Del ejercicio de la noche y del examen de conciencia: segundo ejercicio.
Así como antes de la cena habrá alimentado su alma con el pan celestial de la meditación, de igual modo, antes de la comida de la noche, tendrá que hacer una pequeña cena o colación espiritual de recogimiento y oración. Tómese, pues, unos instantes poco antes de la hora de la cena y, postrada ante Dios, reuniendo todas sus facultades junto a Jesús crucificado, a quien se representará mediante una simple mirada interior, esfuércese por volver a encender en su corazón el fuego de la meditación de la mañana. Para ello, necesita una docena de vivas aspiraciones y de impulsos de su alma que dirigirá a este divino Salvador, ya sea repasando las cosas que más saboreó por la mañana, ya sea ocupándose de algún otro tema de meditación, según prefiera.
En cuanto al examen de conciencia que siempre se debe hacer antes de acostarse, cada cual sabe cómo proceder.
1. Se da gracias a Dios por la protección que nos ha concedido durante todo el día.
2. Se examina cómo se ha comportado a todas horas del día; y, para hacerlo más fácilmente, se recuerda dónde, con quién y en qué circunstancias se ha encontrado.
3. Si se descubre que se ha hecho algún bien, se dan gracias a Dios; si, por el contrario, se ha hecho algún mal de pensamiento, palabra u obra, se pide perdón a Su divina Majestad, con la resolución de confesárselo en la primera ocasión y de corregirse cuanto antes.
Así como antes de la cena habrá alimentado su alma con el pan celestial de la meditación, de igual modo, antes de la comida de la noche, tendrá que hacer una pequeña cena o colación espiritual de recogimiento y oración. Tómese, pues, unos instantes poco antes de la hora de la cena y, postrada ante Dios, reuniendo todas sus facultades junto a Jesús crucificado, a quien se representará mediante una simple mirada interior, esfuércese por volver a encender en su corazón el fuego de la meditación de la mañana. Para ello, necesita una docena de vivas aspiraciones y de impulsos de su alma que dirigirá a este divino Salvador, ya sea repasando las cosas que más saboreó por la mañana, ya sea ocupándose de algún otro tema de meditación, según prefiera.
En cuanto al examen de conciencia que siempre se debe hacer antes de acostarse, cada cual sabe cómo proceder.
1. Se da gracias a Dios por la protección que nos ha concedido durante todo el día.
2. Se examina cómo se ha comportado a todas horas del día; y, para hacerlo más fácilmente, se recuerda dónde, con quién y en qué circunstancias se ha encontrado.
3. Si se descubre que se ha hecho algún bien, se dan gracias a Dios; si, por el contrario, se ha hecho algún mal de pensamiento, palabra u obra, se pide perdón a Su divina Majestad, con la resolución de confesárselo en la primera ocasión y de corregirse cuanto antes.
4. Después de esto, se encomiendan a la divina providencia el cuerpo, el alma, los amigos, los parientes y toda la Iglesia; se ruega a la Santísima Virgen, al buen ángel y a los santos que velen por nosotros y por nosotros intercedan; y, con la bendición de Dios, uno va a tomar el descanso que Él quiso hacernos necesario.
Este ejercicio no debe omitirse más que el ejercicio de la mañana; pues, si por el ejercicio de la mañana usted abre su alma al Sol de justicia, por el de la noche la cierra a las tinieblas del infierno.
Este ejercicio no debe omitirse más que el ejercicio de la mañana; pues, si por el ejercicio de la mañana usted abre su alma al Sol de justicia, por el de la noche la cierra a las tinieblas del infierno.