De la tristeza.
_La tristeza que es según Dios_, dice San Pablo, _produce arrepentimiento para la salvación; y la tristeza del mundo produce la muerte._ La tristeza puede, pues, ser buena y mala, según los diversos efectos que produce en nosotros. Es cierto que tiene más efectos malos que buenos; pues solo tiene dos buenos, a saber, la misericordia y el arrepentimiento; mientras que tiene seis malos, a saber, la angustia, la pereza, la indignación, los celos, la envidia y la impaciencia: por eso dice el Sabio que _la tristeza mata a muchos, y que nada se gana con ella_; porque, de los dos buenos arroyos que brotan de la fuente de la tristeza, hay seis que son muy malos.
El enemigo se sirve de la tristeza para poner a prueba la perseverancia de los buenos; pues, así como procura alegrar a los malos en su pecado, también procura entristecer a los buenos en sus buenas obras; y así como solo puede atraer al mal haciéndolo parecer agradable, tampoco puede apartar del bien sino haciéndolo parecer aburrido. El demonio solo busca tristeza y melancolía, y como él mismo es triste y melancólico, y lo será eternamente, querría que todos fueran como él.
La mala tristeza turba el alma, la inquieta, le infunde temores desordenados, le quita el gusto por la oración; adormece y agobia el cerebro; priva al alma de consejo, de resolución, de juicio y de valor, y debilita por completo sus fuerzas. En suma, es como un duro invierno que borra toda la belleza de la tierra y entumece a todos los animales; pues priva al alma de todo consuelo y la deja impotente en todas sus facultades.
_La tristeza que es según Dios_, dice San Pablo, _produce arrepentimiento para la salvación; y la tristeza del mundo produce la muerte._ La tristeza puede, pues, ser buena y mala, según los diversos efectos que produce en nosotros. Es cierto que tiene más efectos malos que buenos; pues solo tiene dos buenos, a saber, la misericordia y el arrepentimiento; mientras que tiene seis malos, a saber, la angustia, la pereza, la indignación, los celos, la envidia y la impaciencia: por eso dice el Sabio que _la tristeza mata a muchos, y que nada se gana con ella_; porque, de los dos buenos arroyos que brotan de la fuente de la tristeza, hay seis que son muy malos.
El enemigo se sirve de la tristeza para poner a prueba la perseverancia de los buenos; pues, así como procura alegrar a los malos en su pecado, también procura entristecer a los buenos en sus buenas obras; y así como solo puede atraer al mal haciéndolo parecer agradable, tampoco puede apartar del bien sino haciéndolo parecer aburrido. El demonio solo busca tristeza y melancolía, y como él mismo es triste y melancólico, y lo será eternamente, querría que todos fueran como él.
La mala tristeza turba el alma, la inquieta, le infunde temores desordenados, le quita el gusto por la oración; adormece y agobia el cerebro; priva al alma de consejo, de resolución, de juicio y de valor, y debilita por completo sus fuerzas. En suma, es como un duro invierno que borra toda la belleza de la tierra y entumece a todos los animales; pues priva al alma de todo consuelo y la deja impotente en todas sus facultades.
Si alguna vez le ocurriera, Filotea, verse afectada por esta mala tristeza, practique los siguientes remedios. _¿Está triste alguien?_ dice Santiago, _que ore._ La oración es un remedio soberano, pues eleva el espíritu a Dios, que es nuestro único gozo y único consuelo; pero, al orar, emplee afectos y palabras, ya sean interiores o exteriores, que tiendan a la confianza y al amor de Dios, como: ¡oh Dios de misericordia! ¡oh mi buenísimo Señor! ¡mi dulce Salvador, mi vida, mi alegría, mi esperanza; oh querido esposo y amado de mi alma! y otras semejantes.
