Entonces, el venerable Çâriputtra, satisfecho en ese momento, jubiloso, con el alma transportada, lleno de alegría, colmado de contento y placer, con las manos juntas en señal de respeto dirigidas hacia el lugar donde estaba sentado Bhagavat, con la mirada fija en Él, le dirigió estas palabras: Siento asombro, sorpresa, ¡oh Bhagavat!; siento satisfacción al oír este discurso de boca de Bhagavat. ¿Por qué? Porque, al no haber oído hasta ahora esta ley en presencia de Bhagavat, al ver a otros Bôdhisattvas y oír hablar de Bôdhisattvas que en el futuro llevarán el nombre de Buddhas, siento una pena extrema, un dolor intenso, al pensar que estoy privado de aquello que es la ciencia de los Tathâgatas, que es la visión de la ciencia. Y cuando, ¡oh Bhagavat!, busco sin descanso, para detenerme allí durante el día, las montañas, las cavernas de las montañas, los bosques inmensos, las ermitas, los ríos y los troncos de los árboles solitarios, aun entonces, ¡oh Bhagavat!, vuelvo siempre a encontrarme con este mismo pensamiento: «Al introducirnos en el ámbito de las leyes semejantes [a nosotros](36 a 2), Bhagavat nos hizo salir mediante un vehículo miserable». Por eso, ¡oh Bhagavat!, se me presenta entonces este pensamiento: sin duda, la culpa es nuestra; la culpa no es de Bhagavat. ¿Por qué? Porque, si Bhagavat fuera el objeto de nuestra atención cuando expone la enseñanza más elevada de la ley, es decir, cuando empieza a hablar del estado supremo de Buddha perfectamente consumado, seríamos introducidos en las mismas leyes [que Él enseña]. Pero, ¡oh Bhagavat!, como no comprendimos el lenguaje enigmático de Bhagavat, escuchamos con gran entusiasmo la primera exposición de la ley del Tathâgata que se hizo, cuando los Bôdhisattvas no estaban reunidos [alrededor de Bhagavat]; como la recibimos, la comprendimos, la concebimos, la meditamos, la examinamos y la fijamos en nuestra mente, por eso no dejo de pasar los días y las noches reprochándomelo. [Pero] hoy, ¡oh Bhagavat!, he alcanzado el Nirvâṇa; hoy, ¡oh Bhagavat!, me he vuelto sereno; hoy, ¡oh Bhagavat!, estoy en posesión del Nirvâṇa completo; hoy, ¡oh Bhagavat!, he alcanzado el estado de Arhat; hoy soy el hijo mayor de Bhagavat, Su hijo amado, nacido de Su boca, nacido de la ley, transformado por la ley, heredero de la ley, perfeccionado por la ley. Estoy libre de toda pena ahora que he oído de boca de Bhagavat el sonido de esta ley maravillosa que no había oído antes.
Entonces el venerable Çâriputtra dirigió en esta ocasión las siguientes estrofas a Bhagavat:
1. Estoy asombrado, oh gran Guía, estoy lleno de satisfacción desde que escuché este discurso; no queda en mí ninguna especie de incertidumbre: he madurado en este mundo para el Vehículo supremo.
2. La voz de los Sugatas es maravillosa; disipa la incertidumbre y el pesar de los seres; y para mí, que estoy libre de toda culpa, todo mi sufrimiento ha desaparecido desde que escuché esa voz.
3. Cuando, en efecto, permanezco sentado durante el día, o recorro los inmensos bosques, las ermitas y los troncos de los árboles, buscando incluso las cavernas de las montañas, estoy ocupado exclusivamente en las siguientes reflexiones.
4. ¡Ay!, estoy extraviado por pensamientos pecaminosos, entre las leyes semejantes [a mí], exentas de imperfecciones, puesto que ciertamente no expondré en el tiempo venidero la ley excelente, en la asamblea de los tres mundos.
5. Los treinta y dos signos [de belleza] no existen para mí, ni tampoco las perfecciones, como la de tener el color y el brillo del oro. Las energías y las liberaciones también han desaparecido por completo para mí. ¡Ay!, estoy extraviado entre las leyes semejantes [a mí].
6. Y los signos secundarios(36 b 2) [de belleza] que distinguen a los grandes solitarios, signos que son ochenta, superiores y distinguidos, y las leyes homogéneas, en número de dieciocho: todo eso ha desaparecido para mí. ¡Ay!, ¡estoy engañado!
1. Estoy asombrado, oh gran Guía, estoy lleno de satisfacción desde que escuché este discurso; no queda en mí ninguna especie de incertidumbre: he madurado en este mundo para el Vehículo supremo.
2. La voz de los Sugatas es maravillosa; disipa la incertidumbre y el pesar de los seres; y para mí, que estoy libre de toda culpa, todo mi sufrimiento ha desaparecido desde que escuché esa voz.
3. Cuando, en efecto, permanezco sentado durante el día, o recorro los inmensos bosques, las ermitas y los troncos de los árboles, buscando incluso las cavernas de las montañas, estoy ocupado exclusivamente en las siguientes reflexiones.
4. ¡Ay!, estoy extraviado por pensamientos pecaminosos, entre las leyes semejantes [a mí], exentas de imperfecciones, puesto que ciertamente no expondré en el tiempo venidero la ley excelente, en la asamblea de los tres mundos.
5. Los treinta y dos signos [de belleza] no existen para mí, ni tampoco las perfecciones, como la de tener el color y el brillo del oro. Las energías y las liberaciones también han desaparecido por completo para mí. ¡Ay!, estoy extraviado entre las leyes semejantes [a mí].
6. Y los signos secundarios(36 b 2) [de belleza] que distinguen a los grandes solitarios, signos que son ochenta, superiores y distinguidos, y las leyes homogéneas, en número de dieciocho: todo eso ha desaparecido para mí. ¡Ay!, ¡estoy engañado!
7. Y después de haberte visto, ¡oh Tú, que eres bueno y compasivo con el mundo!, sentado entonces durante el día y retirado a solas, «¡Ay!, pienso, ¡me engaña la ciencia absoluta e inconcebible!».
8. Paso, Señor, el día y la noche constantemente ocupado únicamente en estos pensamientos; por eso, ¡oh Bhagavat!, solo Te pregunto esto: ¿He caído o no he caído?
9. Así, ¡oh Guía de los Djinas!, transcurren constantemente para mí los días y las noches en medio de estas reflexiones; y después de haber visto a muchos otros Bôdhisattvas que han sido alabados por el Guía del mundo,
10. Después de haber oído esta ley de los Buddhas: «Sí, [me digo,] este lenguaje es enigmático; el Djina, en la pura esencia del estado de Bôdhi(37 a 2), enseña una ciencia superior al razonamiento, sutil y perfecta».
11. Antiguamente estaba apegado a las doctrinas heterodoxas; los mendicantes y los Tîrthakas me tenían en estima. Entonces el Guía, al conocer mis disposiciones, [me] habló del Nirvâṇa para liberarme de las falsas doctrinas.
12. Después de haberme desprendido por completo de las opiniones de las falsas doctrinas y haber llegado a las leyes del vacío, reconozco que he alcanzado el Nirvâṇa; y, sin embargo, esto no se llama Nirvâṇa.
8. Paso, Señor, el día y la noche constantemente ocupado únicamente en estos pensamientos; por eso, ¡oh Bhagavat!, solo Te pregunto esto: ¿He caído o no he caído?
9. Así, ¡oh Guía de los Djinas!, transcurren constantemente para mí los días y las noches en medio de estas reflexiones; y después de haber visto a muchos otros Bôdhisattvas que han sido alabados por el Guía del mundo,
10. Después de haber oído esta ley de los Buddhas: «Sí, [me digo,] este lenguaje es enigmático; el Djina, en la pura esencia del estado de Bôdhi(37 a 2), enseña una ciencia superior al razonamiento, sutil y perfecta».
11. Antiguamente estaba apegado a las doctrinas heterodoxas; los mendicantes y los Tîrthakas me tenían en estima. Entonces el Guía, al conocer mis disposiciones, [me] habló del Nirvâṇa para liberarme de las falsas doctrinas.
12. Después de haberme desprendido por completo de las opiniones de las falsas doctrinas y haber llegado a las leyes del vacío, reconozco que he alcanzado el Nirvâṇa; y, sin embargo, esto no se llama Nirvâṇa.
13. Pero cuando [un hombre] se convierte en Buddha, cuando llega a ser el primero entre los seres, cuando es honrado por los hombres, los Maruts, los Yakchas y los Râkchasas, y su cuerpo lleva la marca de los treinta y dos signos [de belleza], entonces es cuando ha llegado por completo al Nirvâṇa.
14. Después de haber renunciado a todos esos pensamientos orgullosos y de haber escuchado Tus palabras, hoy he alcanzado el Nirvâṇa, mientras que, en presencia del mundo reunido con los Dêvas, Tú me habías predicho que alcanzaría el estado supremo de Bôdhi.
15. Un gran terror se apoderó de mí cuando escuché por primera vez las palabras del Jefe: «¿Acaso no será, [me decía,] Mâra el malvado quien ha adoptado en la tierra el disfraz de un Buddha?»
16. Pero cuando, demostrado mediante razones, argumentos y miríadas
de kôṭis de ejemplos, quedó bien establecido ese excelente estado de Bôdhi, cesó mi incertidumbre, después de haber escuchado la ley.
17. Pero puesto que miles de kôṭis de Buddhas victoriosos y llegados al Nirvâṇa completo me han instruido, y la ley ha sido enseñada por ellos gracias a su habilidad en el empleo de los medios [de que disponen];
18. Y puesto que muchos Buddhas que aparecerán en el mundo, y otros que, penetrando la verdad suprema, existen hoy, puesto que esos Buddhas, digo, enseñarán y enseñan la ley por medio de mil recursos cuyo hábil empleo conocen;
14. Después de haber renunciado a todos esos pensamientos orgullosos y de haber escuchado Tus palabras, hoy he alcanzado el Nirvâṇa, mientras que, en presencia del mundo reunido con los Dêvas, Tú me habías predicho que alcanzaría el estado supremo de Bôdhi.
15. Un gran terror se apoderó de mí cuando escuché por primera vez las palabras del Jefe: «¿Acaso no será, [me decía,] Mâra el malvado quien ha adoptado en la tierra el disfraz de un Buddha?»
16. Pero cuando, demostrado mediante razones, argumentos y miríadas
de kôṭis de ejemplos, quedó bien establecido ese excelente estado de Bôdhi, cesó mi incertidumbre, después de haber escuchado la ley.
17. Pero puesto que miles de kôṭis de Buddhas victoriosos y llegados al Nirvâṇa completo me han instruido, y la ley ha sido enseñada por ellos gracias a su habilidad en el empleo de los medios [de que disponen];
18. Y puesto que muchos Buddhas que aparecerán en el mundo, y otros que, penetrando la verdad suprema, existen hoy, puesto que esos Buddhas, digo, enseñarán y enseñan la ley por medio de mil recursos cuyo hábil empleo conocen;
19. Y puesto que has explicado claramente tu conducta religiosa tal como es, desde el momento en que saliste [de casa], puesto que has conocido lo que es la rueda de la ley y que la enseñanza de la ley ha sido establecida por ti, conforme a la verdad;
20. Reconozco entonces [lo siguiente]: «No, ese no es Mâra; es el Jefe del mundo quien ha enseñado la verdadera conducta religiosa; pues esta no es la vía de los Mâras». Esta era la duda que se había apoderado de mi mente.
21. Pero apenas me llenó de alegría la voz dulce, profunda y agradable del Buddha, desaparecieron de inmediato todas mis dudas y quedó destruida mi incertidumbre; [ahora] estoy en la ciencia.
22. Sin duda, seré un Tathâgata venerado en el mundo junto con los Dêvas; expondré a las criaturas este estado de Buddha, convirtiendo en él a muchos Bôdhisattvas.
Dicho esto, Bhagavat habló así a Çâriputtra: Voy a manifestarte mi afecto, oh Çâriputtra, voy a instruirte ante este mundo que comprende la asamblea de los Dêvas, los Mâras y los Brahmâs, ante las criaturas formadas por el conjunto de los Çramanas y los Brâhmanes. Sí, Çâriputtra, yo te he madurado para el estado supremo de Buddha perfectamente realizado, ante los ojos de veinte veces cien mil miríadas de kôṭis de Buddhas; y tú, Çâriputtra, has recibido instrucción durante mucho tiempo bajo mis órdenes. Por efecto de las enseñanzas del Bôdhisattva, por efecto del secreto del Bôdhisattva, naciste en este mundo para asistir a mi enseñanza. Sin recordar, oh Çâriputtra, ni la antigua plegaria que, gracias a la bendición(38 a 2) del Bôdhisattva, dirigiste para seguir la ley, ni las enseñanzas del Bôdhisattva, ni su secreto, te dices: He alcanzado el Nirvâṇa completo. En cuanto a mí, Çâriputtra, deseoso de despertar en ti el recuerdo y el conocimiento de la antigua plegaria que dirigiste para seguir la ley, expondré a los Çrâvakas el Sûtra llamado el Lotus de la buena ley, este Sûtra en el que se explica la ley, que contiene grandes desarrollos, [etc., como arriba, ]
20. Reconozco entonces [lo siguiente]: «No, ese no es Mâra; es el Jefe del mundo quien ha enseñado la verdadera conducta religiosa; pues esta no es la vía de los Mâras». Esta era la duda que se había apoderado de mi mente.
21. Pero apenas me llenó de alegría la voz dulce, profunda y agradable del Buddha, desaparecieron de inmediato todas mis dudas y quedó destruida mi incertidumbre; [ahora] estoy en la ciencia.
22. Sin duda, seré un Tathâgata venerado en el mundo junto con los Dêvas; expondré a las criaturas este estado de Buddha, convirtiendo en él a muchos Bôdhisattvas.
Dicho esto, Bhagavat habló así a Çâriputtra: Voy a manifestarte mi afecto, oh Çâriputtra, voy a instruirte ante este mundo que comprende la asamblea de los Dêvas, los Mâras y los Brahmâs, ante las criaturas formadas por el conjunto de los Çramanas y los Brâhmanes. Sí, Çâriputtra, yo te he madurado para el estado supremo de Buddha perfectamente realizado, ante los ojos de veinte veces cien mil miríadas de kôṭis de Buddhas; y tú, Çâriputtra, has recibido instrucción durante mucho tiempo bajo mis órdenes. Por efecto de las enseñanzas del Bôdhisattva, por efecto del secreto del Bôdhisattva, naciste en este mundo para asistir a mi enseñanza. Sin recordar, oh Çâriputtra, ni la antigua plegaria que, gracias a la bendición(38 a 2) del Bôdhisattva, dirigiste para seguir la ley, ni las enseñanzas del Bôdhisattva, ni su secreto, te dices: He alcanzado el Nirvâṇa completo. En cuanto a mí, Çâriputtra, deseoso de despertar en ti el recuerdo y el conocimiento de la antigua plegaria que dirigiste para seguir la ley, expondré a los Çrâvakas el Sûtra llamado el Lotus de la buena ley, este Sûtra en el que se explica la ley, que contiene grandes desarrollos, [etc., como arriba, ]
Además, oh Çâriputtra, renacerás de nuevo en el futuro, al cabo de un número inmenso de Kalpas inconcebibles e inconmensurables; después de haber poseído la buena ley de varios cientos de millares de koṭis de Tathâgatas, de haberles rendido numerosos y diversos homenajes y de haber cumplido los deberes que impone la conducta de un bodhisattva; serás en el mundo el Tathâgata llamado Padmaprabha, venerable, etc., dotado de ciencia y conducta, que ha partido felizmente, conocedor del mundo, insuperable, que doma al hombre como un cochero [doma a sus caballos], preceptor de los Devas y de los hombres, bienaventurado, Buddha.
En aquel tiempo, oh Çâriputtra, la tierra de Buddha de ese bienaventurado Tathâgata Padmaprabha se llamará Viradja; será llana, agradable, buena, hermosa de contemplar, perfectamente pura, floreciente, extensa, saludable, fértil, cubierta de numerosas multitudes de hombres y mujeres, llena de Maruts, asentada sobre un fondo de lapislázuli. Allí se verán recintos trazados en forma de tableros de damas(38 b 2), con cuerdas de oro; y en esos recintos trazados en forma de tableros de damas habrá árboles de diamante. Esa tierra estará perpetuamente cubierta de flores y frutos formados por las siete sustancias preciosas.
El Tathâgata Padmaprabha, oh Çâriputtra, venerable, etc., comenzando por los tres vehículos, enseñará la ley. Además, oh Çâriputtra, ese Tathâgata no nacerá en el tiempo en que el Kalpa degenera; sino que enseñará la ley por la fuerza de su antigua plegaria. El Kalpa [en que aparecerá], oh Çâriputtra, se llamará Mahâratnapratimandita, [es decir, Embellecido por grandes joyas.] ¿Cómo entiendes esto, oh Çâriputtra, y por qué se llama ese Kalpa Embellecido por grandes joyas? En una tierra de Buddha, oh Çâriputtra, los bodhisattvas se llaman Ratna (joyas). Ahora bien, en aquel tiempo, en ese universo llamado Viradja, los bodhisattvas serán numerosos; serán inconmensurables, innumerables, inconcebibles, más allá de toda comparación, de toda medida y de todo número, excepto(39 a 2) el número de los Tathâgatas. Por esta razón, ese Kalpa se llamará Embellecido por grandes joyas.
