Está escrito: «Y fue tarde, y fue mañana, lo que formó un día». La tarde proviene del lado de las tinieblas y la mañana del lado de la luz, y de su asociación se forma el día. Rabbi Yehouda dice: ¿Por qué dice la Escritura, en cada día de la creación: «Y fue tarde, y fue mañana»? Para indicarnos que no hay día sin noche ni noche sin día; por eso no se deben separar. Rabbi Yossé dice: La luz primitiva que iluminó el primer día de la creación es la que ilumina todos los días siguientes; por eso se repite la palabra «día». Rabbi Éléazar dice: Por esta razón la Escritura emplea la palabra «mañana» en todos los días de la creación, aunque esta palabra designa la luz primitiva. Rabbi Siméon dice: El primer día de la creación acompaña a todos los demás días, de los cuales es la síntesis. De ello se puede concluir que no hay división alguna entre las fracciones del tiempo, que no son más que fragmentos de una unidad.
Está escrito: «Y Elohim dijo: Que se haga la luz». Con esta luz, la Escritura se refiere a los ángeles creados el primer día de la creación, emanaciones de la luz de Arriba. La Escritura añade: «…Y Elohim vio que la luz (eth-ha or) era buena». Con la palabra «eth», la Escritura nos indica que en la luz que Dios halló buena no está comprendida solamente la luz profética sin reverberación, sino también la que tiene reverberación. Rabbi Éléazar dijo: La palabra «eth» indica que en la luz que Dios halló buena están comprendidos todos los ángeles que provienen del lado de la luz; pues, cuando se haya realizado la unión perfecta, la luz de esos ángeles volverá a ser tan resplandeciente como lo era primitivamente.
Está escrito: «Que haya un firmamento en medio de las aguas». Rabbi Yehouda dice: Por este firmamento, la Escritura entiende el límite entre las luces celestes y el entendimiento del hombre; por eso la Escritura añade: «…Y que separe las aguas de las aguas», es decir: que separe las «aguas» celestes de las «aguas» de aquí abajo. «Y Elohim hizo el firmamento». La Escritura no dice: «Y el firmamento fue hecho», como ocurre con la luz, para la cual la Escritura emplea la expresión: «Y Elohim dijo: Que se haga la luz, y la luz se hizo». Pero, en cuanto al firmamento, la Escritura dice: «Que se haga el firmamento» y, un poco más adelante: «…Y Elohim hizo el firmamento». La Escritura nos indica que el límite entre las luces celestes y el entendimiento del hombre es una obra tan complicada que Dios tuvo que determinarla de una manera muy particular.
Rabbi Isaac dice: Fue en el segundo día de la creación cuando nacieron el infierno, destinado a los culpables de este mundo, y la discordia; también fue en el segundo día cuando la obra iniciada no quedó terminada. Por esta razón, la Escritura no emplea la palabra «bueno»; solo en el tercer día, cuando quedó terminada la obra de la víspera, emplea la Escritura la palabra «bueno» dos veces: una vez para el segundo día y otra para el tercero. Fue el tercer día el que reparó la falta nacida en el segundo día, pues puso fin a la discordia. Así, aportó alivio a los culpables de este mundo, pues fue en el tercer día cuando se moderó el fuego del infierno. Por eso
El segundo día se considera un día incompleto; solo el tercer día lo repara. Rabbi Hiyâ, sentado ante Rabbi Siméon, dijo: Puesto que la discordia surgida el segundo día provenía del hecho de que este día emanaba del lado de las tinieblas, mientras que el primer día emanaba del lado de la luz, ¿por qué el primer día no podía reparar la falta surgida el segundo día? En otras palabras, ¿por qué era necesario que el tercer día reparara la falta surgida el segundo, cuando el primero habría podido hacerlo? Rabbi Siméon le respondió: Como había discordia entre el primer y el segundo día, fue necesario que un tercero los reconciliara. Está escrito: «Que la tierra produzca hierba». La unión fecunda de las aguas de arriba con las de abajo se manifiesta mediante la producción de hierbas; pues es por la caída de las aguas de arriba que se produce la fecundidad abajo. Son, por así decirlo, las aguas de aquí abajo las que llaman a las de arriba, como una hembra que llama al macho; pues las aguas de arriba son macho y las de abajo son hembra.
