Cuando mi féretro avance el día de la muerte,
No pienses que mi corazón está en este mundo.
No llores en la trampa del diablo: ese es el infortunio.
Cuando veas mi ataúd, no grites: «¡Separados, separados!»
La unión y el encuentro me pertenecen en esta hora.
Si me confías a la tumba, no digas: «¡Adiós, adiós!»
Pues la tumba es un velo que oculta la comunión del paraíso.
Después de ver el ocaso, piensa en la resurrección;
¿Por qué el ocaso habría de perjudicar al sol y a la luna?
A tus ojos, es un ocaso, pero es un amanecer;
Aunque la bóveda parezca una prisión, es la liberación del alma.
Cierra tu boca de este lado y ábrela del otro,
Pues, en el aire sin lugar, resonará tu canto triunfal.
No pienses que mi corazón está en este mundo.
No llores en la trampa del diablo: ese es el infortunio.
Cuando veas mi ataúd, no grites: «¡Separados, separados!»
La unión y el encuentro me pertenecen en esta hora.
Si me confías a la tumba, no digas: «¡Adiós, adiós!»
Pues la tumba es un velo que oculta la comunión del paraíso.
Después de ver el ocaso, piensa en la resurrección;
¿Por qué el ocaso habría de perjudicar al sol y a la luna?
A tus ojos, es un ocaso, pero es un amanecer;
Aunque la bóveda parezca una prisión, es la liberación del alma.
Cierra tu boca de este lado y ábrela del otro,
Pues, en el aire sin lugar, resonará tu canto triunfal.