Al ver la densa oscuridad que los rodeaba, el ejército de monos quedó desconcertado; les era imposible verse unos a otros, y por todas partes resonaban grandes gritos.
Rama comprendió el secreto de todo aquello y llamó a Angad y Hanuman, a quienes explicó lo que estaba ocurriendo. Apenas oyeron estas palabras los poderosos monos, se lanzaron con furia; pero el Todo Misericordioso, con una sonrisa, tendió su arco y disparó de inmediato una flecha de fuego. Brotó la luz y ya no hubo oscuridad en ninguna parte, como cuando, al amanecer de la inteligencia, desaparecen todas las dudas. Al recuperar la luz, los osos y los monos olvidaron todo su cansancio y su temor, y prosiguieron su marcha con alegría. Hanuman y Angad hicieron resonar sus rugidos en el campo de batalla; al oírlos, los demonios huyeron, pero los osos y los monos los atrapaban mientras escapaban y los arrojaban al suelo, realizando prodigios de valentía; o bien, agarrándolos por la pierna, los lanzaban al mar, donde cocodrilos, serpientes y peces se abalanzaban sobre ellos y los devoraban.
Rama comprendió el secreto de todo aquello y llamó a Angad y Hanuman, a quienes explicó lo que estaba ocurriendo. Apenas oyeron estas palabras los poderosos monos, se lanzaron con furia; pero el Todo Misericordioso, con una sonrisa, tendió su arco y disparó de inmediato una flecha de fuego. Brotó la luz y ya no hubo oscuridad en ninguna parte, como cuando, al amanecer de la inteligencia, desaparecen todas las dudas. Al recuperar la luz, los osos y los monos olvidaron todo su cansancio y su temor, y prosiguieron su marcha con alegría. Hanuman y Angad hicieron resonar sus rugidos en el campo de batalla; al oírlos, los demonios huyeron, pero los osos y los monos los atrapaban mientras escapaban y los arrojaban al suelo, realizando prodigios de valentía; o bien, agarrándolos por la pierna, los lanzaban al mar, donde cocodrilos, serpientes y peces se abalanzaban sobre ellos y los devoraban.