Ahora llegamos al capítulo en el que se describen los poderes del Yoga.
1. Dhāranā consiste en fijar la mente en un objeto particular.
Dhāranā (la concentración) consiste en fijar la mente en un objeto, ya sea que se encuentre dentro del cuerpo o fuera de él, y mantenerla en ese estado.
2. Un flujo ininterrumpido de conocimiento sobre ese objeto es Dhyāna.
La mente se esfuerza por pensar en un solo objeto, por fijarse en un punto determinado, como la coronilla, el corazón, etc. Si la mente logra recibir las sensaciones únicamente a través de esa parte del cuerpo, y de ninguna otra, eso es Dhāranā. Cuando logra mantenerse en ese estado durante cierto tiempo, se llama Dhyāna (meditación).
3. Cuando, renunciando a todas las formas, ya no refleja más que el significado, eso es Samādhi.
Este estado surge cuando, durante la meditación, se abandona la forma o el aspecto exterior. Supongamos que medito en un libro y poco a poco logro concentrar la mente en él y percibir únicamente las sensaciones internas, el significado, sin que se exprese bajo ninguna forma: este estado de Dhyāna se llama Samādhi.
4. Estas tres prácticas, aplicadas a un mismo objeto, constituyen Samyama.
Cuando una persona puede dirigir la mente hacia un objeto particular y fijarla en él, mantenerla allí durante mucho tiempo y separar el objeto de su aspecto interior, eso es Samyama; en otras palabras, Dhāranā, Dhyāna y Samādhi se suceden y se convierten en uno. La forma de la cosa ha desaparecido, y solo su significado permanece en la mente.
1. Dhāranā consiste en fijar la mente en un objeto particular.
Dhāranā (la concentración) consiste en fijar la mente en un objeto, ya sea que se encuentre dentro del cuerpo o fuera de él, y mantenerla en ese estado.
2. Un flujo ininterrumpido de conocimiento sobre ese objeto es Dhyāna.
La mente se esfuerza por pensar en un solo objeto, por fijarse en un punto determinado, como la coronilla, el corazón, etc. Si la mente logra recibir las sensaciones únicamente a través de esa parte del cuerpo, y de ninguna otra, eso es Dhāranā. Cuando logra mantenerse en ese estado durante cierto tiempo, se llama Dhyāna (meditación).
3. Cuando, renunciando a todas las formas, ya no refleja más que el significado, eso es Samādhi.
Este estado surge cuando, durante la meditación, se abandona la forma o el aspecto exterior. Supongamos que medito en un libro y poco a poco logro concentrar la mente en él y percibir únicamente las sensaciones internas, el significado, sin que se exprese bajo ninguna forma: este estado de Dhyāna se llama Samādhi.
4. Estas tres prácticas, aplicadas a un mismo objeto, constituyen Samyama.
Cuando una persona puede dirigir la mente hacia un objeto particular y fijarla en él, mantenerla allí durante mucho tiempo y separar el objeto de su aspecto interior, eso es Samyama; en otras palabras, Dhāranā, Dhyāna y Samādhi se suceden y se convierten en uno. La forma de la cosa ha desaparecido, y solo su significado permanece en la mente.
5. Por medio de la conquista de esto llega la luz del conocimiento.
Cuando se ha logrado llevar a cabo este Samyama, todos los poderes quedan sometidos al control de quien lo realiza. Es el gran instrumento del Yogi. Los objetos del conocimiento son infinitos y se dividen en burdos, más burdos, muy burdos, luego en sutiles, más sutiles, muy sutiles, y así sucesivamente. Este Samyama debe aplicarse primero a las cosas burdas y, cuando usted comience a conocer esas cosas burdas, debe llevarlo poco a poco y por etapas a cosas más sutiles.
6. Esto debe emplearse por etapas.
Es una advertencia: no intente ir demasiado rápido.
7. Estos tres son más internos que los que los preceden.
Antes de ellos teníamos el Pratyāhāra, el Prānāyāma, el Āsana, el Yama y el Niyama; estos son las partes externas de los tres —Dharana, Dhyana y Samadhi—. Cuando un hombre los ha alcanzado, puede llegar a la omnisciencia y a la omnipotencia, pero esto no sería la liberación. Estos tres no harían que la mente fuera Nirvikalpa, inmutable, sino que dejarían las semillas que permiten volver a tomar cuerpos. Solo cuando las semillas están, como dice el Yogi, «quemadas», pierden la posibilidad de producir nuevas plantas. Estos poderes no pueden quemar la semilla.
8. Pero incluso ellos son externos al Samadhi sin semillas.
Comparados con este Samadhi sin semillas, incluso estos son, por tanto, externos. Todavía no hemos alcanzado el verdadero Samadhi, el más elevado, sino un estado inferior en el que este universo aún existe tal como lo vemos y en el que se encuentran todos estos poderes.
Cuando se ha logrado llevar a cabo este Samyama, todos los poderes quedan sometidos al control de quien lo realiza. Es el gran instrumento del Yogi. Los objetos del conocimiento son infinitos y se dividen en burdos, más burdos, muy burdos, luego en sutiles, más sutiles, muy sutiles, y así sucesivamente. Este Samyama debe aplicarse primero a las cosas burdas y, cuando usted comience a conocer esas cosas burdas, debe llevarlo poco a poco y por etapas a cosas más sutiles.
6. Esto debe emplearse por etapas.
Es una advertencia: no intente ir demasiado rápido.
7. Estos tres son más internos que los que los preceden.
Antes de ellos teníamos el Pratyāhāra, el Prānāyāma, el Āsana, el Yama y el Niyama; estos son las partes externas de los tres —Dharana, Dhyana y Samadhi—. Cuando un hombre los ha alcanzado, puede llegar a la omnisciencia y a la omnipotencia, pero esto no sería la liberación. Estos tres no harían que la mente fuera Nirvikalpa, inmutable, sino que dejarían las semillas que permiten volver a tomar cuerpos. Solo cuando las semillas están, como dice el Yogi, «quemadas», pierden la posibilidad de producir nuevas plantas. Estos poderes no pueden quemar la semilla.
8. Pero incluso ellos son externos al Samadhi sin semillas.
Comparados con este Samadhi sin semillas, incluso estos son, por tanto, externos. Todavía no hemos alcanzado el verdadero Samadhi, el más elevado, sino un estado inferior en el que este universo aún existe tal como lo vemos y en el que se encuentran todos estos poderes.