En aquel tiempo, oh Çâriputtra, la tierra de Buddha de ese bienaventurado Tathâgata Padmaprabha se llamará Viradja; será llana, agradable, buena, hermosa de contemplar, perfectamente pura, floreciente, extensa, saludable, fértil, cubierta de numerosas multitudes de hombres y mujeres, llena de Maruts, asentada sobre un fondo de lapislázuli. Allí se verán recintos trazados en forma de tableros de damas(38 b 2), con cuerdas de oro; y en esos recintos trazados en forma de tableros de damas habrá árboles de diamante. Esa tierra estará perpetuamente cubierta de flores y frutos formados por las siete sustancias preciosas.
El Tathâgata Padmaprabha, oh Çâriputtra, venerable, etc., comenzando por los tres vehículos, enseñará la ley. Además, oh Çâriputtra, ese Tathâgata no nacerá en el tiempo en que el Kalpa degenera; sino que enseñará la ley por la fuerza de su antigua plegaria. El Kalpa [en que aparecerá], oh Çâriputtra, se llamará Mahâratnapratimandita, [es decir, Embellecido por grandes joyas.] ¿Cómo entiendes esto, oh Çâriputtra, y por qué se llama ese Kalpa Embellecido por grandes joyas? En una tierra de Buddha, oh Çâriputtra, los bodhisattvas se llaman Ratna (joyas). Ahora bien, en aquel tiempo, en ese universo llamado Viradja, los bodhisattvas serán numerosos; serán inconmensurables, innumerables, inconcebibles, más allá de toda comparación, de toda medida y de todo número, excepto(39 a 2) el número de los Tathâgatas. Por esta razón, ese Kalpa se llamará Embellecido por grandes joyas.
Y en ese momento, oh Çâriputtra, los Bôdhisattvas de esta tierra de Buddha se levantarán para caminar sobre lotos de diamante(39 a 3). Estos Bôdhisattvas no serán de los que se entregan por primera vez a las obras; serán ricos en principios de virtudes cultivadas durante mucho tiempo, instruidos en los deberes de la conducta religiosa bajo varios cientos de miles de Buddhas, alabados por los Tathâgatas, aplicados a adquirir la ciencia de los Buddhas, formados mediante la práctica hábil de los grandes conocimientos sobrenaturales, consumados en la dirección de todas las leyes, buenos, dotados de memoria. Esta tierra de Buddha, oh Çâriputtra, estará habitualmente llena de Bôdhisattvas de esta especie.
La vida del Tathâgata Padmaprabha, oh Çâriputtra, será de doce Kalpas medios, sin contar el tiempo durante el cual habrá sido Kumâra. La vida de las criaturas [que existirán en su tiempo] será de ocho Kalpas medios. El Tathâgata Padmaprabha, oh Çâriputtra, al final de esos doce Kalpas medios, después de haber predicho al Bôdhisattva Mahâsattva llamado Dhrĭtiparipûrṇa que alcanzaría el estado supremo de Buddha perfectamente consumado, entrará en el Nirvâṇa completo. Este Bôdhisattva Mahâsattva llamado Dhrĭtiparipûrṇa, oh Religioso, [dirá el Tathâgata,] alcanzará inmediatamente después de mí el estado supremo de Buddha perfectamente consumado. Será, en el mundo, el Tathâgata llamado Padmavrĭchabhavikrâmin, venerable, etc., dotado de ciencia y conducta, etc. La tierra de Buddha del Tathâgata Padmavrĭchabhavikrâmin será, oh Çâriputtra, de la misma especie [que la de Padmaprabha]. La buena ley del Tathâgata Padmaprabha, una vez alcanzado el Nirvâṇa completo, subsistirá, oh Çâriputtra, durante treinta y dos Kalpas medios. Después, cuando esta ley del Tathâgata se haya agotado, la imagen de esta buena ley(39 b 2) durará todavía treinta y dos Kalpas medios.
La vida del Tathâgata Padmaprabha, oh Çâriputtra, será de doce Kalpas medios, sin contar el tiempo durante el cual habrá sido Kumâra. La vida de las criaturas [que existirán en su tiempo] será de ocho Kalpas medios. El Tathâgata Padmaprabha, oh Çâriputtra, al final de esos doce Kalpas medios, después de haber predicho al Bôdhisattva Mahâsattva llamado Dhrĭtiparipûrṇa que alcanzaría el estado supremo de Buddha perfectamente consumado, entrará en el Nirvâṇa completo. Este Bôdhisattva Mahâsattva llamado Dhrĭtiparipûrṇa, oh Religioso, [dirá el Tathâgata,] alcanzará inmediatamente después de mí el estado supremo de Buddha perfectamente consumado. Será, en el mundo, el Tathâgata llamado Padmavrĭchabhavikrâmin, venerable, etc., dotado de ciencia y conducta, etc. La tierra de Buddha del Tathâgata Padmavrĭchabhavikrâmin será, oh Çâriputtra, de la misma especie [que la de Padmaprabha]. La buena ley del Tathâgata Padmaprabha, una vez alcanzado el Nirvâṇa completo, subsistirá, oh Çâriputtra, durante treinta y dos Kalpas medios. Después, cuando esta ley del Tathâgata se haya agotado, la imagen de esta buena ley(39 b 2) durará todavía treinta y dos Kalpas medios.
Entonces el Bhagavat, en esa ocasión, pronunció las siguientes estrofas:
23. Y tú también, Çâriputtra, en una vida futura serás un Tathâgata, un Djina llamado Padmaprabha, dotado de visión perfecta; disciplinarás a miles de kôṭis de seres vivos.
24. Después de rendir culto a varios kôṭis de Buddhas y de adquirir, bajo su guía, la energía de la conducta religiosa; después de producir las diez fuerzas, alcanzarás el excelente y supremo estado de Bôdhi.
25. En un tiempo inconcebible, inconmensurable, tendrá lugar un Kalpa en el que predominarán las joyas; entonces existirá un mundo llamado Viradja; será la tierra pura del Mejor de los hombres.
26. Esa tierra descansará sobre lapislázuli; estará adornada con cuerdas de oro, y producirá cientos de árboles de diamante, hermosos y cubiertos de flores y frutos.
27. Allí, muchos Bôdhisattvas, dotados de memoria y perfectamente hábiles en la exposición de la conducta religiosa, puesto que habrán sido instruidos allí bajo cientos de Buddhas, vendrán al mundo en esa tierra.
28. Y el Djina, en la época de su última existencia, después de haber superado la etapa de Kumâra, de haber vencido la concupiscencia y de haber salido [de la casa], alcanzará el excelente y supremo estado de Bôdhi.
29. La duración de la vida del Djina será de doce medios Kalpas, y la vida de los hombres será, en su tiempo, de ocho medios Kalpas.
23. Y tú también, Çâriputtra, en una vida futura serás un Tathâgata, un Djina llamado Padmaprabha, dotado de visión perfecta; disciplinarás a miles de kôṭis de seres vivos.
24. Después de rendir culto a varios kôṭis de Buddhas y de adquirir, bajo su guía, la energía de la conducta religiosa; después de producir las diez fuerzas, alcanzarás el excelente y supremo estado de Bôdhi.
25. En un tiempo inconcebible, inconmensurable, tendrá lugar un Kalpa en el que predominarán las joyas; entonces existirá un mundo llamado Viradja; será la tierra pura del Mejor de los hombres.
26. Esa tierra descansará sobre lapislázuli; estará adornada con cuerdas de oro, y producirá cientos de árboles de diamante, hermosos y cubiertos de flores y frutos.
27. Allí, muchos Bôdhisattvas, dotados de memoria y perfectamente hábiles en la exposición de la conducta religiosa, puesto que habrán sido instruidos allí bajo cientos de Buddhas, vendrán al mundo en esa tierra.
28. Y el Djina, en la época de su última existencia, después de haber superado la etapa de Kumâra, de haber vencido la concupiscencia y de haber salido [de la casa], alcanzará el excelente y supremo estado de Bôdhi.
29. La duración de la vida del Djina será de doce medios Kalpas, y la vida de los hombres será, en su tiempo, de ocho medios Kalpas.
30. Cuando el Djina haya entrado en el Nirvâna completo, su buena ley perdurará entonces durante treinta y dos Kalpas medios completos, para beneficio del mundo reunido con los Dêvas.
31. Cuando se haya agotado su buena ley, su imagen perdurará todavía durante treinta y dos Kalpas medios. Los lugares donde se distribuyan las reliquias del Protector serán venerados constantemente por los hombres y por los Maruts.
32. Así será un Bienaventurado. ¡Llénate de alegría, oh Çârisuta!, pues tú mismo llegarás a ser el Mejor de los hombres, que no tiene superior.
Entonces las cuatro asambleas de Religiosos y fieles de ambos sexos, los cientos de miles de Dêvas, Nâgas, Yakchas, Gandharvas, Asuras, Garuḍas, Kinnaras, Mahôragas, hombres y seres que no pertenecen a la especie humana, habiendo oído de boca de Bhagavat la predicción de que el venerable Çâriputtra alcanzaría un día el estado supremo de Buddha perfectamente cumplido, satisfechos entonces, arrebatados, con el alma transportada, llenos de alegría, colmados de contento y de placer, cubrieron cada uno a Bhagavat con las vestiduras que llevaban. Y Çakra, el Indra de los Dêvas, y Brahmâ, el jefe del universo Saha, y varias decenas de millones de cientos de miles de otros hijos de los Dêvas cubrieron a Bhagavat con vestiduras divinas. E hicieron caer sobre Él una lluvia de flores divinas de Mandâras y Mahâmandâravas; agitaron en el cielo, sobre Su cabeza, telas divinas; e hicieron resonar desde lo alto del cielo cientos de miles de instrumentos divinos y timbales. Y después de hacer caer una gran lluvia de flores, pronunciaron estas palabras: Por primera vez, en Benarés, en el lugar llamado Rĭchipatana, en el Bosque de la Antílope, Bhagavat hizo girar la rueda de la ley. Hoy, por segunda vez, Bhagavat hace girar esta excelente rueda.
31. Cuando se haya agotado su buena ley, su imagen perdurará todavía durante treinta y dos Kalpas medios. Los lugares donde se distribuyan las reliquias del Protector serán venerados constantemente por los hombres y por los Maruts.
32. Así será un Bienaventurado. ¡Llénate de alegría, oh Çârisuta!, pues tú mismo llegarás a ser el Mejor de los hombres, que no tiene superior.
Entonces las cuatro asambleas de Religiosos y fieles de ambos sexos, los cientos de miles de Dêvas, Nâgas, Yakchas, Gandharvas, Asuras, Garuḍas, Kinnaras, Mahôragas, hombres y seres que no pertenecen a la especie humana, habiendo oído de boca de Bhagavat la predicción de que el venerable Çâriputtra alcanzaría un día el estado supremo de Buddha perfectamente cumplido, satisfechos entonces, arrebatados, con el alma transportada, llenos de alegría, colmados de contento y de placer, cubrieron cada uno a Bhagavat con las vestiduras que llevaban. Y Çakra, el Indra de los Dêvas, y Brahmâ, el jefe del universo Saha, y varias decenas de millones de cientos de miles de otros hijos de los Dêvas cubrieron a Bhagavat con vestiduras divinas. E hicieron caer sobre Él una lluvia de flores divinas de Mandâras y Mahâmandâravas; agitaron en el cielo, sobre Su cabeza, telas divinas; e hicieron resonar desde lo alto del cielo cientos de miles de instrumentos divinos y timbales. Y después de hacer caer una gran lluvia de flores, pronunciaron estas palabras: Por primera vez, en Benarés, en el lugar llamado Rĭchipatana, en el Bosque de la Antílope, Bhagavat hizo girar la rueda de la ley. Hoy, por segunda vez, Bhagavat hace girar esta excelente rueda.
Entonces los hijos de los Devas pronunciaron en esa ocasión las siguientes estrofas:
33. El gran héroe, que no tiene igual en el mundo, hizo girar en Benarés la rueda de la ley, que aniquila el nacimiento de la agregación [de los elementos de la vida].
34. Allí el Guía [del mundo] la hizo girar por primera vez; y aquí la hace girar por segunda vez, pues hoy enseña, oh Jefe, una ley en la que a otros les costará mucho creer.
35. Muchas leyes hemos oído de boca del Jefe del mundo; pero nunca antes habíamos oído una ley semejante a esta.
36. Nos regocijamos, oh gran hombre, al oír el lenguaje enigmático del gran Rishi; [creemos] en la predicción que acaba de hacerse para el intrépido Çâriputtra.
37. ¡Que también nosotros podamos convertirnos en Buddhas en el mundo, sin superiores, [y] capaces de enseñar, mediante un lenguaje enigmático, el estado de Bôdhi que no tiene superior!
38. Gracias a lo bueno que hemos hecho en este mundo y en el otro, y porque hemos alegrado al Buddha perfecto, solicitamos el estado de Bôdhi.
33. El gran héroe, que no tiene igual en el mundo, hizo girar en Benarés la rueda de la ley, que aniquila el nacimiento de la agregación [de los elementos de la vida].
34. Allí el Guía [del mundo] la hizo girar por primera vez; y aquí la hace girar por segunda vez, pues hoy enseña, oh Jefe, una ley en la que a otros les costará mucho creer.
35. Muchas leyes hemos oído de boca del Jefe del mundo; pero nunca antes habíamos oído una ley semejante a esta.
36. Nos regocijamos, oh gran hombre, al oír el lenguaje enigmático del gran Rishi; [creemos] en la predicción que acaba de hacerse para el intrépido Çâriputtra.
37. ¡Que también nosotros podamos convertirnos en Buddhas en el mundo, sin superiores, [y] capaces de enseñar, mediante un lenguaje enigmático, el estado de Bôdhi que no tiene superior!
38. Gracias a lo bueno que hemos hecho en este mundo y en el otro, y porque hemos alegrado al Buddha perfecto, solicitamos el estado de Bôdhi.
Entonces el venerable Çâriputtra habló así a Bhagavat: Ya no tengo duda alguna, oh Bhagavat; mis incertidumbres se han disipado ahora que he oído de boca de Bhagavat esta predicción: debo alcanzar el estado supremo de Buddha perfectamente consumado. Pero estos mil doscientos [auditores] que han alcanzado el poder, oh Bhagavat, que antiguamente fueron colocados por Ti en el terreno de los Maestros y que fueron objeto de este discurso y de esta enseñanza: «La disciplina de mi ley, oh Religiosos, conduce a la liberación del nacimiento, de la vejez, de la muerte y del dolor; es decir, culmina en el Nirvâṇa»; y estos dos mil Religiosos, oh Bhagavat, Çrâvakas de Bhagavat, tanto los Maestros como quienes no lo son, todos ellos liberados de las falsas doctrinas relativas al espíritu, a la existencia y a la aniquilación, liberados, en una palabra, de todas las falsas doctrinas, que se dicen a sí mismos: «Estamos establecidos en el terreno del Nirvâṇa», estos Religiosos, digo, después de oír de boca de Bhagavat esta ley que no habían oído anteriormente, han caído en la incertidumbre. Por eso, oh Bhagavat, conviene que hables para disipar la ansiedad de estos Religiosos, de modo que las cuatro asambleas queden libres de sus incertidumbres y sus dudas.
Dicho esto, Bhagavat respondió así al venerable Çâriputtra: ¿No te dije anteriormente, oh Çâriputtra, que el Tathâgata, venerable, etc., habiendo reconocido las disposiciones de las criaturas que tienen diversas inclinaciones y cuyos elementos y pensamientos son diversos, enseña la ley mediante el hábil empleo de los medios, como las demostraciones y las instrucciones variadas, las razones, los motivos, las comparaciones, los argumentos destinados a convencer y las interpretaciones de diversos tipos? Comenzando por el estado supremo de Buddha perfectamente consumado, hace entrar [a los seres] en el vehículo mismo de los Bôdhisattvas mediante las diversas exposiciones de la ley. Sin embargo, oh Çâriputtra, te propondré aún una parábola para exponer este asunto más ampliamente. ¿Por qué? Porque los hombres perspicaces de este mundo comprenden, por medio de las parábolas, el sentido de lo que se les dice.
Dicho esto, Bhagavat respondió así al venerable Çâriputtra: ¿No te dije anteriormente, oh Çâriputtra, que el Tathâgata, venerable, etc., habiendo reconocido las disposiciones de las criaturas que tienen diversas inclinaciones y cuyos elementos y pensamientos son diversos, enseña la ley mediante el hábil empleo de los medios, como las demostraciones y las instrucciones variadas, las razones, los motivos, las comparaciones, los argumentos destinados a convencer y las interpretaciones de diversos tipos? Comenzando por el estado supremo de Buddha perfectamente consumado, hace entrar [a los seres] en el vehículo mismo de los Bôdhisattvas mediante las diversas exposiciones de la ley. Sin embargo, oh Çâriputtra, te propondré aún una parábola para exponer este asunto más ampliamente. ¿Por qué? Porque los hombres perspicaces de este mundo comprenden, por medio de las parábolas, el sentido de lo que se les dice.
Es, oh Çâriputtra, como si aquí, en cierta aldea, en una ciudad, en un pueblo, en un distrito, en una provincia, en un reino, en una residencia real, hubiera un jefe de familia anciano, viejo, encorvado, llegado a una edad muy avanzada, rico, con una gran fortuna, grandes medios de disfrute y dueño de una casa grande, alta, espaciosa, construida hace mucho tiempo y deteriorada; que esa casa fuera la morada de dos, tres, cuatro o quinientos seres vivos, y que solo tuviera una puerta; que estuviera cubierta de paja; que sus galerías se derrumbaran; que los cimientos de sus pilares estuvieran podridos y destruidos; que el revestimiento que cubría las paredes y las puertas estuviera deteriorado por el tiempo. Que toda esa casa se viera de pronto envuelta por un gran incendio por todos lados. Que ese hombre tuviera muchos hijos, cinco, diez o veinte, y que hubiera salido de su casa.
