Hinduismo

Vedanta práctico y otras conferencias — Sankhya y Vedanta

Voy a darles un resumen de la filosofía Sânkhya, que hemos estado estudiando desde hace algún tiempo. En esta conferencia queremos descubrir dónde están sus defectos y cómo interviene el Vedanta para completarla. Deben recordar que, según la filosofía Sânkhya, la naturaleza es la causa de todas estas manifestaciones que llamamos pensamiento, intelecto, razón, amor, odio, tacto, gusto y materia. Todo procede de la naturaleza. Esta se compone de tres clases de elementos, llamados Sattva, Rajas y Tamas. No son cualidades, sino elementos, los materiales a partir de los cuales se desarrolla el universo entero. Al comienzo de un ciclo, permanecen en equilibrio; luego, cuando llega la creación, empiezan a combinarse y recombinarse, y se manifiestan en forma de universo. La primera manifestación es lo que el Sânkhya llama el Mahat, o Inteligencia, de la que procede la conciencia. Según el Sânkhya, esta es un elemento (Tattva). De la conciencia evolucionan Manas, o la mente, los órganos de los sentidos y los Tanmâtras (partículas de sonido, de tacto, etc.). Todas las partículas sutiles evolucionan a partir de la conciencia, y de estas partículas sutiles proceden los elementos burdos que llamamos materia. Los Tanmâtras no pueden percibirse; pero cuando se convierten en partículas burdas, podemos sentirlos y percibirlos.
Chitta, en su triple función de inteligencia, conciencia y mente, actúa y produce las fuerzas llamadas Prāna. Usted debe deshacerse de inmediato de la idea de que Prāna es la respiración. La respiración es un efecto de Prāna. Por Prāna se entienden las fuerzas nerviosas que gobiernan y animan todo el cuerpo, y que también se manifiestan en forma de pensamiento. La manifestación más evidente e importante de Prāna es el movimiento respiratorio. Prāna actúa sobre el aire, y no el aire sobre él. El control del movimiento respiratorio es prāṇāyāma. Se practica prāṇāyāma para dominar este movimiento; el objetivo no es simplemente controlar la respiración ni fortalecer los pulmones. Eso es Delsarte, no prāṇāyāma.
Estos Prānas son las fuerzas vitales que ponen en movimiento todo el cuerpo, mientras que, a su vez, otros órganos del cuerpo las ponen en movimiento; a estos órganos se los llama mente u órganos internos. Hasta aquí, todo va bien. Esta psicología es muy clara y precisa; ¡y, sin embargo, es el pensamiento racional más antiguo del mundo! Siempre que encontramos una filosofía o un pensamiento racional, debe algo a Kapila. Pitágoras lo aprendió en la India y lo enseñó en Grecia. Más tarde, Platón tuvo un atisbo de ello; y, aún más tarde, los gnósticos llevaron este pensamiento a Alejandría, desde donde llegó a Europa. Así, siempre que se intenta hacer psicología o filosofía, el gran padre fundador es este hombre, Kapila. Hasta aquí vemos que su psicología es notable; pero tendremos que discrepar de él en algunos puntos a medida que avancemos. Vemos que el principio fundamental en el que se apoya Kapila es la evolución. Hace evolucionar una cosa a partir de otra, porque su propia definición de causalidad es «la causa reproducida bajo otra forma», y porque el universo entero, hasta donde podemos ver, progresa y evoluciona. Vemos arcilla; bajo otra forma, la llamamos jarra. La arcilla era la causa y la jarra, el efecto. Más allá de esto, no podemos concebir la causalidad. Así, este universo entero evoluciona a partir de una materia, de Prakriti o de la naturaleza. Por consiguiente, el universo no puede ser esencialmente distinto de su causa. Según Kapila, desde la naturaleza indiferenciada hasta el pensamiento o el intelecto, ninguno de estos elementos es lo que él llama el «Disfrutador» o el «Iluminador». Un trozo de mente es semejante a un trozo de arcilla. La mente no tiene luz en sí misma; sin embargo, la vemos razonar. Por lo tanto, detrás de ella debe haber alguien cuya luz penetra a través de Mahat, la conciencia y sus modificaciones posteriores: esto es lo que Kapila llama el Purusha, el Ser del vedántico.
