Tres últimas y principales advertencias para esta Introducción.
Repita todos los primeros días del mes, después de su meditación, la protesta que se encuentra en la primera parte, y durante ese día renuévela a menudo, diciendo con David: _No, jamás olvidaré Tu ley, ¡oh Dios mío!, pues por ella me has devuelto la vida._ Y cuando sienta algún desarreglo en su alma, tome su protesta en la mano y, postrada en espíritu de humildad, pronúnciela de todo corazón: encontrará en ella un gran alivio.
Haga abiertamente profesión de querer ser devota; no digo de ser devota, sino de querer serlo; y no se avergüence de realizar las acciones sencillas y comunes que deben conducirla al amor de Dios: confiese con valentía que procura meditar, que preferiría morir antes que pecar mortalmente, que quiere frecuentar los sacramentos y seguir los consejos de su director (aunque a menudo no sea necesario nombrarlo por diversas razones). Esta franqueza al confesar que se quiere servir a Dios y que uno se ha consagrado a Su amor de manera particular agrada mucho a Su divina Majestad, que no quiere que uno se avergüence de Él ni de Su cruz; además, es un medio para poner fin a muchas habladurías del mundo y para comprometernos, por nuestra reputación, a proseguir nuestra empresa. Los filósofos se proclamaban abiertamente filósofos para que se les dejara vivir filosóficamente; y nosotros, mostrémonos con franqueza deseosos de la devoción, para que se nos deje vivir devotamente. Si alguien le dice que se puede vivir devotamente sin practicar estas advertencias y estos ejercicios, no lo niegue; pero responda con sencillez que su debilidad es tan grande que necesita más ayuda y auxilio de los que necesitan los demás.
Repita todos los primeros días del mes, después de su meditación, la protesta que se encuentra en la primera parte, y durante ese día renuévela a menudo, diciendo con David: _No, jamás olvidaré Tu ley, ¡oh Dios mío!, pues por ella me has devuelto la vida._ Y cuando sienta algún desarreglo en su alma, tome su protesta en la mano y, postrada en espíritu de humildad, pronúnciela de todo corazón: encontrará en ella un gran alivio.
Haga abiertamente profesión de querer ser devota; no digo de ser devota, sino de querer serlo; y no se avergüence de realizar las acciones sencillas y comunes que deben conducirla al amor de Dios: confiese con valentía que procura meditar, que preferiría morir antes que pecar mortalmente, que quiere frecuentar los sacramentos y seguir los consejos de su director (aunque a menudo no sea necesario nombrarlo por diversas razones). Esta franqueza al confesar que se quiere servir a Dios y que uno se ha consagrado a Su amor de manera particular agrada mucho a Su divina Majestad, que no quiere que uno se avergüence de Él ni de Su cruz; además, es un medio para poner fin a muchas habladurías del mundo y para comprometernos, por nuestra reputación, a proseguir nuestra empresa. Los filósofos se proclamaban abiertamente filósofos para que se les dejara vivir filosóficamente; y nosotros, mostrémonos con franqueza deseosos de la devoción, para que se nos deje vivir devotamente. Si alguien le dice que se puede vivir devotamente sin practicar estas advertencias y estos ejercicios, no lo niegue; pero responda con sencillez que su debilidad es tan grande que necesita más ayuda y auxilio de los que necesitan los demás.
Por último, queridísima Filotea, le conjuro por todo lo que hay de sagrado en el cielo y en la tierra, por el bautismo que ha recibido, por los pechos que alimentaron a Jesucristo, por el corazón caritativo con que Él la amó y por las entrañas de misericordia en las que usted espera, a que continúe y persevere en esta bendita empresa de la vida devota: nuestros días transcurren, la muerte está a la puerta; _La trompeta_, dice san Gregorio Nacianceno, _toca a retirada: que cada uno se prepare, pues el juicio se acerca._ La madre de san Sinforiano, al ver que lo conducían al martirio, gritaba mientras lo seguía: «Hijo mío, hijo mío, acuérdate de la vida eterna, mira el Cielo y contempla a Aquel que reina allí: la muerte pondrá pronto fin a los breves momentos de esta vida». Mi Filotea, ¿se lo diré también a usted?: mire el Cielo y no lo abandone por la tierra; mire el infierno y no se arroje en él por placeres pasajeros; mire a Jesucristo y no lo reniegue por el mundo; y cuando la práctica de la vida devota le parezca penosa, cante con san Francisco:
Por los bienes que espero, los trabajos son para mí un pasatiempo.