9. Por la supresión de las impresiones perturbadoras de la mente y la aparición de impresiones de dominio, se dice que la mente que persiste en este instante de dominio alcanza las modificaciones de dominio.
Esto significa que, en este primer estado de Samādhi, las modificaciones de la mente han sido dominadas, pero no perfectamente, pues, si lo estuvieran, no habría ninguna modificación. Si hay una modificación que impulsa a la mente a precipitarse hacia afuera a través de los sentidos y el Yogi intenta dominarla, ese mismo dominio será una modificación. Una ola será detenida por otra ola; por tanto, no será el verdadero Samādhi, en el que todas las olas se aquietan, puesto que el dominio mismo será una ola. Sin embargo, este Samādhi inferior está mucho más cerca del Samādhi superior que cuando la mente hierve y se precipita hacia afuera.
10. Su flujo se vuelve regular por la práctica.
El flujo de este dominio continuo de la mente se vuelve regular cuando se practica día tras día, y la mente adquiere la capacidad de concentrarse de manera constante.
11. El Chitta, cuando se destruyen y se manifiestan respectivamente estos dos poderes —acoger toda clase de objetos y concentrarse en un solo objeto—, adquiere la modificación llamada Samādhi.
La mente acoge diversos objetos y se dispersa en toda clase de cosas. Este es el estado inferior. Existe un estado superior de la mente, cuando acoge un solo objeto y excluye todos los demás; Samādhi es el resultado.
Esto significa que, en este primer estado de Samādhi, las modificaciones de la mente han sido dominadas, pero no perfectamente, pues, si lo estuvieran, no habría ninguna modificación. Si hay una modificación que impulsa a la mente a precipitarse hacia afuera a través de los sentidos y el Yogi intenta dominarla, ese mismo dominio será una modificación. Una ola será detenida por otra ola; por tanto, no será el verdadero Samādhi, en el que todas las olas se aquietan, puesto que el dominio mismo será una ola. Sin embargo, este Samādhi inferior está mucho más cerca del Samādhi superior que cuando la mente hierve y se precipita hacia afuera.
10. Su flujo se vuelve regular por la práctica.
El flujo de este dominio continuo de la mente se vuelve regular cuando se practica día tras día, y la mente adquiere la capacidad de concentrarse de manera constante.
11. El Chitta, cuando se destruyen y se manifiestan respectivamente estos dos poderes —acoger toda clase de objetos y concentrarse en un solo objeto—, adquiere la modificación llamada Samādhi.
La mente acoge diversos objetos y se dispersa en toda clase de cosas. Este es el estado inferior. Existe un estado superior de la mente, cuando acoge un solo objeto y excluye todos los demás; Samādhi es el resultado.
12. La unificación en un solo punto del Chitta se produce cuando la impresión pasada y la presente son semejantes.
¿Cómo saber que la mente se ha concentrado? Porque la noción del tiempo desaparecerá. Cuanto más tiempo transcurra sin que lo notemos, mayor será nuestra concentración. En la vida cotidiana, observamos que, cuando estamos absortos en un libro, no somos conscientes en absoluto del tiempo; y cuando cerramos el libro, a menudo nos sorprende descubrir cuántas horas han pasado. Todo el tiempo tenderá a reunirse en el presente. La definición es, por tanto, la siguiente: cuando el pasado y el presente se reúnen en uno solo, se dice que la mente está concentrada.
13. Esta explicación se aplica a la triple transformación de la forma, el tiempo y el estado, en la materia sutil o burda y en los órganos.
Los cambios correspondientes en la materia burda y sutil y en los órganos se explican por los tres tipos de cambios en la sustancia mental: los que se refieren a la forma, el tiempo y el estado. Supongamos que hay un lingote de oro. Se transforma en un brazalete y luego en unos pendientes. Estos son cambios de forma. Los mismos fenómenos, considerados desde el punto de vista del tiempo, nos dan cambios de tiempo. El brazalete o los pendientes también pueden ser brillantes u opacos, gruesos o finos, y así sucesivamente. Este es un cambio de estado. Si nos referimos ahora a los aforismos 9, 11 y 12, la sustancia mental se transforma en Vrittis: este es un cambio de forma. El hecho de que pase por los instantes del pasado, el presente y el futuro constituye un cambio de tiempo. El hecho de que la intensidad de las impresiones varíe durante un período determinado, digamos el presente, constituye un cambio de estado. Las concentraciones enseñadas en los aforismos anteriores debían dar al Yogi el dominio voluntario de las transformaciones de su sustancia mental; solo este dominio le permitirá realizar el Samyama mencionado en III.4.
¿Cómo saber que la mente se ha concentrado? Porque la noción del tiempo desaparecerá. Cuanto más tiempo transcurra sin que lo notemos, mayor será nuestra concentración. En la vida cotidiana, observamos que, cuando estamos absortos en un libro, no somos conscientes en absoluto del tiempo; y cuando cerramos el libro, a menudo nos sorprende descubrir cuántas horas han pasado. Todo el tiempo tenderá a reunirse en el presente. La definición es, por tanto, la siguiente: cuando el pasado y el presente se reúnen en uno solo, se dice que la mente está concentrada.
13. Esta explicación se aplica a la triple transformación de la forma, el tiempo y el estado, en la materia sutil o burda y en los órganos.
Los cambios correspondientes en la materia burda y sutil y en los órganos se explican por los tres tipos de cambios en la sustancia mental: los que se refieren a la forma, el tiempo y el estado. Supongamos que hay un lingote de oro. Se transforma en un brazalete y luego en unos pendientes. Estos son cambios de forma. Los mismos fenómenos, considerados desde el punto de vista del tiempo, nos dan cambios de tiempo. El brazalete o los pendientes también pueden ser brillantes u opacos, gruesos o finos, y así sucesivamente. Este es un cambio de estado. Si nos referimos ahora a los aforismos 9, 11 y 12, la sustancia mental se transforma en Vrittis: este es un cambio de forma. El hecho de que pase por los instantes del pasado, el presente y el futuro constituye un cambio de tiempo. El hecho de que la intensidad de las impresiones varíe durante un período determinado, digamos el presente, constituye un cambio de estado. Las concentraciones enseñadas en los aforismos anteriores debían dar al Yogi el dominio voluntario de las transformaciones de su sustancia mental; solo este dominio le permitirá realizar el Samyama mencionado en III.4.