Según Kapila, el Purusha es una entidad simple, no compuesta; es inmaterial, el único que lo es, mientras que todas estas manifestaciones diversas son materiales. Veo una pizarra. Primero, los instrumentos externos transmiten esta sensación al centro nervioso, al Indriya, según Kapila; desde el centro pasa a la mente y deja allí una impresión; la mente se la presenta a Buddhi, pero Buddhi no puede actuar; la acción proviene, por así decirlo, del Purusha que está detrás. Todos estos elementos son, por así decirlo, sus servidores: le traen las sensaciones y él, por así decirlo, da las órdenes, reacciona, es el disfrutador, el perceptor, el Ser verdadero, el Rey sentado en su trono, el Ser del hombre, que es inmaterial. Puesto que es inmaterial, necesariamente debe ser infinito: no puede tener limitación alguna. Cada uno de los Purushas es omnipresente; cada uno de nosotros es omnipresente, pero solo podemos actuar por medio del Linga Sharira, el cuerpo sutil. La mente, la conciencia del yo, los órganos y las fuerzas vitales componen el cuerpo sutil, o envoltura, aquello que la filosofía cristiana llama el cuerpo espiritual del hombre. Es este cuerpo el que obtiene la salvación, sufre el castigo o alcanza el cielo; es él quien se encarna y se reencarna, pues vemos desde el principio que la partida y el regreso del Purusha o del alma son imposibles. El movimiento implica una partida o un regreso, y lo que va de un lugar a otro no puede ser omnipresente. Vemos, pues, según la psicología de Kapila, que el alma es infinita y que es lo único que no está compuesto de naturaleza. Solo ella está fuera de la naturaleza, pero aparentemente se ha encontrado ligada por la naturaleza. La naturaleza la rodea y ella se ha identificado con esta. Piensa: «Soy el Linga Sharira», «Soy la materia grosera, el cuerpo grosero» y, como tal, experimenta placer y dolor; pero estos no le pertenecen realmente: pertenecen al Linga Sharira, o cuerpo sutil.
El estado meditativo siempre es considerado por el yogui como el estado más elevado, porque no es ni pasivo ni activo; es en él donde usted se acerca más al Purusha. El alma no experimenta placer ni dolor; es el testigo de todo, el testigo eterno de toda acción, pero no recoge el fruto de ninguna acción. Así como el sol hace posible la visión de cada ojo sin verse afectado por los defectos del ojo, o como, cuando se colocan flores rojas o azules delante de un cristal, este parece rojo o azul sin serlo, el alma no es ni pasiva ni activa; está más allá de ambas cosas. La manera más precisa de expresar este estado del alma es decir que se trata de meditación. Tal es la filosofía Sāṃkhya.
Luego, el Sāṃkhya afirma que la manifestación de la naturaleza está al servicio del alma; todas las combinaciones están destinadas a una tercera persona. Las combinaciones que usted llama naturaleza, esos cambios incesantes, se producen para que el alma disfrute de ellas, para su liberación, a fin de que adquiera toda esta experiencia, desde la más baja hasta la más elevada. Cuando la ha adquirido, el alma descubre que nunca ha estado en la naturaleza, que siempre ha estado completamente separada de ella, que es indestructible, que no puede ir ni venir; que el hecho de ir al cielo y renacer correspondía a la naturaleza, y no al alma. Así, el alma se vuelve libre. Toda la naturaleza actúa para que el alma disfrute y haga experiencia de ella. El alma adquiere esta experiencia para alcanzar la meta, y esta meta es la libertad. Pero, según la filosofía Sāṃkhya, las almas son numerosas. Existe un número infinito de almas.
La otra conclusión de Kapila es que no existe un Dios creador del universo. La naturaleza se basta completamente a sí misma para explicarlo todo. Dios no es necesario, dice el Sāṃkhya.
El Vedanta dice que el Alma es por naturaleza Existencia absoluta,
Conocimiento absoluto, Bienaventuranza absoluta. Pero estas no son cualidades
del Alma: forman una unidad, no son tres; son la esencia del Alma.
Coincide con el Sankhya al considerar que la inteligencia pertenece a la
naturaleza, puesto que llega por medio de la naturaleza. El Vedanta también
muestra que lo que llamamos inteligencia es un compuesto. Examinemos, por
ejemplo, nuestras percepciones. Veo una pizarra. ¿Cómo se forma el
conocimiento? Lo que los filósofos alemanes llaman «la cosa en sí» de la
pizarra me es desconocido; nunca podré conocerlo. Llamémoslo x. La pizarra
x actúa sobre mi mente, y la mente reacciona. La mente es como un lago.
Lance una piedra a un lago y una onda de reacción se dirige hacia la piedra;
esta onda no se parece en nada a la piedra: es una onda. La pizarra x es
como una piedra que golpea la mente, y la mente levanta una onda en su
dirección; esta onda es lo que llamamos la pizarra. Lo veo a usted. Usted,
como realidad, es desconocido e incognoscible. Usted es x y actúa sobre mi
mente; esta levanta una onda en dirección al punto de donde viene el impacto,
y esta onda es lo que llamo el señor o la señora Fulano. La percepción
consta de dos elementos: uno que viene de afuera y otro que viene de
adentro. La combinación de ambos, x + mente, constituye nuestro universo
exterior. Todo conocimiento procede de una reacción. En el caso de una
ballena, se ha calculado cuánto tiempo transcurre entre el momento en que
golpean su cola y aquel en que su mente reacciona y la ballena siente el
dolor. Lo mismo ocurre con la percepción interior. El ser real en mí también
es desconocido e incognoscible. Llamémoslo y. Cuando me conozco como Fulano,
es y + la mente. Este y golpea la mente. Así, nuestro mundo entero es x +
mente (exterior) e y + mente (interior), donde x e y designan,
respectivamente, la cosa en sí que se encuentra detrás de los mundos
exterior e interior.