Ahora, oh Çâriputtra, que ese hombre, al ver toda su casa completamente envuelta por un gran incendio, estuviera asustado, aterrorizado, fuera de sí, y se hiciera esta reflexión: Soy lo bastante fuerte para salir rápidamente, para escapar a salvo por la puerta de esta casa en llamas, sin que me toque, sin que me queme el incendio; pero mis hijos, tan pequeños, tan jóvenes, en esta casa en llamas, juegan, se divierten, se entretienen con distintos juegos. No conocen, no se dan cuenta, no saben, no piensan que esta casa está en llamas, y no sienten temor. Aunque los queme este gran incendio y aunque a todos juntos los golpee un gran dolor, no piensan en el dolor ni conciben la idea de salir.
Ahora, oh Çâriputtra, que ese hombre, al ver toda su casa completamente envuelta por un gran incendio, estuviera asustado, aterrorizado, fuera de sí, y se hiciera esta reflexión: Soy lo bastante fuerte para salir rápidamente, para escapar a salvo por la puerta de esta casa en llamas, sin que me toque, sin que me queme el incendio; pero mis hijos, tan pequeños, tan jóvenes, en esta casa en llamas, juegan, se divierten, se entretienen con distintos juegos. No conocen, no se dan cuenta, no saben, no piensan que esta casa está en llamas, y no sienten temor. Aunque los queme este gran incendio y aunque a todos juntos los golpee un gran dolor, no piensan en el dolor ni conciben la idea de salir.
Que ese hombre, oh Çâriputtra, sea fuerte y tenga brazos poderosos, y que haga esta reflexión: Soy fuerte y tengo brazos poderosos; ¿no podría reunir a mis hijos y estrecharlos a todos a la vez contra mi pecho para sacarlos de esta casa? Luego, que haga esta otra reflexión: Esta casa solo tiene una entrada; la puerta es estrecha. Y estos niños ligeros, siempre en movimiento, ignorantes de su naturaleza, corren el riesgo de ponerse a dar vueltas de un lado a otro; van a perecer miserablemente en este gran incendio; ¿por qué no me apresuro a advertirles? Habiéndose decidido, pues, por esta opción, llama a sus hijos, que no prestaban atención: Vengan, hijos míos, salgan; la casa está en llamas por un gran incendio; ¡ojalá no se queden todos ahí y perezcan consumidos por este gran incendio! Miren: el peligro se acerca; van a perecer. Pero estos niños no prestan atención a las palabras de ese hombre, que habla en su beneficio; no se asustan, no tiemblan, no sienten temor, no piensan en ello, no huyen; ni siquiera saben ni comprenden qué es eso que se llama estar en llamas; por el contrario, corren, se dispersan por aquí y por allá y miran a su padre repetidas veces. ¿Por qué? Porque son niños ignorantes.
Que entonces ese hombre haga además esta reflexión: Esta casa está envuelta en un gran incendio, está siendo consumida; ojalá que mis hijos y yo no encontremos aquí una muerte miserable en este gran incendio. ¿No podría, mediante el hábil empleo de algún medio, sacar a mis hijos de esta casa? Que ese hombre conozca las disposiciones de sus hijos; que comprenda sus inclinaciones. Que haya muchos juguetes de diversas clases que estos niños busquen, amen, deseen y aprecien; que sean difíciles de conseguir. Que entonces ese hombre, conociendo las inclinaciones de sus hijos, se dirija a ellos en estos términos: Estos juguetes, hijos míos, que les agradan, que despiertan su asombro y su admiración, que lamentan no tener, estos juguetes de diversos colores y de diversas clases, como, por ejemplo, carros tirados por bueyes, cabras y antílopes, que ustedes buscan, aman, desean y aprecian, los he puesto todos afuera, a la puerta de la casa, para que jueguen con ellos. ¡Apresúrense, salgan de esta casa; daré a cada uno de ustedes cada una de las cosas que necesite, que desee! ¡Vengan pronto; apresúrense a ver estos juguetes! Que entonces estos niños, después de oír los nombres de esos juguetes conformes a sus deseos y a sus inclinaciones, que buscan, aman, desean y aprecian, se precipiten de inmediato, para obtener esos juguetes agradables, fuera de la casa en llamas, con renovadas fuerzas, con extrema rapidez, sin esperarse unos a otros, empujándose mutuamente, diciendo: ¿Quién llegará primero, quién llegará antes que el otro?
Que entonces ese hombre, al ver que sus hijos han salido sanos y salvos, sabiendo que están a salvo del peligro, se siente en la plaza, en medio del pueblo, lleno de alegría y satisfacción, libre de preocupaciones e inquietudes y colmado de seguridad. Que después esos hijos, tras llegar adonde está su padre, se expresen así: «Danos, querido padre, estos diversos juguetes encantadores, como carros tirados por bueyes, cabras y antílopes». Que ese hombre, oh Çâriputtra, dé a sus hijos, que corren hacia él tan rápido como el viento, carros tirados por bueyes, hechos de las siete sustancias preciosas, provistos de barandillas; de los que cuelga una red de campanillas, que se elevan a gran altura, adornados con joyas maravillosas y admirables, realzados con guirnaldas de piedras preciosas, embellecidos con collares de flores, provistos de cojines de algodón y recubiertos de tela y seda(44 b 2), con almohadones rojos a ambos lados, tirados por hermosos bueyes completamente blancos y veloces, conducidos por numerosos hombres. Que distribuya así, a cada uno de sus hijos, carros tirados por bueyes, provistos de estandartes y dotados de la rapidez y la fuerza del viento, todos del mismo color y de la misma clase. ¿Por qué? Porque ese hombre, oh Çâriputtra, sería opulento, dueño de grandes riquezas, poseedor de casas, graneros y numerosos tesoros, y pensaría así: «¿De qué serviría dar otros carros a estos hijos(44 b 3)?» ¿Por qué? Porque todos estos hijos son mis propios hijos; todos me son queridos y cuentan con mi afecto. Estos grandes carros que aquí están me pertenecen, y debo pensar en todos estos hijos por igual y sin distinción. Como poseo muchas casas, graneros y tesoros, podría dar a todo el mundo estos grandes carros que aquí están; ¡cuánto más ahora que se trata de mis propios hijos! Que en ese momento, al subir a esos grandes carros, los hijos queden asombrados y maravillados. ¿Cómo entiendes esto, oh Çâriputtra? ¿No es una mentira por parte de ese hombre haber señalado al principio a sus hijos tres carros [diferentes] y haberles dado después a todos grandes carros, nobles carros [de la misma clase]?
Çâriputtra respondió: No, Bhagavat, no, Sugata. Ese hombre, oh Bhagavat, no es por ello un mentiroso; pues fue mediante el medio hábil que empleó ese hombre como sus hijos fueron inducidos a salir de aquella casa en llamas y recibieron el don de la vida. ¿Por qué? Porque, oh Bhagavat, fue al recuperar sus propios cuerpos que obtuvieron todos esos juguetes. Aunque, oh Bhagavat, ese hombre no hubiera dado un solo carro a sus hijos, no por ello habría sido un mentiroso. ¿Por qué? Porque, oh Bhagavat, ese hombre comenzó por reflexionar así: «Salvaré, mediante el empleo de un medio adecuado, a estos niños de esta gran masa de sufrimientos». De este modo, oh Bhagavat, no habría mentira por parte de ese hombre. Pero ¿qué dificultad puede haber cuando, tras reflexionar que es dueño de casas, graneros y numerosos tesoros, ese hombre, pensando en cuánto quiere a sus hijos y deseando su bien, les da [a cada uno] carros del mismo color y de la misma clase, es decir, grandes carros? No hay, oh Bhagavat, mentira por parte de ese hombre.
Dicho esto, el Bhagavat habló así al venerable Çâriputtra: Bien, bien, Çâriputtra; así es, Çâriputtra; tal como dices. De la misma manera, oh Çâriputtra, también el Tathâgata, venerable, etc., está libre de todo terror, completamente liberado de todo insulto, de toda calamidad, de la desesperación, del dolor, de la aflicción, de la profunda ceguera en la que sumen las densas tinieblas y la oscuridad de la ignorancia. El Tathâgata, que posee por completo el conocimiento, la fuerza, la intrepidez y la ley de homogeneidad de un Buddha, que está dotado de un vigor extremo gracias al poder de su fuerza sobrenatural, es el padre del mundo; ha alcanzado la perfección suprema de la gran ciencia del hábil empleo de los medios; está dotado de una inmensa compasión; su corazón no conoce la pena; desea el bien, es misericordioso. Nace en esta reunión de los tres mundos, semejante a una casa cuyo techo y entramado se desploman en ruinas y que está abrasada por una enorme masa de dolores y aflicciones, para liberar del apego, del odio y del error a los seres sometidos al dominio del nacimiento, la vejez, la enfermedad, la muerte, las penas, los lamentos, el dolor, la aflicción, la desesperación y la profunda ceguera en la que sumen las densas tinieblas y la oscuridad de la ignorancia, y para hacerles concebir el estado supremo de Buddha perfectamente consumado. Una vez nacido, ve, sin verse afectado por ello, a los seres abrasados, consumidos, devorados y destruidos por el nacimiento, la vejez, la enfermedad, la muerte, las penas, los lamentos, el dolor, la aflicción y la desesperación. Bajo la influencia del deseo que los impulsa a buscar los objetos de disfrute, experimentan males de diversas clases. A causa de estas dos condiciones del mundo —la necesidad de adquirir y la de acumular—, se preparan para el futuro males de diversos géneros en el Infierno, en matrices de animales, en el mundo de Yama; experimentan males como la condición de Dêva(46 a 2), las miserias de la humanidad, la presencia de las cosas que no desean y la ausencia de las que desean. Y allí mismo, en medio de esta masa de dolores por la que transmigran, juegan, se divierten y se entretienen; no temen, no tiemblan, no sienten espanto, no comprenden, no perciben, no se inquietan, no procuran salir de ella. Allí mismo, en esta reunión de los tres mundos, semejante a una casa en llamas, se divierten y corren de un lado a otro. Aunque oprimidos por esta gran masa de dolores, no son conscientes de la idea del dolor.
Entonces, oh Çâriputtra, el Tathâgata reflexionó así: «Sin duda, soy el padre de estos seres; por eso estos seres deben ser hoy liberados por Mí de esta gran masa de males, y es necesario que dé a estos seres la incomparable e inconcebible felicidad de la ciencia del Buddha, con la cual estos seres jugarán, se divertirán, se entretendrán y harán juguetes». Entonces, oh Çâriputtra, el Tathâgata reflexionó así: «Si, diciendo: “Tengo la fuerza de la ciencia, tengo la fuerza del poder sobrenatural”, fuera a hablar a estos seres, sin emplear los medios convenientes, de la fuerza y la intrepidez del Tathâgata, estos seres no saldrían [del mundo] por medio de estas leyes. ¿Por qué? Porque estos seres sienten una pasión extrema por las cinco cualidades del deseo; sienten, en esta reunión de los tres mundos, una pasión extrema por los placeres de los sentidos; no están libres del nacimiento, la vejez, las enfermedades, la muerte, las penas, las lamentaciones, el dolor, la aflicción y la desesperación; arden, se consumen, son devorados y destruidos por ellos. Si no se les hace huir de esta reunión de los tres mundos, que es semejante a una casa cuyo techo y armazón están en llamas, ¿cómo podrán disfrutar de la ciencia del Buddha?»
Entonces, oh Çâriputtra, el Tathâgata, al igual que aquel hombre de brazos poderosos que, dejando de lado la fuerza de sus brazos, después de haber hecho salir a sus hijos de la casa en llamas mediante el empleo de un medio hábil, les daría luego hermosos y nobles carros, el Tathâgata, venerable, etc., completamente dotado del conocimiento, la fuerza y la intrepidez de los Tathâgatas, pero renunciando a valerse de ellos, muestra, mediante el conocimiento que tiene del hábil empleo de los medios, tres vehículos para hacer salir a los seres de la asamblea de los tres mundos, que es semejante a una casa cuyo techo y armazón están viejos y en llamas; son el vehículo de los Çrâvakas, el de los Pratyêkabuddhas y el de los Bôdhisattvas. Con ayuda de estos tres vehículos, atrae a los seres y les habla así: No se diviertan en esta asamblea de los tres mundos, que es semejante a una casa en llamas, en medio de estas formas, estos sonidos, estos olores, estos sabores y estos contactos miserables; pues, aferrados aquí a estos tres mundos, están quemados, consumidos por la sed que acompaña a las cinco cualidades del deseo. Salgan de esta asamblea de los tres mundos; se les ofrecen tres medios de transporte, a saber: el vehículo de los Çrâvakas, el de los Pratyêkabuddhas y el de los Bôdhisattvas. Soy yo quien, en esta ocasión, responde por ustedes; les daré estos tres carros; esfuércense por salir de esta asamblea de los tres mundos. Y los atraigo de esta manera: Estos carros, oh seres, son excelentes; los Aryas los elogian, y están provistos de cosas sumamente agradables; jugarán, se divertirán y se deleitarán en la compasión por los desdichados. Experimentarán el gran deleite [de la perfección] de los sentidos, de la fuerza, de los elementos constitutivos del estado de Bôdhi, de las contemplaciones, de las liberaciones, de la meditación y de la adquisición de la ecuanimidad. Estarán en posesión de una gran felicidad y de una gran calma mental.
Entonces, ¡oh Çâriputtra!, los seres que se han convertido en Sabios tienen fe en el Tathâgata como padre del mundo y, después de este acto de fe, se aplican a la enseñanza del Tathâgata; a ella consagran sus esfuerzos. Otros seres, deseosos de seguir las instrucciones que se oyen de boca de otro, para alcanzar el Nirvâṇa completo para sí mismos, se aplican a la enseñanza del Tathâgata para conocer las cuatro verdades de los Aryas(47 b 2); estos seres son llamados los que desean el vehículo de los Çrâvakas: salen de la reunión de los tres mundos, del mismo modo que algunos de los hijos de aquel hombre(47 b 3) se disponen a salir de la casa en llamas, por el deseo que tienen de poseer un carro tirado por antílopes. Otros seres, deseosos de la ciencia que se adquiere sin maestro, de la quietud y del dominio de sí mismos, para alcanzar el Nirvâṇa completo para sí mismos, se aplican a la enseñanza del Tathâgata para comprender las causas y los efectos. Estos seres son llamados los que desean el vehículo de los Pratyêkabuddhas; salen de esta reunión de los tres mundos, del mismo modo que algunos de los hijos salen de la casa en llamas, deseosos de un carro tirado por cabras. Otros seres, por último, deseosos de la ciencia de quien todo lo sabe, de la ciencia del Buddha, de la ciencia del Ser que existe por sí mismo, de la ciencia que ningún maestro otorga, para el beneficio y la felicidad de un gran número de seres, por compasión hacia el mundo, para el provecho, el beneficio y la felicidad de la gran reunión de los seres, Dêvas y hombres, para hacer llegar al Nirvâṇa completo a todos los seres vivos, se aplican a la enseñanza del Tathâgata para obtener la ciencia, la fuerza y la intrepidez del Tathâgata. Estos seres son llamados los que desean el Gran vehículo; salen de la reunión de los tres mundos: por esta razón son llamados Bôdhisattvas Mahâsattvas. Es como cuando algunos de los hijos se disponen a salir de la casa en llamas por el deseo que tienen de poseer un carro tirado por bueyes. Del mismo modo, ¡oh Çâriputtra!, que aquel hombre, al ver a sus hijos fuera de la casa en llamas, al verlos a salvo y felizmente liberados, sabiendo que están fuera de peligro y sabiéndose poseedor de grandes riquezas, da a todos sus hijos un solo carro hermoso, así también, ¡oh Çâriputtra!, el Tathâgata mismo, venerable, etc., cuando ve a un gran número de kôṭis de seres liberados de la reunión de los tres mundos, emancipados del dolor, del temor, del terror y de toda calamidad, atraídos hacia fuera por medio de la enseñanza del Tathâgata, liberados de todas las miserias, del temor y de las calamidades, y llegados a la felicidad del Nirvâṇa, el Tathâgata, digo, venerable, etc., diciéndose en ese momento: «Poseo el abundante tesoro de la ciencia, la fuerza y la intrepidez, y estos seres son todos mis hijos», conduce a todos estos seres al Nirvâṇa completo con ayuda del vehículo de los Buddhas. Y no digo que haya un Nirvâṇa individual para cada uno de los seres; [al contrario] conduce a todos estos seres al Nirvâṇa completo por medio del Nirvâṇa del Tathâgata, del gran Nirvâṇa completo. Y a los seres, ¡oh Çâriputtra!, que son liberados de la reunión de los tres mundos, el Tathâgata les da como juguetes agradables los placeres supremos, los placeres de los Âyras, que son las contemplaciones, las liberaciones, la meditación y la adquisición de la indiferencia; juguetes todos de la misma clase. Del mismo modo, ¡oh Çâriputtra!, que aquel hombre no mentiría al designar primero tres [clases de] carros y luego dar a todos ellos un solo carro, un carro hecho de las siete sustancias preciosas, adornado con todos los ornamentos, de una sola clase, un carro noble, en efecto, el más precioso de todos, así también el Tathâgata mismo, venerable, etc., no dice una mentira cuando, después de haber designado al principio tres vehículos mediante el hábil empleo de los medios [de que dispone], conduce luego a los seres al Nirvâṇa completo con ayuda del Gran vehículo. ¿Por qué? Porque el Tathâgata, en cuanto dueño de casas, graneros y abundantes tesoros de ciencia, fuerza e intrepidez, es capaz de enseñar a todos los seres la ley acompañada de la ciencia de quien todo lo sabe. De esta manera, ¡oh Çâriputtra!, debe saberse que el Tathâgata enseña un solo vehículo, que es el Gran vehículo, mediante el desarrollo de su ciencia y de su habilidad en el empleo de los medios.