Rabbi Siméon dice: Todo lo que está arriba también está abajo. Rabbi Yossé le dijo: ¡Pero hay un Elohim que existe solo arriba y no abajo! Quizá me responderás que también hay un Elohim abajo; a esto responderé: El de arriba es llamado «Elohim viviente», mientras que el de abajo solo lleva el nombre de «Elohim», sin epíteto. Pero la verdad es que el de abajo es designado con el nombre de «Tholdoth» (productos), como está escrito: «Estos son los productos (Éléh tholdoth) de los cielos y de la tierra que fueron creados (behibaram)». Ahora bien, una tradición nos enseña que la palabra «behibaram» debe leerse separada: behi baram; esto significa que Dios creó (los cielos y la tierra) por medio de la Hé. Y Quien está arriba es el Padre de todo; Él es quien lo creó todo; Él es quien fecundó la tierra, que quedó preñada y dio a luz «productos» (tholdoth). Fue fecundada como una hembra es fecundada por un macho. Rabbi Éléazar dice: Todas las fuerzas estaban en potencia en el interior de la tierra desde que esta fue creada; pero ella no las manifestó mediante sus productos hasta el sexto día de la creación, como está escrito:
« Y dijo Elohim: Que la tierra produzca seres vivos». Quizá se nos objeten las palabras de la Escritura: «Y la tierra produjo hierba». A esto responderemos: La tierra estaba dotada de facultades generadoras desde el tercer día de la creación; pero estas facultades permanecieron ocultas y no se manifestaron hasta la hora señalada. Pues, al principio, la tierra era árida y estéril, tal como traduce el Targum las palabras «thohou» y «bohou»; más tarde, fue dotada de facultades generadoras, capaces de producir hierbas, plantas y árboles; y solo el sexto día estas facultades entraron en funcionamiento. Lo mismo sucede con las luminarias creadas el primer día de la creación, que no entraron en funcionamiento hasta la hora señalada.
Está escrito: «Que se hagan las luminarias en el firmamento del cielo». La palabra «Meoroth» está escrita de manera incompleta, para indicar que siempre era la serpiente malvada, cuya impureza había causado la división entre todos los que debían estar unidos, la que también había sido la causa de que el sol no pudiera convivir con la luna. La palabra «Meoroth» designa la maldición que recayó sobre la tierra por culpa de la serpiente, tal como está escrito: «Que la tierra sea maldita a causa de lo que ustedes han hecho». Por eso la Escritura emplea la palabra «Meoroth», que es la forma singular, para indicarnos que la luna designada por las palabras: «Que se haga la luminaria (Meoroth)», y el sol designado por las palabras: «… en el firmamento del cielo» habían sido creados originalmente con el propósito de convivir juntos e iluminar la tierra simultáneamente; pero fue por culpa de la serpiente que las luminarias de esos dos astros fueron separadas. Del hecho de que la Escritura diga: «Que brillen en el firmamento del cielo y que iluminen la superficie de la tierra», en vez de decir: «Y que iluminen la tierra», puede concluirse que en el cielo, tanto como en la tierra, el tiempo se calcula según el curso de la luna. Rabbi Siméon dijo: Los notaricones,
Los cálculos de la división del tiempo, los solsticios y los días intercalares se hacen según el curso de la luna. Ahora bien, estos cálculos solo tienen razón de ser aquí abajo, pero no arriba. Rabbi Éléazar objetó a Rabbi Siméon: ¿Acaso nuestros colegas no hablan a menudo de las fracciones del tiempo en el cielo? Rabbi Siméon le respondió: Las fracciones del tiempo en el cielo no necesitan medirse según el curso de la luna; esta solo sirve a los habitantes de la tierra para indicarles las fracciones del tiempo observadas en el cielo. Rabbi Éléazar objetó de nuevo: Sin embargo, está escrito: «Y que sirvan de señales para marcar los