La tarea de encender las velas del Sabbat incumbe a las mujeres del pueblo santo; los colegas han dado esta razón: porque fue la mujer quien, por su pecado, apagó la luz del mundo y trajo así las tinieblas. Esta explicación es buena; pero la razón espiritual de esta tarea de la mujer es la siguiente: la «tienda de la Paz» designa a la «Matrona» del mundo; y las almas que son luces celestiales residen en ellas. Por eso, la tarea de encender las velas del Sabbat incumbe a las matronas, es decir, a las mujeres, pues son las matronas quienes deben servir a la «Matrona». La mujer debe encender las velas del Sabbat con alegría, pues es una gloria para ella haber merecido del cielo este favor; este acto le valdrá grandes recompensas; será bendecida con una santa descendencia; sus hijos serán las luces del mundo por su conocimiento de la doctrina y su temor de Dios, y acrecentarán la paz en la tierra. Mediante este acto, la mujer obtendrá también la longevidad de su marido. Por todas estas razones, la mujer debe apresurarse mucho a cumplir esta tarea.
Observen que el Sabbat está compuesto de una noche y un día. «Recuerda» y «practica» van juntos; por eso la Escritura emplea una vez la expresión: «Recuerda el día del Sabbat para santificarlo»; y otra vez dice: «Practica el día del Sabbat y santifícalo». La palabra «recuerda» (zacor) designa al varón (zacar); y la palabra «practica» (schamor) designa a la hembra, y juntos no forman más que uno. ¡Feliz el destino de Israel, a quien el Santo, bendito sea, se digna conceder hospitalidad! De quienes hospedan a Dios dijo el Salmista: «¡Feliz el pueblo que posee todos estos bienes! ¡Feliz el pueblo que tiene al Señor por su Dios!»
Está escrito: «Y Jehová Elohim transformó en mujer la costilla que había sacado del hombre y la llevó al hombre». Rabbi Siméon dijo: Está escrito: «Elohim comprende (hébin) su camino; Él sabe el lugar donde ella habita». Este versículo admite varias interpretaciones. ¿Qué significa: «Elohim comprende su camino»? Estas palabras tienen el mismo significado que las del versículo: «Y Jehová Elohim transformó en mujer la costilla», es decir, la ley tradicional, designada por la palabra «camino», como está escrito: «Esto dice el Señor, que abrió un camino en medio del mar...» Las palabras: «... Él sabe el lugar donde ella habita» designan la ley escrita, designada por la palabra «saber» (daath). La Escritura emplea los nombres de «Jehová Elohim» para indicarnos que la tradición completa la ley escrita. Por eso, la doctrina es llamada unas veces «Sabiduría» (Hocmà) y otras «Inteligencia» (Binah), porque fue formada por el nombre completo de «Jehová Elohim».
La « costilla » designa la luz sin resplandor, como está escrito: «Se alegraron por mi costilla y se congregaron contra mí». Las palabras «... Que había tomado del hombre» significan que la tradición procede de la doctrina escrita; cuando una doctrina se une a la otra, juntas forman la llama que emana del lado izquierdo, pues la ley emana del lado del rigor. La Escritura dice: «... En mujer (leischah)»; esta palabra significa que Dios unió el «fuego» (esch) y la Hé. La Escritura añade: «... Y la llevó al hombre», porque la ley tradicional no debe permanecer aislada; solo puede existir unida a la ley escrita; cuando está unida a esta, es ella quien la alimenta y le concede lo que necesita, pues la ley escrita simboliza el cielo y la tradición, la tierra. Ahora bien, la tierra no puede existir sin el auxilio del cielo, como hemos explicado la expresión de la Escritura «y la tierra». De lo anterior inferimos que el padre y la madre están obligados a proveer a las necesidades de su hija mientras esta no se haya casado; pero, en cuanto la hija se une a su marido, a él le corresponde alimentarla y concederle todo lo que necesita. Observe que la Escritura comienza diciendo: «Y Jehová Elohim transformó la costilla en mujer», lo que quiere decir que el padre y la madre la adornaron (a la ley); y solo después añade la Escritura: «... Y la llevó al hombre», para que quedaran ligados el uno al otro y unidos entre sí. Así pues, a partir de ese momento, al hombre le corresponde proveerla de todo lo que necesita. Según otra versión, las palabras de la Escritura: «Elohim comprende su camino» tienen el siguiente significado: mientras una hija permanece en casa de su madre, esta se ocupa cada día de las necesidades de su hija; eso es lo que dice la Escritura: «Elohim comprende su camino». Pero, en cuanto la hija se une a su esposo, a él le corresponde ocuparse de todas las necesidades de su esposa; por eso añade la Escritura: «... Y sabe el lugar donde ella habita».
