El espíritu manda al cuerpo, y este lo obedece. El espíritu se manda a sí mismo, y se resiste.
¿De dónde viene este prodigio? ¿Cuál es su causa? ¡Haz brillar Tu misericordia! ¡Que interrogue estos misterios de venganza y que me respondan! ¡Que penetre esta noche de tribulación que cubre a los hijos de Adán! ¿De dónde viene, por qué este prodigio? El espíritu manda al cuerpo, y este lo obedece; el espíritu se manda a sí mismo, y se resiste. El espíritu manda a la mano que se mueva, y la ágil docilidad del órgano apenas nos permite distinguir al amo del esclavo; y el espíritu es espíritu, la mano es cuerpo. El espíritu manda al espíritu que quiera, se lo manda a sí mismo, y no obedece. ¿De dónde viene este prodigio? ¿Cuál es su causa? Aquel, digo, se manda querer, quien no mandaría si no quisiera; ¡y lo que manda no se hace!
Pero no quiere sino a medias; por tanto, no manda sino a medias. Pues tanto cuanto quiere, tanto manda; y tanto cuanto es desobedecido, tanto no quiere. Si la voluntad dice: «¡Que la voluntad exista!», o de otro modo: «¡Que yo exista!», no es íntegra en su mandato y, por consiguiente, no es obedecida; pues si fuera íntegra, no se mandaría existir, ya existiría; no es, pues, un prodigio esta voluntad dividida, que existe y no existe; es la debilidad del espíritu enfermo, que, levantado por la mano de la verdad, no se alza sino a medias y vuelve a caer con todo el peso de la costumbre. Y así no existen dos voluntades sino porque siempre hay una incompleta, y lo que le falta a una se añade a la otra.
¿De dónde viene este prodigio? ¿Cuál es su causa? ¡Haz brillar Tu misericordia! ¡Que interrogue estos misterios de venganza y que me respondan! ¡Que penetre esta noche de tribulación que cubre a los hijos de Adán! ¿De dónde viene, por qué este prodigio? El espíritu manda al cuerpo, y este lo obedece; el espíritu se manda a sí mismo, y se resiste. El espíritu manda a la mano que se mueva, y la ágil docilidad del órgano apenas nos permite distinguir al amo del esclavo; y el espíritu es espíritu, la mano es cuerpo. El espíritu manda al espíritu que quiera, se lo manda a sí mismo, y no obedece. ¿De dónde viene este prodigio? ¿Cuál es su causa? Aquel, digo, se manda querer, quien no mandaría si no quisiera; ¡y lo que manda no se hace!
Pero no quiere sino a medias; por tanto, no manda sino a medias. Pues tanto cuanto quiere, tanto manda; y tanto cuanto es desobedecido, tanto no quiere. Si la voluntad dice: «¡Que la voluntad exista!», o de otro modo: «¡Que yo exista!», no es íntegra en su mandato y, por consiguiente, no es obedecida; pues si fuera íntegra, no se mandaría existir, ya existiría; no es, pues, un prodigio esta voluntad dividida, que existe y no existe; es la debilidad del espíritu enfermo, que, levantado por la mano de la verdad, no se alza sino a medias y vuelve a caer con todo el peso de la costumbre. Y así no existen dos voluntades sino porque siempre hay una incompleta, y lo que le falta a una se añade a la otra.