¡Viva Jesús!, a quien, con el Padre y el Espíritu Santo, sea el honor y la gloria, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Por los bienes que espero, los trabajos son para mí un pasatiempo.
¡Viva Jesús!, a quien, con el Padre y el Espíritu Santo, sea el honor y la gloria, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Así sea.
_Manera de rezar devotamente el rosario y de servir bien a la Virgen María._
Tomará su rosario por la cruz, que besará después de haberse servido de ella para hacer sobre usted la señal del cristiano, y poniéndose en presencia de Dios, recitará entero el _Credo_.
En la primera cuenta, invocará a Dios, pidiéndole que acoja su oración y que la ayude con Su gracia a rezarla bien.
En las tres primeras cuentas pequeñas, invocará la intercesión de la Santísima Virgen, saludándola, en la primera cuenta, como la hija más querida de Dios Padre; en la segunda, como la madre de Dios Hijo, y en la tercera, como la esposa bien amada de Dios Espíritu Santo.
En cada decena, pensará en uno de los misterios del rosario, según el tiempo de que disponga, recordando el misterio propuesto, sobre todo cuando pronuncie los santísimos nombres de Jesús y de María, procurando pronunciar estos nombres sagrados únicamente con gran respeto interior y exterior. Y si le sobreviene algún otro sentimiento, como el dolor por sus pecados o el deseo de enmendarse, puede permanecer en ese sentimiento durante todo el rosario, y principalmente cuando pronuncie los dos santísimos nombres de Jesús y de María.
En la cuenta grande, que está al final de la última decena, dará gracias a Dios por la gracia que Le ha concedido al rezar el rosario; y, pasando a las tres cuentas pequeñas que siguen, saludará a la Santísima Virgen María, suplicándole, en la primera, que ofrezca su entendimiento al Padre eterno, para que pueda considerar para siempre Sus misericordias; en la segunda, le suplicará que ofrezca su memoria al Hijo, para tener continuamente presente Su pasión y Su muerte; en la tercera, le suplicará que ofrezca su voluntad al Espíritu Santo, para que pueda estar para siempre inflamada de Su santo amor.
_Manera de rezar devotamente el rosario y de servir bien a la Virgen María._
Tomará su rosario por la cruz, que besará después de haberse servido de ella para hacer sobre usted la señal del cristiano, y poniéndose en presencia de Dios, recitará entero el _Credo_.
En la primera cuenta, invocará a Dios, pidiéndole que acoja su oración y que la ayude con Su gracia a rezarla bien.
En las tres primeras cuentas pequeñas, invocará la intercesión de la Santísima Virgen, saludándola, en la primera cuenta, como la hija más querida de Dios Padre; en la segunda, como la madre de Dios Hijo, y en la tercera, como la esposa bien amada de Dios Espíritu Santo.
En cada decena, pensará en uno de los misterios del rosario, según el tiempo de que disponga, recordando el misterio propuesto, sobre todo cuando pronuncie los santísimos nombres de Jesús y de María, procurando pronunciar estos nombres sagrados únicamente con gran respeto interior y exterior. Y si le sobreviene algún otro sentimiento, como el dolor por sus pecados o el deseo de enmendarse, puede permanecer en ese sentimiento durante todo el rosario, y principalmente cuando pronuncie los dos santísimos nombres de Jesús y de María.
En la cuenta grande, que está al final de la última decena, dará gracias a Dios por la gracia que Le ha concedido al rezar el rosario; y, pasando a las tres cuentas pequeñas que siguen, saludará a la Santísima Virgen María, suplicándole, en la primera, que ofrezca su entendimiento al Padre eterno, para que pueda considerar para siempre Sus misericordias; en la segunda, le suplicará que ofrezca su memoria al Hijo, para tener continuamente presente Su pasión y Su muerte; en la tercera, le suplicará que ofrezca su voluntad al Espíritu Santo, para que pueda estar para siempre inflamada de Su santo amor.