Entonces Bhagavat pronunció, en esa ocasión, las siguientes estrofas:
33. Es como si un hombre poseyera una casa grande, ruinosa y poco sólida; que las galerías de esa casa estuvieran deterioradas y que sus columnas estuvieran podridas en los cimientos.
34. Que las ventanas y las terrazas estuvieran parcialmente destruidas; que el revestimiento que cubre las paredes y las puertas estuviera deteriorado; que los balcones se cayeran por la vejez; que esa casa estuviera cubierta de paja y se derrumbara por todas partes;
35. Que fuera la morada de al menos quinientas criaturas vivientes; que albergara un gran número de habitaciones y de pasajes estrechos, repugnantes y completamente llenos de inmundicia;
36. Que la escalera y las vigas estuvieran completamente deterioradas; que las paredes
y las divisiones estuvieran destruidas; que habitaran allí por millares los buitres, así como las palomas y las lechuzas, y otras aves.
Que se encontraran allí a cada paso serpientes terribles, venenosas y temibles; escorpiones y ratas de diversas especies, y que esa casa fuera la morada de malas criaturas de esa clase.
38. Que se encontraran allí, aquí y allá, seres que no pertenecieran a la especie humana; que estuviera infectada de excrementos y orina, llena de gusanos, moscas luminosas e insectos; que resonara con los aullidos de los perros y los chacales.
33. Es como si un hombre poseyera una casa grande, ruinosa y poco sólida; que las galerías de esa casa estuvieran deterioradas y que sus columnas estuvieran podridas en los cimientos.
34. Que las ventanas y las terrazas estuvieran parcialmente destruidas; que el revestimiento que cubre las paredes y las puertas estuviera deteriorado; que los balcones se cayeran por la vejez; que esa casa estuviera cubierta de paja y se derrumbara por todas partes;
35. Que fuera la morada de al menos quinientas criaturas vivientes; que albergara un gran número de habitaciones y de pasajes estrechos, repugnantes y completamente llenos de inmundicia;
36. Que la escalera y las vigas estuvieran completamente deterioradas; que las paredes
y las divisiones estuvieran destruidas; que habitaran allí por millares los buitres, así como las palomas y las lechuzas, y otras aves.
Que se encontraran allí a cada paso serpientes terribles, venenosas y temibles; escorpiones y ratas de diversas especies, y que esa casa fuera la morada de malas criaturas de esa clase.
38. Que se encontraran allí, aquí y allá, seres que no pertenecieran a la especie humana; que estuviera infectada de excrementos y orina, llena de gusanos, moscas luminosas e insectos; que resonara con los aullidos de los perros y los chacales.
39. Que allí se hallaran lobos feroces, que se alimentan de cadáveres humanos y buscan las materias que de ellos se desprenden; que estuviera llena de manadas de perros y chacales.
40. Débiles y extenuados por el hambre, estos animales van comiendo por todos los rincones; se pelean y ladran. Así es esta casa espantosa.
41. Está habitada por Yakchas de pensamientos crueles, que se alimentan de cadáveres humanos; a cada paso se encuentran ciempiés, grandes serpientes y reptiles marcados de manchas.
42. Estos reptiles depositan allí sus crías por todos los rincones y se refugian allí; los Yakchas devoran la mayoría de las veces a estos animales dispersos por todas partes.
43. Y cuando estos Yakchas de pensamientos crueles se han saciado de los cuerpos de los animales de los que se alimentan, hinchados por la carne que han devorado, se entregan a crueles combates.
44. En las habitaciones ruinosas habitan terribles Kumbhândakas de pensamientos crueles, unos de la altura de un palmo, otros de la altura de un codo, y otros de dos codos de altura; vagan por todas partes.
45. Agarrando a los perros por las patas, los derriban de espaldas en el suelo y, apretándoles la garganta mientras gruñen, se complacen en asfixiarlos.
40. Débiles y extenuados por el hambre, estos animales van comiendo por todos los rincones; se pelean y ladran. Así es esta casa espantosa.
41. Está habitada por Yakchas de pensamientos crueles, que se alimentan de cadáveres humanos; a cada paso se encuentran ciempiés, grandes serpientes y reptiles marcados de manchas.
42. Estos reptiles depositan allí sus crías por todos los rincones y se refugian allí; los Yakchas devoran la mayoría de las veces a estos animales dispersos por todas partes.
43. Y cuando estos Yakchas de pensamientos crueles se han saciado de los cuerpos de los animales de los que se alimentan, hinchados por la carne que han devorado, se entregan a crueles combates.
44. En las habitaciones ruinosas habitan terribles Kumbhândakas de pensamientos crueles, unos de la altura de un palmo, otros de la altura de un codo, y otros de dos codos de altura; vagan por todas partes.
45. Agarrando a los perros por las patas, los derriban de espaldas en el suelo y, apretándoles la garganta mientras gruñen, se complacen en asfixiarlos.
46. Allí habitan Pretas desnudos, negros, débiles, altos y corpulentos, que, devorados por el hambre, buscan alimento y hacen oír, aquí y allá, lamentosos gritos.
47. Algunos tienen la boca como el agujero de una aguja; otros, cabeza de buey. De estatura semejante a la de perros más que a la de hombres, van con el cabello desordenado, dando gritos y devorados por el hambre.
48. Se ven, en las ventanas y las aberturas, Yakchas, Pretas y Piçâtchas, hambrientos y buscando alimento(50 a 2), que tienen constantemente la mirada dirigida hacia los cuatro puntos del horizonte.
49. [Supongamos, pues,] que esta casa sea la temible morada de todos esos seres; que sea alta, grande, poco sólida, agrietada por todas partes, en ruinas, aterradora y propiedad de un solo hombre.
50. Que ese hombre esté fuera de su casa, que allí se declare un incendio y que, de pronto y por los cuatro lados, quede presa de las llamas.
51. Sus postes, vigas, columnas y paredes, consumidos por el fuego, estallan con un ruido terrible; los Yakchas y los Pretas lanzan gritos en su interior.
52. Cientos de buitres enfurecidos y Kumbândhas, con el rostro pálido, vagan por todas partes; abrasadas por el fuego, cientos de serpientes silban y se enfurecen por doquier.
47. Algunos tienen la boca como el agujero de una aguja; otros, cabeza de buey. De estatura semejante a la de perros más que a la de hombres, van con el cabello desordenado, dando gritos y devorados por el hambre.
48. Se ven, en las ventanas y las aberturas, Yakchas, Pretas y Piçâtchas, hambrientos y buscando alimento(50 a 2), que tienen constantemente la mirada dirigida hacia los cuatro puntos del horizonte.
49. [Supongamos, pues,] que esta casa sea la temible morada de todos esos seres; que sea alta, grande, poco sólida, agrietada por todas partes, en ruinas, aterradora y propiedad de un solo hombre.
50. Que ese hombre esté fuera de su casa, que allí se declare un incendio y que, de pronto y por los cuatro lados, quede presa de las llamas.
51. Sus postes, vigas, columnas y paredes, consumidos por el fuego, estallan con un ruido terrible; los Yakchas y los Pretas lanzan gritos en su interior.
52. Cientos de buitres enfurecidos y Kumbândhas, con el rostro pálido, vagan por todas partes; abrasadas por el fuego, cientos de serpientes silban y se enfurecen por doquier.
53. Los culpables Piçâtchas vagan allí en gran número en todas direcciones, alcanzados por el incendio; desgarrándose unos a otros a mordiscos, hacen correr su sangre mientras arden.
54. Allí perecen los lobos: esos seres se devoran unos a otros. Las inmundicias se consumen, y un hedor infecto se extiende por los cuatro puntos del espacio.
55. Los ciempiés huyen en todas direcciones, y los Kumbhândas los devoran. Los Prêtas, con el cabello en llamas, son consumidos a la vez por el hambre y por el incendio.
56. Así, esta temible casa es presa de las llamas que salen de ella en todas direcciones; y, sin embargo, el hombre dueño de esta casa está de pie en la puerta, mirando.
57. Y oye a sus propios hijos, cuyo espíritu está completamente absorto en el juego; se entregan embriagados a sus placeres, como ignorantes que nada saben.
58. Habiéndolos oído, aquel hombre entra enseguida para salvar a sus hijos. ¡Ah! [se dice,] ¡que mis hijos, en su ignorancia, no perezcan pronto consumidos por el fuego!
59. Les habla de los peligros de esta morada: Aquí, [les dice,] oh hijos de familia, existe un peligro terrible; estos seres de diversas especies y este gran incendio que está ante ustedes, [todo ello] forma una cadena de males [inevitables].
54. Allí perecen los lobos: esos seres se devoran unos a otros. Las inmundicias se consumen, y un hedor infecto se extiende por los cuatro puntos del espacio.
55. Los ciempiés huyen en todas direcciones, y los Kumbhândas los devoran. Los Prêtas, con el cabello en llamas, son consumidos a la vez por el hambre y por el incendio.
56. Así, esta temible casa es presa de las llamas que salen de ella en todas direcciones; y, sin embargo, el hombre dueño de esta casa está de pie en la puerta, mirando.
57. Y oye a sus propios hijos, cuyo espíritu está completamente absorto en el juego; se entregan embriagados a sus placeres, como ignorantes que nada saben.
58. Habiéndolos oído, aquel hombre entra enseguida para salvar a sus hijos. ¡Ah! [se dice,] ¡que mis hijos, en su ignorancia, no perezcan pronto consumidos por el fuego!
59. Les habla de los peligros de esta morada: Aquí, [les dice,] oh hijos de familia, existe un peligro terrible; estos seres de diversas especies y este gran incendio que está ante ustedes, [todo ello] forma una cadena de males [inevitables].
60. Aquí habitan serpientes, Yakchas de pensamientos crueles, numerosos Kumbhândas y Prêtas, lobos, manadas de perros y chacales, y buitres que buscan alimento.
61. Tales son los seres que residen en esta casa, la cual, incluso independientemente del incendio, es extremadamente temible. Por todas partes no hay más que miserias de esta especie, y el fuego arde en ella por todos lados.
62. Pero, aunque advertidos, estos niños, cuya inteligencia es ignorante, embriagados por sus juegos, no piensan en su padre, que les habla, y ni siquiera lo comprenden.
63. Que aquel hombre reflexione entonces así, pensando en sus hijos: ¡Ciertamente soy muy desdichado! ¿De qué me sirven mis hijos, si en realidad estoy privado de ellos? ¡Ah!, ojalá no fueran consumidos aquí por el fuego.
64. Pero en ese momento se le ocurrió un recurso: Estos niños son ávidos de juguetes, [se dijo,] y aquí no tienen ninguno a su disposición. ¡Ah, niños insensatos, qué locura la suya!
65. Entonces les dijo: Escuchen, hijos míos, tengo carros de distintas clases; carros tirados por antílopes, cabras y hermosos bueyes, altos, grandes y perfectamente adornados.
66. Están fuera de esta casa. Sálvense por medio de esos carros; dispongan de ellos como quieran; los hice construir para ustedes. Salgan todos juntos, llenos de alegría, por este medio.
61. Tales son los seres que residen en esta casa, la cual, incluso independientemente del incendio, es extremadamente temible. Por todas partes no hay más que miserias de esta especie, y el fuego arde en ella por todos lados.
62. Pero, aunque advertidos, estos niños, cuya inteligencia es ignorante, embriagados por sus juegos, no piensan en su padre, que les habla, y ni siquiera lo comprenden.
63. Que aquel hombre reflexione entonces así, pensando en sus hijos: ¡Ciertamente soy muy desdichado! ¿De qué me sirven mis hijos, si en realidad estoy privado de ellos? ¡Ah!, ojalá no fueran consumidos aquí por el fuego.
64. Pero en ese momento se le ocurrió un recurso: Estos niños son ávidos de juguetes, [se dijo,] y aquí no tienen ninguno a su disposición. ¡Ah, niños insensatos, qué locura la suya!
65. Entonces les dijo: Escuchen, hijos míos, tengo carros de distintas clases; carros tirados por antílopes, cabras y hermosos bueyes, altos, grandes y perfectamente adornados.
66. Están fuera de esta casa. Sálvense por medio de esos carros; dispongan de ellos como quieran; los hice construir para ustedes. Salgan todos juntos, llenos de alegría, por este medio.
67. Los niños, al oír hablar de carros de esta clase, apresurándose con todas sus fuerzas, se ponen todos a salir en un instante, y enseguida están fuera, a salvo de los peligros que los amenazaban.
68. Pero, al ver a sus hijos salir [de la casa], el padre se dirigió al lugar en medio de la aldea y, desde un trono en el que se había sentado, les dijo: ¡Ah, queridos hijos, hoy me he salvado!
69. Estos niños desdichados, que tanto me costó recuperar, estos tiernos niños queridos y amados, en número de veinte, estaban reunidos en una casa terrible, temible, espantosa y llena de muchos seres vivos,
70. En una casa en llamas y llena de fuego, y allí estaban ocupados únicamente en sus juegos; ¡y hoy todos han sido liberados por mí! Por eso he llegado ahora a la cumbre de la felicidad,
71. Los niños, al ver que su padre estaba feliz, se acercaron a él y le dijeron: Danos, querido padre, aquello que deseamos, esos agradables carros de tres clases;
72. Y cumple, querido padre, todo lo que nos prometiste en la casa, [cuando dijiste:] Les daré carros de tres clases. Ahora ha llegado el momento [de cumplir tu promesa].
68. Pero, al ver a sus hijos salir [de la casa], el padre se dirigió al lugar en medio de la aldea y, desde un trono en el que se había sentado, les dijo: ¡Ah, queridos hijos, hoy me he salvado!
69. Estos niños desdichados, que tanto me costó recuperar, estos tiernos niños queridos y amados, en número de veinte, estaban reunidos en una casa terrible, temible, espantosa y llena de muchos seres vivos,
70. En una casa en llamas y llena de fuego, y allí estaban ocupados únicamente en sus juegos; ¡y hoy todos han sido liberados por mí! Por eso he llegado ahora a la cumbre de la felicidad,
71. Los niños, al ver que su padre estaba feliz, se acercaron a él y le dijeron: Danos, querido padre, aquello que deseamos, esos agradables carros de tres clases;
72. Y cumple, querido padre, todo lo que nos prometiste en la casa, [cuando dijiste:] Les daré carros de tres clases. Ahora ha llegado el momento [de cumplir tu promesa].
73. Ahora bien, este hombre era rico en un tesoro formado por monedas de oro y plata, piedras preciosas y perlas; tenía oro, numerosos esclavos, sirvientes y carruajes de varias clases;
74. Carruajes tirados por bueyes, hechos de piedras preciosas, excelentes, coronados por barandillas, cubiertos de redes de campanillas, adornados con parasoles y banderas, y revestidos de redes hechas de guirnaldas de perlas.
75. Estos carruajes están envueltos por todos lados en guirnaldas hechas de oro y plata trabajados, y de nobles telas que cuelgan aquí y allá; están salpicados de hermosas flores blancas.
76. También se ven excelentes almohadones, rellenos de algodón y cubiertos de suave seda, que adornan estos carruajes; en ellos hay tendidas excelentes alfombras con imágenes de grullas y cisnes, que valen miles de koṭis.
77. Se ven bueyes blancos, adornados con flores, vigorosos, de gran tamaño y hermoso aspecto, uncidos a estos carruajes hechos de sustancias preciosas, conducidos por numerosos sirvientes.
78. Tales son los hermosos y excelentes carruajes que este hombre da a todos sus hijos; y ellos, contentos y con el corazón embargado de alegría, recorren, jugando con estos carruajes, todos los puntos del horizonte y del espacio.
74. Carruajes tirados por bueyes, hechos de piedras preciosas, excelentes, coronados por barandillas, cubiertos de redes de campanillas, adornados con parasoles y banderas, y revestidos de redes hechas de guirnaldas de perlas.
75. Estos carruajes están envueltos por todos lados en guirnaldas hechas de oro y plata trabajados, y de nobles telas que cuelgan aquí y allá; están salpicados de hermosas flores blancas.
76. También se ven excelentes almohadones, rellenos de algodón y cubiertos de suave seda, que adornan estos carruajes; en ellos hay tendidas excelentes alfombras con imágenes de grullas y cisnes, que valen miles de koṭis.
77. Se ven bueyes blancos, adornados con flores, vigorosos, de gran tamaño y hermoso aspecto, uncidos a estos carruajes hechos de sustancias preciosas, conducidos por numerosos sirvientes.
78. Tales son los hermosos y excelentes carruajes que este hombre da a todos sus hijos; y ellos, contentos y con el corazón embargado de alegría, recorren, jugando con estos carruajes, todos los puntos del horizonte y del espacio.
79. De la misma manera, oh Çârisuta, Yo, que soy el gran Rĭchi, soy el protector y el padre de las criaturas; y todos esos seres son Mis hijos, esos que, en el recinto de los tres mundos, son ignorantes y están encadenados por la concupiscencia.