tiempos». Ahora bien, del hecho de que la Escritura diga «señales», en plural, debería concluirse que el curso de la luna sirve también de señal arriba, igual que abajo. Rabbi Siméon le respondió: La palabra «Othoth» (señales, en plural) está escrita de forma incompleta para indicarnos que el curso de la luna solo sirve de señal para la división del tiempo aquí abajo, pero no arriba. Rabbi Éléazar preguntó además a Rabbi Siméon: ¿Por qué dice la Escritura: «Y que sirvan de señales...», como si fueran la luz del sol y la de la luna juntas las que sirvieran de señales, cuando solo se trata de la luz de la luna? Rabbi Siméon le respondió: La luna se designa con una palabra en plural porque se parece a un tesoro en el que se acumulan varios objetos preciosos. Ahora bien, así como a veces se designa el tesoro con una palabra en plural debido a la diversidad de los objetos que contiene, de igual modo se designa la luna con un plural. Observen que hay un punto fuera del cual comienza todo cálculo, pero cuyo interior escapa a toda estimación y a toda conjetura. Este punto es el Punto supremo donde cesa todo cálculo y toda cuenta, porque está por encima del tiempo y del espacio. Ahora bien, así como arriba hay un punto fuera del cual comienza el cálculo, también aquí abajo hay un punto que sirve de base a todos los cálculos; y este punto es la luna, que indica los solsticios, los notaricones, los meses intercalares, las fiestas y los Sabbats. Así, la luna es aquí abajo el símbolo del Punto supremo de arriba, a partir del cual comienza el cálculo. Por eso Israel, que está unido al Santo, Bendito sea, cuenta sus divisiones del tiempo según las fases de la luna, divisiones conformes a las de arriba, tal como está escrito: «Ustedes están unidos al Señor, su Dios».
Está escrito: «Y Elohim dijo: Que las aguas produzcan seres vivientes». Rabbi Éléazar dice: Estas palabras de la Escritura han sido explicadas de esta manera: Las aguas de abajo designan las luces de aquí abajo, que, al igual que las de arriba, son fecundas. La Escritura añade: «...Y el ave que vuela sobre la tierra». ¿Por qué dice la Escritura «volando» en lugar de «que vuela»? Rabbi Siméon dice: Con la palabra «ave», la Escritura designa al ángel Miguel, como está escrito: «Y uno de los Serafines voló hacia mí». La palabra «volando» designa al ángel Gabriel, como está escrito: «Y el hombre Gabriel, a quien había visto al principio en una visión, voló de repente hacia mí». La palabra «sobre la tierra» designa al profeta Elías, que llega al mundo en cuatro ocasiones, como está escrito: «El espíritu del Señor te transportará a algún lugar que me será desconocido». «El espíritu del Señor» indica el primer vuelo; «te transportará» indica el segundo vuelo; «a algún lugar» indica el tercero; «que me será desconocido» indica, por último, el cuarto. La Escritura añade: «...Debajo de la superficie del firmamento del cielo». Estas palabras designan al ángel de la muerte, que a veces está en la tierra y otras en el cielo, como nos enseña la tradición: El ángel de la muerte es el mismo que el espíritu tentador; baja a veces a la tierra para seducir allí a los hombres, y otras veces sube al cielo para convertirse en acusador de sus víctimas. Rabbi Abba objetó: El ángel de la muerte había sido creado en el segundo día, mientras que el versículo cuyas palabras interpretamos está situado en el quinto día de la creación. Pero la verdad es que las palabras «sobre la tierra» designan al ángel Rafael, cuya misión es sanar la tierra de sus males, así como a los hombres de sus enfermedades. Las palabras «debajo de la superficie del firmamento del cielo» designan al ángel Oriel, como se desprende de las propias palabras de la Escritura.
Rabbi añade a continuación: «…Y Elohim creó los grandes peces».