Está escrito: «Y Jehová Elohim formó al hombre». Aquí se expresa el misterio relativo a la composición del hombre por el lado derecho y por el lado izquierdo. Como ya se ha explicado, para hacer valer el espíritu del Bien, Jehová Elohim formó al hombre compuesto de un espíritu del Bien y de un espíritu del Mal. ¿Por qué? Porque el espíritu del Mal es útil al espíritu del Bien; porque lo hace valer. El espíritu del Mal despierta el principio femenino. Por eso, una tradición nos enseña que el Norte, es decir, el espíritu del Mal, se apresura siempre alrededor de la
Observen que el espíritu del Bien y el espíritu del Mal solo pueden permanecer en armonía mientras la hembra esté entre ellos, lo que significa que participa de uno y de otro; solo entonces el espíritu del Bien, que constituye la verdadera alegría, atrae a la hembra hacia su lado y prevalece así sobre el espíritu del Mal. Ya hemos explicado la palabra «hombre», que designa al macho y a la hembra, creados primitivamente unidos y separados después, para que su unión tuviera lugar cara a cara. ¿Qué significa la continuación del versículo: «... Del limo de la tierra»? Vamos a explicarlo: observen que, cuando la mujer se une a su marido, toma el nombre de este: él se llama «isch» y ella «ischah», él «çadiq» y ella «çedeq», él «opher» y ella «aphar», él «çebi» y ella «çebiah», tal como está escrito: «Él es el primero (çabi) de todos los países». Está escrito: «No plantarás ningún árbol junto al altar del Señor tu Dios». ¿Por qué dice la Escritura: «... Junto al altar»? ¿Acaso está permitido plantar árboles consagrados a la idolatría lejos del altar de Dios? Pero esto se ha explicado de la siguiente manera: «Ascher» designa al esposo; y por esta razón la esposa recibe el nombre de su marido, «Ascherah». Por eso dice la Escritura: «Para sacar del templo del Señor todos los objetos que sirven al culto de Baal y el árbol consagrado a «Ascherah». Por eso dice la Escritura: «No plantarás ningún árbol junto al altar del Señor tu Dios»; siendo «el altar» la esposa de Dios, la Escritura nos prohíbe erigir otro altar y dar así, en cierto modo, otra esposa a Dios junto a la suya. Observen que todos los adoradores del sol son designados con el nombre de «adoradores de Baal», y que todos los adoradores de la luna son designados con el nombre de «adoradores de Ascherah». Por eso dice la Escritura: «Para sacar del templo del Señor todos los objetos que sirven al culto de Baal y de Ascherah». La esposa es llamada «Ascherah» por el nombre «Ascher» que lleva su esposo. Pero, si es así, ¿por qué ha desaparecido ese nombre? En otras palabras, ¿por qué no se emplean los nombres «Ascher» para designar al esposo celestial y «Ascherah» para designar a la esposa celestial? Porque «Ascherah» también deriva de la palabra «Ascher», en el sentido de las palabras de la Escritura: «Y Lia dijo: Esto es para mi alabanza, y las mujeres me alabarán». Por eso le puso el nombre de «Ascher». Ahora bien, el altar de Dios en la tierra no es alabado por los demás pueblos paganos; más aún: la Escritura dice: «Todos los que la honraban la han despreciado». Por eso los nombres de «Ascher» y «Ascherah» ya no designan al esposo y a la esposa celestiales. Tal es el sentido de las palabras de la Escritura: «No plantaréis ninguna «Ascherah» junto al altar», es decir: no daréis a Dios otra esposa junto a la suya, que es el altar de «Adamah» (que significa «tierra»), tal como está escrito: «Me erigiréis un altar de tierra (Adamah)». Por eso dice la Escritura: «Y Jehová Elohim formó al hombre del limo de la tierra (Adamah)». La Escritura añade: «Le insufló el alma viviente», lo que significa que el alma viviente fue introducida en esa tierra, que quedó fecundada por ella, como una hembra fecundada por el macho; pues la tierra está animada por las almas y los espíritus. La Escritura añade, por último: «... Y el hombre se volvió viviente y animado». Esto significa que el hombre fue formado de tal modo que pudiera proporcionar alimento al alma que lo anima.