14. Lo que está sujeto a una transformación, pasada, presente o futura, es lo cualificado.
Es decir, lo cualificado es la sustancia sujeta al tiempo y a los Samskāras, que se transforma y se manifiesta sin cesar.
15. La sucesión de las transformaciones es la causa de una evolución múltiple.
16. Al hacer Samyama sobre los tres tipos de transformaciones, se adquiere el conocimiento del pasado y del futuro.
No debemos perder de vista la primera definición de Samyama. Cuando la mente ha alcanzado el estado en el que se identifica con la impresión interior del objeto, dejando de lado el objeto exterior, y, mediante una larga práctica, la mente mantiene esta identificación y puede entrar en ese estado en un instante, eso es Samyama. Si un hombre, en ese estado, quiere conocer el pasado y el futuro, debe hacer Samyama sobre las transformaciones de los Samskāras (III.13). Algunas están actuando ahora, en el presente; otras han terminado su acción, y otras aún esperan llevarla a cabo. Al hacer Samyama sobre estas, conoce, por tanto, el pasado y el futuro.
17. Al hacer Samyama sobre la palabra, el significado y el conocimiento, que normalmente se confunden, se adquiere el conocimiento de todos los sonidos de los animales.
La palabra representa la causa externa; el significado representa la vibración interior que llega al cerebro a través de las vías de los Indriyas y transmite la impresión externa a la mente; el conocimiento representa la reacción de la mente, con la que llega la percepción. Estos tres elementos, confundidos, constituyen los objetos de nuestros sentidos. Supongamos que oigo una palabra: primero está la vibración externa, luego la sensación interior transmitida a la mente por el órgano del oído y, finalmente, la mente reacciona y conozco la palabra. La palabra que conozco es una mezcla de los tres: vibración, sensación y reacción. Normalmente, estos tres elementos son inseparables; pero, mediante la práctica, el Yogi puede separarlos. Cuando un hombre ha alcanzado este estado, si hace Samyama sobre cualquier sonido, comprende el significado que ese sonido estaba destinado a expresar, ya sea producido por un hombre o por otro animal.
Es decir, lo cualificado es la sustancia sujeta al tiempo y a los Samskāras, que se transforma y se manifiesta sin cesar.
15. La sucesión de las transformaciones es la causa de una evolución múltiple.
16. Al hacer Samyama sobre los tres tipos de transformaciones, se adquiere el conocimiento del pasado y del futuro.
No debemos perder de vista la primera definición de Samyama. Cuando la mente ha alcanzado el estado en el que se identifica con la impresión interior del objeto, dejando de lado el objeto exterior, y, mediante una larga práctica, la mente mantiene esta identificación y puede entrar en ese estado en un instante, eso es Samyama. Si un hombre, en ese estado, quiere conocer el pasado y el futuro, debe hacer Samyama sobre las transformaciones de los Samskāras (III.13). Algunas están actuando ahora, en el presente; otras han terminado su acción, y otras aún esperan llevarla a cabo. Al hacer Samyama sobre estas, conoce, por tanto, el pasado y el futuro.
17. Al hacer Samyama sobre la palabra, el significado y el conocimiento, que normalmente se confunden, se adquiere el conocimiento de todos los sonidos de los animales.
La palabra representa la causa externa; el significado representa la vibración interior que llega al cerebro a través de las vías de los Indriyas y transmite la impresión externa a la mente; el conocimiento representa la reacción de la mente, con la que llega la percepción. Estos tres elementos, confundidos, constituyen los objetos de nuestros sentidos. Supongamos que oigo una palabra: primero está la vibración externa, luego la sensación interior transmitida a la mente por el órgano del oído y, finalmente, la mente reacciona y conozco la palabra. La palabra que conozco es una mezcla de los tres: vibración, sensación y reacción. Normalmente, estos tres elementos son inseparables; pero, mediante la práctica, el Yogi puede separarlos. Cuando un hombre ha alcanzado este estado, si hace Samyama sobre cualquier sonido, comprende el significado que ese sonido estaba destinado a expresar, ya sea producido por un hombre o por otro animal.
18. Al percibir las impresiones, (viene) el conocimiento de las vidas pasadas.
Cada experiencia que tenemos adopta la forma de una ola en el Chitta; esta se calma y se vuelve cada vez más sutil, pero nunca se pierde. Permanece allí bajo una forma ínfima y, si podemos hacer que esta ola resurja, se convierte en un recuerdo. Así, si el Yogi puede hacer un Samyama sobre estas impresiones pasadas en la mente, empezará a recordar todas sus vidas anteriores.
19. Al hacer un Samyama sobre los signos presentes en el cuerpo de otra persona, se adquiere el conocimiento de su mente.
Cada persona lleva en su cuerpo signos particulares que la distinguen de las demás; cuando el Yogi hace un Samyama sobre estos signos, conoce la naturaleza de la mente de esa persona.
20. Pero no su contenido, pues este no es el objeto del Samyama.
No conocería el contenido de la mente haciendo un Samyama sobre el cuerpo. Haría falta un doble Samyama: primero sobre los signos del cuerpo y luego sobre la mente misma. Entonces el Yogi conocería todo lo que hay en esa mente.
21. Al hacer un Samyama sobre la forma del cuerpo, quedando obstruida la perceptibilidad de la forma y separado el poder de manifestación en el ojo, el cuerpo del Yogi se vuelve invisible.
Un Yogi que está en medio de esta habitación puede aparentemente desaparecer. No desaparece realmente, pero nadie lo verá. La forma y el cuerpo están, por así decirlo, separados. Usted debe recordar que esto solo puede ocurrir cuando el Yogi ha alcanzado ese poder de concentración que permite separar la forma de la cosa que ha tomado forma. Entonces hace un Samyama sobre ello, y el poder de percibir las formas queda obstruido, pues este poder proviene de la unión de la forma y la cosa que ha tomado forma.
