quien Tú has elegido y tomado a Tu servicio; morará en Tu atrio…» A lo que la otra parte de los asistentes respondía: «… Nos colmaremos de los bienes de Tu casa». Por último, el padre del niño pronunciaba la bendición: «Bendito seas, Señor, dueño del universo, que nos has santificado y nos has ordenado introducir al niño en la alianza de Abraham nuestro padre». A lo que los asistentes respondían: «Que Dios quiera que, así como has hecho entrar a tu hijo en la Alianza, puedas hacerlo entrar en la de la doctrina, el matrimonio y las buenas obras». Sabemos, además, por una tradición, que el hombre debe comenzar primero por rezar por sí mismo y después por los demás, tal como está escrito: «Y que rece por sí mismo, por su casa y por toda la asamblea de Israel». Así, primero la oración por sí mismo y después por los demás. Creemos que hay que seguir este precepto; es decir, que después de haber rezado por nosotros mismos, debemos rezar luego por el niño que acaba de nacer.
Rabbi Abba dice: En efecto, el precepto es justo, y quienquiera que no lo siga se excluye de los diez doseles que el Santo, bendito sea, ha destinado a los Justos en el mundo futuro. Por eso, este versículo de los Salmos contiene diez palabras, cada una plena de fe; pues cada palabra corresponde a uno de los doseles mencionados. ¡Dichosa su suerte, en este mundo y en el mundo futuro, porque la doctrina está grabada en su corazón, como si hubieran estado presentes, revestidos de sus cuerpos, en el monte Sinaí, en el momento en que la doctrina fue revelada a Israel!
Otro invitado comenzó a hablar de la siguiente manera: Está escrito: «Me harás un altar de tierra, y sobre él me ofrecerás tus holocaustos, tus sacrificios de paz, etc.». Sabemos, por una tradición, que quien ofrece a su hijo en holocausto, es decir, lo circuncida, tiene tanto mérito como si hubiera ofrecido al Santo, bendito sea, todos los holocaustos del mundo y hubiera erigido el altar más perfecto. Por eso conviene erigir, para uso de la circuncisión, un altar de tierra, que consiste en un recipiente lleno de tierra sobre la cual se arroja el prepucio cortado; y esta obra es tan grata al Santo, bendito sea, como si se le hubieran ofrecido holocaustos y sacrificios de ovejas y bueyes; más aún, la obra de la circuncisión le es más grata que todos los sacrificios, tal como está escrito: «Y sobre él me ofrecerás tus holocaustos, tus sacrificios de paz, etc.». Y la Escritura añade: «En todo lugar donde mencione Mi nombre, vendré a ti y te bendeciré». ¿Qué significan las palabras: «… Donde mencione Mi nombre»? Es una alusión a la señal de la Alianza, tal como está escrito: «El misterio del Señor es conocido por quienes Lo temen, y Él les hace conocer Su Alianza». Así, mediante el «altar de tierra», la Escritura designa el recipiente lleno de tierra sobre la cual se arroja el prepucio, tal como acabamos de decir. ¿Qué dice la Escritura más adelante? «Si me haces un altar de piedras, no lo construirás con piedras talladas; porque quedará profanado si empleas el cincel en él». Estas palabras aluden a los paganos convertidos al Judaísmo. Como el pagano proviene de un pueblo endurecido de espíritu y de corazón, la Escritura lo designa con el nombre de «altar de piedras». ¿Qué significan las palabras: «No lo construirás con piedras talladas»? Estas palabras nos enseñan que no hay que circuncidar a un pagano antes de haberlo llevado al conocimiento del Santo, bendito sea; pues si se circuncida a un pagano sin quitarle esa dureza de corazón que lo hace inepto para el servicio del Santo, bendito sea, es como quien, para ablandar una piedra, la talla por un lado y por el otro; su interior no deja de ser duro. Por eso dice la Escritura: «No lo construirás con piedras talladas». Por más que talles la piedra por todos sus lados, su interior no dejará de ser duro. Y la Escritura añade: «… Porque quedará profanado si empleas el cincel en él». La Escritura quiere decir que la circuncisión sería inútil para los paganos si no se ablanda su duro corazón. Así pues, feliz el destino de quien hace que el Santo, bendito sea, acepte la ofrenda de su hijo mediante la circuncisión. Conviene que el padre que cumple con este deber se regocije durante todo el día, tal como está escrito: «Y que todos los que ponen en Ti su esperanza se regocijen; que estén eternamente llenos de alegría, y Tú habitarás en ellos; y todos los que aman Tu nombre se gloríen en Ti».