Está escrito: «Y Jehovah Elohim transformó la costilla en mujer.
« que había sacado del hombre». Aquí también la Escritura utiliza el nombre completo, es decir, Jehová Elohim; pues fueron el padre y la madre quienes la adornaron antes de que llegara junto a su marido. La palabra «la costilla» designa el misterio expresado en estas palabras de la Escritura: «Soy negra como las tiendas de Cedar y hermosa como los pabellones de Salomón»; pues, antes de unirse al hombre, la esposa era como una luz sin brillo; pero el padre y la madre la adornaron para que se uniera a su esposo; por eso la Escritura añade: «... Y la llevó ante el hombre». De estas palabras inferimos que corresponde al padre y a la madre de la novia ponerla bajo la tutela del novio, tal como está escrito: «He entregado a mi hija a este hombre». A partir de ese momento, el esposo viene junto a su esposa; pues desde entonces la casa le pertenece a ella, tal como está escrito: «Y vino junto a ella». Por eso la Escritura dice: «... Y la llevó ante el hombre»; pues, hasta ese momento, eran el padre y la madre quienes debían hacerse cargo de su hija; pero, tan pronto como ella se une a su marido, es él quien debe venir junto a ella; pues la casa es de ella, y él debe consultarla sobre todo lo que concierne a los asuntos de la casa. Por eso la Escritura dice: «Y llegó a cierto lugar y pasó allí la noche, pues el sol ya se había puesto». La Escritura quiere decir que Jacob pidió permiso. De ello inferimos que quienquiera que se una a su esposa debe obtener previamente su consentimiento, mediante palabras de amistad y ternura; si no obtiene ese consentimiento, no debe seguir adelante; pues la unión de los esposos debe ser voluntaria y sin coacción.
La Escritura dice además: «... Y pasó allí la noche; porque el sol se había puesto». Estas palabras nos enseñan que las relaciones conyugales están prohibidas durante el día. Finalmente, la Escritura añade: «Tomó una de las piedras del lugar y la puso debajo de su cabeza». De esto concluimos que, aun cuando el rey poseyera camas de oro y vestiduras preciosas para vestirse, preferiría la cama preparada por la «matrona», aunque esa cama fuera una simple piedra, según está escrito: «Y durmió en aquel mismo lugar». Observen las palabras de la Escritura: «Y Adam dijo: He aquí el hueso de mis huesos y la carne de mi carne». Adam se valió de estas tiernas palabras para atraer a Eva hacia él y predisponerla favorablemente a su unión. Vean, en efecto, cuán dulces son estas palabras: «... El hueso de mis huesos y la carne de mi carne». Quería mostrarle con ello que ambos forman uno solo y que no hay ninguna división entre ellos. Luego comenzó a elogiarla; por eso dijo: «Esta será llamada mujer». Quería decir con ello: solo esta merece ese nombre; pero no tiene igual; es el deleite de la casa, y todas las demás mujeres, comparadas con ella, son como el mono frente al hombre. Por eso dijo: «Esta será llamada mujer», para indicarnos que solo ella merece ese nombre, porque supera en perfección a todas las demás. El elogio que la sitúa por encima de las otras es agradable a la mujer, según está escrito: «Muchas hijas han acumulado riquezas; pero tú las has superado a todas».
Está escrito: «... Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer; y serán una sola carne». La Escritura quiere decir que el hombre atraerá hacia sí a la mujer con palabras de ternura. Pero, en cuanto Adam dispuso a Ève en favor de su unión, con su discurso elocuente y tierno, ¿qué añade la Escritura? — «Y la serpiente era el más astuto de todos los animales que el Señor Dios había formado sobre la tierra». El espíritu del Mal despertó en ese momento y se unió a Adam y a Ève, para que la unión de estos no fuera solo efecto de una amistad y una ternura puras, sino que se le uniera el placer carnal, del que se aprovecha el espíritu del Mal. Por eso, ¿qué dice a continuación la Escritura? — «Y la mujer vio que el árbol era bueno para comer, que era hermoso y agradable a la vista; tomó de su fruto y comió». Estas palabras designan la primera unión de Adam y Ève. Primero,
Eva consintió en la unión únicamente después de haber reflexionado sobre la utilidad de la convivencia conyugal y también por la amistad y la pura ternura que la unían a Adán. Pero, en cuanto la serpiente se hubo mezclado en ello, la Escritura dice: «... Y se lo dio a su marido», lo que quiere decir que sus relaciones conyugales ya no estaban inspiradas por una ternura pura, sino que Eva misma se lo dio a su marido; en otras palabras: que le inspiró deseos carnales. Desde ese momento, el primer deseo proviene de la mujer; es ella quien empieza por inspirar deseos al hombre y lo determina a las relaciones conyugales. De esta manera, la acción de los hombres se parece a la de lo alto.