Cada experiencia que tenemos adopta la forma de una ola en el Chitta; esta se calma y se vuelve cada vez más sutil, pero nunca se pierde. Permanece allí bajo una forma ínfima y, si podemos hacer que esta ola resurja, se convierte en un recuerdo. Así, si el Yogi puede hacer un Samyama sobre estas impresiones pasadas en la mente, empezará a recordar todas sus vidas anteriores.
19. Al hacer un Samyama sobre los signos presentes en el cuerpo de otra persona, se adquiere el conocimiento de su mente.
Cada persona lleva en su cuerpo signos particulares que la distinguen de las demás; cuando el Yogi hace un Samyama sobre estos signos, conoce la naturaleza de la mente de esa persona.
20. Pero no su contenido, pues este no es el objeto del Samyama.
No conocería el contenido de la mente haciendo un Samyama sobre el cuerpo. Haría falta un doble Samyama: primero sobre los signos del cuerpo y luego sobre la mente misma. Entonces el Yogi conocería todo lo que hay en esa mente.
21. Al hacer un Samyama sobre la forma del cuerpo, quedando obstruida la perceptibilidad de la forma y separado el poder de manifestación en el ojo, el cuerpo del Yogi se vuelve invisible.
Un Yogi que está en medio de esta habitación puede aparentemente desaparecer. No desaparece realmente, pero nadie lo verá. La forma y el cuerpo están, por así decirlo, separados. Usted debe recordar que esto solo puede ocurrir cuando el Yogi ha alcanzado ese poder de concentración que permite separar la forma de la cosa que ha tomado forma. Entonces hace un Samyama sobre ello, y el poder de percibir las formas queda obstruido, pues este poder proviene de la unión de la forma y la cosa que ha tomado forma.
22. Así se explica también la desaparición o el ocultamiento de las palabras pronunciadas y de otras cosas semejantes.
23. El Karma es de dos clases: el que pronto dará sus frutos y el cuyos frutos tardarán en madurar. Al hacer Samyama sobre estas dos clases, o gracias a los signos llamados Arishta, presagios, los Yogis conocen el momento exacto en que dejarán su cuerpo.
Cuando un Yogi hace Samyama sobre su propio Karma, sobre las impresiones de su mente que están actuando en el presente y sobre las que solo esperan hacerlo, sabe exactamente, gracias a estas últimas, cuándo caerá su cuerpo. Sabe cuándo morirá, a qué hora e incluso a qué minuto. Los hindúes conceden mucha importancia a este conocimiento, o conciencia, de la proximidad de la muerte, pues la Gita enseña que los pensamientos presentes en el momento de la partida tienen un gran poder para determinar la vida siguiente.
24. Al hacer Samyama sobre la amistad, la compasión, etc. (I.33), el Yogi sobresale en las cualidades correspondientes.
25. Al hacer Samyama sobre la fuerza del elefante y de otros seres, el Yogi adquiere la fuerza respectiva de estos.
Cuando un Yogi ha alcanzado este Samyama y desea fuerza, hace Samyama sobre la fuerza del elefante y la obtiene. Una energía infinita está a disposición de cada uno, si tan solo sabe cómo extraerla. El Yogi ha descubierto la ciencia que permite obtenerla.
23. El Karma es de dos clases: el que pronto dará sus frutos y el cuyos frutos tardarán en madurar. Al hacer Samyama sobre estas dos clases, o gracias a los signos llamados Arishta, presagios, los Yogis conocen el momento exacto en que dejarán su cuerpo.
Cuando un Yogi hace Samyama sobre su propio Karma, sobre las impresiones de su mente que están actuando en el presente y sobre las que solo esperan hacerlo, sabe exactamente, gracias a estas últimas, cuándo caerá su cuerpo. Sabe cuándo morirá, a qué hora e incluso a qué minuto. Los hindúes conceden mucha importancia a este conocimiento, o conciencia, de la proximidad de la muerte, pues la Gita enseña que los pensamientos presentes en el momento de la partida tienen un gran poder para determinar la vida siguiente.
24. Al hacer Samyama sobre la amistad, la compasión, etc. (I.33), el Yogi sobresale en las cualidades correspondientes.
25. Al hacer Samyama sobre la fuerza del elefante y de otros seres, el Yogi adquiere la fuerza respectiva de estos.
Cuando un Yogi ha alcanzado este Samyama y desea fuerza, hace Samyama sobre la fuerza del elefante y la obtiene. Una energía infinita está a disposición de cada uno, si tan solo sabe cómo extraerla. El Yogi ha descubierto la ciencia que permite obtenerla.
26. Al hacer Samyama sobre la Luz resplandeciente (I.36), llega el conocimiento de lo sutil, lo obstruido y lo distante.
Cuando el Yogi hace Samyama sobre esta Luz resplandeciente en el corazón, ve cosas muy lejanas, cosas, por ejemplo, que suceden en un lugar distante y que están obstruidas por barreras montañosas, así como cosas muy sutiles.
27. Al hacer Samyama sobre el sol, llega el conocimiento del mundo.
28. Sobre la luna, llega el conocimiento del conjunto de estrellas.
29. Sobre la estrella polar, llega el conocimiento de los movimientos de las estrellas.
30. Sobre el círculo del ombligo, llega el conocimiento de la constitución del cuerpo.
31. Sobre la cavidad de la garganta, llega el cese del hambre.
Cuando un hombre tiene mucha hambre, si puede hacer Samyama sobre la cavidad de la garganta, el hambre cesa.
32. Sobre el nervio llamado Kurma, llega la estabilidad del cuerpo.
Cuando practica, el cuerpo no se mueve.
33. Sobre la luz que emana de la coronilla, llega la visión de los Siddhas.
Los Siddhas son seres que se encuentran un poco por encima de los fantasmas. Cuando el Yogi concentra su mente en la coronilla, verá a estos Siddhas. La palabra Siddha no designa a los hombres que han alcanzado la liberación —sentido en el que se emplea a menudo—.
Cuando el Yogi hace Samyama sobre esta Luz resplandeciente en el corazón, ve cosas muy lejanas, cosas, por ejemplo, que suceden en un lugar distante y que están obstruidas por barreras montañosas, así como cosas muy sutiles.
27. Al hacer Samyama sobre el sol, llega el conocimiento del mundo.
28. Sobre la luna, llega el conocimiento del conjunto de estrellas.
29. Sobre la estrella polar, llega el conocimiento de los movimientos de las estrellas.
30. Sobre el círculo del ombligo, llega el conocimiento de la constitución del cuerpo.
31. Sobre la cavidad de la garganta, llega el cese del hambre.
Cuando un hombre tiene mucha hambre, si puede hacer Samyama sobre la cavidad de la garganta, el hambre cesa.