Según el Vedanta, los tres factores fundamentales de la conciencia son: «Existo, conozco y soy bienaventurado». La idea de que no me falta nada, de que estoy en paz, sereno, de que nada puede perturbarme, idea que nos viene de vez en cuando, es el hecho central de nuestro ser, el principio fundamental de nuestra vida; cuando se encuentra limitada y se vuelve compuesta, se manifiesta como existencia fenoménica, conocimiento fenoménico y amor. Todo hombre existe, todo hombre debe conocer y todo hombre está loco de amor. No puede evitar amar. En toda la existencia, desde lo más bajo hasta lo más elevado, todos deben amar. El «y», la cosa en sí interior que, al unirse a la mente, produce la existencia, el conocimiento y el amor, es llamada por los vedāntistas Existencia absoluta, Conocimiento absoluto, Bienaventuranza absoluta. Esta existencia real es ilimitada, pura, sin mezcla, no conoce ningún cambio: es el alma libre; cuando se mezcla, por así decirlo, con la mente y se enreda en ella, se convierte en lo que llamamos existencia individual. Es la vida vegetal, la vida animal, la vida humana, al igual que el espacio universal queda circunscrito en una habitación, en un recipiente, y así sucesivamente. Y este conocimiento real no es lo que conocemos, ni la intuición, ni la razón, ni el instinto. Cuando degenera y se enturbia, lo llamamos intuición; cuando degenera aún más, lo llamamos razón; y cuando degenera todavía más, lo llamamos instinto. Este conocimiento en sí es Vijnâna, ni intuición, ni razón, ni instinto. La expresión que más se le aproxima es omnisciencia. No tiene límites ni contiene mezcla alguna. Cuando esta bienaventuranza queda velada, la llamamos amor, atracción por los cuerpos densos o sutiles, o por las ideas. Esto no es más que una manifestación deformada de esa dicha. La Existencia absoluta, el Conocimiento absoluto y la Bienaventuranza absoluta no son cualidades del alma, sino su esencia; no son diferentes del alma. Y las tres no son más que una; vemos una misma cosa bajo tres aspectos diferentes. Están más allá de todo conocimiento relativo. Este conocimiento eterno del Ser, al atravesar el cerebro del hombre, se convierte en su intuición, su razón, y así sucesivamente. Su manifestación varía según el medio a través del cual irradia. Como alma, el hombre no difiere del más bajo de los animales; solo el cerebro de este último está menos desarrollado, y la manifestación que lo atraviesa, que llamamos instinto, es muy débil. En el hombre, el cerebro es mucho más fino; por lo tanto, la manifestación es mucho más clara y, en el hombre más elevado, se vuelve perfectamente clara. Lo mismo ocurre con la existencia: la existencia que conocemos, la esfera limitada de la existencia, no es más que el reflejo de esa existencia real que es la naturaleza del alma. Lo mismo ocurre con la bienaventuranza: lo que llamamos amor o atracción no es más que el reflejo de la bienaventuranza eterna del Ser. La manifestación implica limitación, pero lo no manifestado, la naturaleza esencial del alma, es ilimitado; esta bienaventuranza no tiene límites. Pero el amor sí es limitado. Un día lo amo a usted, al día siguiente lo odio. Mi amor aumenta un día y disminuye al siguiente, porque no es más que una manifestación.
El primer punto que discutiremos con Kapila es su idea de Dios. Así como la serie de modificaciones de Prakriti, que comienza con el intelecto individual y termina con el cuerpo individual, requiere un Purusha que esté detrás de ella, como maestro y gobernante, del mismo modo, en el Cosmos, el intelecto universal, el egoísmo universal, la mente universal, así como toda la materia sutil y densa universal, deben tener un maestro y gobernante. ¿Cómo podría estar completa la serie cósmica sin un Purusha universal que esté detrás de todo ello, como maestro y gobernante? Si usted niega la existencia de un Purusha universal detrás de la serie cósmica, nosotros negamos su Purusha detrás de la serie individual. Si es cierto que, detrás de la serie de manifestaciones individuales graduales y evolucionadas, hay un Ser que las trasciende a todas, el Purusha que no está compuesto de materia, la misma lógica se aplicará al caso de las manifestaciones universales. Este Ser universal, que trasciende las modificaciones universales de Prakriti, es lo que se llama Ishwara, el Soberano supremo, Dios.
