De la necesidad de la oración.
1. La oración, al poner nuestro espíritu frente a la luz divina y exponer nuestra voluntad al calor del amor celestial, es lo más apropiado para purgar nuestro entendimiento de sus ignorancias y nuestra voluntad de sus malos afectos. Es el agua de bendición que, con su dulce frescor, hace reverdecer y florecer las plantas de nuestros buenos deseos, lava nuestras almas de sus imperfecciones y apaga la sed de nuestros corazones abrasados por las pasiones.
1. La oración, al poner nuestro espíritu frente a la luz divina y exponer nuestra voluntad al calor del amor celestial, es lo más apropiado para purgar nuestro entendimiento de sus ignorancias y nuestra voluntad de sus malos afectos. Es el agua de bendición que, con su dulce frescor, hace reverdecer y florecer las plantas de nuestros buenos deseos, lava nuestras almas de sus imperfecciones y apaga la sed de nuestros corazones abrasados por las pasiones.
2. Pero, sobre todo, le aconsejo la oración mental y afectiva, particularmente la que tiene por objeto la vida y la pasión de Nuestro Señor. Al contemplarlo a menudo en la meditación, toda su alma se llenará de Él, aprenderá a conocerlo y sus acciones se formarán según el modelo de las de Él. Él es la luz del mundo: por tanto, en Él, por Él y para Él debemos ser iluminados. Él es el árbol del deseo: por tanto, a Su sombra debemos refrescarnos; Él es la verdadera fuente de Jacob: por tanto, en Sus aguas debemos lavarnos de todas nuestras manchas; en fin, los niños, a fuerza de oír a sus madres y de balbucear con ellas, aprenden a hablar su lengua; y nosotros también, al permanecer junto al Salvador por medio de la meditación y observar atentamente Sus palabras, Sus acciones y Sus sentimientos, aprenderemos, con la ayuda de Su santa gracia, a hablar, actuar y querer como Él. Hay que detenerse ahí, Filotea; y créame, no podríamos llegar a Dios Padre sino por esta puerta; pues, así como el vidrio de un espejo no podría detener nuestra mirada si no estuviera recubierto por detrás de plomo o de estaño, así también la Divinidad nunca habría podido ser bien contemplada por nosotros en este mundo, si no se hubiera unido a la sagrada humanidad del Salvador; ahora bien, puesto que es así, es evidente que la vida y la muerte de Jesús son el objeto más adecuado a nuestra debilidad, el más dulce, el más delicioso y el más provechoso que podemos elegir para nuestras meditaciones habituales. No es por nada que el Salvador se llama el pan bajado del Cielo; pues, así como el pan debe comerse con toda clase de alimentos, también el Salvador debe ser meditado, contemplado y buscado en todas nuestras oraciones y en todas nuestras acciones. Algunos autores, para facilitar este ejercicio, idearon distribuir Su vida y Su muerte en diversos puntos de meditación. Los que más le aconsejo son San Buenaventura, Bellintani, Bruno, Capilia, Granada y Dupont.
3. Dedique a ello cada día una hora antes de la cena y, si es posible, desde la mañana, porque tendrá el espíritu menos embargado y más fresco después del descanso de la noche. No dedique a ello tampoco más de una hora, a menos que su padre espiritual se lo haya indicado expresamente.
4. Si puede hacer este ejercicio tranquilamente en una iglesia, creo que será lo mejor, porque ni padre, ni madre, ni esposa, ni esposo, ni nadie más podrá razonablemente perturbarle durante esa hora de devoción; mientras que en su casa quizá no pueda reservarla por entero, ni con tanta libertad, a causa de la sujeción en que se encuentra.
5. Comience siempre sus oraciones, sean mentales o vocales, poniéndose en presencia de Dios; no se aparte nunca de esta regla, y verá en poco tiempo cuánto le será provechosa.
6. Si me hace caso, dirá el _Pater_, el _Ave_ y el _Credo_ en latín; pero también aprenderá a entender bien las palabras en su lengua, para que, al recitarlas en el idioma usado por la Iglesia, pueda, sin embargo, saborear el sentido delicioso y admirable de estas santas oraciones. Hay que decirlas con profunda atención de su espíritu, suscitando en su corazón los sentimientos que expresan, sin apresurarse en modo alguno a decir muchas, sino procurando más bien decir de todo corazón lo que dice; pues un solo _Pater_ dicho con sentimiento vale más que muchos recitados a toda prisa.