Combata vivamente las inclinaciones de la tristeza, y aunque le parezca que todo lo que haga en ese momento lo hace con frialdad, tristeza y desgana, no deje por ello de hacerlo; pues el enemigo, que pretende quitarnos el gusto por las buenas obras mediante la tristeza, al ver que no dejamos de hacerlas y que, aun hechas con repugnancia, tienen más mérito, dejará de afligirnos.
Cante cánticos espirituales; pues el demonio ha cesado a menudo sus operaciones por este medio: testigo de ello es el maligno espíritu que atormentaba a Saúl, cuya violencia fue reprimida por los dulces acordes del arpa de David.
Es bueno ocuparse en obras exteriores y variarlas cuanto se pueda, para distraer el alma del motivo que la entristece, y para purificar y calentar los espíritus; pues la tristeza es una pasión de complexión fría y seca.
Combata vivamente las inclinaciones de la tristeza, y aunque le parezca que todo lo que haga en ese momento lo hace con frialdad, tristeza y desgana, no deje por ello de hacerlo; pues el enemigo, que pretende quitarnos el gusto por las buenas obras mediante la tristeza, al ver que no dejamos de hacerlas y que, aun hechas con repugnancia, tienen más mérito, dejará de afligirnos.
Cante cánticos espirituales; pues el demonio ha cesado a menudo sus operaciones por este medio: testigo de ello es el maligno espíritu que atormentaba a Saúl, cuya violencia fue reprimida por los dulces acordes del arpa de David.
Es bueno ocuparse en obras exteriores y variarlas cuanto se pueda, para distraer el alma del motivo que la entristece, y para purificar y calentar los espíritus; pues la tristeza es una pasión de complexión fría y seca.
Haga actos exteriores de fervor, aunque los haga sin gusto: abrace la imagen del crucifijo, apriétela contra su pecho, bésela en los pies y en las manos, levante las manos y los ojos al cielo, eleve su voz hacia Dios con palabras de amor y confianza, como estas: _Mi amado es mío, y yo soy suyo; mi amado es como un ramo de mirra sobre mi corazón; mis ojos se consumen mirándoos, ¡oh Dios mío! No dejo de decir: ¿Cuándo me consolaréis?_ ¡Oh Jesús! Sea Usted mi Jesús, ¡viva Jesús! y mi alma vivirá. _¿Quién me separará del amor de mi Dios?_ y otras cosas semejantes.
El uso moderado de la disciplina es un buen remedio contra la tristeza, porque este sufrimiento exterior, asumido voluntariamente, obtiene el consuelo interior, y el alma, al sentir los dolores de afuera, ya no piensa en los que tiene dentro. La comunión frecuente es también un medio excelente, pues este pan celestial fortalece el corazón y alegra el espíritu.
Descubra humilde y fielmente a su director todos los resentimientos y todas las sugestiones que le sobrevienen a causa de la tristeza; busque la compañía de personas alegres y espirituales, y frecuente su trato tanto como pueda durante ese tiempo. Finalmente, póngase en las manos de Dios, preparándose para sufrir pacientemente esta tediosa tristeza como justo castigo por sus vanas alegrías, y no dude en absoluto de que Dios, después de haberla probado, la librará de su mal.
El uso moderado de la disciplina es un buen remedio contra la tristeza, porque este sufrimiento exterior, asumido voluntariamente, obtiene el consuelo interior, y el alma, al sentir los dolores de afuera, ya no piensa en los que tiene dentro. La comunión frecuente es también un medio excelente, pues este pan celestial fortalece el corazón y alegra el espíritu.
Descubra humilde y fielmente a su director todos los resentimientos y todas las sugestiones que le sobrevienen a causa de la tristeza; busque la compañía de personas alegres y espirituales, y frecuente su trato tanto como pueda durante ese tiempo. Finalmente, póngase en las manos de Dios, preparándose para sufrir pacientemente esta tediosa tristeza como justo castigo por sus vanas alegrías, y no dude en absoluto de que Dios, después de haberla probado, la librará de su mal.