1. J.-C. Hijo mío, reprime en ti la curiosidad y no
te inquietes por vanas preocupaciones.
¿Qué te importa esto o aquello? Sígueme.
¿Qué te importa lo que este es, cómo habla o actúa
aquel?
No tienes que responder por los demás; pero responderás por ti mismo: ¿por qué, pues, te preocupas?
He aquí que conozco a todos los hombres; veo todo lo
que sucede bajo el sol; sé qué hay en cada uno,
qué piensa, qué quiere y adónde se dirigen sus miradas.
Por tanto, todo debe abandonarse a Mí. En cuanto a ti,
permanece en paz y deja que quienes se agitan, se agiten cuanto
quieran.
Todo lo que hagan, todo lo que digan, recaerá sobre
ellos, pues no pueden engañarme.
2. No persigas esa sombra que llaman un
gran nombre; no desees ni numerosas relaciones ni la amistad
particular de ningún hombre.
Porque todo eso disipa el espíritu y oscurece extrañamente
el corazón.
Me complacería hacerte oír Mi palabra y
revelarte Mis secretos, si cuando vengo a
ti estuvieras siempre atento y dispuesto a abrirme la puerta de tu
corazón.
Piensa en el futuro, vela, ora sin cesar y humíllate
en todas las cosas.
¿Por qué lanzas una mirada envidiosa sobre las acciones de tus hermanos?
¿Quién te ha encargado escudriñar su conciencia y sus obras?
Deja, deja a Dios un cuidado que Él se reserva, y piensa en responder
por ti. Casi siempre nos equivocamos al juzgar a los demás, y
nos preparamos un juicio más severo al usurpar un
derecho que no tenemos y herir, con sospechas maliciosas y
temerarias, el amor debido al prójimo. La caridad es indulgente, no piensa mal. Presume de los demás todo lo que sea bueno, per-
dona para que se te perdone y no juzgues, para que no seas juzgado.
te inquietes por vanas preocupaciones.
¿Qué te importa esto o aquello? Sígueme.
¿Qué te importa lo que este es, cómo habla o actúa
aquel?
No tienes que responder por los demás; pero responderás por ti mismo: ¿por qué, pues, te preocupas?
He aquí que conozco a todos los hombres; veo todo lo
que sucede bajo el sol; sé qué hay en cada uno,
qué piensa, qué quiere y adónde se dirigen sus miradas.
Por tanto, todo debe abandonarse a Mí. En cuanto a ti,
permanece en paz y deja que quienes se agitan, se agiten cuanto
quieran.
Todo lo que hagan, todo lo que digan, recaerá sobre
ellos, pues no pueden engañarme.
2. No persigas esa sombra que llaman un
gran nombre; no desees ni numerosas relaciones ni la amistad
particular de ningún hombre.
Porque todo eso disipa el espíritu y oscurece extrañamente
el corazón.
Me complacería hacerte oír Mi palabra y
revelarte Mis secretos, si cuando vengo a
ti estuvieras siempre atento y dispuesto a abrirme la puerta de tu
corazón.
Piensa en el futuro, vela, ora sin cesar y humíllate
en todas las cosas.
¿Por qué lanzas una mirada envidiosa sobre las acciones de tus hermanos?
¿Quién te ha encargado escudriñar su conciencia y sus obras?
Deja, deja a Dios un cuidado que Él se reserva, y piensa en responder
por ti. Casi siempre nos equivocamos al juzgar a los demás, y
nos preparamos un juicio más severo al usurpar un
derecho que no tenemos y herir, con sospechas maliciosas y
temerarias, el amor debido al prójimo. La caridad es indulgente, no piensa mal. Presume de los demás todo lo que sea bueno, per-
dona para que se te perdone y no juzgues, para que no seas juzgado.