80. Y el recinto de los tres mundos es, como esta casa, extremadamente temible, agitado por cien males diversos, completamente en llamas por todos lados debido a cientos de sufrimientos, como el nacimiento, la vejez y la enfermedad.
81. Y Yo, que estoy liberado de los tres mundos, permanezco aquí en un lugar solitario y habito en el bosque; y la reunión de los tres mundos es esta morada que Me pertenece, en la cual se consumen los seres que son Mis hijos.
82. Y Yo les muestro la aflicción en que se encuentran en el mundo, pues conozco el medio de salvarlos; pero ellos no Me escuchan, porque todos son ignorantes y su inteligencia está encadenada por los deseos.
83. Entonces pongo en práctica Mi habilidad en el uso de los medios, y les hablo de tres vehículos. Y, conociendo los numerosos sufrimientos de los tres mundos, les indico un medio adecuado para hacerlos salir de ellos.
84. Y a aquellos de estos hijos que se han refugiado en Mí, que poseen los seis conocimientos sobrenaturales y el gran poder de la triple ciencia, que en este mundo son Pratyêkabuddhas o son Bôdhisattvas incapaces de apartarse de su objetivo,
80. Y el recinto de los tres mundos es, como esta casa, extremadamente temible, agitado por cien males diversos, completamente en llamas por todos lados debido a cientos de sufrimientos, como el nacimiento, la vejez y la enfermedad.
81. Y Yo, que estoy liberado de los tres mundos, permanezco aquí en un lugar solitario y habito en el bosque; y la reunión de los tres mundos es esta morada que Me pertenece, en la cual se consumen los seres que son Mis hijos.
82. Y Yo les muestro la aflicción en que se encuentran en el mundo, pues conozco el medio de salvarlos; pero ellos no Me escuchan, porque todos son ignorantes y su inteligencia está encadenada por los deseos.
83. Entonces pongo en práctica Mi habilidad en el uso de los medios, y les hablo de tres vehículos. Y, conociendo los numerosos sufrimientos de los tres mundos, les indico un medio adecuado para hacerlos salir de ellos.
84. Y a aquellos de estos hijos que se han refugiado en Mí, que poseen los seis conocimientos sobrenaturales y el gran poder de la triple ciencia, que en este mundo son Pratyêkabuddhas o son Bôdhisattvas incapaces de apartarse de su objetivo,
85. A esos sabios, que son para mí como hijos míos, les expongo ahora, mediante una excelente parábola, el supremo vehículo único del Buddha: Acéptenlo, [les digo,] y todos ustedes se convertirán en Jinas.
86. [Les expongo] también la ciencia de los Buddhas, los Mejores de los hombres, esa ciencia excelente, sumamente agradable, que nada supera aquí en el mundo entero, cuya forma es noble y que es digna de respeto;
87. Así como los poderes, las contemplaciones y las liberaciones, los numerosos cientos de koṭis de meditaciones; ese es el excelente carruaje con el que los hijos del Buddha se deleitan sin cesar.
88. Pasan las noches, los días, las quincenas, los meses, las estaciones y los años; pasan medios Kalpas y miles de koṭis de Kalpas deleitándose con este carruaje.
89. Ese es el excelente carruaje, el carruaje precioso, con el que los Bodhisattvas que juegan en este mundo, y los Śrāvakas que escuchan al Sugata, alcanzan aquí abajo la esencia pura del estado de Bodhi.
90. Sábelo, pues, ahora, oh bienaventurado(53 a 2), no hay en este mundo un segundo carruaje, aunque busques en los diez puntos del espacio, excepto [los carruajes que produce] el empleo de los medios puestos en práctica por los Mejores de los hombres.
91. Ustedes son mis hijos y yo soy su padre, y yo los he salvado del dolor, cuando, desde hacía miles de koṭis de Kalpas, estaban consumidos por los terrores y los males temibles de los tres mundos.
86. [Les expongo] también la ciencia de los Buddhas, los Mejores de los hombres, esa ciencia excelente, sumamente agradable, que nada supera aquí en el mundo entero, cuya forma es noble y que es digna de respeto;
87. Así como los poderes, las contemplaciones y las liberaciones, los numerosos cientos de koṭis de meditaciones; ese es el excelente carruaje con el que los hijos del Buddha se deleitan sin cesar.
88. Pasan las noches, los días, las quincenas, los meses, las estaciones y los años; pasan medios Kalpas y miles de koṭis de Kalpas deleitándose con este carruaje.
89. Ese es el excelente carruaje, el carruaje precioso, con el que los Bodhisattvas que juegan en este mundo, y los Śrāvakas que escuchan al Sugata, alcanzan aquí abajo la esencia pura del estado de Bodhi.
90. Sábelo, pues, ahora, oh bienaventurado(53 a 2), no hay en este mundo un segundo carruaje, aunque busques en los diez puntos del espacio, excepto [los carruajes que produce] el empleo de los medios puestos en práctica por los Mejores de los hombres.
91. Ustedes son mis hijos y yo soy su padre, y yo los he salvado del dolor, cuando, desde hacía miles de koṭis de Kalpas, estaban consumidos por los terrores y los males temibles de los tres mundos.
92. Así hablo aquí del Nirvâṇa [diciendo]: Aunque todavía no han llegado al Nirvâṇa completo, ahora están libres de la miseria de la transmigración: el carro del Buddha es lo que deben buscar.
93. Y todos los Bôdhisattvas, cualesquiera que se encuentren aquí, escuchan las reglas de la conducta del Buddha, que son mías. Tal es la habilidad en el uso de los medios de que dispone el Djina, habilidad mediante la cual disciplina a un gran número de Bôdhisattvas.
94. Cuando los seres están aquí abajo aferrados a deseos miserables y viles, el Guía del mundo, que no dice mentiras, les explica entonces qué es el dolor: esa es la [primera] verdad de los Aryas.
95. Y a quienes, por no conocer el dolor, no ven su causa debido a la ignorancia de su mente, les muestro el camino: El origen del dolor de las pasiones [les digo] es la producción [de esas mismas pasiones].
96. Aniquilen constantemente la pasión, ustedes que no encuentran refugio en ninguna parte; esa es mi tercera verdad, la de la aniquilación; por ella, y no de otro modo, se salva el hombre; pues, cuando se ha representado este camino, queda completamente liberado.
97. ¿Y por qué los seres quedan completamente liberados(53 b 2), oh Çâriputtra? Lo están porque comprenden [la verdad de] la aniquilación; sin embargo, aún no están completamente liberados: el Guía [del mundo] declara que no han llegado al Nirvâṇa.
93. Y todos los Bôdhisattvas, cualesquiera que se encuentren aquí, escuchan las reglas de la conducta del Buddha, que son mías. Tal es la habilidad en el uso de los medios de que dispone el Djina, habilidad mediante la cual disciplina a un gran número de Bôdhisattvas.
94. Cuando los seres están aquí abajo aferrados a deseos miserables y viles, el Guía del mundo, que no dice mentiras, les explica entonces qué es el dolor: esa es la [primera] verdad de los Aryas.
95. Y a quienes, por no conocer el dolor, no ven su causa debido a la ignorancia de su mente, les muestro el camino: El origen del dolor de las pasiones [les digo] es la producción [de esas mismas pasiones].
96. Aniquilen constantemente la pasión, ustedes que no encuentran refugio en ninguna parte; esa es mi tercera verdad, la de la aniquilación; por ella, y no de otro modo, se salva el hombre; pues, cuando se ha representado este camino, queda completamente liberado.
97. ¿Y por qué los seres quedan completamente liberados(53 b 2), oh Çâriputtra? Lo están porque comprenden [la verdad de] la aniquilación; sin embargo, aún no están completamente liberados: el Guía [del mundo] declara que no han llegado al Nirvâṇa.
98. ¿Por qué no anuncio la liberación a un hombre de esta especie? Es porque no ha alcanzado el excelente y supremo estado de Bôdhi. Este es mi deseo: yo, que soy el rey de la ley, he nacido en este mundo para hacer felices [a los seres].
99. Este es, oh Çâriputtra, el sello de mi ley, de esta ley que expongo hoy, al final de mi existencia, para bien del universo junto con los Dêvas. Enséñala, pues, en las diez direcciones del espacio y en todas las regiones intermedias.
100. Y si, mientras enseñas, algún ser viniera a decirte estas palabras: «Me alegro de este discurso»; si recibiera este Sûtra con una señal de cabeza [respetuosa], considera a ese ser incapaz de apartarse de su propósito.
101. Ha visto a los antiguos Tathâgatas y les ha rendido culto; y ha oído una ley semejante a la que yo enseño, quien tiene fe en este Sûtra.
102. Nos ha visto a mí, a ti y a todos estos Religiosos que forman mi asamblea; ha visto a todos estos Bôdhisattvas quien tiene fe en mis palabras eminentes.
103. Este Sûtra está hecho para perturbar a los ignorantes, y es porque lo he comprendido con mi penetrante inteligencia que lo expongo así; en efecto, este no es el dominio de los Çrâvakas; tampoco es el camino de los Pratyêkabuddhas.
99. Este es, oh Çâriputtra, el sello de mi ley, de esta ley que expongo hoy, al final de mi existencia, para bien del universo junto con los Dêvas. Enséñala, pues, en las diez direcciones del espacio y en todas las regiones intermedias.
100. Y si, mientras enseñas, algún ser viniera a decirte estas palabras: «Me alegro de este discurso»; si recibiera este Sûtra con una señal de cabeza [respetuosa], considera a ese ser incapaz de apartarse de su propósito.
101. Ha visto a los antiguos Tathâgatas y les ha rendido culto; y ha oído una ley semejante a la que yo enseño, quien tiene fe en este Sûtra.
102. Nos ha visto a mí, a ti y a todos estos Religiosos que forman mi asamblea; ha visto a todos estos Bôdhisattvas quien tiene fe en mis palabras eminentes.
103. Este Sûtra está hecho para perturbar a los ignorantes, y es porque lo he comprendido con mi penetrante inteligencia que lo expongo así; en efecto, este no es el dominio de los Çrâvakas; tampoco es el camino de los Pratyêkabuddhas.
104. Tú estás lleno de confianza, oh Çâriputtra, ¿y no debo decir lo mismo de mis otros Çrâvakas? Ellos también avanzan llenos de confianza en mí; y, sin embargo, ninguno de ellos posee el conocimiento individual.
105. Pero no expongas esta doctrina a los obstinados, ni a los orgullosos, ni a los Yôgins que no son dueños de sí mismos; pues esos insensatos, siempre embriagados de deseos, despreciarían, en su ignorancia, la ley que se les expusiera.
106. Cuando se ha despreciado mi habilidad en el empleo de los medios, que es la regla de los Buddhas, perpetuamente subsistente en el mundo; cuando, con mirada desdeñosa, se ha despreciado el vehículo [de los Buddhas], aprendan el terrible resultado que se recoge de ello en este mundo.
107. Cuando se desprecia un Sûtra como este, mientras Yo estoy en este mundo o cuando he entrado en el Nirvâṇa completo, o cuando se desea el mal a los Religiosos, aprendan de mí el resultado que se recoge de esas faltas.
108. Tan pronto como tales hombres han salido de este mundo, Avîtchi es el lugar donde residen durante Kalpas enteros; luego, al cabo de muchos medios Kalpas, esos ignorantes vuelven a morir en ese Infierno.
109. En efecto, después de morir en los Infiernos, salen de allí para renacer en matrices de animales; débiles y reducidos a la condición de perro o de chacal, se convierten para los demás en objetos de diversión.
105. Pero no expongas esta doctrina a los obstinados, ni a los orgullosos, ni a los Yôgins que no son dueños de sí mismos; pues esos insensatos, siempre embriagados de deseos, despreciarían, en su ignorancia, la ley que se les expusiera.
106. Cuando se ha despreciado mi habilidad en el empleo de los medios, que es la regla de los Buddhas, perpetuamente subsistente en el mundo; cuando, con mirada desdeñosa, se ha despreciado el vehículo [de los Buddhas], aprendan el terrible resultado que se recoge de ello en este mundo.
107. Cuando se desprecia un Sûtra como este, mientras Yo estoy en este mundo o cuando he entrado en el Nirvâṇa completo, o cuando se desea el mal a los Religiosos, aprendan de mí el resultado que se recoge de esas faltas.
108. Tan pronto como tales hombres han salido de este mundo, Avîtchi es el lugar donde residen durante Kalpas enteros; luego, al cabo de muchos medios Kalpas, esos ignorantes vuelven a morir en ese Infierno.
109. En efecto, después de morir en los Infiernos, salen de allí para renacer en matrices de animales; débiles y reducidos a la condición de perro o de chacal, se convierten para los demás en objetos de diversión.
110. Entonces adoptan una tez negra o moteada; están cubiertos de erupciones cutáneas y de heridas; son débiles y carecen de pelo, y sienten aversión por el estado supremo de Bôdhi, que es el mío.
111. Son constantemente objeto de desprecio para todos los seres; gritan, golpeados con piedras o con espadas; se les atemoriza en todas partes con golpes de bastón; sus miembros descarnados son consumidos por el hambre y la sed.
112. Renacen como camellos o asnos, cargados de fardos y golpeados con cien bastonazos; estos seres, cuya inteligencia ignorante ha despreciado la regla de los Buddhas, están constantemente ocupados pensando en su alimento.
113. Después se convierten en chacales en este mundo, repugnantes, débiles y lisiados; atormentados por los niños de las aldeas, estos seres ignorantes son golpeados con piedras y espadas.
114. Tras abandonar esta existencia, estos seres ignorantes renacen con cuerpos de quinientos Yôdjanas de largo; son perezosos, estúpidos y vuelven sin cesar sobre sus pasos.
115. Renacen sin pies, condenados a arrastrarse sobre el vientre, devorados por numerosos kôṭis de seres vivos; tales son los crueles dolores que padecen quienes han despreciado un Sûtra como el que yo enseño.
116. Y cuando vuelven a tener un cuerpo humano, renacen lisiados, cojos, jorobados, tuertos, idiotas y miserables, estos seres que no tienen fe en este Sûtra que expongo.
111. Son constantemente objeto de desprecio para todos los seres; gritan, golpeados con piedras o con espadas; se les atemoriza en todas partes con golpes de bastón; sus miembros descarnados son consumidos por el hambre y la sed.
112. Renacen como camellos o asnos, cargados de fardos y golpeados con cien bastonazos; estos seres, cuya inteligencia ignorante ha despreciado la regla de los Buddhas, están constantemente ocupados pensando en su alimento.
113. Después se convierten en chacales en este mundo, repugnantes, débiles y lisiados; atormentados por los niños de las aldeas, estos seres ignorantes son golpeados con piedras y espadas.
114. Tras abandonar esta existencia, estos seres ignorantes renacen con cuerpos de quinientos Yôdjanas de largo; son perezosos, estúpidos y vuelven sin cesar sobre sus pasos.
115. Renacen sin pies, condenados a arrastrarse sobre el vientre, devorados por numerosos kôṭis de seres vivos; tales son los crueles dolores que padecen quienes han despreciado un Sûtra como el que yo enseño.
116. Y cuando vuelven a tener un cuerpo humano, renacen lisiados, cojos, jorobados, tuertos, idiotas y miserables, estos seres que no tienen fe en este Sûtra que expongo.
117. En el mundo, son objeto de aversión; de su boca exhala un olor fétido; están poseídos por un Yakcha que habita en su cuerpo: quienes no tienen fe en el estado de Buddha.
118. Pobres, condenados a las tareas de la servidumbre, débiles y siempre sujetos al servicio de otro, sufren muchas miserias y viven en el mundo sin protectores.
119. Y aquel a quien sirven allí no quiere darles nada; e incluso lo que se les da perece muy pronto, pues ese es, en efecto, el fruto de su pecado.
120. Y los medicamentos perfectamente preparados que toman aquí abajo de manos de los hombres hábiles que se los dan no hacen sino aumentar aún más su mal, y su enfermedad nunca llega a su fin.
121. Sufren robos, ataques, emboscadas, violencias, raptos y actos de crueldad, y estos males recaen sobre ellos a causa de su pecado.
122. No, jamás ve ese culpable al Jefe del mundo, el rey de los Indras de los hombres, que enseña aquí; en efecto, habita aquí en tiempos en que el Jefe no aparece, quien ha despreciado las reglas de los Buddhas, que son las mías.
123. Este ignorante tampoco oye la ley; es sordo y carece de inteligencia; por haber despreciado esta ciencia del Buddha, nunca más encuentra reposo.
118. Pobres, condenados a las tareas de la servidumbre, débiles y siempre sujetos al servicio de otro, sufren muchas miserias y viven en el mundo sin protectores.
119. Y aquel a quien sirven allí no quiere darles nada; e incluso lo que se les da perece muy pronto, pues ese es, en efecto, el fruto de su pecado.
120. Y los medicamentos perfectamente preparados que toman aquí abajo de manos de los hombres hábiles que se los dan no hacen sino aumentar aún más su mal, y su enfermedad nunca llega a su fin.
121. Sufren robos, ataques, emboscadas, violencias, raptos y actos de crueldad, y estos males recaen sobre ellos a causa de su pecado.
122. No, jamás ve ese culpable al Jefe del mundo, el rey de los Indras de los hombres, que enseña aquí; en efecto, habita aquí en tiempos en que el Jefe no aparece, quien ha despreciado las reglas de los Buddhas, que son las mías.
123. Este ignorante tampoco oye la ley; es sordo y carece de inteligencia; por haber despreciado esta ciencia del Buddha, nunca más encuentra reposo.