Otro invitado comenzó a hablar de la siguiente manera:
Está escrito: «Y Abram tenía noventa y nueve años; y el Señor se le apareció y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; camina delante de Mí y sé perfecto». Este versículo requiere ser examinado, pues presenta varias dificultades. En primer lugar, ¿acaso el Santo, bendito sea, no se le había aparecido nunca antes a Abraham, hasta que este alcanzó la edad de noventa y nueve años, para que la Escritura diga: «Y Abram tenía noventa y nueve años, y el Señor se le apareció»? Esto hace suponer que Dios no se le había aparecido sino hasta que tuvo esa edad, cuando no es así, tal como está escrito anteriormente: «Y el Señor dijo a Abram…»; y en otro lugar: «Y el Señor dijo a Abram…»; y todavía en otro lugar: «Y dijo a Abram: Has de saber que tu descendencia residirá en una tierra extranjera, etc.». La otra dificultad que presenta este versículo es la siguiente: la Escritura dice primero «noventa años» (schanah), en singular; y después dice «y nueve años» (schanim), en plural. Pero esto es lo que la tradición nos enseña al respecto: mientras Abraham no alcanzó esa edad, la Escritura nunca dijo que Dios se le hubiera aparecido. ¿Por qué? Porque estaba endurecido a causa del prepucio; y por eso el Santo, bendito sea, nunca se le reveló de manera adecuada. Solo después de su circuncisión se le reveló Dios, tal como está escrito: «Y el Señor se le apareció». ¿Por qué se le apareció el Señor? Porque quería revelarle la relación entre esa señal de la Alianza y la Corona sagrada. Además, como el Santo, bendito sea, quería hacer surgir de Abraham una descendencia sagrada, era necesario que él mismo fuera sagrado antes de engendrar a su descendencia; y como no debía tener un hijo sino a los noventa y nueve años, solo a esa edad fue favorecido con la revelación divina que lo santificó.
Por eso Dios no se le apareció hasta esa edad, y no antes. Otra razón por la que la Escritura dice «noventa años», en singular, es esta: mientras Abraham no había cumplido los noventa y nueve años, todos sus años no contaban más que como uno solo, porque estaban muy poco colmados; pero, desde que alcanzó esa edad, sus años comenzaron a contar. La Escritura dice: «Y el Señor se le apareció y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso (Schadaï)». ¿Por qué Dios no volvió a decirle nunca a Abraham: «Yo soy el Dios Todopoderoso (Schadaï)»? Esto es lo que la tradición nos enseña al respecto: el Santo, bendito sea, creó coronas inferiores, desprovistas de toda santidad. Todos los que no están circuncidados están mancillados por esas coronas y llevan su marca. ¿Y cuál es esa marca? Llevan la marca de las letras Schin y Daleth, pero ninguna otra letra además. Por eso están mancillados y el demonio se aferra a ellos. Pero, tan pronto como los hombres son circuncidados, salen de esa esfera y entran bajo las alas de la Shejiná. Entonces el Yod, simbolizado por la marca sagrada de la Alianza, se imprime en su cuerpo; y así quedan marcados, entre la Schin y la Daleth, con el Yod; el nombre sagrado de «Schadaï» queda entonces completo. Por eso está escrito con motivo de la circuncisión: «Yo soy el Dios Todopoderoso (Schadaï)». Dios añadió: «Camina delante de Mí y sé perfecto (thamim)». La palabra «thamim» también significa «completo». Así, Dios le dijo a Abraham: Hasta hoy, tu marca estaba incompleta, pues solo llevaba los signos de las letras Schin y Daleth; circuncídate y completa tu marca con el signo del Yod; entonces llevarás la marca del nombre completo de «Schadaï»; y quien lleva la marca de este nombre es bendecido por este nombre, como está escrito: «Que el Dios Todopoderoso (Schadaï) te bendiga». ¿Quién es el Dios Todopoderoso (Schadaï)? Es Aquel de quien emanan todas las bendiciones, Aquel que domina todas las coronas inferiores, Aquel, en fin, ante quien todo se estremece de miedo. Por esta razón, todos los que no están del lado de la santidad se alejan del que está circuncidado y no pueden ejercer ningún dominio sobre él. Pero hay más: nunca descenderá al infierno, como está escrito: «Todo tu pueblo es un pueblo de justos, etc.»