Rabbi Éléazar dijo: Estos peces designan a los setenta grandes jefes encargados de dirigir a los setenta pueblos de la tierra. Esto es lo que la Escritura quiere decir con los «grandes peces». La Escritura añade: «…Y todos los seres vivientes que se mueven (nephesch hayâ)». Estas palabras designan a los israelitas, cuyas almas (nephesch) proceden de «Havâ», por lo cual Israel es llamado en la Escritura «pueblo único». La Escritura añade además: «Que las aguas produzcan…», designando así a los hombres que se consagran al estudio de la doctrina. «…Y las aves según su especie» designan a los justos de Israel, gracias a los cuales Israel es llamado «nephesch hayâ». Según otra versión, las palabras: «…Y todas las aves según su especie» designan a los ángeles mensajeros encargados de misiones en la tierra, como ya se ha dicho anteriormente.
Rabbi Éléazar dijo: Estos peces designan a los setenta grandes jefes encargados de dirigir a los setenta pueblos de la tierra. Esto es lo que la Escritura quiere decir con los «grandes peces». La Escritura añade: «…Y todos los seres vivientes que se mueven (nephesch hayâ)». Estas palabras designan a los israelitas, cuyas almas (nephesch) proceden de «Havâ», por lo cual Israel es llamado en la Escritura «pueblo único». La Escritura añade además: «Que las aguas produzcan…», designando así a los hombres que se consagran al estudio de la doctrina. «…Y las aves según su especie» designan a los justos de Israel, gracias a los cuales Israel es llamado «nephesch hayâ». Según otra versión, las palabras: «…Y todas las aves según su especie» designan a los ángeles mensajeros encargados de misiones en la tierra, como ya se ha dicho anteriormente.
Rabbi Abba dice: «Nephesch hayâ» designa a los israelitas, que son hijos del Santo, bendito sea, y cuyas almas emanan de Él. Pero las almas de los demás pueblos paganos no emanan de Dios. ¿De dónde emanan? Rabbi Éléazar dice: Las almas de los demás pueblos emanan del lado izquierdo, fuente de la impureza; por eso, todos los demás pueblos son impuros y contaminan a todos los que se acercan a ellos.
Está escrito: «Y Elohim dijo: que la tierra produzca seres vivos según su especie, y animales, reptiles y bestias salvajes de la tierra según sus especies». ¿Por qué repite la Escritura dos veces, en este versículo, la palabra «lemina», según sus especies? Rabbi Éléazar dice: Esto confirma la interpretación que hemos dado anteriormente: «Seres vivos» designa a los israelitas, cuyas almas son santas porque emanan de lo alto; mientras que «…animales, reptiles y bestias salvajes de la tierra» designa a los demás pueblos paganos, que no son «seres vivos» (nephesch hayâ), sino que constituyen el prepucio del género humano, que hay que cortar.
Está escrito: «Y Elohim dijo: que la tierra produzca seres vivos según su especie, y animales, reptiles y bestias salvajes de la tierra según sus especies». ¿Por qué repite la Escritura dos veces, en este versículo, la palabra «lemina», según sus especies? Rabbi Éléazar dice: Esto confirma la interpretación que hemos dado anteriormente: «Seres vivos» designa a los israelitas, cuyas almas son santas porque emanan de lo alto; mientras que «…animales, reptiles y bestias salvajes de la tierra» designa a los demás pueblos paganos, que no son «seres vivos» (nephesch hayâ), sino que constituyen el prepucio del género humano, que hay que cortar.
Está escrito: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza». La Escritura quiere decir: el hombre también está compuesto de las seis direcciones, que son arriba, abajo y los cuatro puntos cardinales; y, gracias al misterio de la «Sabiduría» (Hocmá), el hombre será perfeccionado con la ayuda de arriba. «Hagamos al hombre» es el misterio del macho y la hembra; todo está hecho por la «Sabiduría santa y suprema». «A nuestra imagen y semejanza» significa que uno se parece al otro; el hombre también es único en su especie y gobierna todo.
