Mientras el Buddha residía en el Veluvana, el bosque de bambúes de Rājagaha, se dirigió así a los hermanos:
«Aparezcan o no los Buddhas, oh monjes, hay un hecho y una constitución fija y necesaria de la existencia: todas las formaciones son transitorias. El Buddha descubre y comprende este hecho; y, cuando lo ha descubierto y comprendido, lo anuncia, lo enseña, lo publica, lo proclama, lo revela, lo explica en detalle y hace que se comprenda claramente: todas las formaciones son transitorias.
«Aparezcan o no los Buddhas, oh monjes, hay un hecho y una constitución fija y necesaria de la existencia: todas las formaciones son sufrimiento. El Buddha descubre y comprende este hecho; y, cuando lo ha descubierto y comprendido, lo anuncia, lo publica, lo proclama, lo revela, lo explica en detalle y hace que se comprenda claramente: todas las formaciones son sufrimiento.
«Aparezcan o no los Buddhas, oh monjes, hay un hecho y una constitución fija y necesaria de la existencia: todas las formaciones carecen de yo. El Buddha descubre y comprende este hecho; y, cuando lo ha descubierto y comprendido, lo anuncia, lo enseña, lo publica, lo proclama, lo revela, lo explica en detalle y hace que se comprenda claramente: todas las formaciones carecen de yo».
En otra ocasión, el Bienaventurado residió en Sāvatthi, en el Jetavana, el jardín de Anāthapindika.
En ese momento, el Bienaventurado edificó, animó, estimuló y alegró a los monjes con un discurso religioso sobre el tema del Nirvâna. Estos monjes, comprendiendo el sentido, meditándolo y acogiendo de todo corazón la totalidad de la enseñanza, escucharon atentamente. Pero uno de los hermanos aún albergaba alguna duda. Se levantó, juntó las manos y preguntó: «¿Se me permite hacer una pregunta?». Concedida la autorización, tomó la palabra en estos términos:
«Aparezcan o no los Buddhas, oh monjes, hay un hecho y una constitución fija y necesaria de la existencia: todas las formaciones son transitorias. El Buddha descubre y comprende este hecho; y, cuando lo ha descubierto y comprendido, lo anuncia, lo enseña, lo publica, lo proclama, lo revela, lo explica en detalle y hace que se comprenda claramente: todas las formaciones son transitorias.
«Aparezcan o no los Buddhas, oh monjes, hay un hecho y una constitución fija y necesaria de la existencia: todas las formaciones son sufrimiento. El Buddha descubre y comprende este hecho; y, cuando lo ha descubierto y comprendido, lo anuncia, lo publica, lo proclama, lo revela, lo explica en detalle y hace que se comprenda claramente: todas las formaciones son sufrimiento.
«Aparezcan o no los Buddhas, oh monjes, hay un hecho y una constitución fija y necesaria de la existencia: todas las formaciones carecen de yo. El Buddha descubre y comprende este hecho; y, cuando lo ha descubierto y comprendido, lo anuncia, lo enseña, lo publica, lo proclama, lo revela, lo explica en detalle y hace que se comprenda claramente: todas las formaciones carecen de yo».
En otra ocasión, el Bienaventurado residió en Sāvatthi, en el Jetavana, el jardín de Anāthapindika.
En ese momento, el Bienaventurado edificó, animó, estimuló y alegró a los monjes con un discurso religioso sobre el tema del Nirvâna. Estos monjes, comprendiendo el sentido, meditándolo y acogiendo de todo corazón la totalidad de la enseñanza, escucharon atentamente. Pero uno de los hermanos aún albergaba alguna duda. Se levantó, juntó las manos y preguntó: «¿Se me permite hacer una pregunta?». Concedida la autorización, tomó la palabra en estos términos:
« El Buddha enseña que todas las formaciones son transitorias, que todas las formaciones están sometidas al sufrimiento, que todas las formaciones carecen de yo. ¿Cómo puede entonces existir el Nirvâna, un estado de bienaventuranza eterna?»
Y el Bienaventurado, en aquella ocasión y en aquel contexto, pronunció esta solemne declaración:
«Existe, oh monjes, un estado donde no hay tierra, ni agua, ni calor, ni aire; ni infinitud del espacio, ni infinitud de la conciencia, ni nada, ni percepción, ni no percepción; ni este mundo ni el otro mundo, ni sol ni luna. Es lo increado.
«Eso, oh monjes, no lo designo como llegada, ni como partida, ni como permanencia; ni como muerte, ni como nacimiento. Carece de estabilidad y de cambio; es lo eterno, que jamás tiene origen ni jamás desaparece. Allí está el fin del sufrimiento.
«Es difícil realizar lo esencial; la verdad no se percibe fácilmente. El deseo es dominado por quien sabe y, para quien ve las cosas tal como son, todo es nada.
«Existe, oh monjes, lo no nacido, lo no originado, lo increado, lo no formado. Si no existieran, oh monjes, lo no nacido, lo no originado, lo increado, lo no formado, no habría escapatoria del mundo de lo nacido, lo originado, lo creado, lo formado.
«Puesto que existe, oh monjes, lo no nacido, lo no originado, lo increado y lo no formado, hay, por tanto, una escapatoria de lo nacido, lo originado, lo creado, lo formado.»
Y el Bienaventurado, en aquella ocasión y en aquel contexto, pronunció esta solemne declaración:
«Existe, oh monjes, un estado donde no hay tierra, ni agua, ni calor, ni aire; ni infinitud del espacio, ni infinitud de la conciencia, ni nada, ni percepción, ni no percepción; ni este mundo ni el otro mundo, ni sol ni luna. Es lo increado.
«Eso, oh monjes, no lo designo como llegada, ni como partida, ni como permanencia; ni como muerte, ni como nacimiento. Carece de estabilidad y de cambio; es lo eterno, que jamás tiene origen ni jamás desaparece. Allí está el fin del sufrimiento.
«Es difícil realizar lo esencial; la verdad no se percibe fácilmente. El deseo es dominado por quien sabe y, para quien ve las cosas tal como son, todo es nada.
«Existe, oh monjes, lo no nacido, lo no originado, lo increado, lo no formado. Si no existieran, oh monjes, lo no nacido, lo no originado, lo increado, lo no formado, no habría escapatoria del mundo de lo nacido, lo originado, lo creado, lo formado.
«Puesto que existe, oh monjes, lo no nacido, lo no originado, lo increado y lo no formado, hay, por tanto, una escapatoria de lo nacido, lo originado, lo creado, lo formado.»