Rabbi Éléazar dijo a Rabbi Siméon: ¿Qué significan las palabras pronunciadas según las cuales la intervención de la serpiente había hecho que las acciones de los hombres se parecieran a las de arriba? ¡Qué! ¿Acaso la serpiente también se había unido al principio femenino de arriba? Rabbi Siméon le respondió: Así como el espíritu del Mal se esfuerza siempre por imitar la manera de proceder del espíritu del Bien, el espíritu del Mal provocó aquí abajo, para el mal, lo que el espíritu del Bien provocó en el mundo superior, para el bien. Pues el espíritu del Bien está del lado derecho y el espíritu del Mal, del lado izquierdo. Ahora bien, el lado izquierdo de arriba se une a la hembra para formar un solo cuerpo, tal como está escrito: «Pone su izquierda bajo mi cabeza y me abraza con su derecha». Hasta aquí hemos hablado del misterio sublime que no está al alcance de todos los hombres. A partir de aquí, diremos cosas accesibles incluso a la inteligencia de los niños. Así pues, los compañeros de Rabbi Siméon estaban impacientes por aprender las cosas anunciadas por el Maestro.
Ahora bien, Rabbi Siméon se dirigía un día a Tiberíades acompañado de Rabbi Yossé, de Rabbi Yehouda y de Rabbi Hiyya. En el camino, vieron a Rabbi Pinhas que venía hacia ellos. Cuando este los alcanzó, todos desmontaron y se sentaron al pie de un gran árbol. Tomando primero la palabra, Rabbi Pinhas le dijo a Rabbi Siméon: Puesto que estoy sentado a tu lado, quisiera que nos hicieras oír algunas de esas buenas palabras que acostumbras decir cada día.
Rabbi Siméon abrió entonces su discurso de la siguiente manera: Está escrito: «Y emprendió sus viajes desde el Sur hasta Bethel, hasta el lugar donde antes había levantado su tienda, entre Bethel y Ai». La Escritura dice: «Emprendió sus viajes...». Debería haber dicho «su viaje»; ¿por qué dice «sus viajes»? Habla de dos viajes: el suyo propio y el viaje de la Shejiná, que nunca se separó de él. Que nadie piense que, desde el momento en que un hombre emprende un viaje y queda así separado de su mujer, la Shejiná se separa de él. No es así. Porque, aunque se haya dicho que el varón debe permanecer siempre unido a la hembra, para que la Shejiná nunca se separe de él, el hombre puede emprender un viaje solo sin separarse de la Shejiná. Observen que todo el que emprende un viaje debe dirigir su plegaria al Santo, bendito sea, para atraer hacia sí la Shejiná del Señor antes de ponerse en camino; de esta manera, el varón estará siempre unido a la hembra. Después de que el hombre dirige su plegaria al cielo, la Shejiná se une a él y entonces puede partir, pues durante su viaje estará unido a la Shejiná. Al obrar de este modo, el hombre consigue unir al varón y a la hembra tanto mientras permanece en casa como durante su viaje, tal como está escrito: «El Justo caminará delante de él, y él se pondrá en camino», es decir: cuando la Shejiná acompaña al hombre, este puede ponerse en camino. Siempre que el hombre está de viaje, debe vigilar sus actos, para que su compañera de arriba no se separe de él y no lo convierta así en un ser incompleto por falta de unión entre el varón y la hembra. El hombre debe procurar que esta unión permanezca intacta durante su estancia en casa; con mayor razón debe procurar que su unión con la compañera de arriba perdure. Pero hay más: su compañera de arriba lo protege durante el viaje y no se separa de él hasta que regresa a casa.