En la cuenta grande que termina, suplicará a la Divina Majestad que acepte todo esto para Su gloria y para el bien de Su Iglesia, en cuyo seno Le pedirá que se digne conservarlo y hacer volver a todos los que se han alejado de ella. Después rezará por todos sus amigos y terminará como empezó, con la profesión de fe, diciendo el _Credo_ y haciendo la señal de la cruz.
Llevará el rosario en el cinturón o en algún otro lugar visible, como una santa señal con la que declara que desea ser servidor de Dios nuestro Salvador y de Su santísima esposa, virgen y madre, y que quiere vivir como verdadero hijo de la santa Iglesia católica, apostólica y romana. Amén.
_Oración de la Iglesia para el día de la fiesta de san Francisco de Sales, compuesta por el papa Alejandro VII._
¡Oh Dios!, que quisiste que, para la salvación de las almas, san Francisco, Tu confesor y pontífice, se hiciera todo para todos, concédenos la gracia de que, penetrados por la dulzura de Tu divina caridad, podamos, bajo la dirección de sus consejos y por los méritos de sus intercesiones, llegar al goce eterno de Tu gloria. Te lo suplicamos por nuestro Señor Jesucristo. Así sea.
FIN.
TABLA DE LOS CAPÍTULOS.
Llevará el rosario en el cinturón o en algún otro lugar visible, como una santa señal con la que declara que desea ser servidor de Dios nuestro Salvador y de Su santísima esposa, virgen y madre, y que quiere vivir como verdadero hijo de la santa Iglesia católica, apostólica y romana. Amén.
_Oración de la Iglesia para el día de la fiesta de san Francisco de Sales, compuesta por el papa Alejandro VII._
¡Oh Dios!, que quisiste que, para la salvación de las almas, san Francisco, Tu confesor y pontífice, se hiciera todo para todos, concédenos la gracia de que, penetrados por la dulzura de Tu divina caridad, podamos, bajo la dirección de sus consejos y por los méritos de sus intercesiones, llegar al goce eterno de Tu gloria. Te lo suplicamos por nuestro Señor Jesucristo. Así sea.
FIN.
TABLA DE LOS CAPÍTULOS.
Sentimiento de Alejandro VII sobre esta obra. _pag._
Oración dedicatoria. v
Prefacio. vij
PRIMERA PARTE,
_Que contiene los avisos y los ejercicios propios para conducir el alma, desde su primer deseo de la vida devota hasta una firme resolución de abrazarla._
Cap. I. Descripción de la verdadera devoción. 1
II. Propiedades y excelencia de la devoción. 6
III. Que la devoción conviene a toda clase de vocaciones y profesiones. 9
IV. De la necesidad de un director para entrar y avanzar en la devoción. 11
V. Que es preciso comenzar por purificar el alma. 16
VI. Del primer desarraigo, que es el de los pecados mortales. 20
VII. Del segundo desarraigo, que es el de los afectos al pecado. 22
VIII. Del modo de efectuar este segundo desarraigo. 24
IX. Primera meditación.--De la creación. 26
X. Segunda meditación.--Del fin para el cual fuimos creados. 29
XI. Tercera meditación.--De los beneficios de Dios. 32
XII. Cuarta meditación.--De los pecados. 36
Cap. XIII. Quinta meditación.--De la muerte. _p._ 39
XIV. Sexta meditación.--Del juicio. 42
XV. Séptima meditación.--Del infierno. 45
XVI. Octava meditación.--Del paraíso. 47
XVII. Novena meditación.--Sobre la elección del paraíso. 50
XVIII. Décima meditación.--Sobre la elección de la vida devota. 54
XIX. Cómo hacer la confesión general. 57
XX. Protestación auténtica para grabar en el alma la resolución de servir a Dios y para concluir los actos de penitencia. 60
Oración dedicatoria. v
Prefacio. vij
PRIMERA PARTE,
_Que contiene los avisos y los ejercicios propios para conducir el alma, desde su primer deseo de la vida devota hasta una firme resolución de abrazarla._