Está escrito: «Y Elohim vio todo lo que había hecho; y era muy bueno». Aquí, la Escritura suple mediante el superlativo la laguna del segundo día, en el que no figura la palabra «bueno», porque ese día había sido creada la muerte. La Escritura emplea aquí el término «muy bueno», que corrobora la afirmación de los colegas, según la cual las palabras «muy bueno» designan la muerte. ¿Por qué dice la Escritura: «Y Elohim vio todo lo que había hecho; y era muy bueno»? ¿Acaso Dios no lo había visto antes? ¿Era preciso que viera todo lo que había hecho para saber que era «muy bueno»? Pero la verdad es que el Santo, bendito sea, lo había previsto todo de antemano; había previsto todas las generaciones que se sucederían, así como todo lo que acontecería en el mundo con el correr de los siglos; Dios lo había previsto todo antes de la creación del mundo. Este es precisamente el sentido de las palabras de la Escritura: «Y Elohim vio todo lo que había hecho», lo que quiere decir: Elohim previó antes de la creación todo lo que había de hacer después; y la Escritura añade: «…Y todo ello era muy bueno», porque todo lo que Dios ha previsto no puede ser sino «muy bueno».
La Escritura añade: «Y fue tarde, y fue mañana, que formaron juntos el sexto día». ¿Por qué, en todos los demás días de la creación, la Escritura no emplea la Hé como prefijo determinativo, como lo hace para el sexto día, designado con la palabra «ha-schischi» (el sexto)? Porque, cuando se hubo completado la creación del mundo, el macho se unió a la hembra en la unión de la Hé para formar un todo. Por eso también añade la Escritura: «El cielo y la tierra fueron acabados con todos sus adornos»; es decir, formaron en conjunto una unidad completa y armoniosa.
Está escrito: «El cielo y la tierra fueron acabados con todos sus adornos». Rabbi Éléazar añade:
Está escrito: «El cielo y la tierra fueron acabados con todos sus adornos». Rabbi Éléazar añade:
Abrió una de sus conferencias con el siguiente exordio: Está escrito: «¡Cuán grande es la abundancia de bondad que Tú has ocultado y reservado para quienes Te temen!». Observen que el Santo, bendito sea, creó al hombre en este mundo y lo dotó de tales cualidades que le fue posible merecer la Luz celestial que el Santo, bendito sea, ha ocultado y reservado para los Justos, según está escrito: «Ningún ojo ha visto, salvo Tú solo, oh Señor, lo que has reservado para quienes esperan en Ti». ¿Y mediante qué obra merecerá el hombre gozar de la Luz celestial? —Mediante el estudio de la doctrina esotérica; pues quien se dedica todos los días al estudio de la doctrina esotérica tendrá la dicha de participar del mundo futuro y tendrá tanto mérito como si hubiera creado el mundo, puesto que fue por la doctrina que el mundo fue creado y es por ella que subsiste, según está escrito: «El Señor fundó la tierra con la Sabiduría y estableció los cielos con la Inteligencia». Y en otro lugar está escrito: «Yo estaba con Él y ordenaba todas las cosas; cada día me deleitaba, y jugaba sin cesar delante de Él». Estas palabras de la Escritura significan que quien se dedica cada día al estudio de la doctrina afianza el mundo, puesto que contribuye a que subsistan los mundos. Observen que fue por el Espíritu que el Santo, bendito sea, creó el mundo, y que también es por el Espíritu que el mundo subsiste: por el espíritu de quienes se dedican al estudio de la doctrina, y sobre todo por el espíritu de los niños que van a la escuela. Las palabras de la Escritura: «¡Cuán grande es la abundancia de Tu bondad…» designan esa bondad que Dios ha reservado para quienes temen el pecado. La Escritura añade: «… La has creado para quienes esperan en Ti ante los hijos de los hombres». ¿Qué significan las palabras «la has creado»? Estas palabras designan la obra de la creación. Rabbi Abba dice: Designan el paraíso; pues fue por la Esperanza que el Santo, bendito sea, creó la tierra. Por eso, los Justos, que practican la Esperanza, serán colocados en ese paraíso.
