Dios mantenía su inquietud hasta que conociera la verdad.
Y Tú, Señor, permaneces eternamente, pero Tu ira contra nosotros no es eterna, pues Te compadeciste de mi barro y de mi ceniza, y Tu mirada se dignó reformar todas mis deformidades. Tu mano aguijoneaba con un secreto aguijón mi corazón agitado, para mantener su impaciencia, hasta que la evidencia interior le reveló Tu certeza, y mi hinchazón disminuía ante Tu poderoso y oculto contacto, y el ojo de mi alma, turbio y tenebroso, sanaba día tras día con el ardiente colirio de los dolores saludables.
Y Tú, Señor, permaneces eternamente, pero Tu ira contra nosotros no es eterna, pues Te compadeciste de mi barro y de mi ceniza, y Tu mirada se dignó reformar todas mis deformidades. Tu mano aguijoneaba con un secreto aguijón mi corazón agitado, para mantener su impaciencia, hasta que la evidencia interior le reveló Tu certeza, y mi hinchazón disminuía ante Tu poderoso y oculto contacto, y el ojo de mi alma, turbio y tenebroso, sanaba día tras día con el ardiente colirio de los dolores saludables.