Estoy ausente, y el deseo hace morir mi alma; me encuentro con él y no me curo: es, pues, el deseo, tanto si estoy ausente como presente.
El encuentro con él hace nacer en mí lo que nunca había
imaginado; y el remedio es una segunda enfermedad de pasión,
pues contemplo una forma cuya belleza, en cada uno de nuestros encuentros, crece en esplendor y majestad.
No hay, pues, escapatoria de una pasión que aumenta a medida que aumenta su belleza, según una medida predestinada.
El encuentro con él hace nacer en mí lo que nunca había
imaginado; y el remedio es una segunda enfermedad de pasión,
pues contemplo una forma cuya belleza, en cada uno de nuestros encuentros, crece en esplendor y majestad.
No hay, pues, escapatoria de una pasión que aumenta a medida que aumenta su belleza, según una medida predestinada.
1–4. Está constantemente atormentado, pues, en la angustia de la ausencia, espera curarse al encontrarse con el Amado; pero ese encuentro no hace más que aumentar su dolor, porque siempre pasa de un estado inferior a uno superior, y este último despierta inevitablemente en él una pasión más intensa que la que había suscitado el primero.