32. Sobre el nervio llamado Kurma, llega la estabilidad del cuerpo.
Cuando practica, el cuerpo no se mueve.
33. Sobre la luz que emana de la coronilla, llega la visión de los Siddhas.
Los Siddhas son seres que se encuentran un poco por encima de los fantasmas. Cuando el Yogi concentra su mente en la coronilla, verá a estos Siddhas. La palabra Siddha no designa a los hombres que han alcanzado la liberación —sentido en el que se emplea a menudo—.
34. O, por el poder de Prātibha, todo conocimiento.
Todas estas cosas pueden manifestarse sin ningún Samyama en el hombre que posee el poder de Pratibha (iluminación espontánea que proviene de la pureza). Cuando un hombre se ha elevado a un estado superior de Pratibha, posee esta gran luz. Todas las cosas se le presentan con claridad. Todo le llega de manera natural, sin que practique el Samyama.
35. En el corazón, conocimiento de la mente.
36. El goce proviene de la falta de discernimiento entre el alma y Sattva, que son totalmente diferentes, pues las acciones de este último están destinadas a otro. El Samyama sobre aquello que está centrado en uno mismo proporciona el conocimiento del Purusha.
Toda acción de Sattva, modificación de Prakriti caracterizada por la luz y la felicidad, está destinada al alma. Cuando Sattva está libre de egoísmo e iluminado por la inteligencia pura de Purusha, se lo llama aquello que está centrado en uno mismo, pues en ese estado se vuelve independiente de toda relación.
37. De ahí nacen el conocimiento propio de Pratibha y el oído, el tacto, la vista, el gusto y el olfato (sobrenaturales).
38. Son obstáculos para el Samadhi, pero poderes en el estado mundano.
Para el yogui, el conocimiento de los goces del mundo proviene de la unión del Purusha y la mente. Si quiere practicar el Samyama sobre el conocimiento de que son dos cosas diferentes, la naturaleza y el alma, adquiere el conocimiento del Purusha. De ahí nace el discernimiento. Una vez adquirido este discernimiento, obtiene el Pratibha, la luz del genio supremo. Sin embargo, estos poderes son un obstáculo para alcanzar el objetivo más elevado: el conocimiento del Ser puro y la libertad. Son, por así decirlo, pruebas que se presentan en el camino; y si el yogui las rechaza, alcanza el objetivo supremo. Si siente la tentación de adquirirlas, no puede seguir progresando.
Todas estas cosas pueden manifestarse sin ningún Samyama en el hombre que posee el poder de Pratibha (iluminación espontánea que proviene de la pureza). Cuando un hombre se ha elevado a un estado superior de Pratibha, posee esta gran luz. Todas las cosas se le presentan con claridad. Todo le llega de manera natural, sin que practique el Samyama.
35. En el corazón, conocimiento de la mente.
36. El goce proviene de la falta de discernimiento entre el alma y Sattva, que son totalmente diferentes, pues las acciones de este último están destinadas a otro. El Samyama sobre aquello que está centrado en uno mismo proporciona el conocimiento del Purusha.
Toda acción de Sattva, modificación de Prakriti caracterizada por la luz y la felicidad, está destinada al alma. Cuando Sattva está libre de egoísmo e iluminado por la inteligencia pura de Purusha, se lo llama aquello que está centrado en uno mismo, pues en ese estado se vuelve independiente de toda relación.
37. De ahí nacen el conocimiento propio de Pratibha y el oído, el tacto, la vista, el gusto y el olfato (sobrenaturales).
38. Son obstáculos para el Samadhi, pero poderes en el estado mundano.
Para el yogui, el conocimiento de los goces del mundo proviene de la unión del Purusha y la mente. Si quiere practicar el Samyama sobre el conocimiento de que son dos cosas diferentes, la naturaleza y el alma, adquiere el conocimiento del Purusha. De ahí nace el discernimiento. Una vez adquirido este discernimiento, obtiene el Pratibha, la luz del genio supremo. Sin embargo, estos poderes son un obstáculo para alcanzar el objetivo más elevado: el conocimiento del Ser puro y la libertad. Son, por así decirlo, pruebas que se presentan en el camino; y si el yogui las rechaza, alcanza el objetivo supremo. Si siente la tentación de adquirirlas, no puede seguir progresando.
39. Cuando se ha liberado la causa del sometimiento del Chitta, el Yogi, conociendo sus canales de actividad (los nervios), entra en el cuerpo de otra persona.
El Yogi puede entrar en un cuerpo muerto y hacer que se levante y se mueva, mientras él mismo actúa en otro cuerpo. O bien puede entrar en un cuerpo vivo y mantener bajo su control la mente y los órganos de esa persona, y luego, durante un tiempo, actuar a través de su cuerpo. Esto es posible porque el Yogi ha logrado distinguir Purusha de la naturaleza. Si quiere entrar en el cuerpo de otra persona, practica un Samyama sobre ese cuerpo y entra en él, pues, según la enseñanza del Yogi, no solo su alma es omnipresente, sino que también lo es su mente. Esta no es más que una parte de la mente universal. Sin embargo, solo puede actuar a través de las corrientes nerviosas de ese cuerpo; pero, cuando el Yogi se ha liberado de esas corrientes nerviosas, puede actuar a través de otras cosas.
40. Al dominar la corriente llamada Udāna, el Yogi no se hunde en el agua ni en los pantanos; puede caminar sobre espinas, etc., y morir a voluntad.
Udāna es el nombre de la corriente nerviosa que gobierna los pulmones y todas las partes superiores del cuerpo; cuando la domina, se vuelve ligero. No se hunde en el agua; puede caminar sobre espinas y hojas de espada, permanecer en el fuego y abandonar esta vida cuando le plazca.
