Nuestro estado no es diferente. Ves los defectos porque no amas y no eres capaz de experimentar ese sentimiento. Si tuvieras el menor conocimiento de lo que es el amor, los defectos del objeto amado te parecerían buenas cualidades.
EL AMANTE Y LA AMADA.
Un hombre valiente e impetuoso como un león estuvo enamorado de una mujer durante cinco años. Sin embargo, se distinguía una pequeña nube en el ojo de aquella bella; pero el hombre no se daba cuenta, aunque contemplaba con frecuencia a su amada. En efecto, ¿cómo habría podido aquel hombre, sumido en un amor tan violento, darse cuenta de ese defecto? No obstante, su amor acabó por disminuir; una medicina curó aquella enfermedad. Cuando el amor por aquella mujer se hubo debilitado en el corazón de quien la amaba, este recuperó fácilmente el dominio de sí mismo. Entonces vio la deformidad del ojo de su amada y le preguntó cómo se había producido aquella mancha blanca. «Desde el instante —respondió ella— en que tu amor disminuyó, mi ojo dejó ver su defecto. Cuando tu amor se volvió defectuoso, también mi ojo lo fue para ti. Has llenado tu corazón de turbación por la aversión que sientes ahora; pero mira, ¡oh ciego de corazón!, tus propios defectos. ¿Hasta cuándo buscarás los defectos ajenos? Procura más bien ocuparte de los que ocultas cuidadosamente. Cuando tus faltas pesen sobre ti, no prestarás atención a las de los demás».
EL AMANTE Y LA AMADA.
Un hombre valiente e impetuoso como un león estuvo enamorado de una mujer durante cinco años. Sin embargo, se distinguía una pequeña nube en el ojo de aquella bella; pero el hombre no se daba cuenta, aunque contemplaba con frecuencia a su amada. En efecto, ¿cómo habría podido aquel hombre, sumido en un amor tan violento, darse cuenta de ese defecto? No obstante, su amor acabó por disminuir; una medicina curó aquella enfermedad. Cuando el amor por aquella mujer se hubo debilitado en el corazón de quien la amaba, este recuperó fácilmente el dominio de sí mismo. Entonces vio la deformidad del ojo de su amada y le preguntó cómo se había producido aquella mancha blanca. «Desde el instante —respondió ella— en que tu amor disminuyó, mi ojo dejó ver su defecto. Cuando tu amor se volvió defectuoso, también mi ojo lo fue para ti. Has llenado tu corazón de turbación por la aversión que sientes ahora; pero mira, ¡oh ciego de corazón!, tus propios defectos. ¿Hasta cuándo buscarás los defectos ajenos? Procura más bien ocuparte de los que ocultas cuidadosamente. Cuando tus faltas pesen sobre ti, no prestarás atención a las de los demás».
EL PREFECTO DE POLICÍA
Un día, el prefecto de policía golpeó a un hombre borracho. Este le dijo: «No hagas tanto escándalo, pues tú también te permites cosas ilícitas; traes la embriaguez y la arrojas al camino. Tú mismo estás mucho más borracho que yo, pero nadie se da cuenta de esa embriaguez. Así que, de ahora en adelante, no me atormentes y pide también justicia contra ti mismo».
Un día, el prefecto de policía golpeó a un hombre borracho. Este le dijo: «No hagas tanto escándalo, pues tú también te permites cosas ilícitas; traes la embriaguez y la arrojas al camino. Tú mismo estás mucho más borracho que yo, pero nadie se da cuenta de esa embriaguez. Así que, de ahora en adelante, no me atormentes y pide también justicia contra ti mismo».