Cuando el hombre regresa a casa, debe procurar placer a su esposa, puesto que ella es quien le ha valido la unión con la compañera de arriba. Cuando el hombre regresa junto a su esposa, debe procurarle placer por dos razones: primero, porque el placer de las relaciones conyugales al regresar de un viaje es una buena obra; y todo placer que resulta de una buena obra es compartido por la Shejiná. Decimos que este placer constituye una buena obra porque contribuye a la paz del hogar, como está escrito: «Verás reinar la paz en tu casa; cuidarás de ella y no pecarás». ¡Cómo! ¿Acaso peca el hombre si se abstiene de las relaciones conyugales? Sí, en verdad, comete un pecado, porque menosprecia el valor de la compañera de arriba, que solo se une a él gracias a su unión con su esposa. Y, además, porque si la mujer queda embarazada después de la unión tras el viaje, la compañera celestial provee al recién nacido de un alma santa; pues la compañera de arriba confiere las almas a los recién nacidos, puesto que ella es la Alianza llamada «Alianza del Santo, bendito sea». Por eso conviene observar la disposición relativa a las relaciones conyugales al regresar de un viaje con el mismo celo con que los sabios observan la disposición relativa a las relaciones conyugales en el día del Sabbat. Tal es el sentido de las palabras de la Escritura: «Verás reinar la paz en tu casa»; pues el hombre que observa esta disposición verá, en efecto, la paz en su casa, puesto que la Shejiná mora con él. Por eso añade la Escritura: «Cuidarás de ella y no pecarás»; pues cuando el hombre tiene presente a la Shejiná en el momento de sus relaciones conyugales, el placer que experimenta es una obra meritoria. Asimismo, los doctores de la ley, separados de sus esposas durante numerosos días de Sabbat por estar ausentes de sus hogares —pues van a casa de los maestros para dedicarse allí al estudio—, permanecen siempre unidos a la compañera celestial, que nunca los abandona, para que la unión del varón y la hembra subsista incluso durante su ausencia del hogar.
Cuando llega el Sabbat, los doctores de la ley están obligados a procurar este placer a sus esposas, para glorificar así a la compañera celestial; pero tanto el hombre como la mujer deben inspirarse en este único pensamiento: cumplir con ello la voluntad de su Maestro, como ya se ha dicho. Al obrar de este modo, todos los que están separados de sus mujeres durante el período de la menstruación se unen a la compañera celestial, para que, durante esa separación, no haya ninguna interrupción en la unión del macho y la hembra. Y cuando la mujer se ha purificado, es preciso procurarle este placer, que constituye una obra meritoria, un placer celestial. Los dos motivos que hemos expuesto para la ordenanza relativa a las relaciones conyugales al regreso de un viaje se aplican también a este último caso. El misterio de lo que acabamos de decir consiste en que los hombres de fe deben dirigir su alma y sus pensamientos hacia la compañera celestial en el momento de unirse con la de abajo, pues esta es la imagen de aquella.
Pero entonces, se dirá, el hombre obtiene más ventajas estando de viaje que en casa, puesto que de viaje está unido a la compañera celestial, mientras que en casa solo está unido a la de abajo. No es así; pues observe que, mientras el hombre permanece en casa, es la esposa quien constituye la base del hogar; pero la Shejiná también reside allí, pues la Shejiná no abandona la casa debido a la presencia de la mujer, como está escrito: «E Isaac la llevó a la tienda de su madre Sara». Ahora bien, una tradición nos enseña que, en el momento de introducir a Rebeca en la tienda de Sara, se encendió allí milagrosamente una lámpara. ¿Por qué se encendió sola aquella lámpara? Porque la Shejiná llegó a la casa al mismo tiempo que Rebeca. El misterio de esto es el siguiente: La Madre de arriba solo permanece junto al varón cuando este se ha establecido un hogar uniéndose a una mujer; solo entonces la Madre de arriba derrama sus bendiciones sobre la pareja. Del mismo modo, la Madre de abajo no permanece
junto al varón, sino cuando se ha constituido un hogar uniéndose a una mujer; solo entonces la Madre de abajo derrama sus bendiciones sobre esa pareja. Así, el varón de aquí abajo está rodeado por dos mujeres, a semejanza del de arriba. Tal es el misterio de las palabras de la Escritura: «Durarán hasta que (ad) se cumpla el deseo de las colinas eternas». La palabra «ad» designa el deseo que sienten los hombres de unirse tanto a la Madre de arriba como a la Madre de abajo; a la de arriba, para alcanzar por medio de ella la perfección y ser bendecidos gracias a ella; y a la de abajo, para unirse a ella y obtener de ella su sustento. Del mismo modo, cuando aquí abajo el hombre se casa, se encuentra rodeado por dos mujeres, por la compañera de arriba y por la de abajo, es decir, su esposa. La primera está allí para derramar sus bendiciones, y la segunda, para obtener su sustento del marido y unirse a él. Así, mientras permanece en casa, el hombre se encuentra rodeado por los deseos de las «colinas eternas», que lo rodean. Pero, apenas emprende un viaje, ya no ocurre lo mismo; la Madre de arriba se une a él, pero la de abajo se queda en casa. Por eso, cuando el hombre vuelve a casa, debe rodearse de nuevo de las dos mujeres, tal como se ha dicho anteriormente.