124. Durante varios miles de miríadas de koṭis de Kalpas, en número igual al de los granos de arena del Ganges, es estúpido y lisiado; tal es el fruto que resulta de su desprecio por este Sûtra.
125. Su jardín es el Infierno; su morada es un lugar en una de las existencias donde el hombre es castigado; allí permanece sin cesar bajo las formas del asno, el cerdo, el chacal y el perro.
126. Y aun cuando haya recuperado la condición humana, la ceguera, la sordera y la estupidez serán su destino; esclavo de otros, siempre será miserable.
127. Entonces, los adornos y las vestiduras que lleva son sus enfermedades; tiene en el cuerpo miríadas de koṭis de heridas; tiene úlceras, sarna y erupciones cutáneas,
128. Lepra blanca, lepra que forma manchas, y exhala olor a cadáver; si su cuerpo está sano, el órgano de la vista se le vuelve opaco. La violencia de su ira estalla al exterior; la concupiscencia es extrema en él; finalmente, mora sin cesar en matrices de animales.
129. Sí, Çârisuta, aunque pasara aquí un Kalpa entero enumerando los vicios de quien desprecia mi Sûtra, no podría llegar a su fin.
125. Su jardín es el Infierno; su morada es un lugar en una de las existencias donde el hombre es castigado; allí permanece sin cesar bajo las formas del asno, el cerdo, el chacal y el perro.
126. Y aun cuando haya recuperado la condición humana, la ceguera, la sordera y la estupidez serán su destino; esclavo de otros, siempre será miserable.
127. Entonces, los adornos y las vestiduras que lleva son sus enfermedades; tiene en el cuerpo miríadas de koṭis de heridas; tiene úlceras, sarna y erupciones cutáneas,
128. Lepra blanca, lepra que forma manchas, y exhala olor a cadáver; si su cuerpo está sano, el órgano de la vista se le vuelve opaco. La violencia de su ira estalla al exterior; la concupiscencia es extrema en él; finalmente, mora sin cesar en matrices de animales.
129. Sí, Çârisuta, aunque pasara aquí un Kalpa entero enumerando los vicios de quien desprecia mi Sûtra, no podría llegar a su fin.
130. Y por eso, como conozco este asunto, te advierto, oh Çâriputtra, que no expongas este Sûtra en presencia de personas ignorantes.
131. Pero los hombres que, en este mundo, son iluminados, instruidos, dotados de memoria, hábiles, sabios; aquellos que han alcanzado el excelente y supremo estado de Bôdhi, a ellos puedes hacerles oír esta verdad suprema.
132. Aquellos que han visto numerosos kôṭis de Buddhas, que han hecho crecer en sí mismos méritos innumerables y que son inquebrantables en la meditación, a ellos puedes hacerles oír esta verdad suprema.
133. Aquellos que, llenos de energía, siempre ocupados en pensamientos de benevolencia, no piensan sin cesar más que en la caridad; aquellos que renuncian a su cuerpo y a su vida, puedes recitar este Sûtra en su presencia.
134. Aquellos que respetan las opiniones de los demás, que no se relacionan con los ignorantes y que viven satisfechos en las cavernas de las montañas, puedes hacerles oír este afortunado Sûtra.
135. Aquellos que buscan amigos virtuosos y evitan a los amigos pecadores, los hijos de Buddha, [en una palabra,] en quienes reconoces estas cualidades, merecen que les expliques este Sûtra.
136. Estos hijos de Buddha, semejantes a joyas preciosas, que ves practicando sin interrupción los deberes de la moral y que se esfuerzan por comprender los Sûtras de gran extensión, puedes recitar este Sûtra en su presencia.
131. Pero los hombres que, en este mundo, son iluminados, instruidos, dotados de memoria, hábiles, sabios; aquellos que han alcanzado el excelente y supremo estado de Bôdhi, a ellos puedes hacerles oír esta verdad suprema.
132. Aquellos que han visto numerosos kôṭis de Buddhas, que han hecho crecer en sí mismos méritos innumerables y que son inquebrantables en la meditación, a ellos puedes hacerles oír esta verdad suprema.
133. Aquellos que, llenos de energía, siempre ocupados en pensamientos de benevolencia, no piensan sin cesar más que en la caridad; aquellos que renuncian a su cuerpo y a su vida, puedes recitar este Sûtra en su presencia.
134. Aquellos que respetan las opiniones de los demás, que no se relacionan con los ignorantes y que viven satisfechos en las cavernas de las montañas, puedes hacerles oír este afortunado Sûtra.
135. Aquellos que buscan amigos virtuosos y evitan a los amigos pecadores, los hijos de Buddha, [en una palabra,] en quienes reconoces estas cualidades, merecen que les expliques este Sûtra.
136. Estos hijos de Buddha, semejantes a joyas preciosas, que ves practicando sin interrupción los deberes de la moral y que se esfuerzan por comprender los Sûtras de gran extensión, puedes recitar este Sûtra en su presencia.
137. A quienes están libres de ira y siempre son rectos, a quienes están llenos de compasión por todas las criaturas y son respetuosos ante el Sugata, puedes recitarles este Sûtra en su presencia.
138. A quien expusiera la ley en medio de la asamblea, quien, libre de todo apego, hablara en completo recogimiento, sirviéndose de muchas miríadas de koṭis de ejemplos, puedes enseñarle este Sûtra.
139. Y a quien llevara las manos juntas sobre la cabeza en señal de respeto, deseando obtener el estado de quien todo lo sabe; a quien recorriera los diez puntos del espacio, buscando a un religioso que hablara bien;
140. A quien comprendiera los Sûtras de grandes desarrollos, que no encontrara placer en otros libros y que ni siquiera oyera una sola estrofa de otra cosa, a ese puedes hacerle oír este excelente Sûtra.
141. Es semejante a quien lleva las reliquias del Tathâgata y a cualquier hombre que las busque quien deseara este Sûtra y, habiéndolo obtenido, lo llevara sobre la frente.
142. Nunca debe pensar en otros Sûtras ni en otros libros de una ciencia vulgar, pues estos son objetos apropiados para los ignorantes; evita tales libros y explica este Sûtra.
143. Pero necesitaría, oh Çâriputtra, un Kalpa completo para decir las miles de clases de quienes han alcanzado el estado supremo y excelente de Bôdhi; es en su presencia donde debes exponer este Sûtra.
138. A quien expusiera la ley en medio de la asamblea, quien, libre de todo apego, hablara en completo recogimiento, sirviéndose de muchas miríadas de koṭis de ejemplos, puedes enseñarle este Sûtra.
139. Y a quien llevara las manos juntas sobre la cabeza en señal de respeto, deseando obtener el estado de quien todo lo sabe; a quien recorriera los diez puntos del espacio, buscando a un religioso que hablara bien;
140. A quien comprendiera los Sûtras de grandes desarrollos, que no encontrara placer en otros libros y que ni siquiera oyera una sola estrofa de otra cosa, a ese puedes hacerle oír este excelente Sûtra.
141. Es semejante a quien lleva las reliquias del Tathâgata y a cualquier hombre que las busque quien deseara este Sûtra y, habiéndolo obtenido, lo llevara sobre la frente.
142. Nunca debe pensar en otros Sûtras ni en otros libros de una ciencia vulgar, pues estos son objetos apropiados para los ignorantes; evita tales libros y explica este Sûtra.
143. Pero necesitaría, oh Çâriputtra, un Kalpa completo para decir las miles de clases de quienes han alcanzado el estado supremo y excelente de Bôdhi; es en su presencia donde debes exponer este Sûtra.
Siento satisfacción.] Es posible que satisfacción no sea aquí la traducción exacta de âudvilya, puesto que Çâriputtra expresa unas líneas más abajo su profundo pesar. Sería más bien curiosidad, o incluso turbación, lo que habría que decir. Véase arriba, cap. i, f. 4 b, p. 308.
Siempre me encuentro con este mismo pensamiento.] Traduzco así las palabras anênâiva vihârêna viharâmi, según la paráfrasis poética que sigue al texto en prosa y, en particular, según la estrofa 3. La interpretación literal sería «resido siempre en esta residencia o en este Vihâra»; pero se comprende fácilmente que esta expresión pueda recibir, en sentido figurado, el significado que le atribuyo.
Siempre me encuentro con este mismo pensamiento.] Traduzco así las palabras anênâiva vihârêna viharâmi, según la paráfrasis poética que sigue al texto en prosa y, en particular, según la estrofa 3. La interpretación literal sería «resido siempre en esta residencia o en este Vihâra»; pero se comprende fácilmente que esta expresión pueda recibir, en sentido figurado, el significado que le atribuyo.
En el ámbito de leyes semejantes a nosotros.] He traducido tan literalmente como me ha sido posible este oscuro texto tulyanâma dharmadhâtu pravêçê, y lo he entendido como si el discípulo de Bhagavat quisiera decir que, al introducirlos en una ley de la misma naturaleza que ellos, que no es superior a ellos, Buddha se sirvió de un vehículo miserable para sacarlos del mundo, o incluso, más bien, para excluirlos de la posesión de una ley superior. Sin embargo, el examen de la versión tibetana no parece justificar esta interpretación de la palabra tulya. En efecto, si no me equivoco acerca del sentido de estos términos tchhos-kyi dbyings-la hdjug-pa mtshungs-na, significan «en una igual introducción al ámbito de la ley». De esta versión se desprendería que tulyanâma no se referiría a dharmadhâtu, como naturalmente se está llevado a pensar, sino a pravêçê. Según esta suposición, habría que traducir: «al introducirnos igualmente [a todos] en el ámbito de la ley». Sin embargo, se presenta también una tercera interpretación, algo diferente de la de la versión tibetana, si es que la comprendo bien. Esta interpretación se basa en el sentido puramente metafísico de tulya, que, al igual que sama, «semejante», es un epíteto que se une con mucha frecuencia a la palabra dharma, «ley, condición, ser». Así, se encuentra a cada instante esta definición: que las leyes o los seres son sama, «semejantes entre sí», y tulya, «iguales entre sí». Expresiones de este tipo aparecen varias veces en la parte del Mémoire de Deshauterayes dedicada a la metafísica de los Buddhistas. Así, cuando Çâkyamuni alcanza, tras largas meditaciones, la perfección de un Buddha, Deshauterayes, apoyándose en sus fuentes chinas, se expresa así: «Adquirió la verdadera sabiduría que iguala o identifica todas las cosas». En otro lugar se lee esta invocación al Buddha: «¡Oh Fo, Tú igualas o identificas todas las cosas; sin admitir diferencia alguna entre ellas, haces igualmente felices a los hombres y a los habitantes de los cielos!». Si este fuera el sentido que debiera atribuirse a tulya en la frase que nos ocupa, el epíteto tulya, «igual», aplicado a las leyes sería una cualidad absoluta y no relativa a la situación de quien habla.
St. 4. Semejantes a Mí.] El texto emplea la palabra tulya, cuya explicación ocupa la nota anterior.
St. 5 y 6. Los treinta y dos signos de belleza… y los signos secundarios.] Véase una extensa nota sobre estos atributos de un Buddha en el Apéndice, n.º VIII.
St. 6. Las leyes homogéneas en número de dieciocho.] Léase «las leyes independientes». El término empleado por el texto es âvêṇika, sobre el cual se encontrará una nota en el Apéndice, bajo el n.º IX.
St. 10. En la pura esencia del estado de Bôdhi.] Léase «sobre el trono de la Bôdhi».
St. 5 y 6. Los treinta y dos signos de belleza… y los signos secundarios.] Véase una extensa nota sobre estos atributos de un Buddha en el Apéndice, n.º VIII.
St. 6. Las leyes homogéneas en número de dieciocho.] Léase «las leyes independientes». El término empleado por el texto es âvêṇika, sobre el cual se encontrará una nota en el Apéndice, bajo el n.º IX.
St. 10. En la pura esencia del estado de Bôdhi.] Léase «sobre el trono de la Bôdhi».
Voy a hablarte.] Había creído poder traducir así la expresión del texto ârôlchayâmi tê, que la versión tibetana traduce con estas palabras: khyod mos-par-byaho, «tú tendrás una atención respetuosa, o inclinación». Pensaba que uno de los usos más corrientes del sánscrito rutch (yadi tê rôtchatê, «si eso te agrada») me autorizaba a traducir literalmente la frase ârôtchayâmi tê por «hago algo que te agrade» y, en sentido figurado, «te manifiesto mi afecto». Pero, desde la impresión de mi traducción, me he convencido de que la forma causativa de la raíz rutch había conservado aún menos de su valor primitivo de lo que yo creía, y de que simplemente significaba en el sánscrito búdico «anuncio, declaro». Encontré pruebas muy numerosas de este hecho al traducir, a partir del texto del Divya avadâna, la historia de Pûrṇa que publiqué en mi Introducción a la historia del Buddhismo indio; y estas pruebas se vieron confirmadas por la versión tibetana, que, en lugar de emplear en el curso del Hdul-va-gji la interpretación que cité al principio, se sirve simplemente de un verbo como smras, «decir». Añadiré, por último, que los textos pâlis también emplean este término con el sentido de anunciar, dar a conocer, como puede comprobarse en los dos pasajes siguientes: sabbam̃ brâhmaṇassa pôhkliarasâdissa ârôtchêsi, «anunció todo al brahmán Pôkkharasâdi»; Bhagavatô kâlam ârôtchêsi, «hizo saber a Bhagavat que había llegado el momento». Observo que Spiegel ya había hecho esta observación respecto del pâli y la había respaldado con cierto número de pasajes tomados del Mahâwanso de Turnour. Ruego, pues, al lector que sustituya la expresión «voy a manifestarte mi afecto» por esta otra: «voy a hablarte», primero en el pasaje que es objeto de esta nota y luego en los pasajes siguientes: cap. vi, f. 79 b; f. 82 a, est. 17; f. 82 b; f. 84 a; cap. vii,
Por la bendición.] La palabra del texto es adhichṭhânêna, que la versión tibetana representa así: byin-kyi rlabs-kyis, «en virtud de la bendición». Esta palabra se encuentra con el mismo significado en el pâli de los Buddhistas del Sur, y citaré un ejemplo tomado del Thûpa vam̃sa: Sa raññôtcha thêrassatcha sâsanam̃ gahêtvâ thêrassa adhiṭṭhânavasêna êkadivasên adjambukôlapaṭṭhânam̃ gatvâ nâvam abhiruhitvâ. «Él, habiendo recibido la orden del rey y del Thêra, llegado en un día a Djambukôla paṭṭhâna por efecto de la bendición de este último, subió a una nave.»
La tierra de Buddha.] La palabra que emplea el texto para designar la tierra donde aparece un Buddha es Buddha kchêtra; no recuerdo haber encontrado jamás en los textos sánscritos del Nepal la palabra kchmâ, que el señor Rémusat creía que era el equivalente sánscrito del término con el que los Buddhistas chinos designan la tierra de un Buddha. Según los cingaleses, la tierra sobre la que se ejerce la acción de un Buddha varía de extensión según el punto de vista desde el que se la considere. Así, el comentarista del Djina alam̃kâra, al explicar el término tibuddhakhêttêkadivâkarô, «único sol de las tres tierras de un Buddha», se expresa así: «Hay tres clases de tierras de un Buddha: la tierra del nacimiento, la tierra del mando, la tierra del objeto»; lo cual quiere decir: la tierra donde nació el Buddha, aquella sobre la que se extiende Su poder y aquella donde es conocido. Luego añade: «La tierra del nacimiento consta de diez mil recintos de mundos (tchakkavâla); la «tierra del mando consta de cien mil kôṭis de recintos de mundos; la tierra donde es conocido consta de un número infinito e inconmensurable de recintos de «mundos»».
La tierra de Buddha.] La palabra que emplea el texto para designar la tierra donde aparece un Buddha es Buddha kchêtra; no recuerdo haber encontrado jamás en los textos sánscritos del Nepal la palabra kchmâ, que el señor Rémusat creía que era el equivalente sánscrito del término con el que los Buddhistas chinos designan la tierra de un Buddha. Según los cingaleses, la tierra sobre la que se ejerce la acción de un Buddha varía de extensión según el punto de vista desde el que se la considere. Así, el comentarista del Djina alam̃kâra, al explicar el término tibuddhakhêttêkadivâkarô, «único sol de las tres tierras de un Buddha», se expresa así: «Hay tres clases de tierras de un Buddha: la tierra del nacimiento, la tierra del mando, la tierra del objeto»; lo cual quiere decir: la tierra donde nació el Buddha, aquella sobre la que se extiende Su poder y aquella donde es conocido. Luego añade: «La tierra del nacimiento consta de diez mil recintos de mundos (tchakkavâla); la «tierra del mando consta de cien mil kôṭis de recintos de mundos; la tierra donde es conocido consta de un número infinito e inconmensurable de recintos de «mundos»».
Recintos trazados en forma de tableros, etc.] La expresión que traduzco así es suvarṇasûtrâchṭâpada nibaddham, para cuya interpretación no tengo, por el momento, nada mejor que proponer. Considero que la palabra achṭâpada, que significa «tejido a cuadros para jugar a las damas o a los dados», designa figuradamente recintos trazados en forma de tablero, cuyas divisiones, semejantes a las de un tejido sobre el que se juega a los dados, están marcadas con cuerdas de oro. Según esta interpretación, el compuesto entero debe traducirse literalmente así: «tierra en la que los tableros están fijados con cuerdas de oro». Volveremos a encontrar esta misma imagen al comienzo del capítulo vi. Esta manera de imaginar la superficie del suelo dividida en cuadrados como un tablero, ¿no habría dado origen al símbolo que se observa en una clase de medallas budistas, donde aparece la imagen del Tchâitya? Este símbolo, que Wilson definió como un pedestal cuadrado dividido en compartimentos, representa un recinto cuadrangular dividido en cuatro cuadrados interiores, de cuyo centro se eleva el árbol Bôdhi.