El Yogi puede entrar en un cuerpo muerto y hacer que se levante y se mueva, mientras él mismo actúa en otro cuerpo. O bien puede entrar en un cuerpo vivo y mantener bajo su control la mente y los órganos de esa persona, y luego, durante un tiempo, actuar a través de su cuerpo. Esto es posible porque el Yogi ha logrado distinguir Purusha de la naturaleza. Si quiere entrar en el cuerpo de otra persona, practica un Samyama sobre ese cuerpo y entra en él, pues, según la enseñanza del Yogi, no solo su alma es omnipresente, sino que también lo es su mente. Esta no es más que una parte de la mente universal. Sin embargo, solo puede actuar a través de las corrientes nerviosas de ese cuerpo; pero, cuando el Yogi se ha liberado de esas corrientes nerviosas, puede actuar a través de otras cosas.
40. Al dominar la corriente llamada Udāna, el Yogi no se hunde en el agua ni en los pantanos; puede caminar sobre espinas, etc., y morir a voluntad.
Udāna es el nombre de la corriente nerviosa que gobierna los pulmones y todas las partes superiores del cuerpo; cuando la domina, se vuelve ligero. No se hunde en el agua; puede caminar sobre espinas y hojas de espada, permanecer en el fuego y abandonar esta vida cuando le plazca.
41. En maîtrisant el Samāna actual, uno está rodeado de un resplandor luminoso.
Cada vez que lo desea, la luz brota de su cuerpo.
42. Al hacer Samyama sobre la relación entre el oído y el Ākāśa, se adquiere el oído divino.
Está el Ākāśa, el éter, y el instrumento, el oído. Al hacer Samyama sobre estos dos elementos, el Yogi adquiere un oído sobrenatural; lo oye todo. Puede oír todo lo que se dice o resuena a kilómetros de distancia.
43. Al hacer Samyama sobre la relación entre el Ākāśa y el cuerpo, y al volverse ligero como el algodón, etc., mediante la meditación sobre estos elementos, el Yogi atraviesa los cielos.
Este Ākāśa es la materia de este cuerpo; el cuerpo no es más que Ākāśa bajo cierta forma. Si el Yogi hace Samyama sobre esta materia de su cuerpo que es el Ākāśa, adquiere la ligereza del Ākāśa y puede desplazarse por todas partes en el aire. Lo mismo ocurre en el otro caso.
44. Al hacer Samyama sobre las «modificaciones reales» de la mente, fuera del cuerpo, llamadas gran desencarnación, desaparece el velo que cubre la luz.
En su locura, la mente cree actuar en este cuerpo. ¿Por qué habría de estar ligado a un solo sistema nervioso y situar el Ego únicamente en un solo cuerpo, si la mente es omnipresente? No hay razón para ello. El Yogi quiere sentir el Ego donde quiera. Las ondas mentales que surgen en ausencia del egoísmo en el cuerpo se llaman «modificaciones reales» o «gran desencarnación». Cuando ha logrado hacer Samyama sobre estas modificaciones, desaparece todo velo que cubre la luz, y se desvanecen toda oscuridad y toda ignorancia. Todo se le aparece lleno de conocimiento.
Cada vez que lo desea, la luz brota de su cuerpo.
42. Al hacer Samyama sobre la relación entre el oído y el Ākāśa, se adquiere el oído divino.
Está el Ākāśa, el éter, y el instrumento, el oído. Al hacer Samyama sobre estos dos elementos, el Yogi adquiere un oído sobrenatural; lo oye todo. Puede oír todo lo que se dice o resuena a kilómetros de distancia.
43. Al hacer Samyama sobre la relación entre el Ākāśa y el cuerpo, y al volverse ligero como el algodón, etc., mediante la meditación sobre estos elementos, el Yogi atraviesa los cielos.
Este Ākāśa es la materia de este cuerpo; el cuerpo no es más que Ākāśa bajo cierta forma. Si el Yogi hace Samyama sobre esta materia de su cuerpo que es el Ākāśa, adquiere la ligereza del Ākāśa y puede desplazarse por todas partes en el aire. Lo mismo ocurre en el otro caso.
44. Al hacer Samyama sobre las «modificaciones reales» de la mente, fuera del cuerpo, llamadas gran desencarnación, desaparece el velo que cubre la luz.
En su locura, la mente cree actuar en este cuerpo. ¿Por qué habría de estar ligado a un solo sistema nervioso y situar el Ego únicamente en un solo cuerpo, si la mente es omnipresente? No hay razón para ello. El Yogi quiere sentir el Ego donde quiera. Las ondas mentales que surgen en ausencia del egoísmo en el cuerpo se llaman «modificaciones reales» o «gran desencarnación». Cuando ha logrado hacer Samyama sobre estas modificaciones, desaparece todo velo que cubre la luz, y se desvanecen toda oscuridad y toda ignorancia. Todo se le aparece lleno de conocimiento.
45. Al hacer Samyama sobre las formas burdas y sutiles de los elementos, sobre sus caracteres esenciales, sobre la inherencia de los Gunas en ellos y sobre su contribución a la experiencia del alma, se adquiere el dominio de los elementos.
El Yogi hace Samyama sobre los elementos, primero sobre sus formas burdas y luego sobre sus estados más sutiles. Una secta de budistas practica Samyama de esta manera. Toman un trozo de arcilla y hacen Samyama sobre él; poco a poco, comienzan a ver los materiales sutiles que lo componen y, cuando los han conocido todos, adquieren poder sobre ese elemento. Lo mismo sucede con todos los elementos. El Yogi puede dominarlos todos.
46. De ahí vienen la pequeñez y los demás poderes, la «glorificación del cuerpo» y la indestructibilidad de las cualidades corporales.
Esto significa que el Yogi ha alcanzado los ocho poderes. Puede hacerse tan pequeño como una partícula o tan grande como una montaña, tan pesado como la tierra o tan ligero como el aire; puede alcanzar todo lo que desea, gobernar todo lo que desea, conquistar todo lo que quiere, y así sucesivamente. Un león se sentará a sus pies como un cordero, y todos sus deseos se cumplirán a voluntad.
47. La «glorificación del cuerpo» consiste en la belleza, el color, la fuerza y una dureza adamantina.
El Yogi hace Samyama sobre los elementos, primero sobre sus formas burdas y luego sobre sus estados más sutiles. Una secta de budistas practica Samyama de esta manera. Toman un trozo de arcilla y hacen Samyama sobre él; poco a poco, comienzan a ver los materiales sutiles que lo componen y, cuando los han conocido todos, adquieren poder sobre ese elemento. Lo mismo sucede con todos los elementos. El Yogi puede dominarlos todos.
