Catolicismo

Mateo, capítulo 26

1. Venida la mañana, todos los príncipes de los sacerdotes y los Ancianos del pueblo tuvieron consejo contra Jesus, para hacerle morir.
2. Y declarándole reo de muerte, le condujeron atado, y entregaron al presidente ó gobernador Poncio Piloto.
3. Entonces Júdas, el que le habia entregado, viendo á Jesus sentenciado, arrepentido de lo hecho, restituyó las treinta monedas de plata á los príncipes de los sacerdotes y a los Ancianos,
4. diciendo: Yo he pecado, pues he vendido la sangre inocente. A lo que dijeron ellos: A nosotros ¿que nos importa? allá te las hayas.
5. Mas él arrojando el dinero en el Templo, se fue, y echándose un lazo, desesperado, se ahorcó.
6. Pero los príncipes de los sacerdotes, recogidas las monedas, dijeron: No es lícito meterlas en el tesoro del Templo, siendo como son precio de sangre .
7. Y habiéndolo tratado en consejo, compraron con ellas el campo de un alfarero, para sepultura de los extrangeros.
8. Por lo cual se llamó dicho campo Hacéldama, esto es, campo de sangre, y así se llama hoy dia.
9. Con lo que vino á cumplirse lo que predijo el Profeta Jeremías, que dice : Recibido han las treinta monedas de plata, precio del puesto en venta, segun que fue valuado por los hijos de Israel;
10. y empleáronlas en la compra del campo de un alfarero, como me lo ordenó el Señor.
11. Fue pues Jesus presentado ante el presidente, y el presidente le interrogó, diciendo: ¿Eres tú el rey de los judios ? Respondióle Jesus: Tú lo dices: lo soy.
12. Y por mas que le acusaban los príncipes de los sacerdotes, y los Ancianos, nada respondió.
13. Por lo que Pilato le dijo: ¿No oyes de cuántas cosas te acusan?
14. Pero él á nada contestó de cuanto le dijo; por manera que el presidente quedó en extremo maravillado.
15. Acostumbraba el presidente conceder por razon de la fiesta de la Pascua la libertad de un reo, á eleccion del pueblo;
16. y teniendo á la sazon en la cárcel á uno muy famoso, llamado Barrabás,
17. preguntó Pilato á los que habian concurrido: ¿A quién quereis que os suelte, á Barrabás, ó á Jesus, que es llamado el Christo ó Mesías?
18. porque sabia bien que se le habian entregado los príncipes de los sacerdotes por envidia.
19. Y estando él sentado en su tribunal, le envió á decir su muger: No te mezcles en las cosas de ese justo; porque son muchas las congojas que hoy he padecido en sueños por su causa.
20. Entre tanto los príncipes de los sacerdotes, y los Ancianos indujeron al pueblo á que pidiese la libertad de Barrabás, y la muerte de Jesus.
21. Así es que preguntándoles el presidente otra vez, y diciendo: ¿A quién de los dos quereis que os suelte? respondieron ellos: A Barrabás.
22. Replicóles Pilato: ¿Pues que he de hacer de Jesus, llamado el Christo?
23. Dicen todos: Sea crucificado. Y el presidente: Pero ¿que mal ha hecho? Mas ellos comenzaron á gritar mas, diciendo: Sea crucificado.
24. Con lo que viendo Pilato que nada adelantaba, antes bien que cada vez crecía el tumulto, mandando traer agua, se lavó las manos á vista del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo: allá os lo veais vosotros.
25. A lo cual respondiendo todo el pueblo, dijo: Recaiga su sangre sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.
26. Entonces les soltó á Barrabas: y á Jesus, despues de haberle hecho azotar, le entregó en sus manos para que fuese crucificado.
27. En seguida los soldados del presidente, cogiendo á Jesus y poniéndole en el pórtico del pretorio ó palacio de Pilato, juntaron alrededor de él la cohorte ó compañía toda entera;
28. y desnudándole, le cubrieron con un manto de grana ;
29. y entretejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y una caña por cetro en su mano derecha. Y con la rodilla hincada en tierra, le escarnecian, diciendo: Dios te salve, rey de los judíos.
30. Y escupiéndole, tomaban la caña, y le herian en la cabeza.
31. Y despues que así se mofaron de él, le quitaron el manto, y habiéndole puesto otra vez sus propios vestidos, le sacaron á crucificar.
32. Al salir de la ciudad, encontraron á un hombre natural de Cyrene, llamado Simon, al cual obligaron a que cargase con la cruz de Jesus .
33. Y llegados al lugar que se llama Gólgotha , esto es, lugar del calvario ó de las calaveras,
34. allí le dieron á beber vino mezclado con hiel. Mas él, habiéndolo probado, no quiso beberlo .
35. Despues que le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes: con esto se cumplió la profecía que dice: Repartieron entre sí Mis vestidos, y sortearon mi túnica.
