Anoche, el director de nuestras conciencias, al salir de la mezquita, se dirigió a la taberna. ¡Oh, amigos! ¿Cuál debe ser nuestra conducta después de semejante ejemplo?
Nosotros, pobres ovejas, ¿cómo podríamos tener el rostro vuelto hacia la Kaaba, si nuestro pastor lo tiene vuelto hacia el cabaret?
Reunámonos, pues, todos en casa del vendedor de vino, ya que, desde toda la eternidad, nuestro destino así lo ha decidido.
¡Oh! Si la inteligencia supiera cuán bien se encuentra el corazón suspendido de una hermosa cabellera, todos los hombres de espíritu se volverían locos por la cadena que nos tiene en tan dulce cautiverio.
Mi corazón por fin había conseguido, como una presa, un instante de reposo, cuando, ¡ay!, al desatar tu maravillosa cabellera, lo exasperaste de nuevo y lo sumergiste otra vez en sus crueles tormentos.
Tu lindo rostro es para nosotros una muestra de la belleza divina; por eso, en nuestras narraciones poéticas, no se habla sino de encantos y atractivos.
Nosotros, pobres ovejas, ¿cómo podríamos tener el rostro vuelto hacia la Kaaba, si nuestro pastor lo tiene vuelto hacia el cabaret?
Reunámonos, pues, todos en casa del vendedor de vino, ya que, desde toda la eternidad, nuestro destino así lo ha decidido.
¡Oh! Si la inteligencia supiera cuán bien se encuentra el corazón suspendido de una hermosa cabellera, todos los hombres de espíritu se volverían locos por la cadena que nos tiene en tan dulce cautiverio.
Mi corazón por fin había conseguido, como una presa, un instante de reposo, cuando, ¡ay!, al desatar tu maravillosa cabellera, lo exasperaste de nuevo y lo sumergiste otra vez en sus crueles tormentos.
Tu lindo rostro es para nosotros una muestra de la belleza divina; por eso, en nuestras narraciones poéticas, no se habla sino de encantos y atractivos.
¿Se conmoverá alguna vez, al menos una vez, tu corazón de piedra ante nuestras ardientes lamentaciones y nuestros suspiros abrasadores, que por la noche nos atormentan?
La brisa dispersó suavemente tus hermosas trenzas y mis ojos, deslumbrados por aquella visión, quedaron de inmediato sumidos en las tinieblas. Mira, cruel, todo el provecho que he sacado de la admiración que me inspiró tu hermosa cabellera.
La flecha de mis suspiros traspasó los límites del mundo. ¡Oh, Hafiz, calla ya, ten piedad de tu alma! Ponla a salvo de sus terribles embates.
La brisa dispersó suavemente tus hermosas trenzas y mis ojos, deslumbrados por aquella visión, quedaron de inmediato sumidos en las tinieblas. Mira, cruel, todo el provecho que he sacado de la admiración que me inspiró tu hermosa cabellera.
La flecha de mis suspiros traspasó los límites del mundo. ¡Oh, Hafiz, calla ya, ten piedad de tu alma! Ponla a salvo de sus terribles embates.