que está situado frente al paraíso superior, como está escrito: «Lo creaste para quienes esperan en Ti, frente a los hijos de los hombres». «Frente a los hijos de los hombres», porque hay otro paraíso que está frente a los ángeles. Rabbi Siméon dice: La Escritura habla del paraíso superior; en cuanto a la expresión «frente a los hijos de los hombres», indica que ese paraíso será la morada de los Justos que cumplen la voluntad de su Maestro. La Escritura dice: «El cielo y la tierra fueron acabados». Estas palabras indican que la obra de la creación fue acabada tanto arriba como abajo; lo alto y lo bajo son lo que designan las palabras «cielo y tierra». Rabbi Siméon dice: Estas palabras designan el culto y la fe de la ley escrita, y el culto y la fe de la ley tradicional. «… Y sus constelaciones» designa los detalles de la ley, los comentarios, que son setenta. La palabra «va-ïcoulou» (y fueron acabados) expresa la estrecha unión que existe entre estas dos leyes, de las cuales una es el complemento de la otra. Al decir «… El cielo y la tierra» y luego añadir «… Con todas sus constelaciones», la Escritura hace seguir el género a la especie, lo que nos permite aplicar aquí la regla hermenéutica según la cual, en tal caso, también se debe generalizar la especie. Por eso, las palabras «… Con todas sus constelaciones» designan las diversas interpretaciones de la ley, las cosas permitidas y las cosas prohibidas. Está escrito: «Y Élohim terminó el séptimo día la obra que había hecho». Estas palabras significan la ley tradicional, designada con el nombre de «séptimo día». La Escritura quiere decir, pues, que Dios terminó Su obra en la doctrina tradicional, que es la base del mundo. La Escritura dice: «La obra que había hecho»; pero no dice: «Toda Su obra», puesto que la ley escrita no está comprendida en ella, esa ley que emana de la Sabiduría (Hokmah). La Escritura repite tres veces el término «séptimo día». Primero: «Dios terminó el séptimo día»; luego: «Descansó el séptimo día»; y, por último: «Bendijo el séptimo día». El primer término designa la ley tradicional que
contiene los misterios que forman la base del mundo, como acabamos de decir. El segundo término: «Y reposó el séptimo día» designa la base del mundo. En el libro de Rab Yeba, el Anciano, se dice que este término designa el Jubileo. Por eso la Escritura dice, después del segundo término: «... De toda Su obra»; pues todo procede de este día. El tercer término: «Y Elohim bendijo el séptimo día» designa al gran pontífice, que bendice a todo el mundo y tiene preeminencia sobre todos los demás hombres. En efecto, la tradición nos enseña que, al repartir las ofrendas, el gran pontífice es el primero en tomar su parte. Y, como la bendición del pueblo está reservada al gran pontífice, este es designado con el nombre de «séptimo». Rabbi Yessa, el Anciano, dice: Estos dos términos de la Escritura, «el séptimo día», designan dos cosas: la base del mundo y la Columna del Medio. «... Y lo santificó» indica el lugar donde se levantaron los muros del templo, como está escrito: «Me hizo ver a él y su santuario». En este lugar residen todos los santos de arriba; de allí sale el pan perfumado que deleita al «Sínodo de Israel», como está escrito: «El pan de Ascher será excelente; y los reyes encontrarán en él sus delicias». La Escritura quiere decir que de «Ascher» vendrá la Alianza de la Paz. El pan de los pobres se convertirá en el «pan perfumado» que deleitará a los reyes. ¿Qué significa el término «reyes»? Designa al «Sínodo de Israel». De este lugar emanan todas las delicias de los mundos; y de allí salen todas las santidades celestiales. Por eso la Escritura dice: «... Y lo santificó» (vaïqadesch otho); la palabra «otho» designa la alianza (oth). La Escritura añade: «... Porque había reposado ese día»; ese día, todo lo que existe arriba y abajo reposa.
