Moisés pudo oír todos los sentidos verdaderos que pueden darse a sus palabras.
Tú me dices: «El sentido de Moisés es el mío»; y otro me dice: «No, el sentido de Moisés es el mío»; y yo digo, con mayor piedad: ¿Por qué no habría de ser suyo uno y otro, si ambos son verdaderos? Y lo mismo digo de un tercer sentido, de un cuarto o de cualquier otro que una verdadera inspiración haya revelado; ¿por qué me negaría a creer que fueron vistos por ese gran servidor del único Dios, cuya palabra toda divina se presta a la variedad de tantas interpretaciones verdaderas?
Por mi parte, lo declaro con audacia y desde el fondo del corazón: si escribiera algo que debiera revestirse de una autoridad suprema, preferiría que contuviera todos los sentidos razonables que pudieran darse a mis palabras, antes que limitarlas a un sentido preciso, que excluyera cualquier otro pensamiento, aunque este no tuviera nada falso que pudiera contrariar el mío. ¡Lejos de mí, Dios mío, la temeridad de creer que un profeta tan grande no hubiera merecido de Tu gracia semejante favor! Sí, tuvo presentes en su pensamiento, cuando trazaba estas palabras, todas las verdades que hemos podido descubrir, toda verdad que se nos ha escapado o que todavía se nos escapa, y que, sin embargo, puede descubrirse en ellas.
Tú me dices: «El sentido de Moisés es el mío»; y otro me dice: «No, el sentido de Moisés es el mío»; y yo digo, con mayor piedad: ¿Por qué no habría de ser suyo uno y otro, si ambos son verdaderos? Y lo mismo digo de un tercer sentido, de un cuarto o de cualquier otro que una verdadera inspiración haya revelado; ¿por qué me negaría a creer que fueron vistos por ese gran servidor del único Dios, cuya palabra toda divina se presta a la variedad de tantas interpretaciones verdaderas?
Por mi parte, lo declaro con audacia y desde el fondo del corazón: si escribiera algo que debiera revestirse de una autoridad suprema, preferiría que contuviera todos los sentidos razonables que pudieran darse a mis palabras, antes que limitarlas a un sentido preciso, que excluyera cualquier otro pensamiento, aunque este no tuviera nada falso que pudiera contrariar el mío. ¡Lejos de mí, Dios mío, la temeridad de creer que un profeta tan grande no hubiera merecido de Tu gracia semejante favor! Sí, tuvo presentes en su pensamiento, cuando trazaba estas palabras, todas las verdades que hemos podido descubrir, toda verdad que se nos ha escapado o que todavía se nos escapa, y que, sin embargo, puede descubrirse en ellas.