En la época en que el Kalpa degenera.] Esta es la expresión que expliqué más arriba, cap. ii, f. 27 a; significa literalmente «en la corrupción de un Kalpa», kalpa kachâyê. La versión tibetana lo expresa de forma aún más explícita: «en las heces de un Kalpa». Esto quiere decir aquí que el Kalpa en que un día aparecerá este Buddha no será, como aquel en que vivió Çâkyamuni, una época de miseria y pecado.
En la época en que el Kalpa degenera.] Esta es la expresión que expliqué más arriba, cap. ii, f. 27 a; significa literalmente «en la corrupción de un Kalpa», kalpa kachâyê. La versión tibetana lo expresa de forma aún más explícita: «en las heces de un Kalpa». Esto quiere decir aquí que el Kalpa en que un día aparecerá este Buddha no será, como aquel en que vivió Çâkyamuni, una época de miseria y pecado.
A excepción, sin embargo.] La palabra que utiliza el texto es anyatra, cuyo valor he explicado en una nota del Apéndice, n.º X, sobre la palabra anyatra. Por ahora me limito a señalar que la palabra anyatra, en pali annatra, «salvo, excepto», suele tener como sinónimo en pali ṭhapêtvâ, que explicaré dentro de un momento en la primera nota sobre el
Se levantarán para caminar sobre lotos de diamante.] El texto utiliza una expresión un tanto oscura, ratnapadmavikrâminô bhâvichyanti. Hoy creo que el verdadero sentido es «caminarán sobre lotos de diamante», para decir «harán crecer lotos de diamante bajo sus pasos». Los siameses creen que, cuando Çâkyamuni caminaba, nacían espontáneamente lotos azules bajo sus pasos, para impedir que sus pies tocaran la tierra.
Se levantarán para caminar sobre lotos de diamante.] El texto utiliza una expresión un tanto oscura, ratnapadmavikrâminô bhâvichyanti. Hoy creo que el verdadero sentido es «caminarán sobre lotos de diamante», para decir «harán crecer lotos de diamante bajo sus pasos». Los siameses creen que, cuando Çâkyamuni caminaba, nacían espontáneamente lotos azules bajo sus pasos, para impedir que sus pies tocaran la tierra.
[Dejando de lado.] La palabra que traduzco así es el participio sthâpayitvâ, «habiendo puesto de pie», para decir «habiendo dejado de lado, exceptuado». Es también uno de esos participios empleados adverbialmente que abundan en el estilo budista. Se usa con igual frecuencia en el dialecto pâli de los budistas meridionales. Ya puede verse un ejemplo en una estrofa relativa a la sabiduría de Çâriputtra, que Turnour citó siguiendo a Mahânâma, al comienzo de su introducción al Mahâvamsa; el participio en cuestión aparece allí bajo la forma ṭhapêtvâna, que es sinónimo de ṭhapêtvâ, forma que da el propio Mahâvamsa. Citaré algunos ejemplos más tomados de los textos que tengo en mis manos: Tam̃ Bhagavantam sammâsambuddham̃ ṭhapêtvâ ko aññô vattam̃ samatthô. «A excepción del Bienaventurado, Buddha perfecta y completamente despierto, ¿quién otro es capaz de decirlo?» El Thupa vam̃sa me proporciona otros dos pasajes no menos característicos; he aquí el primero: Kassapassa pana Bhagavatô aparabhâgê ṭhapêtvâ imam̃ sammâsambuddham̃ aññô Buddhô nâma natthi. «Ahora bien, desde el tiempo posterior al bienaventurado Kassapa, no existe ningún otro ser llamado Buddha, salvo este Buddha perfectamente despierto». He aquí el segundo ejemplo: tê sabbê Asôkô attanâ saddhim̃ êkamâtikam̃ tissakumâram̃ ṭhapêtvâ ghâtêsi. «Asôka hizo que mataran a todos, salvo a Tissakumâra, que tenía la misma madre que él». Por último, para terminar, remitiré a un pasaje del comentario pâli sobre las estrofas llamadas Uraga sutta, publicadas por Spiegel.
[La imagen de esta buena ley.] La expresión consagrada para expresar la idea que traduzco por «la imagen de la buena ley» es saddharmapratirûpaka; alude a una opinión sobre la duración de la ley de un Buddha, que es común entre los buddhistas de todas las escuelas y que todos adoptan por igual, salvo algunas diferencias en las cifras. El célebre de Guignes fue el primero en exponer esta teoría sobre la duración de la ley de un Buddha; sus materiales procedían exclusivamente de fuentes chinas. Durante la duración de un Kalpa, la ley del Buddha atraviesa diversos destinos. Se divide en tres épocas, la primera de las cuales se denomina «el período de la primera ley». En lo que respecta al último Buddha Çâkyamuni, este período comenzó con Su muerte y duró quinientos años. La segunda época se denomina «la ley de las figuras o de las imágenes» y duró mil años. La tercera época, denominada «la ley última», debe durar tres mil años. Se ve que la suma de estos tres períodos da cuatro mil quinientos años para la duración de la ley del Buddha.
Según el Sr. A. Rémusat, estas tres épocas se entienden de manera algo diferente. Después de la extinción del Tathâgata, la ley debe permanecer en el mundo; Buddha había dicho a Ananda: «Después de mi Nirvâṇa, la ley de los testimonios durará mil años». Ahora bien, «la ley de los testimonios» es la que practican los hombres que han recibido la doctrina y que, por ello, dan testimonio de los frutos que obtienen de ella: es el período que de Guignes denomina «la primera ley». La única diferencia está en la duración, que, según de Guignes, es de quinientos años y, según Rémusat, de mil. El segundo período se llama «la ley de la semejanza», porque, mientras subsiste, hay, como en el primero, hombres que, habiendo recibido la ley, todavía saben practicarla. Rémusat no indica la duración de este segundo período, que es precisamente el que de Guignes denomina «la ley de las figuras o imágenes». Por último, el tercer período es el de «la ley que llega a su fin o declina»; durante este período, los mismos hombres que hayan recibido la ley ya no estarán en condiciones de practicarla ni de dar testimonio de ella. Esta época es la que de Guignes denomina «la última ley» y cuya duración fija en tres mil años, algo de lo que A. Rémusat no habla. Según este último autor, los chinos conocerían otro cálculo que admite cinco períodos de quinientos años cada uno, a partir del Nirvâṇa de Çâkyamuni. Dos de estos períodos se asignan a la primera ley y otros dos a la segunda; el tercer período, por sí solo, debe durar diez mil años. Más recientemente, Neumann ha expuesto, también basándose en los chinos, la teoría de estos tres períodos de la ley; les da los nombres de «la completa, la aparente y la última»; la primera debe durar quinientos años, la segunda mil y la tercera tres mil.
Estos datos coinciden en general entre sí, salvo en lo que respecta a la duración de cada período. Los mongoles, según I. J. Schmidt, atribuyen a la ley del Buddha Çâkyamuni una duración total de cinco mil años; este es exactamente el número admitido por los buddhistas del Sur y, en especial, por los birmanos, según los cuales Çâkyamuni habría determinado él mismo, antes de morir, la duración de Su ley. Se observa una diferencia más considerable entre estas exposiciones y la de los tibetanos, cuyo conocimiento debemos al señor Schiefner. Un texto traducido por él del Gandjour nos enseña que Çâkyamuni había predicho para Su doctrina una duración de dos mil años, período que dividía en cuatro etapas de quinientos años cada una, correspondientes al declive sucesivo de la ley. A su vez, el último período se subdividía en dos partes: una de trescientos años y otra de doscientos. Esta predicción de Çâkya iba acompañada del relato de la ruina completa del buddhismo y de la aniquilación del cuerpo de los Religiosos, tanto a causa de persecuciones extranjeras como de disensiones intestinas.
Es fácil reconocer que esta división de la duración de la ley de Çâkyâ en períodos que se distinguen unos de otros por el estado más o menos floreciente de dicha ley tiene un fundamento real en la historia del Buddhismo indio. Representa, en forma general, la tradición de su establecimiento, de su duración y de las persecuciones que lo expulsaron de la India. Las cifras mismas, por rigurosas que puedan parecer, contrastan evidentemente con aquellas con las que se expresa habitualmente la duración de la ley de los Buddhas fabulosos anteriores a Çâkyamuni. Aquí ya no se trata de esos períodos que solo se cuentan por grandes y medianos Kalpas, como se ve a cada instante en el Lotus; por el contrario, se percibe que estamos en el terreno, si no de la historia positiva, al menos de la tradición legendaria. Pero ir más allá en la precisión y tratar de señalar los momentos exactos de esos períodos es algo que no me parece posible, al menos por ahora. Nos basta con interpretar esta tradición en el sentido de que los Buddhistas, después de haber sido expulsados de la India, conservaron el recuerdo de la época en que habían visto florecer allí su creencia, y que, para ellos, esa época se dividió naturalmente en períodos más o menos numerosos que, comenzando con la muerte del fundador de la doctrina, se extendieron hasta los tiempos en que esta se acercaba a su decadencia y terminaron en el momento en que fue expulsada de su tierra natal. Además, se comprende, sin que me detenga mucho en ello, el significado propio de textos como el que tradujo el Sr. Schiefner. Prueban evidentemente que los libros en los que se encuentran son posteriores a las grandes persecuciones que sufrió el Buddhismo en la India. Este es, pues, un punto que no deberá perderse de vista al leer las colecciones de Nepal y del Tíbet y compararlas con la colección del Sur. Ya en nuestro Lotus de la buena ley se observa, en el capítulo xii, f. 1, 47 y siguientes, una descripción sorprendente de las persecuciones a las que estarán expuestos los Religiosos después de la muerte de Çâkyamuni, «durante esta temible época del fin de los tiempos», como dice el texto; esto quiere decir que esta predicción fue escrita después de la época de las persecuciones. El Lalita vistara tiene también un pasaje largo y curioso sobre la incredulidad de los Religiosos futuros.
[Entusiasmados, con el alma arrebatada.] Los términos que traduzco así son udagrâ âttamanaskâḥ; el primero no tiene exactamente este sentido en el sánscrito clásico; el segundo ni siquiera se encuentra en él, al menos que yo sepa. Sin embargo, vemos que el adjetivo udagra, por su doble sentido de «que se proyecta hacia delante» y «vivo, intenso», nos conduce con bastante facilidad al sentido del latín exsultatio, sentido que represento con «entusiasmados». El segundo término, compuesto de âtta, «tomado, arrebatado, quitado», y de manaska, adjetivo derivado de manas, quizá tendría en el sánscrito clásico el sentido de «aquel a quien se le arrebata el corazón», como âttagarva, «aquel cuyo orgullo es humillado»; pero nada impide que, según la perspectiva, âtta designe tanto aquello que otro nos quita, privándonos de ello, como aquello que uno mismo se lleva, que transporta consigo: la palabra francesa transporté, que he elegido deliberadamente, da una idea aproximada de esta figura. El término que acabo de explicar también se encuentra en pali, con esta ligera diferencia: la â inicial se abrevia delante de la consonante doble tta, de esta manera: attamana. Esta observación sirve para corregir un pasaje de la historia del rey Dhamma sôdhaka, extraída por Spiegel del Râsavâhinî pali y publicada por él en sus Anecdota pâlica. El editor escribió atattamanô râdjâ y tradujo «el rey perseverante»; hay que leer anattamano, «no satisfecho, descontento»; el error se debe sin duda a la facilidad con que la t y la n se confunden en la escritura cingalesa.
De los Maestros.] Lean «de los discípulos» y consulten la nota sobre el capítulo 1, f. 2 a, p. 296: del mismo modo, un poco más abajo, lean también «tanto los discípulos como quienes no lo son».
Roto.] He forzado un poco el sentido del original al traducir de esta manera mahallaka, que en el sánscrito de los libros budistas del Norte significa «grande y viejo». Schiefner encontró esta palabra en el Diccionario sánscrito-tibetano budista que cita a menudo, con el sentido especial de «religioso de edad avanzada». Digo especial porque la palabra significa primero «grande y viejo», y solo se emplea para designar a un religioso cuando este reúne a la condición de su estado la de la edad. Esto se demuestra con evidencia por la manera en que los edictos de Piyadasi en Dhaulî y en Kapur-di-giri reproducen un pasaje, por lo demás oscuro, del texto de Girnar. Así, allí donde el edicto de Girnar dice thairêsu, «entre los ancianos», o, como se diría en Ceilán, «entre los Thêras», las otras dos versiones dicen mahâlakênti o mahalaka, palabra cuya terminación gramatical debe de estar alterada, pero que muestra que mahalaka, en pâli, mahallaka, es sinónimo de thêra por sthavira, es decir, significa «anciano». Wilson, en su Memoria sobre el texto de Kapur-di-giri, tradujo este adjetivo con dudas por «poderoso»; y Lassen, al ocuparse del edicto XIV de Girnar, donde esta palabra vuelve a aparecer bajo la forma de mahâlaké, vio acertadamente que debía significar grande, aunque sin poder determinar de qué grandeza se trata concretamente. Los budistas del Sur vienen aquí felizmente en nuestra ayuda; emplean, en efecto, mahallaka y mahalla con los significados de grande para las cosas animadas e inanimadas, y de viejo, de edad avanzada. Así, vemos que mahallaka se aplica a un vihâra o monasterio, como ocurre, y aún más a menudo a un hombre viejo o de edad avanzada. Es probable que esta palabra sea una evolución popular de un primitivo mahat. He aquí en qué sentido la explica la glosa pâli-barmane que acompaña al ejemplar del Pâtimôkkha perteneciente a la Biblioteca Nacional. El autor, al comentar el epíteto mahallakam, empleado para caracterizar un Vihâra, se expresa así: Mahantam̃ mahantâbhâvam̃ lâti gaṇhâttti mahâlassa bhâvô mahallam̃ mahantabhâvô êtassa atthîti mahallakô, es decir: «[Mahallam significa] mahantam, grande; obtiene, adquiere el estado de aquello que es grande; se dice del estado de lo que es grande o mahalla, la grandeza; aquel a quien pertenece el estado de lo que es grande se llama mahallaka». Tampoco hay que olvidar el Abhidhâna ppadipikâ, cuya autoridad, independientemente de los ejemplos citados hace un momento, bastaría para establecer el doble significado de mahalla y mahallaka: «ancho, grande» y «viejo, de edad avanzada». En cuanto a la etimología misma de la palabra, quizá se llegaría a ella más rápidamente por la vía india, tomando mahalla por el prácrito de mahalya, sustantivo de mahala + ya, y este mahala vendría de mah con el sufijo uṇâdi, ala. He dicho hace un momento que el texto del edicto de Girnar demostraba que la palabra mahalaka por mahallaka tenía ciertamente el significado de religioso de edad avanzada. Citaré otro ejemplo tomado del mismo tipo de monumentos, en el Apéndice, n.º X.
Esta casa por completo.] El texto nos ofrece aquí una huella muy reconocible de la influencia de los dialectos populares en el sánscrito del Saddharma puṇḍarîka: la palabra sarvâvantam para decir «por completo». En efecto, una vez admitida la existencia del adjetivo sarvâvat, formado a partir de sarva, que con la adición del sufijo vat ya expresa el carácter de posterioridad, tendría que ser, al menos en neutro, sarvâvat. El nominativo neutro sarvâvantam es un ejemplo del paso de un adjetivo en vat a la primera declinación, paso que tiene lugar mediante la adopción del tema más desarrollado vanta y que concuerda plenamente con la analogía del pali.
Libre de preocupación e inquietud.] Las palabras del texto son nirupâdânô vigatanivaraṇaḥ. El intérprete tibetano traduce nirupâdânâ por mya-ngan-med-tching, exactamente como si tuviera ante sí açôka, «exento de pesar»; de ello resulta que upâdâna se considera sinónimo de çôka. La misma versión traduce vigata nivaraṇa por sgrib-pa-dang-bral, «exento de oscuridad, de aquello que ofusca». Esta interpretación representa con mucha exactitud el sánscrito nivaraṇa, sobre todo cuando esta palabra se emplea en sentido moral o filosófico; sin embargo, aquí necesita precisarse.
Libre de preocupación e inquietud.] Las palabras del texto son nirupâdânô vigatanivaraṇaḥ. El intérprete tibetano traduce nirupâdânâ por mya-ngan-med-tching, exactamente como si tuviera ante sí açôka, «exento de pesar»; de ello resulta que upâdâna se considera sinónimo de çôka. La misma versión traduce vigata nivaraṇa por sgrib-pa-dang-bral, «exento de oscuridad, de aquello que ofusca». Esta interpretación representa con mucha exactitud el sánscrito nivaraṇa, sobre todo cuando esta palabra se emplea en sentido moral o filosófico; sin embargo, aquí necesita precisarse.
Carros enganchados a bueyes.] Para traducir el texto con toda la precisión deseable, habría que decir: «que les dé únicamente carros enganchados a bueyes»: gôrathakân êvânuprayatchtchhêt; el uso de la palabra évâ tiene por objeto indicar que, sin preocuparse por repartir entre sus hijos los diversos carros que acaba de prometerles para animarlos a salir de la casa en llamas, les da una sola clase de carros, que son los más hermosos y valiosos de todos. Sin embargo, todavía queda una pequeña dificultad, pues la continuación de la parábola y la manera en que Çâkya la interpreta parecen indicar que el padre debería dar un solo carro. En efecto, ese carro correspondería al vehículo de los Buddhas, al Buddhayâna, el primero y, según el pensamiento de Çâkya, el único que realmente existe de los tres vehículos cuyo uso enseña el Buddha. Pero puede decirse que la similitud sigue siendo adecuada desde el punto de vista de la liberación, pues cada uno de los hijos sube a un carro tirado por bueyes, del mismo modo que cada uno de los oyentes inteligentes sube al vehículo del Buddha, que es el Mahâyâna.