Rabbi Abba exclamó: ¡Dichosa sea su suerte en este mundo y en el mundo futuro; dichosa también mi suerte por haber sido favorecido al escuchar estas palabras de su boca! Todos ustedes son santos; todos ustedes son hijos del Dios santo; de ustedes dice la Escritura: «Uno dirá: Soy del Señor; otro se gloriará del nombre de Jacob; otro escribirá de su mano: Soy del Señor, y se gloriará de llevar el nombre de Israel». Cada uno de ustedes se une al Rey sagrado y supremo; ustedes son los grandes doctores y los grandes maestros de este país llamado «el país de la vida», país del que los grandes hombres obtienen su alimento sagrado.
Otro invitado comenzó a hablar de la siguiente manera:
Otro invitado comenzó a hablar de la siguiente manera:
Está escrito: «Feliz la tierra cuyo rey es de noble linaje y cuyos príncipes comen únicamente a la hora señalada para alimentarse». Y antes está escrito: «¡Ay de la tierra cuyo rey es un niño y cuyos príncipes comen por la mañana!». Estos dos versículos parecen contradecirse, pero su contradicción es solo aparente. El versículo «Feliz la tierra...» designa el país celestial que domina sobre todos los «Hayoth» celestiales; por eso se lo llama «el país de la vida» (haïm); y de él dice la Escritura: «Es la tierra (eretz) que el Señor, Tu Dios, ha visitado siempre»; y en otra parte está escrito: «Es una tierra donde comerás tu pan sin que jamás te falte». Precisamente al comer este pan, al hombre no le faltará nada. ¿Y por qué? La Escritura responde: «... Porque el rey es de noble linaje». Estas palabras designan al Santo, bendito sea, tal como está escrito: «Esto dice el Señor: Mi hijo primogénito, Israel...». ¿Por qué se llama Dios «Hijo libre»? Por las palabras de la Escritura: «Porque este año es un año jubilar y ustedes lo santificarán». Y antes está escrito: «Santificarán el año quincuagésimo y proclamarán la libertad a todos los habitantes del país». Ahora bien, como toda libertad procede del grado celestial llamado «Jobel», Dios es llamado «Hijo libre» (ben horin), puesto que toda libertad emana de Él. Pero quizá alguien objete: si es así, ¿no debería la Escritura llamarlo «Hijo de la libertad» (ben herouth), en vez de «Hijo libre» (ben horin)? Esto es lo que el misterio de la tradición nos enseña al respecto: cuando el Yod se une con el Hé, dan nacimiento al río celestial, tal como está escrito: «Y un río sale del Edén para regar el Jardín». Pero no se diga: «Cuando el Yod se une con el Hé» (lo cual podría hacer suponer que es posible que no se unan); la verdad es que están realmente unidos. Por eso la Escritura dice: el «Hijo libre». Este es el sentido de las palabras de la Escritura: «Feliz la tierra cuyo rey es el Hijo libre y cuyos príncipes comen únicamente a la hora señalada para alimentarse», es decir, cuyos príncipes se alimentan de Él con alegría, santidad y recogimiento. Y antes la Escritura ha dicho: «¡Ay de la tierra cuyo rey es un niño!». Este versículo designa la tierra inferior. Pues una tradición nos enseña que todos los países habitados por los pueblos paganos están gobernados por grandes jefes, a cuya cabeza está aquel de quien dice la Escritura: «Fui niño y ahora soy viejo, y todavía no he visto que el justo haya sido abandonado». Ahora bien, según la tradición, estas palabras fueron pronunciadas por el jefe del mundo, es decir, por el demonio. Por tanto, el demonio es llamado «niño» (naar). Por eso la Escritura dice: «¡Ay de la tierra cuyo rey es un niño!». Pues ¡ay del mundo que recibe su alimento de ese lado! Y cuando Israel está en el exilio, se parece a alguien que recibe su alimento de un dominio que no es suyo. La Escritura añade: «... Y cuyos príncipes comen por la mañana». Pues se alimentan únicamente por la mañana y a ninguna otra hora del día. Según la tradición, el rigor reina en el mundo por la mañana, al salir el sol, y por la tarde, cuando se pone, a causa de los paganos que, al adorar ese astro, irritan a Dios. ¿Y cuál es la causa de estos males? Que el rey es un niño, lo cual quiere decir que quien es llamado «niño» reina sobre la tierra. Pero ustedes, todos los que están aquí, son hombres dignos, amigos de la verdad, hombres santos, hijos del Rey sagrado; no reciben su alimento de ese lado, sino del lado santo y superior. De ustedes dice la Escritura: «Se han adherido al Señor, su Dios, y todos ustedes han sido conservados con vida hasta hoy».