4. Si puede hacer este ejercicio tranquilamente en una iglesia, creo que será lo mejor, porque ni padre, ni madre, ni esposa, ni esposo, ni nadie más podrá razonablemente perturbarle durante esa hora de devoción; mientras que en su casa quizá no pueda reservarla por entero, ni con tanta libertad, a causa de la sujeción en que se encuentra.
5. Comience siempre sus oraciones, sean mentales o vocales, poniéndose en presencia de Dios; no se aparte nunca de esta regla, y verá en poco tiempo cuánto le será provechosa.
6. Si me hace caso, dirá el _Pater_, el _Ave_ y el _Credo_ en latín; pero también aprenderá a entender bien las palabras en su lengua, para que, al recitarlas en el idioma usado por la Iglesia, pueda, sin embargo, saborear el sentido delicioso y admirable de estas santas oraciones. Hay que decirlas con profunda atención de su espíritu, suscitando en su corazón los sentimientos que expresan, sin apresurarse en modo alguno a decir muchas, sino procurando más bien decir de todo corazón lo que dice; pues un solo _Pater_ dicho con sentimiento vale más que muchos recitados a toda prisa.
7. El rosario es una muy buena manera de orar, con tal de que usted sepa rezarlo como es debido. Para ello, tenga alguno de los pequeños libros que enseñan la manera de rezarlo. También es bueno rezar las letanías de Nuestro Señor, de Nuestra Señora y de los santos, y todas las demás oraciones vocales que se encuentran en los Manuales y Horas aprobados, con la condición, sin embargo, de que, si usted tiene el don de la oración mental, le reserve siempre el lugar principal. Así pues, si después de haberla hecho, la multitud de ocupaciones u otra razón le impide hacer su oración vocal, no se inquiete por ello, sino que diga simplemente, antes o después de la meditación, el Padrenuestro, el Avemaría y el Credo de los apóstoles.
8. Si durante la oración vocal siente que su corazón es atraído hacia la oración interior y mental, no resista a ese atractivo, sino deje que su espíritu fluya suavemente hacia ese lado, y no se aflija por no haber terminado las oraciones vocales que se había propuesto; pues la oración mental que habrá hecho en su lugar es más agradable a Dios y más útil para su alma. Exceptúo el oficio eclesiástico, si usted está obligada a rezarlo; pues en ese caso, el deber va antes que todo.
9. Si sucediera que toda su mañana transcurriera sin este santo ejercicio de la oración mental, ya sea a causa del gran número de asuntos, ya sea por otra razón, lo cual debe evitarse en la medida de lo posible, procure reparar esta pérdida por la tarde, a la hora más alejada de la comida que pueda, porque, si la digestión aún no se hubiera completado, podría caer en el sopor y perjudicar su salud.
8. Si durante la oración vocal siente que su corazón es atraído hacia la oración interior y mental, no resista a ese atractivo, sino deje que su espíritu fluya suavemente hacia ese lado, y no se aflija por no haber terminado las oraciones vocales que se había propuesto; pues la oración mental que habrá hecho en su lugar es más agradable a Dios y más útil para su alma. Exceptúo el oficio eclesiástico, si usted está obligada a rezarlo; pues en ese caso, el deber va antes que todo.
9. Si sucediera que toda su mañana transcurriera sin este santo ejercicio de la oración mental, ya sea a causa del gran número de asuntos, ya sea por otra razón, lo cual debe evitarse en la medida de lo posible, procure reparar esta pérdida por la tarde, a la hora más alejada de la comida que pueda, porque, si la digestión aún no se hubiera completado, podría caer en el sopor y perjudicar su salud.
Y si finalmente usted no puede hacerla durante todo el día, debe suplirla con muchas oraciones jaculatorias y con la lectura de algún libro de devoción, junto con una penitencia que impida las consecuencias de esta pérdida; además, tome la firme resolución de retomar la práctica al día siguiente.