«Escuche, oh joya y corona de los reyes: ningún hombre es tan afortunado como usted, que tiene por hijos a Rāma y Lakshman, gloria del mundo entero.
No hace falta preguntarles a sus hijos quiénes son: héroes de corazón de león, iluminan las tres esferas. Ante su gloria y su fama, la luna palidece y el sol se enfría. ¿Para qué decir, señor mío, cómo se los reconoció? ¿Acaso se toma una lámpara en la mano para ver el sol? Los innumerables reyes reunidos en la boda de Sītā, por grandes guerreros que fueran, se retiraron todos uno tras otro; pues ninguno pudo mover el arco de Sambhu, y todos fracasaron, aquellos poderosos príncipes. Él quebrantó el poder de los campeones más orgullosos de los tres mundos. Bāṇāsura, aunque podía arrancar de raíz el monte Meru, reconoció su propia derrota y se retiró después de darle la vuelta; y aquel que había levantado a Rāvaṇa por diversión fue derrotado en aquella asamblea.»
No hace falta preguntarles a sus hijos quiénes son: héroes de corazón de león, iluminan las tres esferas. Ante su gloria y su fama, la luna palidece y el sol se enfría. ¿Para qué decir, señor mío, cómo se los reconoció? ¿Acaso se toma una lámpara en la mano para ver el sol? Los innumerables reyes reunidos en la boda de Sītā, por grandes guerreros que fueran, se retiraron todos uno tras otro; pues ninguno pudo mover el arco de Sambhu, y todos fracasaron, aquellos poderosos príncipes. Él quebrantó el poder de los campeones más orgullosos de los tres mundos. Bāṇāsura, aunque podía arrancar de raíz el monte Meru, reconoció su propia derrota y se retiró después de darle la vuelta; y aquel que había levantado a Rāvaṇa por diversión fue derrotado en aquella asamblea.»