Es muy grande, querida Jeanne, el sacrificio que Dios te ha pedido al llamar al Carmelo a tu pequeña Marie; pero recuerda «que ha prometido el ciento por uno a quien, por Su amor, haya dejado a su padre, o a su madre, o a su hermana».
Pues bien, puesto que no dudaste, por amor a Jesús, en separarte de una hermana, querida más de lo que puede decirse, Él se ve obligado a cumplir Su promesa.
Sé que habitualmente estas palabras se aplican a las almas religiosas; sin embargo, siento en el fondo de mi corazón que también fueron pronunciadas para los padres generosos, que ofrecen a Dios el sacrificio de hijos más queridos que ellos mismos.
Pues bien, puesto que no dudaste, por amor a Jesús, en separarte de una hermana, querida más de lo que puede decirse, Él se ve obligado a cumplir Su promesa.
Sé que habitualmente estas palabras se aplican a las almas religiosas; sin embargo, siento en el fondo de mi corazón que también fueron pronunciadas para los padres generosos, que ofrecen a Dios el sacrificio de hijos más queridos que ellos mismos.