Cap. I. Descripción de la verdadera devoción. 1
II. Propiedades y excelencia de la devoción. 6
III. Que la devoción conviene a toda clase de vocaciones y profesiones. 9
IV. De la necesidad de un director para entrar y avanzar en la devoción. 11
V. Que es preciso comenzar por purificar el alma. 16
VI. Del primer desarraigo, que es el de los pecados mortales. 20
VII. Del segundo desarraigo, que es el de los afectos al pecado. 22
VIII. Del modo de efectuar este segundo desarraigo. 24
IX. Primera meditación.--De la creación. 26
X. Segunda meditación.--Del fin para el cual fuimos creados. 29
XI. Tercera meditación.--De los beneficios de Dios. 32
XII. Cuarta meditación.--De los pecados. 36
Cap. XIII. Quinta meditación.--De la muerte. _p._ 39
XIV. Sexta meditación.--Del juicio. 42
XV. Séptima meditación.--Del infierno. 45
XVI. Octava meditación.--Del paraíso. 47
XVII. Novena meditación.--Sobre la elección del paraíso. 50
XVIII. Décima meditación.--Sobre la elección de la vida devota. 54
XIX. Cómo hacer la confesión general. 57
XX. Protestación auténtica para grabar en el alma la resolución de servir a Dios y para concluir los actos de penitencia. 60
XXI. Conclusión de lo dicho sobre el primer grado de pureza del alma. 63
XXII. Que es preciso liberarse de todo afecto a los pecados veniales. 65
XXIII. Que es preciso desprenderse del afecto a las cosas inútiles y peligrosas. 69
XXIV. Que es preciso desprenderse de las malas inclinaciones. 71
SEGUNDA PARTE,
_Que contiene diversos avisos para elevar el alma a Dios mediante la oración y los sacramentos._
Cap. I. De la necesidad de la oración. 73
II. Breve método para meditar bien; y, en primer lugar, sobre la presencia de Dios; primer punto de la preparación. 78
III. De la invocación; segundo punto de la preparación. 82
IV. De la propuesta del misterio; tercer punto de la preparación. 84
V. De las consideraciones; segunda parte de la meditación. 86
VI. De los afectos y las resoluciones; tercera parte de la meditación. 87
Cap. VII. De la conclusión y del ramo espiritual. _p._ 89
VIII. Algunos avisos muy útiles sobre la meditación. 90
IX. De las sequedades de espíritu que sobrevienen durante la meditación. 94
X. De algunos otros ejercicios, y primero del ejercicio de la mañana. 97
XI. Del ejercicio de la noche y del examen de conciencia; segundo ejercicio. 99
XII. Del retiro espiritual, tercer ejercicio. 101
XIII. De las aspiraciones u oraciones jaculatorias, y de los buenos pensamientos; cuarto ejercicio. 105
XIV. De la santísima misa y del modo de escucharla; quinto ejercicio. 114
XXII. Que es preciso liberarse de todo afecto a los pecados veniales. 65
XXIII. Que es preciso desprenderse del afecto a las cosas inútiles y peligrosas. 69
XXIV. Que es preciso desprenderse de las malas inclinaciones. 71
SEGUNDA PARTE,
_Que contiene diversos avisos para elevar el alma a Dios mediante la oración y los sacramentos._
Cap. I. De la necesidad de la oración. 73
II. Breve método para meditar bien; y, en primer lugar, sobre la presencia de Dios; primer punto de la preparación. 78
III. De la invocación; segundo punto de la preparación. 82
IV. De la propuesta del misterio; tercer punto de la preparación. 84
V. De las consideraciones; segunda parte de la meditación. 86
VI. De los afectos y las resoluciones; tercera parte de la meditación. 87
Cap. VII. De la conclusión y del ramo espiritual. _p._ 89
VIII. Algunos avisos muy útiles sobre la meditación. 90
IX. De las sequedades de espíritu que sobrevienen durante la meditación. 94
X. De algunos otros ejercicios, y primero del ejercicio de la mañana. 97
