Islam

Hafiz, oda 8

¡Oh, Céfiro!, dile a esa encantadora gacela, con la mayor dulzura posible: tú eres la causa de que vaguemos por las montañas y las llanuras.
¿Por qué aquella cuyas palabras son tan dulces —que su vida se prolongue— no pregunta por este pobre loro que tanto ama el azúcar?
¿Será el orgullo que te inspira tu belleza, oh rosa, lo que no te ha permitido preguntar por el estado del pobre Ruiseñor desesperado?
De verdad, no sé por qué esas beldades de talle esbelto, ojos negros y rostro cuyo resplandor rivaliza con el del astro de las noches sienten aversión por toda relación amorosa.
El único defecto que puede señalarse en tu encantadora belleza es que los rostros hermosos suelen carecer de ese lunar que es emblema del amor y la fidelidad.
Cuando estés en compañía de tu amigo, vaciando alegremente tu copa, acuérdate al menos de los pobres amigos que no tienen en la suya más que viento.
Es con gentileza y amabilidad como se conquista el corazón de los hombres de buen gusto; no es con una red y granos de trigo como se captura al ave inteligente.
¡Qué tiene de sorprendente que, al escuchar los versos de Hafiz, Zohre, en el cielo, transportada de alegría y alborozo, incite a bailar incluso a los niños de Jesús!

Fuente Hafiz, Quelques odes, trad. A.-L.-M. Nicolas (1898), fr.wikisource.org — traducción I Choose Peace desde el francés · Índice