He aquí ahora el punto de desacuerdo más importante. ¿Puede haber más de un Purusha? Hemos visto que el Purusha es omnipresente e infinito. Lo omnipresente, lo infinito, no puede ser doble. Si existen dos infinitos, A y B, el infinito A limitaría al infinito B, porque el infinito B no es el infinito A, y el infinito A no es el infinito B. La diferencia de identidad implica exclusión, y la exclusión implica limitación. Así, A y B, al limitarse mutuamente, dejan de ser infinitos. Por lo tanto, solo puede haber un infinito, es decir, un solo Purusha.
Ahora retomaremos nuestra x y nuestra y y mostraremos que no son más que una. Hemos mostrado que lo que llamamos el mundo exterior es x + la mente, y que el mundo interior es y + la mente; tanto x como y son cantidades desconocidas e incognoscibles. Toda diferencia se debe al tiempo, al espacio y a la causalidad. Estos son los elementos constitutivos de la mente. Sin ellos no es posible ninguna actividad mental. Usted nunca puede pensar sin el tiempo, nunca puede imaginar nada sin el espacio y no puede tener nada sin la causalidad. Estas son las formas de la mente. Quítelas, y la mente misma deja de existir. Por lo tanto, toda diferencia se debe a la mente. Según el Vedānta, la mente, mediante sus formas, ha limitado aparentemente x e y y los ha hecho aparecer como mundos exterior e interior. Pero x e y, al estar ambos más allá de la mente, no tienen diferencias y, por lo tanto, no son más que uno. No podemos atribuirles ninguna cualidad, pues las cualidades nacen de la mente. Lo que carece de cualidades debe ser uno; x carece de cualidades y solo toma las de la mente; lo mismo ocurre con y; por lo tanto, estas x e y no son más que una. El universo entero no es más que uno. En el universo solo hay un Ser, una sola Existencia, y esta única Existencia, al pasar por las formas del tiempo, el espacio y la causalidad, recibe distintos nombres: Buddhi, materia sutil, materia densa, todas las formas mentales y físicas. Todo en el universo es esta unidad, que aparece bajo diversas formas. Cuando una pequeña parte de ella entra, por así decirlo, en esta red del tiempo, el espacio y la causalidad, adopta formas; quiten la red, y todo vuelve a ser uno. Así, en la filosofía del Advaita, el universo entero es uno en el Ser llamado Brahman. Este Ser, cuando aparece detrás del universo, se llama Dios. El mismo Ser, cuando aparece detrás de este pequeño universo que es el cuerpo, es el alma. Por lo tanto, esta misma alma es el Ser en el ser humano. Solo hay un Purusha, el Brahman del Vedānta; Dios y el ser humano, al analizarlos, no son más que uno en Él. El universo son ustedes mismos, ustedes en su totalidad; ustedes están presentes en todo el universo. «Ustedes actúan con todas las manos, comen con todas las bocas, respiran con todas las narices, piensan con todas las mentes». El universo entero son ustedes; el universo es su cuerpo; ustedes son el universo, manifestado y no manifestado. Ustedes son el alma del universo y también su cuerpo. Ustedes son Dios, son los ángeles, son los seres humanos, son los animales, son las plantas, son los minerales, son todo; la manifestación de todas las cosas son ustedes. Todo lo que existe son ustedes. Ustedes son el Infinito. El Infinito no puede dividirse. No puede tener partes, pues cada una de ellas sería infinita, y entonces la parte sería idéntica al todo, lo cual es absurdo. Por lo tanto, la idea de que ustedes son el señor Fulano de Tal nunca puede ser verdadera; es un sueño con los ojos abiertos. Sepan esto y sean libres. Esta es la conclusión del Advaita. «No soy ni el cuerpo, ni los órganos, ni la mente; soy Existencia, Conocimiento y Bienaventuranza absolutos; soy él». Este es el verdadero conocimiento; toda razón, todo intelecto y todo lo demás son ignorancia. ¿Dónde estaría el conocimiento para mí, si yo soy el conocimiento mismo? ¿Dónde estaría la vida para mí, si yo soy la vida misma? Estoy seguro de vivir, porque soy la vida, el Ser único, y nada existe si no es por mí, en mí y como yo. Me manifiesto a través de los elementos, pero soy el Ser libre. ¿Quién busca la libertad? Nadie. Si creen que están atados, seguirán atados; ustedes mismos crean su servidumbre. Si saben que son libres, lo son en este mismo instante. Este es el conocimiento, el conocimiento de la libertad. La libertad es el objetivo de toda la naturaleza.

Fuente Swami Vivekananda, The Complete Works, Volume 2, en.wikisource.org — traduction I Choose Peace depuis l’anglais · Índice