36. Y sentándose junto á él le guardaban.
37. Pusiéronle tambíen sobre la cabeza estas palabras que denotaban la causa de su condenacion: Este es Jesus el rey de los Judios.
39. Y los que pasaban por allí, le blasfemaban y escarnecian meneando la cabeza, y diciendo:
40. Hola, tú que derribas el Templo de Dios, y en tres dias le reedificas, sálvate á tí mismo: si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz.
41. De la misma manera tambien los príncipes de los sacerdotes, á una con los Escribas y los Ancianos, insultándole, decian:
42. A otros ha salvado, y no puede salvarse á sí mismo: si es el rey de Israél, baje ahora de la cruz, y creerémos en Él:
43. Él pone su confianza en Dios: pues si Dios te ama tanto, líbrele ahora, ya que el mismo decia: Yo soy el Hijo de Dios.
44. Y eso mismo le echaban en cara aun los ladrones que estaban crucificados en su compañía.
45. Mas desde la hora sexta hasta la hora de nona quedó toda la tierra cubierta de tinieblas.
46. Y cerca de la hora nona esclamó Jesus con una gran voz, diciendo: Elí, Elí, lamma sabacthani? esto es: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has desamparado?
47. Lo que oyendo algunos de los circunstantes, decian: A Elías llama este.
49. Los otros decian: Dejad, veamos si viene Elías á librarle.
50. Entonces Jesus, clamando de nuevo con una voz grande y sonora, entregó su espíritu.
51. Y al momento el velo del Templo se rasgó en dos partes de alto á bajo, y la tierra tembló, y se partieron las piedras,
52. y los sepulcros se abrieron, y los cuerpos de muchos santos, que habian muerto, resucitaron.
53. Y saliendo de los sepulcros deSpues de la resurreccion de Jesus, vinieron á la ciudad santa, y se aparecieron á muchos.
54. Entre tanto el centurion y los que con él estaban guardando á Jesus, visto el terremoto, y las cosas que sucedian, se llenaron de grande temor, y decian: Verdaderamente este hombre era hijo de Dios.
55. Estaban tambien allí á lo lejos muchas mugeres, que habian seguido á Jesus desde Galilea para cuidar de su asistencia;
56. de las cuales eran María Magdalena y María madre de Santiago y de Joseph, y la madre de los hijos de Zebedeo.
57. Siendo ya tarde, compareció un hombre rico natural de Arimathea, llamado Joseph, el cual era tambien discípulo de Jesus.
58. Este se presentó á Pilato, y le pidió el cuerpo de Jesus, el cual mandó Pilato que se le entregase.
59. Joseph pu, tomando el cuerpo de Jesus, envolvióle en una sábana limpia,
60. y le colocó en un sepulcro suyo que habia hecho abrir en una peña, y no habia servido todavía; y arrimando una gran piedra, cerró la puerta del sepulcro, y fuése.
61. Estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas en frente del sepulcro.
62. Al dia siguiente, que era el de despues de la preparacion del sábado, ó el sábado mismo, acudieron juntos á Pilato los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos,
63. diciendo: Señor, nos hemos acordado que aquel impostor, estando todavía en vida, dijo: Despues de tres dias resucitaré.
64. Manda pues que se guarde el sepulcro hasta el tercero dia, porque no vayan quizá de noche sus discípulos, y le hurten, y digan á la plebe: Ha resucitado de entre los muertos; y sea el postrer engaño mas pernicioso que el primero.
65. Respondióles Pilato: Ahí teneis la guardia, id, y ponedla cómo os parezca.
66. ¿Qué les parece?». Ellos respondieron: «Merece la muerte».
67. Entonces le escupieron en el rostro y le golpearon con los puños; otros le dieron bofetadas,
68. diciendo: «Cristo, adivina quién Te golpeó».
69. Mientras tanto, Pedro estaba afuera, sentado en el patio. Se le acercó una sirvienta y le dijo: «Tú también estabas con Jesús el Galileo».
70. Pero él lo negó delante de todos, diciendo: «No sé lo que quieres decir».
71. Cuando se dirigía al vestíbulo para salir, otra sirvienta lo vio y dijo a los que estaban allí: «Este también estaba con Jesús de Nazaret».
72. Y Pedro lo negó por segunda vez con juramento: «No conozco a ese hombre».
73. Poco después, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron: «Ciertamente, tú también eres de ellos, pues hasta tu manera de hablar te delata».
74. Entonces comenzó a maldecir y a jurar que no conocía a aquel hombre. Enseguida cantó el gallo.
75. Y Pedro se acordó de la palabra que Jesús le había dicho: «Antes de que cante el gallo, Me negarás tres veces»; y, al salir, lloró amargamente.

Fuente La Sagrada Biblia, trad. Félix Torres Amat (1836), es.wikisource.org · Índice