XI. Del ejercicio de la noche y del examen de conciencia; segundo ejercicio. 99
XII. Del retiro espiritual, tercer ejercicio. 101
XIII. De las aspiraciones u oraciones jaculatorias, y de los buenos pensamientos; cuarto ejercicio. 105
XIV. De la santísima misa y del modo de escucharla; quinto ejercicio. 114
XV. De los demás ejercicios públicos y comunes de devoción. 118
XVI. Que hay que honrar e invocar a los santos. 120
XVII. Cómo hay que escuchar y leer la palabra de Dios. 122
XVIII. Cómo hay que recibir las inspiraciones. 125
XIX. De la santa confesión. 129
XX. De la comunión frecuente. 135
XXI. Cómo hay que comulgar. 141
TERCERA PARTE,
_Que contiene varios consejos sobre el ejercicio de las virtudes._
Cap. I. De la elección que debe hacerse en cuanto al ejercicio de las virtudes. 145
II. Continuación del mismo tema. 153
III. De la paciencia. 158
IV. De la humildad exterior. 166
V. De la humildad más interior. 171
VI. Que la humildad nos hace amar nuestra propia abyección. 179
VII. Cómo hay que conservar la buena reputación practicando la humildad. 184
Cap. VIII. De la dulzura hacia el prójimo y del remedio contra la ira. _pág._ 191
IX. De la dulzura hacia nosotros mismos. 198
X. Que hay que dedicarse a los asuntos con esmero, sin apresuramiento ni turbación. 202
XI. De la obediencia. 206
XII. De la castidad. 210
XIII. Consejos para conservar la castidad. 216
XIV. De la pobreza de espíritu en medio de las riquezas. 221
XV. Cómo hay que practicar la pobreza real en medio de las riquezas. 225
XVI. Cómo hay que practicar la riqueza de espíritu en medio de la pobreza real. 232
XVII. De la amistad, y en primer lugar de la mala. 235
XVI. Que hay que honrar e invocar a los santos. 120
XVII. Cómo hay que escuchar y leer la palabra de Dios. 122
XVIII. Cómo hay que recibir las inspiraciones. 125
XIX. De la santa confesión. 129
XX. De la comunión frecuente. 135
XXI. Cómo hay que comulgar. 141
TERCERA PARTE,
_Que contiene varios consejos sobre el ejercicio de las virtudes._
Cap. I. De la elección que debe hacerse en cuanto al ejercicio de las virtudes. 145
II. Continuación del mismo tema. 153
III. De la paciencia. 158
IV. De la humildad exterior. 166
V. De la humildad más interior. 171
VI. Que la humildad nos hace amar nuestra propia abyección. 179
VII. Cómo hay que conservar la buena reputación practicando la humildad. 184
Cap. VIII. De la dulzura hacia el prójimo y del remedio contra la ira. _pág._ 191
IX. De la dulzura hacia nosotros mismos. 198
X. Que hay que dedicarse a los asuntos con esmero, sin apresuramiento ni turbación. 202
XI. De la obediencia. 206
XII. De la castidad. 210
XIII. Consejos para conservar la castidad. 216
XIV. De la pobreza de espíritu en medio de las riquezas. 221
XV. Cómo hay que practicar la pobreza real en medio de las riquezas. 225
XVI. Cómo hay que practicar la riqueza de espíritu en medio de la pobreza real. 232
XVII. De la amistad, y en primer lugar de la mala. 235
XVIII. De las amistades sensuales. 238
XIX. De las verdaderas amistades. 244
XX. De la diferencia que hay entre las verdaderas y las vanas amistades. 249
XXI. Avisos y remedios contra las malas amistades. 252
XXII. Algunos otros avisos sobre las amistades. 257
XXIII. De los ejercicios de la mortificación exterior. 260
XXIV. De las compañías y de la soledad. 269
XXV. De la decencia en el vestir. 274
XXVI. Del hablar, y primeramente de cómo se debe hablar de Dios. 278
XXVII. De la honestidad de las palabras y del respeto que se debe a las personas. 280
XXVIII. De los juicios temerarios. 283
XXIX. De la murmuración. 292
XXX. Algunos otros avisos sobre el hablar. 300