Rabbi Abba comenzó a hablar de la siguiente manera: Está escrito: «Cantaré a mi amado el cántico de mi amigo, por su viña. Mi amado tenía una viña en Qeren ben Schamen. La rodeó con una cerca; le quitó las piedras y la plantó con una cepa escogida y excelente». Este versículo requiere un examen atento, pues presenta las siguientes dificultades: primero, ¿por qué dice la Escritura «cántico»? Más bien debería haber dicho «reprensión». Luego, ¿por qué dice «Cantaré a mi amado», en lugar de decir «a mi amigo», como dice después: «el cántico de mi amigo»? Y, por último, ¿qué significan las palabras «Mi amado tenía una viña en Qeren ben Schamen»? He buscado en toda la Sagrada Escritura y no he encontrado en ninguna parte un país llamado Qeren ben Schamen. Los colegas han interpretado este versículo de diversas maneras, todas excelentes. He aquí la primera. Las palabras «Cantaré a mi amado...» designan a Isaac, llamado «amado» incluso antes de venir a este mundo. ¿Por qué era llamado «amado»? Una tradición nos enseña que el Santo, bendito sea, amaba a Isaac de manera muy particular y, por ello, aplazó su nacimiento hasta después de la circuncisión de Abraham, su padre, hasta que este llegó a estar completo al añadirse una He a su nombre; también se añadió esta He al nombre de Sarah. El aumento de la He en los nombres de Abraham y Sarah requiere una explicación. Que el nombre de Sarah se viera aumentado con una He está en el orden de las cosas, porque la He es el símbolo del principio femenino; pero ¿por qué se enriqueció el nombre de Abraham con una He, en vez de con una Yod, símbolo del principio masculino, puesto que Abraham era varón? Pero detrás de este hecho se oculta un misterio supremo: Abraham ascendió hasta la escala suprema y se inspiró en la He superior, que es el principio masculino. Pues hay una He superior y una He inferior; una es masculina y la otra femenina. Por eso Abraham ascendió hacia la He superior, mientras que Sarah descendió hacia la He inferior. También está escrito: «Y Dios dijo a Abram: así se multiplicará tu descendencia». Así pues, Dios habló a Abraham de la multiplicación de su propia descendencia, porque Abraham había alcanzado la He superior, que también es masculina; y quienquiera que entre en esta He se vuelve también masculino. Por esta razón, todo pagano circuncidado es llamado «prosélito justo», porque no desciende de la raíz sagrada que había sido circuncidada. Por la misma razón, todo pagano que se hace circuncidar recibe el nombre patronímico de Abraham. Por eso Dios dijo a Abraham: «Así será tu descendencia», lo que quiere decir: será el nombre de todos los paganos que entren en la Alianza de la circuncisión. Esta es la razón por la que el nombre de Abraham también se vio aumentado con una He; pues, si solo Sarah hubiera recibido la He, los hijos que Abraham hubiera engendrado en ese caso habrían sido únicamente hijos de «aquí abajo», es decir, paganos convertidos, hijos designados por la palabra «coh». Pero gracias a la unión de las dos He, la He superior añadida al nombre de Abraham y la He inferior añadida al nombre de Sarah, Abraham pudo engendrar hijos de «arriba» (es decir, que procedían de la propia raíz sagrada). La unión de las dos He dio nacimiento a la Yod; por eso la Yod es la primera letra del nombre de Isaac, imagen del principio masculino. A partir de Isaac comenzó a extenderse por el mundo el principio masculino, como está escrito: «Porque de Isaac saldrá la descendencia que llevará tu nombre». Isaac, a su vez, engendró hijos de «arriba», como está escrito: «Das verdad a Jacob». Y Jacob llevó a término toda la obra. Pero quizá se objetará: ¿acaso Abraham no hizo entonces…