Es propio de la Escritura encerrar varios sentidos en las mismas palabras.
¡Y bien! ¡Oh Dios mío! Gloria de mi humildad y descanso de mis fatigas, Tú, que Te dignas escuchar la confesión de mis faltas y perdonármelas, cuando me ordenas amar a mi prójimo como a mí mismo, ¿puedo pensar que Moisés, Tu siervo fiel, recibió menos favores de los que yo mismo habría deseado y solicitado de Tu gracia, si, haciéndome nacer en su tiempo para elevarme a la altura de su ministerio y tomando a Tu servicio mi corazón y mi lengua, me hubieras elegido para dispensar esas santas Escrituras, que más tarde habrían de ser tan provechosas para todos los pueblos y, desde la cumbre de su autoridad, dominar universalmente las palabras de la mentira y las doctrinas del orgullo?
Sí, si yo hubiera sido Moisés (¿por qué no? ¿Acaso no hemos salido todos del mismo barro, «y qué es el hombre? ¿Es algo si Tú no Te acuerdas de él?»), sí, si yo hubiera sido Moisés y Tú me hubieras ordenado escribir el libro del Génesis, Te habría pedido un estilo dotado de tales cualidades de fuerza y mesura que los entendimientos aún incapaces de concebir la creación no pudieran rechazar mis palabras por estar fuera de su alcance, y que los entendimientos más elevados encontraran en pocas palabras toda verdad que se ofreciera a su pensamiento; y, en fin, que, si Tu luz revelara a ciertos espíritus algunas verdades nuevas, ninguna de ellas quedara fuera del sentido de Tu profeta.
¡Y bien! ¡Oh Dios mío! Gloria de mi humildad y descanso de mis fatigas, Tú, que Te dignas escuchar la confesión de mis faltas y perdonármelas, cuando me ordenas amar a mi prójimo como a mí mismo, ¿puedo pensar que Moisés, Tu siervo fiel, recibió menos favores de los que yo mismo habría deseado y solicitado de Tu gracia, si, haciéndome nacer en su tiempo para elevarme a la altura de su ministerio y tomando a Tu servicio mi corazón y mi lengua, me hubieras elegido para dispensar esas santas Escrituras, que más tarde habrían de ser tan provechosas para todos los pueblos y, desde la cumbre de su autoridad, dominar universalmente las palabras de la mentira y las doctrinas del orgullo?
Sí, si yo hubiera sido Moisés (¿por qué no? ¿Acaso no hemos salido todos del mismo barro, «y qué es el hombre? ¿Es algo si Tú no Te acuerdas de él?»), sí, si yo hubiera sido Moisés y Tú me hubieras ordenado escribir el libro del Génesis, Te habría pedido un estilo dotado de tales cualidades de fuerza y mesura que los entendimientos aún incapaces de concebir la creación no pudieran rechazar mis palabras por estar fuera de su alcance, y que los entendimientos más elevados encontraran en pocas palabras toda verdad que se ofreciera a su pensamiento; y, en fin, que, si Tu luz revelara a ciertos espíritus algunas verdades nuevas, ninguna de ellas quedara fuera del sentido de Tu profeta.