XXXI. De los pasatiempos y los juegos; y primeramente de aquellos que son permitidos y loables. 303
XXXII. De los juegos prohibidos. 306
Cap. XXXIII. De los bailes y otros pasatiempos permitidos, pero peligrosos. _Pág._ 308
XXXIV. Cuándo se puede jugar o bailar. 312
XXXV. Que hay que ser fiel en las cosas pequeñas tanto como en las grandes. 313
XXXVI. Que hay que tener el espíritu recto y razonable. 318
XXXVII. De los deseos. 321
XXXVIII. Avisos para las personas casadas. 325
XXXIX. De la honestidad del lecho nupcial. 337
XL. Avisos para las viudas. 343
XLI. Dos palabras a las vírgenes. 351
CUARTA PARTE,
_Que contiene los avisos necesarios contra las tentaciones más comunes._
Cap. I. Que no hay que entretenerse con las palabras de los hijos del siglo. 353
XIX. De las verdaderas amistades. 244
XX. De la diferencia que hay entre las verdaderas y las vanas amistades. 249
XXI. Avisos y remedios contra las malas amistades. 252
XXII. Algunos otros avisos sobre las amistades. 257
XXIII. De los ejercicios de la mortificación exterior. 260
XXIV. De las compañías y de la soledad. 269
XXV. De la decencia en el vestir. 274
XXVI. Del hablar, y primeramente de cómo se debe hablar de Dios. 278
XXVII. De la honestidad de las palabras y del respeto que se debe a las personas. 280
XXVIII. De los juicios temerarios. 283
XXIX. De la murmuración. 292
XXX. Algunos otros avisos sobre el hablar. 300
XXXI. De los pasatiempos y los juegos; y primeramente de aquellos que son permitidos y loables. 303
XXXII. De los juegos prohibidos. 306
Cap. XXXIII. De los bailes y otros pasatiempos permitidos, pero peligrosos. _Pág._ 308
XXXIV. Cuándo se puede jugar o bailar. 312
XXXV. Que hay que ser fiel en las cosas pequeñas tanto como en las grandes. 313
XXXVI. Que hay que tener el espíritu recto y razonable. 318
XXXVII. De los deseos. 321
XXXVIII. Avisos para las personas casadas. 325
XXXIX. De la honestidad del lecho nupcial. 337
XL. Avisos para las viudas. 343
XLI. Dos palabras a las vírgenes. 351
CUARTA PARTE,
_Que contiene los avisos necesarios contra las tentaciones más comunes._
Cap. I. Que no hay que entretenerse con las palabras de los hijos del siglo. 353
II. Que es preciso tener buen ánimo. 357
III. De la naturaleza de las tentaciones y de la diferencia que hay entre sentir la tentación y consentir en ella. 360
IV. Dos ejemplos notables sobre este tema. 364
V. Aliento para el alma que está en el fuego de las tentaciones. 367
VI. Cómo la tentación y la delectación pueden ser pecados. 369
VII. Remedio para las grandes tentaciones. 373
VIII. Que es preciso resistir a las pequeñas tentaciones. 376
IX. Cómo remediar las pequeñas tentaciones. 378
X. Cómo fortalecer el corazón contra las tentaciones. 380
XI. De la inquietud. 382
XII. De la tristeza. 387
XIII. De las consolaciones espirituales y sensibles, y cómo servirse de ellas. 391
Cap. XIV. De las sequedades y esterilidades espirituales. _Pág._ 402
XV. Confirmación y aclaración de lo que se ha dicho mediante un ejemplo notable. 411
QUINTA PARTE,
_Que contiene ejercicios y avisos apropiados para renovar el alma y confirmarla en la devoción._
Cap. I. Que es preciso renovar cada año los buenos propósitos mediante los ejercicios siguientes. 418
II. Consideración sobre la gracia que Dios nos ha concedido al llamarnos a Su servicio, conforme a la protesta indicada en la primera parte. 420
III. Del examen de nuestra alma sobre su progreso en la vida devota. 424
IV. Examen del estado de nuestra alma respecto de Dios. 427
III. De la naturaleza de las tentaciones y de la diferencia que hay entre sentir la tentación y consentir en ella. 360
IV. Dos ejemplos notables sobre este tema. 364
