La Luz que se manifiesta
Conquista todos los corazones,
A veces como juglar, a veces como escanciador.
¡Qué cantor es Él, que con una sola melodía de dulce tono
Quema las cosechas de cien devotos!
¡Qué escanciador es Él, que con una sola copa
Embriaga a doscientas setenta personas!
Al entrar en la mezquita al alba,
No deja allí despierto a ningún hombre;
Al entrar en el convento por la noche,
Convierte en fábula los relatos de los sufíes;
Al entrar en la escuela, velado bajo la apariencia de un borracho,
El profesor se embriaga irremediablemente.
Los devotos enloquecen de amor por Él
Y son expulsados de su casa y de su hogar.
A uno lo hace fiel, a otro infiel,
Sembrando el desconcierto en el mundo.
Las tabernas han sido glorificadas por Sus labios,
Las mezquitas se han vuelto resplandecientes gracias a Su mejilla.
En Él he encontrado todo lo que deseaba,
Y he sido liberado de mí mismo.
Mi corazón no se conocía,
Velado de Él por cien velos
De vanidad, orgullo e ilusión.
Conquista todos los corazones,
A veces como juglar, a veces como escanciador.
¡Qué cantor es Él, que con una sola melodía de dulce tono
Quema las cosechas de cien devotos!
¡Qué escanciador es Él, que con una sola copa
Embriaga a doscientas setenta personas!
Al entrar en la mezquita al alba,
No deja allí despierto a ningún hombre;
Al entrar en el convento por la noche,
Convierte en fábula los relatos de los sufíes;
Al entrar en la escuela, velado bajo la apariencia de un borracho,
El profesor se embriaga irremediablemente.
Los devotos enloquecen de amor por Él
Y son expulsados de su casa y de su hogar.
A uno lo hace fiel, a otro infiel,
Sembrando el desconcierto en el mundo.
Las tabernas han sido glorificadas por Sus labios,
Las mezquitas se han vuelto resplandecientes gracias a Su mejilla.
En Él he encontrado todo lo que deseaba,
Y he sido liberado de mí mismo.
Mi corazón no se conocía,
Velado de Él por cien velos
De vanidad, orgullo e ilusión.