Dirigiéndose a Rabbi Siméon, Rabbi Pinhas dijo: Ni siquiera los ángeles superiores se atreverían a abrir la boca en Tu presencia, tan profunda es Tu erudición. Retomando el hilo de su discurso, Rabbi Siméon dijo: La doctrina también está situada entre dos «casas» (baith), tal como está escrito: «Para las dos casas de Israel...». Una de estas dos «casas» es un misterio supremo; la otra nos es más accesible. La primera, que constituye el misterio supremo, es la «gran voz», tal como está escrito: «La gran voz que no cesa...». Es una voz interior, imperceptible en el exterior. Al salir de la boca, esta voz produce la Hé, pero en silencio; esta voz continúa sin cesar, sin interrupción. Aunque lleva el nombre de «gran voz», es interior y tan sutil que nunca se oye. De ella emana la doctrina esotérica llamada «voz de Jacob»; esta última sí se oye; y así, de la voz imperceptible sale una voz perceptible. Después, el Verbo, unido a esta voz, resuena con fuerza. Así, la «voz de Jacob», que es la doctrina esotérica, también está situada entre dos femeninos, entre la voz interior, que es imperceptible, y el Verbo, que se hace oír.
Así, nos encontramos ante dos cosas imperceptibles y dos cosas perceptibles. Las dos cosas imperceptibles son, primero, la «Sabiduría eterna» (Hocmâ ilaah), que está oculta en el Pensamiento eterno y nunca se revela ni se percibe, y, después, esa «voz» muy sutil e imperceptible que recibe el nombre de «gran voz». Las dos cosas perceptibles son las que emanan de las dos primeras, a saber, la «voz de Jacob» y el Verbo que se une a ella. La «gran voz», tan sutil que permanece imperceptible, constituye la «casa» (baïth) de la «Sabiduría eterna» (Hocmâ ilaah); pues la hembra siempre es designada con el nombre de «casa». El Verbo, a su vez, constituye la «casa» de la «Voz de Jacob», que es la doctrina esotérica. Por eso la tradición nos enseña que la doctrina, a su vez, forma una «casa». Esto se expresa en la palabra «Bereschith», que se explica como «baïth reschith», es decir, que la doctrina llamada «principio» (reschith) también constituye una «casa» (baïth).
Rabbi Siméon abrió después su exposición de la manera siguiente: Las palabras de la Escritura: «Bereschith bara Élohim», encierran el mismo misterio que las palabras: «Y Jehová
Las palabras «eth haschamaïm» designan el mismo misterio que las palabras «y la llevó ante el hombre»; por último, las palabras «veeth haaretz» tienen el mismo significado que las palabras «el hueso de mis huesos». Todas estas palabras designan en verdad «la tierra de la vida».
Las palabras «eth haschamaïm» designan el mismo misterio que las palabras «y la llevó ante el hombre»; por último, las palabras «veeth haaretz» tienen el mismo significado que las palabras «el hueso de mis huesos». Todas estas palabras designan en verdad «la tierra de la vida».