46. De ahí vienen la pequeñez y los demás poderes, la «glorificación del cuerpo» y la indestructibilidad de las cualidades corporales.
Esto significa que el Yogi ha alcanzado los ocho poderes. Puede hacerse tan pequeño como una partícula o tan grande como una montaña, tan pesado como la tierra o tan ligero como el aire; puede alcanzar todo lo que desea, gobernar todo lo que desea, conquistar todo lo que quiere, y así sucesivamente. Un león se sentará a sus pies como un cordero, y todos sus deseos se cumplirán a voluntad.
47. La «glorificación del cuerpo» consiste en la belleza, el color, la fuerza y una dureza adamantina.
El cuerpo se vuelve indestructible. Nada puede dañarlo. Nada puede destruirlo mientras el yogui así lo desee. «Rompiendo el bastón del tiempo, vive en este universo con su cuerpo». En los Vedas está escrito que, para este hombre, ya no hay enfermedad, ni muerte, ni dolor.
48. Al hacer Samyama sobre la objetividad y el poder de iluminación de los órganos, sobre el egoísmo, sobre la inherencia de los Guṇas en ellos y sobre su contribución a la experiencia del alma, se adquiere el dominio de los órganos.
En la percepción de los objetos externos, los órganos abandonan su lugar en la mente y se dirigen al objeto; después viene el conocimiento. El egoísmo también está presente en este acto. Cuando el yogui hace Samyama sobre estos elementos y, luego, sobre los otros dos, gradualmente adquiere el dominio de los órganos. Tome cualquier cosa que vea o sienta, un libro, por ejemplo; primero concentre la mente en él, luego en el conocimiento que adopta la forma de un libro y, finalmente, en el Ego que ve el libro, y así sucesivamente. Mediante esta práctica, todos los órganos quedarán bajo su dominio.
49. De ahí vienen al cuerpo el poder de desplazarse con rapidez, como la mente, el poder de los órganos para actuar independientemente del cuerpo y el dominio de la naturaleza.
Así como el dominio de los elementos da un cuerpo glorificado, el dominio de los órganos conferirá los poderes mencionados anteriormente.
48. Al hacer Samyama sobre la objetividad y el poder de iluminación de los órganos, sobre el egoísmo, sobre la inherencia de los Guṇas en ellos y sobre su contribución a la experiencia del alma, se adquiere el dominio de los órganos.
En la percepción de los objetos externos, los órganos abandonan su lugar en la mente y se dirigen al objeto; después viene el conocimiento. El egoísmo también está presente en este acto. Cuando el yogui hace Samyama sobre estos elementos y, luego, sobre los otros dos, gradualmente adquiere el dominio de los órganos. Tome cualquier cosa que vea o sienta, un libro, por ejemplo; primero concentre la mente en él, luego en el conocimiento que adopta la forma de un libro y, finalmente, en el Ego que ve el libro, y así sucesivamente. Mediante esta práctica, todos los órganos quedarán bajo su dominio.
49. De ahí vienen al cuerpo el poder de desplazarse con rapidez, como la mente, el poder de los órganos para actuar independientemente del cuerpo y el dominio de la naturaleza.
Así como el dominio de los elementos da un cuerpo glorificado, el dominio de los órganos conferirá los poderes mencionados anteriormente.
50. Por la práctica del Samyama sobre la distinción entre el Sattva y el Purusha llegan la omnipotencia y la omnisciencia.
Cuando se ha conquistado la naturaleza y se comprende la diferencia entre el Purusha y la naturaleza —que el Purusha es indestructible, puro y perfecto—, llegan entonces la omnipotencia y la omnisciencia.
51. Renunciando incluso a estos poderes, se destruye la semilla misma del mal, que conduce al Kaivalya.
Alcanza la soledad, la independencia y se vuelve libre. Cuando se renuncia incluso a las ideas de omnipotencia y omnisciencia, sobreviene un rechazo completo del disfrute y de las tentaciones de los seres celestiales. Cuando el Yogi ha contemplado todos estos poderes maravillosos y los ha rechazado, alcanza la meta. ¿Qué son todos estos poderes? Simples manifestaciones. No valen más que los sueños. Incluso la omnipotencia es un sueño. Depende de la mente. Mientras haya una mente, puede comprenderse, pero la meta está más allá incluso de la mente.
52. El Yogi no debe dejarse seducir ni adular por las insinuaciones de los seres celestiales, por temor a que el mal vuelva.
También existen otros peligros; los dioses y otros seres vienen a tentar al Yogi. No quieren que nadie sea perfectamente libre. Son celosos, igual que nosotros, y a veces más que nosotros. Tienen mucho miedo de perder su lugar. Los Yogis que no alcanzan la perfección mueren y se convierten en dioses; al abandonar el camino directo, toman uno de los desvíos y adquieren estos poderes. Luego, una vez más, deben renacer. Pero quien es lo bastante fuerte para resistir estas tentaciones y avanzar directamente hacia la meta se vuelve libre.
Cuando se ha conquistado la naturaleza y se comprende la diferencia entre el Purusha y la naturaleza —que el Purusha es indestructible, puro y perfecto—, llegan entonces la omnipotencia y la omnisciencia.
51. Renunciando incluso a estos poderes, se destruye la semilla misma del mal, que conduce al Kaivalya.
Alcanza la soledad, la independencia y se vuelve libre. Cuando se renuncia incluso a las ideas de omnipotencia y omnisciencia, sobreviene un rechazo completo del disfrute y de las tentaciones de los seres celestiales. Cuando el Yogi ha contemplado todos estos poderes maravillosos y los ha rechazado, alcanza la meta. ¿Qué son todos estos poderes? Simples manifestaciones. No valen más que los sueños. Incluso la omnipotencia es un sueño. Depende de la mente. Mientras haya una mente, puede comprenderse, pero la meta está más allá incluso de la mente.
52. El Yogi no debe dejarse seducir ni adular por las insinuaciones de los seres celestiales, por temor a que el mal vuelva.