Está escrito: «... Que Elohim creó para que fuera hecho (ascher bara Élohim laasoth)». Sabemos que «recuerden» conduce a «practiquen», para perfeccionar la obra del mundo. Las palabras: «... Que Elohim creó para que fuera hecho» significan que «Elohim creó el instrumento de trabajo para todos, es decir, la Ley». Rabbi Siméon explica este versículo también de otra manera. Está escrito: «Quien guarda Su Alianza y Su misericordia hasta mil generaciones...» El término «quien guarda» designa al Sínodo de Israel; la «Alianza» designa la base del mundo; «la misericordia» designa a Abraham. Pues es el «Sínodo de Israel» quien guarda la «Alianza» y la «misericordia»; por eso se le llama el «guardián de Israel», puesto que guarda la puerta de la que están suspendidas todas las obras del mundo. Tal es, en verdad, el significado de las palabras: «... Que Elohim creó para que fuera hecho». Así se hacen las obras de Dios; su conjunto proporciona al mundo todo lo que le es útil y saludable; así se produjeron los espíritus y las almas, los demonios y los diablos. Pero, quizá se dirá, los demonios y los diablos no son útiles al mundo. A esto responderemos que no es así, porque estos también son útiles al mundo, en el sentido de que sirven para castigar a los culpables; pues los demonios salen al encuentro del culpable para castigarlo. Quienquiera que transite por el camino que conduce al lado izquierdo encuentra allí espíritus que emanan del mismo lado. Por eso también los demonios y los diablos son útiles al mundo. Observen esto.
que la Escritura dice de Salomón: «Y si comete alguna injusticia, lo castigaré con la vara con que se castiga a los hombres, y lo corregiré con las plagas de los hijos de los hombres». ¿Qué significan «las plagas de los hijos de los hombres»? Son los demonios.
Adviertan que, en el momento de la creación de estos seres, el día del Sabbat viene a interrumpir la obra divina; de ahí que hayan quedado como seres espirituales desprovistos de cuerpo. Estos seres no tienen nada en común con las cosas santas, puesto que emanan del lado izquierdo. Forman la parte vil de las pepitas de las que se ha extraído el oro. Y precisamente por eso no tienen nada en común con la santidad y son incompletos; el nombre sagrado no está ligado a ellos, y tiemblan ante el nombre sagrado. El nombre sagrado no está ligado a nada incompleto. Adviertan, además, que el nombre sagrado nunca permanece ligado a un hombre incompleto que muere sin dejar hijos; tal hombre no entra después de su muerte en el vestíbulo del Paraíso, porque es incompleto; tal árbol, arrancado de raíz, necesita ser plantado de nuevo, a fin de que el nombre sagrado sea completado en todas las direcciones; ahora bien, este nombre nunca se liga a lo que es incompleto. Adviertan que estos seres incompletos participan a la vez de «lo de arriba» y de «lo de abajo»; por eso no pueden estar de acuerdo ni con los de arriba ni con los de abajo. De ellos dice la Escritura: «... La obra que Elohim creó para que fuera hecha»; pues estos seres son incompletos tanto arriba como abajo. Quizá se pregunte por qué estos seres son incompletos arriba, siendo así que son espíritus puros. A esto responderemos: Son incompletos arriba porque lo son abajo. Todos estos seres vienen del lado izquierdo; son invisibles al ojo del hombre, aunque lo rodean constantemente con el propósito de perjudicarlo. Tienen tres cosas en común con los ángeles y otras tres con los hombres; esto ya ha sido expuesto.
Después de la creación de estos espíritus, permanecieron ocultos bajo el abismo del gran Océano durante la noche y el día del Sabbat. Cuando hubo terminado la santidad del día, sin que estos espíritus estuvieran completos, salieron volando del abismo y vinieron al mundo, que todavía recorren en todas direcciones. Por eso, el mundo debe ser protegido para ponerlo a salvo de sus ataques. Así fue como despertó todo lo que emana del lado izquierdo, se encendió el fuego del infierno y todos los espíritus del lado izquierdo recorrieron el mundo. Estos espíritus quisieron procurarse cuerpos, pero no pudieron lograrlo. Por eso debemos ponernos en guardia contra ellos, y por eso se estableció una fórmula litúrgica contra las plagas, que se recita cada vez que estos seres malignos azotan el mundo.