V. Aliento para el alma que está en el fuego de las tentaciones. 367
VI. Cómo la tentación y la delectación pueden ser pecados. 369
VII. Remedio para las grandes tentaciones. 373
VIII. Que es preciso resistir a las pequeñas tentaciones. 376
IX. Cómo remediar las pequeñas tentaciones. 378
X. Cómo fortalecer el corazón contra las tentaciones. 380
XI. De la inquietud. 382
XII. De la tristeza. 387
XIII. De las consolaciones espirituales y sensibles, y cómo servirse de ellas. 391
Cap. XIV. De las sequedades y esterilidades espirituales. _Pág._ 402
XV. Confirmación y aclaración de lo que se ha dicho mediante un ejemplo notable. 411
QUINTA PARTE,
_Que contiene ejercicios y avisos apropiados para renovar el alma y confirmarla en la devoción._
Cap. I. Que es preciso renovar cada año los buenos propósitos mediante los ejercicios siguientes. 418
II. Consideración sobre la gracia que Dios nos ha concedido al llamarnos a Su servicio, conforme a la protesta indicada en la primera parte. 420
III. Del examen de nuestra alma sobre su progreso en la vida devota. 424
IV. Examen del estado de nuestra alma respecto de Dios. 427
V. Examen del estado de nuestra alma con respecto a nosotros mismos. 430
VI. Examen del estado de nuestra alma con respecto al prójimo. 432
VII. Examen de los afectos de nuestra alma. 433
VIII. Afectos que deben seguir al examen. 435
IX. Consideraciones propias para renovar nuestros buenos propósitos. 436
X. Primera consideración sobre la excelencia de nuestras almas. 437
XI. Segunda consideración sobre la excelencia de las virtudes. 439
XII. Tercera consideración sobre el ejemplo de los santos. 440
XIII. Cuarta consideración sobre el amor que Jesucristo nos tiene. 442
XIV. Quinta consideración sobre el amor eterno de Dios por nosotros. 444
Cap. XV. Afectos generales sobre las consideraciones precedentes y conclusión del ejercicio. _P._ 446
XVI. De los sentimientos que hay que conservar después de este ejercicio. 448
XVII. Respuestas a dos objeciones que pueden hacerse sobre esta Introducción. 449
XVIII. Tres últimos y principales avisos para esta Introducción. 449
Modo de rezar devotamente el rosario y de servir bien a la Virgen María. 455
Oración de la iglesia para el día de la fiesta de San Francisco de Sales, compuesta por el papa Alejandro VII. 457
FIN DEL ÍNDICE.
Fin de Introduction à la vie dévote, de Francis de Sales, en el Proyecto Gutenberg.
VI. Examen del estado de nuestra alma con respecto al prójimo. 432
VII. Examen de los afectos de nuestra alma. 433
VIII. Afectos que deben seguir al examen. 435
IX. Consideraciones propias para renovar nuestros buenos propósitos. 436
X. Primera consideración sobre la excelencia de nuestras almas. 437
XI. Segunda consideración sobre la excelencia de las virtudes. 439
XII. Tercera consideración sobre el ejemplo de los santos. 440
XIII. Cuarta consideración sobre el amor que Jesucristo nos tiene. 442
XIV. Quinta consideración sobre el amor eterno de Dios por nosotros. 444
Cap. XV. Afectos generales sobre las consideraciones precedentes y conclusión del ejercicio. _P._ 446
XVI. De los sentimientos que hay que conservar después de este ejercicio. 448
XVII. Respuestas a dos objeciones que pueden hacerse sobre esta Introducción. 449
XVIII. Tres últimos y principales avisos para esta Introducción. 449
Modo de rezar devotamente el rosario y de servir bien a la Virgen María. 455
Oración de la iglesia para el día de la fiesta de San Francisco de Sales, compuesta por el papa Alejandro VII. 457
FIN DEL ÍNDICE.
Fin de Introduction à la vie dévote, de Francis de Sales, en el Proyecto Gutenberg.