Adornados con cojines de algodón cubiertos de tela y seda.] La comparación de los nuevos manuscritos del Sr. Hodgson me permite traducir estos epítetos con más precisión de la que había podido alcanzar basándome en un solo manuscrito: la cuestión no tiene gran importancia en sí misma; pero en estos estudios encontramos tantas causas de error difíciles de evitar que hay que aprovechar todas las ocasiones para aportar precisión allí donde sea posible. En esta parte de la descripción de los carros deben distinguirse dos epítetos, y leer: «adornados con cojines de algodón, cobertores de lana y colchones; cubiertos con cortinas y tejidos de seda»: ambos epítetos se refieren por igual a los carros que se trata de describir. El primero es tûlikâgôṇikâstaraṇân, compuesto por tres sustantivos: 1.º tûlikâ, que designa un colchón o cojín de algodón; 2.º gôṇika, que no es clásico, pero que aparece en pâli en la forma gônaka y designa una colcha de lana, como se ve en el Vocabulario pâli; 3.º, por último, âstaraṇa, que otros manuscritos leen sam̃staraṇya y que significa cama o colchón. Este epíteto, que los manuscritos terminan equivocadamente con la desinencia âm̃ en lugar de ân, va seguido de duchya paṭṭa vastrâstîrṇân, que difícilmente puede traducirse de otro modo que como propongo hacerlo ahora. El único término interesante de estas enumeraciones es gôṇika, que recuerda el término pâli gôṇa, «buey», palabra que se encuentra en la lengua del Lotus, en particular un poco más abajo, donde el texto habla de bueyes uncidos a carros: gôṇâir yôdjitân; esta palabra también se usa entre los singaleses, que la tomaron del pâli.
¿De qué serviría dar otros carros a estos niños?] La frase del texto está formulada así: Alam mê êchâm̃ kumârakânâm anyâir yânâir dattâir iti, literalmente: «Basta de otros carros dados a estos niños que son míos». Es posible que el intérprete tibetano tuviera ante sí otro texto, pues su versión significa, si no me equivoco: «Si no diera carros a estos niños, ¿qué tendría que hacer?»
En posesión de tu ciencia, de la fuerza, etc.] Ahora que estamos seguros del valor de estos términos abstractos, es posible traducir con mayor exactitud: «En posesión de las condiciones de un Buddha, que son la ciencia, las fuerzas, las intrepideces, las cualidades de independencia del Tathâgata».
Condiciones del mundo.] El término que emplea el texto es el adjetivo drĭchṭadhârmika, «relativo a la condición visible», es decir, al mundo actual. El Abhidharma koça vyâkhyâ explica así drĭchṭadharma: drĭchṭô dharmaḥ drĭchṭadjanmêtyarthah, «la condición vista», es decir, el nacimiento visto (actual). Este es también el sentido que se encuentra en la traducción que I. J. Schmidt hizo del Vadjra tchtchhédika tibetano; allí, el drîchṭa êva dharmê del texto se traduce por bis zur gegenwärtigen Geburt. El intérprete tibetano del Saddharma traduce asimismo la palabra que nos ocupa por «en el tiempo actual». Se ve que drĭchṭa conserva entre los Buddhistas el significado especial que tiene entre los Brâhmanes cuando se opone a adrĭchṭa, «lo invisible, el mundo futuro». Esto se ve claramente por el uso que hacen los Buddhistas del Sur de esta expresión; entre ellos, diṭṭhé tchêva dhammé significa «en este mundo» y se opone a samparâya, «el mundo futuro»; y el Abhidhâna ppadipikâ define el diṭṭhadhammika como «el fruto de las acciones en este mundo», lo cual viene a ser más o menos lo mismo, puesto que la existencia del hombre en este mundo es el fruto de sus acciones anteriores.
En posesión de tu ciencia, de la fuerza, etc.] Ahora que estamos seguros del valor de estos términos abstractos, es posible traducir con mayor exactitud: «En posesión de las condiciones de un Buddha, que son la ciencia, las fuerzas, las intrepideces, las cualidades de independencia del Tathâgata».
Condiciones del mundo.] El término que emplea el texto es el adjetivo drĭchṭadhârmika, «relativo a la condición visible», es decir, al mundo actual. El Abhidharma koça vyâkhyâ explica así drĭchṭadharma: drĭchṭô dharmaḥ drĭchṭadjanmêtyarthah, «la condición vista», es decir, el nacimiento visto (actual). Este es también el sentido que se encuentra en la traducción que I. J. Schmidt hizo del Vadjra tchtchhédika tibetano; allí, el drîchṭa êva dharmê del texto se traduce por bis zur gegenwärtigen Geburt. El intérprete tibetano del Saddharma traduce asimismo la palabra que nos ocupa por «en el tiempo actual». Se ve que drĭchṭa conserva entre los Buddhistas el significado especial que tiene entre los Brâhmanes cuando se opone a adrĭchṭa, «lo invisible, el mundo futuro». Esto se ve claramente por el uso que hacen los Buddhistas del Sur de esta expresión; entre ellos, diṭṭhé tchêva dhammé significa «en este mundo» y se opone a samparâya, «el mundo futuro»; y el Abhidhâna ppadipikâ define el diṭṭhadhammika como «el fruto de las acciones en este mundo», lo cual viene a ser más o menos lo mismo, puesto que la existencia del hombre en este mundo es el fruto de sus acciones anteriores.
« Experimentan males, como la condición de Dêva, etc.».] El texto es aquí un poco confuso, y temo no haber captado su verdadero sentido; propongo ahora traducirlo así: «experimentan males como la presencia de las cosas que no desean y la ausencia de aquellas que desean, lo cual constituye la miseria de la condición de los Dêvas y de los hombres». Esta idea es, como se sabe, común en la India; sin embargo, ignoro si suele aplicarse a los Dêvas.
«Las cinco cualidades del deseo».] Son los cinco kâmaguṇa, o cualidades sensibles que despiertan los deseos de los hombres, a saber, la forma, el sonido, el olor, el sabor y el atributo tangible. Estas cualidades se enumeran categóricamente más abajo, f. 47 a, p. 51.
«Elementos constitutivos del estado de Bôdhi».] Literalmente, «las partes o miembros de la “Bôdhi”, bôdhyag̃ga». Se llama así a siete preceptos que deben observarse o, mejor aún, a siete cualidades que debe adquirir quien quiera alcanzar la Bôdhi o el estado de Buddha. Estas cualidades se enumeran en el Lalita vistara y en la sección xxx del Vocabulario pentaglotte; las expondré bajo el n.º XII del Apéndice, comparándolas con la enumeración que ofrecen los Buddhistas del Sur.
«Las cinco cualidades del deseo».] Son los cinco kâmaguṇa, o cualidades sensibles que despiertan los deseos de los hombres, a saber, la forma, el sonido, el olor, el sabor y el atributo tangible. Estas cualidades se enumeran categóricamente más abajo, f. 47 a, p. 51.
«Elementos constitutivos del estado de Bôdhi».] Literalmente, «las partes o miembros de la “Bôdhi”, bôdhyag̃ga». Se llama así a siete preceptos que deben observarse o, mejor aún, a siete cualidades que debe adquirir quien quiera alcanzar la Bôdhi o el estado de Buddha. Estas cualidades se enumeran en el Lalita vistara y en la sección xxx del Vocabulario pentaglotte; las expondré bajo el n.º XII del Apéndice, comparándolas con la enumeración que ofrecen los Buddhistas del Sur.
[Las cuatro verdades de los Âryas.] Léase: «las cuatro verdades sublimes».
Así como algunos de los hijos de este hombre.] No está de más señalar que en las notas del señor Rémusat sobre el Foe koue ki se encuentra una alusión a este pasaje, e incluso una traducción casi literal de la frase que es objeto de la presente nota. Después de referir y explicar, según las autoridades chinas, la metáfora de los tres carros y la de los tres animales que cruzan a nado un río, el señor Rémusat añade: «Esto es lo que se designa en los libros clásicos con este pasaje: Estos discípulos, al buscar el carro de las ovejas, salen de la morada del fuego». No dudo de que esta última frase, que Rémusat puso entre comillas como una cita, pertenece a la parábola de la casa en llamas, que ocupa la mayor parte de nuestro tercer capítulo. Y esto nos brinda una nueva ocasión para señalar el cuidado concienzudo con que este erudito reproducía en su verdadera forma las indicaciones de todo tipo que encontraba en los autores chinos, marcándolas con signos que más tarde debían ayudar a remitirlas a su fuente original.
Un solo carro magnífico.] Esto contradice formalmente lo que se ha dicho más arriba, [] que el padre entrega varios carros. Véase más arriba, f. 44 b, y la nota, p. 369.
Así como algunos de los hijos de este hombre.] No está de más señalar que en las notas del señor Rémusat sobre el Foe koue ki se encuentra una alusión a este pasaje, e incluso una traducción casi literal de la frase que es objeto de la presente nota. Después de referir y explicar, según las autoridades chinas, la metáfora de los tres carros y la de los tres animales que cruzan a nado un río, el señor Rémusat añade: «Esto es lo que se designa en los libros clásicos con este pasaje: Estos discípulos, al buscar el carro de las ovejas, salen de la morada del fuego». No dudo de que esta última frase, que Rémusat puso entre comillas como una cita, pertenece a la parábola de la casa en llamas, que ocupa la mayor parte de nuestro tercer capítulo. Y esto nos brinda una nueva ocasión para señalar el cuidado concienzudo con que este erudito reproducía en su verdadera forma las indicaciones de todo tipo que encontraba en los autores chinos, marcándolas con signos que más tarde debían ayudar a remitirlas a su fuente original.
Un solo carro magnífico.] Esto contradice formalmente lo que se ha dicho más arriba, [] que el padre entrega varios carros. Véase más arriba, f. 44 b, y la nota, p. 369.
Estrofa 39. Lobos feroces.] El texto sánscrito tiene bhêruṇḍa, traducido aquí, como más abajo en la estrofa 54, en la versión tibetana por ltche-spyang, según Csoma, «chacal o lobo que vive en los cementerios». Como el nombre del chacal vuelve a aparecer varias veces traducido por otro término tibetano, he preferido el de lobo para representar bhêruṇḍa, que, por lo demás, no tiene ese sentido en Wilson. Tal vez se quiera designar con ello a la hiena.
Estrofa 48. Y Piçâtchas hambrientos que buscan alimento.] Léase: «Piçâtchas y buitres que buscan alimento».
Estrofa 77. Adornados con flores.] En lugar de supuchpâ, según el cual he traducido, los dos manuscritos del Sr. Hodgson leen supuchṭâ, «bien alimentados», que es una lectura preferible.
Estrofa 48. Y Piçâtchas hambrientos que buscan alimento.] Léase: «Piçâtchas y buitres que buscan alimento».
Estrofa 77. Adornados con flores.] En lugar de supuchpâ, según el cual he traducido, los dos manuscritos del Sr. Hodgson leen supuchṭâ, «bien alimentados», que es una lectura preferible.
Estrofa 84. Los seis conocimientos sobrenaturales.] Como se ha visto más arriba, cap. I, f. 1, los buddhistas cuentan cinco conocimientos sobrenaturales, âbhidjnâ, sobre los cuales he prometido las aclaraciones necesarias: se encontrarán más abajo, en la sección del Apéndice n.º XIV, que corresponde al cap. V, f. 75 a del texto. Indicaré allí la existencia de otra enumeración: la de los seis conocimientos sobrenaturales, chaḍabhidjñâ, que solo difiere de la lista de los cinco conocimientos por la adición de un término. En cuanto a la triple ciencia de la que se habla en el texto de nuestro Lotus, hay dos maneras de considerarla. En primer lugar, puede verse en ella el conocimiento de las tres partes del tiempo, el presente, el pasado y el futuro, conocimiento que le vale a un Buddha el epíteto de trikâlavit, «el que conoce los tres tiempos». En segundo lugar, puede reconocerse en ella el conocimiento de estas tres verdades fundamentales del buddhismo, que he extraído de un pasaje del Avadâna çataka: «Esto es transitorio, esto es sufrimiento, esto es vacío». Sangermano y, siguiendo su ejemplo, Fr. Buchanan, llaman bhâvanâ a la meditación de estas tres verdades, que los barmanes expresan mediante los términos pâlis ligeramente alterados: aneizzâ = anitchicha (por anitya), doccha = dukkha (por duḥkha), y anatta = anattâ (por anâtmâ). El comentario que añaden los autores que acabo de citar es vago y confuso; afortunadamente, podemos sustituirlo por la explicación muy clara que da Clough, en su Diccionario cingalés, de la palabra trividyâ. «La triple ciencia, o, más exactamente, la ciencia sobrenatural de los tres hechos importantes, que son la impermanencia de la materia, la existencia del dolor en todas las cosas y la aniquilación del espíritu o del principio vital, o también de la facultad de sentir que hay en todos los seres. Esta ciencia constituye una de las doctrinas esenciales y rectoras del buddhismo, y Buddha (léase Çâkyamuni) la poseía en el grado más alto posible: constituía uno de los atributos esenciales y divinos de su carácter; y la adquisición de esta ciencia es uno de los principales objetos del estudio intelectual y de la meditación abstracta de los sacerdotes (léase de los Religiosos) y de todos los ascetas».
St. 89. A la pura esencia del estado de Bôdhi.] Lea: «al trono de la Bôdhi».
St. 90. ¡Oh bienaventurado!] Me equivoqué al traducir así la palabra tichya; debía conservarla sin traducir, pues es el nombre propio del padre de Çâriputtra, nombre que se emplea aquí para designar al propio Çâriputtra. Este Religioso tenía dos nombres: uno que recibió de su madre Çârikâ, por el que se le conoce generalmente; el otro que recibió de su padre Tichya, y que es Upatichya; este último se usa con menos frecuencia. No dudo de que el Tichya del texto de nuestro Lotus se emplee irregularmente en lugar de Upatichya. Por tanto, hay que traducir así el comienzo de la estrofa 90: «Sábelo, pues, ahora, oh Tichya».
f. 53 b St. 94. La verdad de los Âryas.] Lea: «la verdad sublime».
St. 90. ¡Oh bienaventurado!] Me equivoqué al traducir así la palabra tichya; debía conservarla sin traducir, pues es el nombre propio del padre de Çâriputtra, nombre que se emplea aquí para designar al propio Çâriputtra. Este Religioso tenía dos nombres: uno que recibió de su madre Çârikâ, por el que se le conoce generalmente; el otro que recibió de su padre Tichya, y que es Upatichya; este último se usa con menos frecuencia. No dudo de que el Tichya del texto de nuestro Lotus se emplee irregularmente en lugar de Upatichya. Por tanto, hay que traducir así el comienzo de la estrofa 90: «Sábelo, pues, ahora, oh Tichya».
f. 53 b St. 94. La verdad de los Âryas.] Lea: «la verdad sublime».
Est. 97. ¿Y de qué están completamente liberados los seres?] La comparación de los manuscritos me permite traducir el comienzo de esta estrofa de una manera más exacta: «Y de qué están completamente liberados los seres, ¡oh Sârisuta! Están liberados del aferramiento a todo lo que los rodea; y, sin embargo, etc.». Por lo demás, este pasaje es oscuro, y es combinando las lecciones de los dos manuscritos del señor Hodgson con el de la Sociedad, y sobre todo sin tener en cuenta los errores de los copistas, como se llega al sentido que propongo. El manuscrito de la Sociedad Asiática dice, समन्तग्राहाभविमुक्तभोन्ति, y los del señor Hodgson, अशुक्तग्राह्मातुविमुक्तभोन्ति. Puesto que la palabra vimukta se ha empleado en la pregunta que abre la estrofa, supongo que también debe repetirse en la respuesta, y por consiguiente leo vimukta bhônti, «están liberados». Queda entonces una palabra terminada en âtu, alteración de la desinencia âtô, que aparece muy frecuentemente, en este estilo bárbaro, en lugar del ablativo ât. La bh del manuscrito de la Sociedad Asiática, en sustitución de la tu de los manuscritos del señor Hodgson, se explica por el parecido que presentan las letras bha y ta en el antiguo carácter Rañdjâ, carácter que, según el señor Hodgson, sirvió para transcribir los textos religiosos de los Buddhistas del Norte antes de que se empleara el carácter más cursivo del Nepal. Por lo tanto, leo en este manuscrito samantagrâhâtu, por samantagrâhât, que traduzco literalmente «del aferramiento circundante», es decir, de todo lo que el hombre toma o recibe del mundo que lo rodea, o, si se prefiere, «absolutamente de todo aferramiento». Esta lectura me parece preferible a la de los manuscritos del señor Hodgson, açahtagrâhyâtu, que solo daría un sentido si se separara y corrigiera así: asaktâ grâhâtu, «desapegados, están liberados del aferramiento».
Estrofa 131. Aquellos que han llegado a.] Léase: «aquellos que han partido hacia».
Estrofa 133. Aquellos que han llegado a.] Léase: «aquellos que han partido hacia».
Estrofa 133. Aquellos que han llegado a.] Léase: «aquellos que han partido hacia».