Tenga en cuenta que la «tienda de la Paz» se extendió sobre el mundo cuando, durante la creación, comenzaba la santidad del Sabbat. ¿Qué significa la «tienda de la Paz»? Es el Sabbat, durante el cual todos los espíritus, todos los demonios y todos los diablos, así como todos los espíritus que contaminan, van a esconderse debajo del abismo del gran Océano; pues, cuando la santidad despierta en el mundo, el espíritu impuro no puede coexistir con ella; este huye de aquella. Por eso, en ese día, el mundo está protegido por el cielo mismo, de modo que ya no necesitamos recitar la fórmula litúrgica para nuestra protección, fórmula que termina con las palabras: «Bendito seas, Señor, Dueño del universo, que proteges a Tu pueblo de Israel. Amén», puesto que esta fórmula fue redactada únicamente para ser recitada durante los días de la semana, en los que el mundo necesita protección, mientras que, el día del Sabbat, la «tienda de la Paz» se extiende sobre el mundo, que así queda protegido por todos lados. Incluso los culpables que sufren su castigo en el infierno están protegidos ese día; y todos los seres de arriba, así como los de abajo, están en paz durante este
día. Por eso recitamos, para consagrar la santidad de este día, la bendición cuyo tenor es el siguiente: «Bendito sea el Señor, que extiende la tienda de la Paz sobre nosotros, sobre todo Su pueblo de Israel y sobre Jerusalén». ¿Por qué «sobre Jerusalén»? Porque allí se encuentra el lugar de esa «tienda». Debemos, pues, pedir a esa «tienda» que se extienda también sobre nosotros para protegernos, como una madre que protege a sus hijos; de este modo no temeremos nada de ningún lado; por eso decimos: «... Que extiende la tienda de la Paz sobre nosotros». Adviertan que, en el momento en que Israel, al pronunciar esta bendición, invita a la «tienda de la Paz» a venir a visitarlo como una anfitriona sagrada, la santidad celestial desciende y, al extender Sus alas sobre Israel, lo cubre como una madre cubre a sus hijos. Así pues, todos los malos espíritus desaparecen del mundo, e Israel permanece entonces bajo la santidad de su Maestro. Es entonces cuando la «tienda de la Paz» concede a cada uno de sus hijos un alma nueva. ¿Por qué? Porque las almas reposan en ella y emanan de ella. Por eso, en el momento en que extiende Sus alas sobre sus hijos, hace descender un alma nueva para cada uno de ellos. Rabbi Siméon dice además: Es por lo que acabamos de decir que la tradición nos enseña que el Sabbat es la imagen del mundo futuro; pues, en efecto, así es; uno es la imagen del otro, del mismo modo que el año sabático es la imagen del año jubilar. El alma adicional que se concede a cada uno durante el día de Sabbat procede del misterio expresado en la palabra «zacor» (acuérdate); de ahí llegan esas almas adicionales a esta «tienda de la Paz»; esta las toma del mundo futuro y las concede como suplemento al mundo santificado. Mediante este suplemento, la alegría se extiende por el mundo. Y todo lo profano, todos los dolores y todos los tormentos desaparecen del mundo, tal como está escrito: «En aquel día, el Señor pondrá fin a sus tristezas, a sus penas y a la dura servidumbre por la que antes suspiraban».
Por eso, el hombre debe probar, durante la noche del Sabbat, todos los manjares preparados, para simbolizar así la universalidad de la «tienda de la Paz», que abarca todas las almas, siempre que no se empiece un manjar destinado a la comida del día siguiente. Según otra lección, Rabbi Siméon se habría expresado así: Siempre que no se empiece ninguno de los manjares destinados a las dos comidas del día siguiente. Esta última lección es la mejor. Con mayor razón se puede probar de todos los manjares cuando queda para el día siguiente más de lo necesario para las dos comidas reglamentarias; el mínimo de manjares prescritos para cada una de las comidas del Sabbat es de dos, tal como lo establecieron los colegas.