Antes de recibir tus confidencias (sobre los escrúpulos), presentía tus angustias; mi corazón estaba unido al tuyo. Puesto que tienes la humildad de pedir consejo a tu pequeña Teresa, ella te dirá lo que piensa.
Me has causado mucho pesar al dejar de comulgar, porque se lo has causado a Jesús.
¡El demonio tiene que ser muy astuto para engañar así a un alma!
¿No sabes, querida mía, que así haces que alcance el objetivo de sus deseos?
El pérfido no ignora que no puede hacer pecar a un alma que quiere ser
toda de Dios; por eso, se esfuerza solamente por convencerla de que peca.
Eso ya es mucho; pero, para su rabia, todavía no es suficiente… persigue otra cosa: quiere privar a Jesús de un sagrario amado.
Como él no puede entrar en ese santuario, quiere al menos que permanezca vacío y sin dueño.
¡Ay, qué será de este pobre corazón!…
Cuando el diablo consigue alejar a un alma de la comunión, lo ha ganado todo, ¡y Jesús llora!…
¡Oh, mi pequeña María, piensa que este dulce Jesús está ahí, en el Tabernáculo, expresamente para ti, solo para ti, y que arde en deseos de entrar en tu corazón!
No escuches al demonio, búrlate de él y ve sin temor a recibir al Jesús de la paz y del amor.
Me has causado mucho pesar al dejar de comulgar, porque se lo has causado a Jesús.
¡El demonio tiene que ser muy astuto para engañar así a un alma!
¿No sabes, querida mía, que así haces que alcance el objetivo de sus deseos?
El pérfido no ignora que no puede hacer pecar a un alma que quiere ser
toda de Dios; por eso, se esfuerza solamente por convencerla de que peca.
Eso ya es mucho; pero, para su rabia, todavía no es suficiente… persigue otra cosa: quiere privar a Jesús de un sagrario amado.
Como él no puede entrar en ese santuario, quiere al menos que permanezca vacío y sin dueño.
¡Ay, qué será de este pobre corazón!…
Cuando el diablo consigue alejar a un alma de la comunión, lo ha ganado todo, ¡y Jesús llora!…
¡Oh, mi pequeña María, piensa que este dulce Jesús está ahí, en el Tabernáculo, expresamente para ti, solo para ti, y que arde en deseos de entrar en tu corazón!
No escuches al demonio, búrlate de él y ve sin temor a recibir al Jesús de la paz y del amor.
Pero te oigo decir: Teresa piensa eso porque no conoce mis miserias…
Sí, las conoce muy bien, lo adivina todo, te asegura que puedes ir sin temor a recibir a tu único Amigo verdadero. Ella también pasó por el martirio de los escrúpulos, pero Jesús le concedió la gracia de comulgar siempre, aun cuando pensaba que había cometido grandes pecados.
Pues bien, te aseguro que reconoció que era el único medio de librarse del demonio; si ve que pierde el tiempo, nos deja en paz.
No, es imposible que un corazón cuyo único descanso consiste en contemplar el Tabernáculo —y ese es el tuyo, me dices— ofenda a Nuestro Señor hasta el punto de no poder recibirlo.
Lo que ofende a Jesús, lo que lo hiere en el Corazón, es la falta de confianza.
Rézale mucho, para que tus años más hermosos no transcurran entre temores quiméricos.
Solo tenemos los breves instantes de la vida para gastar en la gloria de Dios; el diablo lo sabe muy bien; por eso intenta hacernos consumirlos en trabajos inútiles.
Querida hermanita, comulga a menudo, muy a menudo; ese es el único remedio si quieres curarte.
Te pareces a una aldeanita a quien un rey poderoso pediría en matrimonio y que no se atrevería a aceptar con el pretexto de que no es lo bastante rica, de que desconoce las costumbres de la corte.
Pero ¿acaso su real prometido no conoce mejor que ella su pobreza y su ignorancia?
Sí, las conoce muy bien, lo adivina todo, te asegura que puedes ir sin temor a recibir a tu único Amigo verdadero. Ella también pasó por el martirio de los escrúpulos, pero Jesús le concedió la gracia de comulgar siempre, aun cuando pensaba que había cometido grandes pecados.
Pues bien, te aseguro que reconoció que era el único medio de librarse del demonio; si ve que pierde el tiempo, nos deja en paz.