Rabbi Siméon continuó así: Está escrito: «Jehová dijo a Adoni: Siéntate a mi derecha hasta que reduzca a tus enemigos a servirte de escabel». El término «Jehová dijo a Adoni» significa que el primer grado le dice al segundo grado: «Siéntate a mi derecha», para que el Oeste se una al Sur, la izquierda a la derecha; así será quebrantada la fuerza de los demás pueblos paganos. El término «Jehová dijo a Adoni» quiere decir: «Jacob dijo al Señor», quien está indicado en estas palabras de la Escritura: «El arca de la Alianza, el Señor de toda la tierra…». Según otra versión, el término «Jehová dijo a Adoni» significa que la Santidad llamada «año jubilar» le dice a la llamada «año sabático» —de la cual la Escritura dice: «Amo a mi Señor»—: «Siéntate a mi derecha». En efecto, la Santidad llamada «año jubilar» está a la derecha; por eso invita a la Santidad llamada «año sabático» a sentarse a su derecha.
Observe que la Santidad llamada «año sabático», desde su existencia, todavía no se ha unido a la Séphira suprema por la derecha y por la izquierda; pues, cuando la Séphira suprema quiso unírsela, extendió su brazo izquierdo para recibirla y creó así el mundo. Debido a que nuestro mundo está unido a la Séphira suprema solo por la izquierda, no durará más que hasta el séptimo milenio; solo entonces, unido a la Séphira suprema por la derecha y por la izquierda, la solidez del mundo será perfecta, tal como está escrito: «Porque, así como los cielos nuevos y la tierra nueva que voy a crear permanecerán para siempre delante de Mí, dice el Señor…» Pues, después de la unión perfecta del mundo con la Séphira suprema, el mundo nunca desaparecerá. Pero, según esta interpretación, ¿cuál es el sentido de las palabras: «Siéntate a Mi derecha»? «Jehová dijo a Adoni: Siéntate provisionalmente a Mi derecha hasta que ponga a Tus enemigos a Tu servicio; pero, tan pronto como esto haya sucedido, Tu lugar a Mi derecha ya no será provisional, sino permanente», tal como está escrito: «Te extenderás a la derecha y a la izquierda». La Escritura quiere decir que, en ese momento, todo lo que está del lado izquierdo se fusionará con lo que está del lado derecho. Observa que las palabras «eth ha-schamaïm» (los dos) designan a la Shejiná de arriba, y las palabras «veeth haaretz» (y la tierra) designan a la Shejiná de abajo, cuya unión será, en ese día, tan perfecta como la del varón y la mujer.
Mientras Rabbi Siméon hablaba así, los colegas se dispusieron a partir. Rabbi Siméon se levantó y les dijo: «Todavía tengo una palabra que comunicarles». Rabbi Siméon comenzó entonces a hablar de la siguiente manera: Tenemos dos versículos que parecen contradecirse. Está escrito: «Porque el Señor tu Dios es un fuego devorador». Y un poco más arriba se dice: «Ustedes se han adherido al Señor, su Dios, y todos han sido conservados con vida hasta el día de hoy». Ahora bien, puesto que Dios es calificado de «fuego devorador», ¿cómo puede Israel adherirse a Él? Ya hemos explicado estos versículos a los colegas. Observen que las palabras: «Porque el Señor tu Dios es un fuego devorador» ya han sido interpretadas por los colegas de esta manera: Dios es un fuego que consume al otro fuego, pues hay fuegos más intensos que otros. Pero observen lo que quiero añadir a esta interpretación. Quien desee penetrar el misterio de la unión sagrada, que contemple la llama que se eleva, ya sea de un carbón o de una vela encendida; pues la llama solo brota de ciertos cuerpos.
Observe que, en la llama que se eleva, se distinguen dos luces: una es blanca y la otra negra, o más bien azul. La
La luz blanca está arriba, donde se eleva en línea recta, y la luz negra, o de color azul, sirve, en cierto modo, de pedestal a la luz blanca. Aunque están unidas, la luz blanca se distingue de la otra. La luz negra, o de color azul, se encuentra debajo de la primera, a la que forma, en cierto modo, un pedestal; esto prueba que la luz que está por encima de ella es más preciosa. Tal es el misterio de la disposición bíblica acerca de los flecos de color azul llamados «thekheleth».
La luz blanca está arriba, donde se eleva en línea recta, y la luz negra, o de color azul, sirve, en cierto modo, de pedestal a la luz blanca. Aunque están unidas, la luz blanca se distingue de la otra. La luz negra, o de color azul, se encuentra debajo de la primera, a la que forma, en cierto modo, un pedestal; esto prueba que la luz que está por encima de ella es más preciosa. Tal es el misterio de la disposición bíblica acerca de los flecos de color azul llamados «thekheleth».