Su desprecio por la Escritura.
Decidí, pues, aplicar mi espíritu a la santa Escritura y conocer qué era. Hoy lo sé: algo que no se revela ni a la penetración de los soberbios ni a la sencillez de los niños; entrada baja, bóvedas inmensas, ¡por todas partes un velo de misterios! Y yo no era capaz de entrar en ella ni de inclinar la cabeza a su paso. Porque entonces no pensaba de ella como hablo hoy: me parecía indigna de ser puesta en paralelo con la majestad ciceroniana. Mi orgullo repudiaba su sencillez, y mi mirada no penetraba sus profundidades. Y, sin embargo, era esta Escritura la que quiere crecer con los pequeños; pero yo desdeñaba ser pequeño y, hinchado de vana gloria, me creía grande.
Decidí, pues, aplicar mi espíritu a la santa Escritura y conocer qué era. Hoy lo sé: algo que no se revela ni a la penetración de los soberbios ni a la sencillez de los niños; entrada baja, bóvedas inmensas, ¡por todas partes un velo de misterios! Y yo no era capaz de entrar en ella ni de inclinar la cabeza a su paso. Porque entonces no pensaba de ella como hablo hoy: me parecía indigna de ser puesta en paralelo con la majestad ciceroniana. Mi orgullo repudiaba su sencillez, y mi mirada no penetraba sus profundidades. Y, sin embargo, era esta Escritura la que quiere crecer con los pequeños; pero yo desdeñaba ser pequeño y, hinchado de vana gloria, me creía grande.