« De los fieles que siempre, en estado de unión, Te sirven sin cesar, y de los que se apegan a lo Indivisible que no se puede ver, ¿quiénes conocen mejor la Unión mística? »
« Quienes, haciendo reposar su mente en Mí, Me sirven sin cesar llenos de una fe excelente, son quienes, a Mis ojos, practican mejor la santa Unión.
Pero quienes buscan lo Indivisible, que no se puede ver ni sentir, presente en todas partes, incomprensible, sublime, inmutable, invariable,
Y que, sometiendo todos sus sentidos, mantienen su pensamiento en equilibrio y se alegran del bien de todos los seres vivos: esos también Me alcanzan.
Pero cuando su mente persigue lo Invisible, su pena es mayor; pues difícilmente las cosas corporales permiten comprender el camino de lo Invisible.
Por el contrario, aquellos que han cumplido en Mí la renuncia a las obras, aquellos de quienes Soy el único objeto y que, mediante una Unión exclusiva, Me contemplan y Me sirven:
Pronto los sustraigo a ese mar de las alternativas de la muerte, porque su pensamiento está conmigo.
Entrégame, pues, Tu mente, haz reposar en Mí tu razón, y poco después, sin duda alguna, habitarás en Mí.
Si no eres capaz de hacer reposar firmemente en Mí tu pensamiento, esfuérzate, hombre generoso, por alcanzarme mediante una Unión de perseverancia.
Y si no eres capaz de perseverar, actúa siempre con Mi propósito, sin hacer nada que no Me sea agradable, y alcanzarás la perfección.
« Quienes, haciendo reposar su mente en Mí, Me sirven sin cesar llenos de una fe excelente, son quienes, a Mis ojos, practican mejor la santa Unión.
Pero quienes buscan lo Indivisible, que no se puede ver ni sentir, presente en todas partes, incomprensible, sublime, inmutable, invariable,
Y que, sometiendo todos sus sentidos, mantienen su pensamiento en equilibrio y se alegran del bien de todos los seres vivos: esos también Me alcanzan.
Pero cuando su mente persigue lo Invisible, su pena es mayor; pues difícilmente las cosas corporales permiten comprender el camino de lo Invisible.
Por el contrario, aquellos que han cumplido en Mí la renuncia a las obras, aquellos de quienes Soy el único objeto y que, mediante una Unión exclusiva, Me contemplan y Me sirven:
Pronto los sustraigo a ese mar de las alternativas de la muerte, porque su pensamiento está conmigo.
Entrégame, pues, Tu mente, haz reposar en Mí tu razón, y poco después, sin duda alguna, habitarás en Mí.
Si no eres capaz de hacer reposar firmemente en Mí tu pensamiento, esfuérzate, hombre generoso, por alcanzarme mediante una Unión de perseverancia.
Y si no eres capaz de perseverar, actúa siempre con Mi propósito, sin hacer nada que no Me sea agradable, y alcanzarás la perfección.
¿Pero esto mismo está por encima de tus fuerzas? Vuélvete hacia la santa Unión; renuncia al fruto de las obras y sométete tú mismo.
Porque la ciencia vale más que la perseverancia; la contemplación vale más que la ciencia; la renuncia vale más que la contemplación; y muy cerca de la renuncia está la bienaventuranza.
El hombre que no odia a ningún ser vivo, bueno y misericordioso, sin egoísmo, sin amor propio, igual en el placer y en el dolor, paciente;
Alegre, siempre en estado de Unión, dueño de sí mismo, firme en su buen propósito, con la mente y la razón puestas en mí, mi servidor: ese hombre me es querido.
Aquel que no perturba al mundo y a quien el mundo no perturba; que está libre de los arrebatos de alegría y de ira, del temor y de los terrores: ese también me es querido.
El hombre sin segundas intenciones, puro, hábil, indiferente, libre de turbación, desapegado de todo lo que emprende, mi servidor: es un hombre que me es querido.
Aquel que no se abandona ni a la alegría, ni al odio, ni a la tristeza, ni al pesar, y que, para servirme, ya no se preocupa por el éxito bueno o malo: ese me es querido.
El hombre igual ante sus enemigos y sus amigos, igual en los honores y en la deshonra, igual ante el frío y el calor, el placer y el dolor, libre de deseo;
Porque la ciencia vale más que la perseverancia; la contemplación vale más que la ciencia; la renuncia vale más que la contemplación; y muy cerca de la renuncia está la bienaventuranza.
El hombre que no odia a ningún ser vivo, bueno y misericordioso, sin egoísmo, sin amor propio, igual en el placer y en el dolor, paciente;
Alegre, siempre en estado de Unión, dueño de sí mismo, firme en su buen propósito, con la mente y la razón puestas en mí, mi servidor: ese hombre me es querido.
Aquel que no perturba al mundo y a quien el mundo no perturba; que está libre de los arrebatos de alegría y de ira, del temor y de los terrores: ese también me es querido.
El hombre sin segundas intenciones, puro, hábil, indiferente, libre de turbación, desapegado de todo lo que emprende, mi servidor: es un hombre que me es querido.
Aquel que no se abandona ni a la alegría, ni al odio, ni a la tristeza, ni al pesar, y que, para servirme, ya no se preocupa por el éxito bueno o malo: ese me es querido.
El hombre igual ante sus enemigos y sus amigos, igual en los honores y en la deshonra, igual ante el frío y el calor, el placer y el dolor, libre de deseo;
Igual ante la censura y la alabanza, silencioso, siempre satisfecho, sin hogar, firme en su pensamiento, mi servidor: es un hombre querido para mí.
Pero aquellos que se sientan, como he dicho, en el santo banquete de la inmortalidad, llenos de fe y teniéndome como único objeto: esos son mis servidores más queridos».
Pero aquellos que se sientan, como he dicho, en el santo banquete de la inmortalidad, llenos de fe y teniéndome como único objeto: esos son mis servidores más queridos».