También existen otros peligros; los dioses y otros seres vienen a tentar al Yogi. No quieren que nadie sea perfectamente libre. Son celosos, igual que nosotros, y a veces más que nosotros. Tienen mucho miedo de perder su lugar. Los Yogis que no alcanzan la perfección mueren y se convierten en dioses; al abandonar el camino directo, toman uno de los desvíos y adquieren estos poderes. Luego, una vez más, deben renacer. Pero quien es lo bastante fuerte para resistir estas tentaciones y avanzar directamente hacia la meta se vuelve libre.
53. Al hacer Samyama sobre un instante de tiempo, sobre el instante que lo precede y el que lo sigue, surge el discernimiento.
¿Cómo evitar todas estas cosas, estos Devas, estos cielos y estos poderes? Mediante el discernimiento, distinguiendo el bien del mal. Por eso se indica un Samyama gracias al cual puede fortalecerse el poder de discernimiento. Consiste en hacer Samyama sobre un instante de tiempo, así como sobre el instante que lo precede y el que lo sigue.
54. Incluso las cosas que no pueden diferenciarse por su especie, su signo y su lugar se distinguirán gracias al Samyama anterior.
El sufrimiento que experimentamos proviene de la ignorancia, de la falta de discernimiento entre lo real y lo irreal. Todos tomamos el mal por el bien, el sueño por la realidad. El alma es la única realidad, y la hemos olvidado. El cuerpo es un sueño irreal, y pensamos que no somos más que cuerpos. Esta falta de discernimiento es la causa del sufrimiento. Se debe a la ignorancia. Cuando surge el discernimiento, aporta fuerza, y solo entonces podemos evitar todas estas ideas diversas sobre cuerpos, cielos y dioses. Esta ignorancia nace de la diferenciación por la especie, el signo y el lugar. Tomemos, por ejemplo, una vaca. La vaca se distingue del perro por su especie. Pero, incluso entre las vacas, ¿cómo distinguimos una de otra? Por sus signos. Si dos objetos son exactamente iguales, podemos distinguirlos si se encuentran en lugares diferentes. Cuando los objetos están tan mezclados que ni siquiera estas diferencias bastan para ayudarnos, el poder de discernimiento adquirido mediante la práctica mencionada antes nos dará la capacidad de distinguirlos. La filosofía más elevada del Yogi se basa en este hecho: el Purusha es puro y perfecto, y es el único «simple» que existe en este universo. El cuerpo y la mente son compuestos, y, sin embargo, no dejamos de identificarnos con ellos. Este es el gran error: se ha perdido la distinción. Cuando se ha alcanzado este poder de discernimiento, el hombre ve que todo lo que existe en este mundo, tanto en el plano mental como en el físico, es un compuesto y, como tal, no puede ser el Purusha.
¿Cómo evitar todas estas cosas, estos Devas, estos cielos y estos poderes? Mediante el discernimiento, distinguiendo el bien del mal. Por eso se indica un Samyama gracias al cual puede fortalecerse el poder de discernimiento. Consiste en hacer Samyama sobre un instante de tiempo, así como sobre el instante que lo precede y el que lo sigue.
54. Incluso las cosas que no pueden diferenciarse por su especie, su signo y su lugar se distinguirán gracias al Samyama anterior.
El sufrimiento que experimentamos proviene de la ignorancia, de la falta de discernimiento entre lo real y lo irreal. Todos tomamos el mal por el bien, el sueño por la realidad. El alma es la única realidad, y la hemos olvidado. El cuerpo es un sueño irreal, y pensamos que no somos más que cuerpos. Esta falta de discernimiento es la causa del sufrimiento. Se debe a la ignorancia. Cuando surge el discernimiento, aporta fuerza, y solo entonces podemos evitar todas estas ideas diversas sobre cuerpos, cielos y dioses. Esta ignorancia nace de la diferenciación por la especie, el signo y el lugar. Tomemos, por ejemplo, una vaca. La vaca se distingue del perro por su especie. Pero, incluso entre las vacas, ¿cómo distinguimos una de otra? Por sus signos. Si dos objetos son exactamente iguales, podemos distinguirlos si se encuentran en lugares diferentes. Cuando los objetos están tan mezclados que ni siquiera estas diferencias bastan para ayudarnos, el poder de discernimiento adquirido mediante la práctica mencionada antes nos dará la capacidad de distinguirlos. La filosofía más elevada del Yogi se basa en este hecho: el Purusha es puro y perfecto, y es el único «simple» que existe en este universo. El cuerpo y la mente son compuestos, y, sin embargo, no dejamos de identificarnos con ellos. Este es el gran error: se ha perdido la distinción. Cuando se ha alcanzado este poder de discernimiento, el hombre ve que todo lo que existe en este mundo, tanto en el plano mental como en el físico, es un compuesto y, como tal, no puede ser el Purusha.
55. El conocimiento salvador es ese conocimiento discriminativo que abarca simultáneamente todos los objetos, en todas sus variaciones.
Es salvador porque este conocimiento hace que el Yogi cruce el océano de los nacimientos y las muertes. Toda Prakriti, en todos sus estados, sutiles y burdos, está al alcance de este conocimiento. Este conocimiento no percibe las cosas sucesivamente; las capta todas simultáneamente, de una sola mirada.
56. La similitud de pureza entre el Sattva y el Purusha conduce al Kaivalya.
Cuando el alma comprende que no depende de nada en el universo, desde los dioses hasta el átomo más pequeño, esto se llama Kaivalya (aislamiento) y perfección. Se alcanza cuando esa mezcla de pureza e impureza llamada Sattva (intelecto) se ha vuelto tan pura como el propio Purusha; entonces, el Sattva ya no refleja más que la esencia absoluta de la pureza, que es el Purusha.
Es salvador porque este conocimiento hace que el Yogi cruce el océano de los nacimientos y las muertes. Toda Prakriti, en todos sus estados, sutiles y burdos, está al alcance de este conocimiento. Este conocimiento no percibe las cosas sucesivamente; las capta todas simultáneamente, de una sola mirada.
56. La similitud de pureza entre el Sattva y el Purusha conduce al Kaivalya.
Cuando el alma comprende que no depende de nada en el universo, desde los dioses hasta el átomo más pequeño, esto se llama Kaivalya (aislamiento) y perfección. Se alcanza cuando esa mezcla de pureza e impureza llamada Sattva (intelecto) se ha vuelto tan pura como el propio Purusha; entonces, el Sattva ya no refleja más que la esencia absoluta de la pureza, que es el Purusha.