No, es imposible que un corazón cuyo único descanso consiste en contemplar el Tabernáculo —y ese es el tuyo, me dices— ofenda a Nuestro Señor hasta el punto de no poder recibirlo.
Lo que ofende a Jesús, lo que lo hiere en el Corazón, es la falta de confianza.
Rézale mucho, para que tus años más hermosos no transcurran entre temores quiméricos.
Solo tenemos los breves instantes de la vida para gastar en la gloria de Dios; el diablo lo sabe muy bien; por eso intenta hacernos consumirlos en trabajos inútiles.
Querida hermanita, comulga a menudo, muy a menudo; ese es el único remedio si quieres curarte.
Te pareces a una aldeanita a quien un rey poderoso pediría en matrimonio y que no se atrevería a aceptar con el pretexto de que no es lo bastante rica, de que desconoce las costumbres de la corte.
Pero ¿acaso su real prometido no conoce mejor que ella su pobreza y su ignorancia?
María, si no eres nada, ¿olvidas que Jesús lo es todo?
No tienes más que perder tu pequeñísima nada en Su infinito todo y no pensar ya sino únicamente en ese todo tan amable.
¿Quisieras ver, me dices, el fruto de tus esfuerzos?
Precisamente eso es lo que Jesús quiere ocultarte.
A Él le agrada contemplar a solas esos pequeños frutos de virtud que Le ofrecemos y que Lo consuelan.
Te equivocas, querida mía, si crees que tu Teresa avanza con ardor por el camino del sacrificio: es débil, muy débil; y cada día hace una nueva y saludable experiencia de ello.
Pero a Jesús Le agrada comunicarle la ciencia de gloriarse de sus debilidades.
Esa es una gran gracia, y Le ruego que te la conceda, pues en ese sentimiento se encuentran la paz y el descanso del corazón.
Cuando uno se ve tan miserable, ya no quiere considerarse a sí mismo; mira solamente al único Bien Amado.
Me preguntas por un medio para llegar a la perfección.
Solo conozco uno: el amor.
Amemos, puesto que nuestro corazón no está hecho sino para eso.
A veces busco otra palabra para expresar el amor; pero, en esta tierra de exilio, la palabra que empieza y termina es muy impotente para expresar las vibraciones del alma; por eso, hay que atenerse a esta única y sencilla palabra: amar.
No tienes más que perder tu pequeñísima nada en Su infinito todo y no pensar ya sino únicamente en ese todo tan amable.
¿Quisieras ver, me dices, el fruto de tus esfuerzos?
Precisamente eso es lo que Jesús quiere ocultarte.
A Él le agrada contemplar a solas esos pequeños frutos de virtud que Le ofrecemos y que Lo consuelan.
Te equivocas, querida mía, si crees que tu Teresa avanza con ardor por el camino del sacrificio: es débil, muy débil; y cada día hace una nueva y saludable experiencia de ello.
Pero a Jesús Le agrada comunicarle la ciencia de gloriarse de sus debilidades.
Esa es una gran gracia, y Le ruego que te la conceda, pues en ese sentimiento se encuentran la paz y el descanso del corazón.
Cuando uno se ve tan miserable, ya no quiere considerarse a sí mismo; mira solamente al único Bien Amado.
Me preguntas por un medio para llegar a la perfección.
Solo conozco uno: el amor.
Amemos, puesto que nuestro corazón no está hecho sino para eso.
A veces busco otra palabra para expresar el amor; pero, en esta tierra de exilio, la palabra que empieza y termina es muy impotente para expresar las vibraciones del alma; por eso, hay que atenerse a esta única y sencilla palabra: amar.
Pero ¿a quién prodigará el amor nuestro pobre corazón?
¿Quién será lo bastante grande para recibir sus tesoros?
¿Sabrá un ser humano comprenderlos? Y, sobre todo, ¿podrá corresponder a ellos?
María, solo hay un Ser capaz de comprender el amor: es nuestro Jesús;
solo Él puede devolvernos infinitamente más de lo que jamás Le daremos…
¿Quién será lo bastante grande para recibir sus tesoros?
¿Sabrá un ser humano comprenderlos? Y, sobre todo, ¿podrá corresponder a ellos?
María, solo hay un Ser capaz de comprender el amor: es nuestro Jesús;
solo Él puede devolvernos infinitamente más de lo que jamás Le daremos…