Placer del olfato.
Los olores me dejan bastante indiferente a sus encantos. En su ausencia, no los busco; tampoco rechazo su presencia; estoy dispuesto a prescindir de ellos. Al menos eso me parece, y quizá me engaño. Pues ¿no hay que gemir por esta noche profunda que, al ocultarnos los resortes de nuestro ser, impide al espíritu, cuando se consulta a sí mismo sobre su poder, dar fácil crédito a sus respuestas, porque por lo general ignora lo que guarda en sí, si la experiencia no se lo descubre? Y ningún hombre debe estar seguro en esta vida, que no es sino una tentación en su totalidad. Quien de malo se ha vuelto mejor no tiene garantía de que, de mejor, no llegue a volverse peor. No hay más que una esperanza, una confianza, una promesa segura: Tu misericordia.
Los olores me dejan bastante indiferente a sus encantos. En su ausencia, no los busco; tampoco rechazo su presencia; estoy dispuesto a prescindir de ellos. Al menos eso me parece, y quizá me engaño. Pues ¿no hay que gemir por esta noche profunda que, al ocultarnos los resortes de nuestro ser, impide al espíritu, cuando se consulta a sí mismo sobre su poder, dar fácil crédito a sus respuestas, porque por lo general ignora lo que guarda en sí, si la experiencia no se lo descubre? Y ningún hombre debe estar seguro en esta vida, que no es sino una tentación en su totalidad. Quien de malo se ha vuelto mejor no tiene garantía de que, de mejor, no llegue a volverse peor. No hay más que una esperanza, una confianza, una promesa segura: Tu misericordia.