Para encontrar un objeto perdido, hay que conservar su recuerdo.
Así que, si Te encuentro fuera de mi memoria, es que Tu recuerdo se me ha escapado. Y si Te olvido, ¿cómo encontrarte? La mujer que perdió su dracma y la buscó con su lámpara la recuerda para encontrarla; de otro modo, ¿cómo podría reconocerla al encontrarla? Recuerdo haber buscado y encontrado muchos objetos perdidos. Pero ¿cómo lo sé? Cuando andaba buscando lo que había perdido, me decían: «¿No es esto?» Y yo respondía que no, mientras no me representaran el objeto; y, aunque este, escapado de mi memoria, me hubiera sido puesto ante los ojos, en vano lo habría encontrado, por no reconocerlo. Y siempre sucede así cada vez que se recupera lo que se había perdido.
Porque, si se trata de un objeto visible, aunque se sustraiga a la vista, no se sustrae a la memoria, que lo retiene por medio de su imagen, y lo reconoce al encontrarlo gracias a esa imagen interior; pues no podemos encontrar sin reconocer, ni reconocer sin recordar: la memoria guarda el objeto perdido para los ojos.
Así que, si Te encuentro fuera de mi memoria, es que Tu recuerdo se me ha escapado. Y si Te olvido, ¿cómo encontrarte? La mujer que perdió su dracma y la buscó con su lámpara la recuerda para encontrarla; de otro modo, ¿cómo podría reconocerla al encontrarla? Recuerdo haber buscado y encontrado muchos objetos perdidos. Pero ¿cómo lo sé? Cuando andaba buscando lo que había perdido, me decían: «¿No es esto?» Y yo respondía que no, mientras no me representaran el objeto; y, aunque este, escapado de mi memoria, me hubiera sido puesto ante los ojos, en vano lo habría encontrado, por no reconocerlo. Y siempre sucede así cada vez que se recupera lo que se había perdido.
Porque, si se trata de un objeto visible, aunque se sustraiga a la vista, no se sustrae a la memoria, que lo retiene por medio de su imagen, y lo reconoce al encontrarlo gracias a esa imagen interior; pues no podemos encontrar sin reconocer, ni reconocer sin recordar: la memoria guarda el objeto perdido para los ojos.