Ridículas respuestas de los maniqueos.
Por lo demás, no creía que fuera posible defender aquello que atacaban en Tus Escrituras; pero, sin embargo, a veces deseaba tratarlo en detalle con algún doctor profundamente versado en la comprensión de los Libros santos. Ya en Cartago me habían impresionado los discursos de cierto Helpidio, quien, en debates públicos contra los maniqueos, los apremiaba con algunos pasajes de la Escritura ante los cuales parecían muy desconcertados; pues temían dar en público la respuesta que nos comunicaban en secreto, a saber, que los libros del Nuevo Testamento habían sido falsificados por no sé qué judíos, que querían injertar la ley judía en la fe cristiana; pero ellos mismos no presentaban ningún ejemplar auténtico. En cuanto a mí, invadido, sofocado por aquellos pensamientos materiales, que aplastaban con su peso mi espíritu jadeante, ya no podía respirar el aire puro y vivificante de Tu verdad.
Por lo demás, no creía que fuera posible defender aquello que atacaban en Tus Escrituras; pero, sin embargo, a veces deseaba tratarlo en detalle con algún doctor profundamente versado en la comprensión de los Libros santos. Ya en Cartago me habían impresionado los discursos de cierto Helpidio, quien, en debates públicos contra los maniqueos, los apremiaba con algunos pasajes de la Escritura ante los cuales parecían muy desconcertados; pues temían dar en público la respuesta que nos comunicaban en secreto, a saber, que los libros del Nuevo Testamento habían sido falsificados por no sé qué judíos, que querían injertar la ley judía en la fe cristiana; pero ellos mismos no presentaban ningún ejemplar auténtico. En cuanto a mí, invadido, sofocado por aquellos pensamientos materiales, que aplastaban con su peso mi espíritu jadeante, ya no podía respirar el aire puro y vivificante de Tu verdad.