La salvación y el perdón son lo mismo. Ambos implican que algo ha salido mal; algo de lo que necesitas ser salvado o por lo que necesitas ser perdonado; algo que anda mal y necesita un cambio correctivo, algo aparte o diferente de la Voluntad de Dios. Así ambos términos implican algo imposible pero que sin embargo ha ocurrido, dando como resultado un estado de conflicto entre lo que es y lo que nunca podría ser.
La verdad y las ilusiones son ahora iguales, pues ambas han ocurrido. Lo imposible se convierte en aquello por lo que necesitas perdón; de lo que necesitas salvación. La salvación es la región fronteriza entre la verdad y la ilusión. Refleja la verdad porque es el medio por el cual puedes escapar de las ilusiones. Sin embargo, no es la verdad porque deshace lo que nunca fue hecho.
¿Cómo podría haber un lugar de encuentro en absoluto donde la tierra y el Cielo puedan reconciliarse dentro de una mente en la que ambos existen? La mente que ve ilusiones las piensa reales. Tienen existencia en cuanto que son pensamientos. Y sin embargo no son reales porque la mente que piensa estos pensamientos está separada de Dios.
¿Qué une la mente y los pensamientos separados con la Mente y el pensamiento que son por siempre Uno? ¿Qué plan podría mantener inviolada la verdad, y sin embargo reconocer la necesidad que traen las ilusiones, y ofrecer medios por los cuales se deshacen sin ataque, y sin ningún roce de dolor?
¿Qué sino un Pensamiento de Dios podría ser este plan por el cual lo nunca hecho es pasado por alto, y los pecados que nunca fueron reales son olvidados? El Espíritu Santo mantiene este plan de Dios exactamente tal como Lo recibió de Él en la Mente de Dios, y en la tuya. Está fuera del tiempo en cuanto que su Fuente es atemporal. Sin embargo opera en el tiempo por tu creencia de que el tiempo es real. Inconmovible mira el Espíritu Santo lo que ves; el pecado y el dolor y la muerte, la pena y la separación y la pérdida. Sin embargo Él sabe que una cosa sigue siendo verdad; Dios sigue siendo Amor, y esto no es Su Voluntad.
Éste es el Pensamiento Que lleva las ilusiones a la verdad, y las ve como apariencias tras las cuales está lo inmutable y lo seguro. Éste es el pensamiento que salva y que perdona, porque no deposita fe en lo que no ha sido creado por la única Fuente que conoce. Éste es el Pensamiento
Cuya función es salvar dándote Su función como la tuya propia. La salvación es tu función con el Uno a Quien se le dio el plan. Ahora se te confía este plan, junto con Él. Él tiene una sola respuesta a las apariencias, sin importar su forma, su tamaño, su profundidad, o cualquier atributo que parezcan tener:
La salvación es mi única función aquí.
Dios sigue siendo Amor, y esto no es Su Voluntad.
Tú que aún obrarás milagros, asegúrate de practicar bien la idea de hoy. Procura percibir la fortaleza en lo que dices, pues éstas son palabras en las que reside tu libertad. Tu Padre te ama. Todo el mundo de dolor no es Su Voluntad. Perdónate el pensamiento de que Él quiso esto para ti. Luego deja que el Pensamiento con el que Él ha reemplazado todos tus errores entre en los lugares oscurecidos de tu mente que pensó los pensamientos que nunca fueron Su Voluntad.
Esta parte pertenece a Dios, como el resto. No piensa sus pensamientos solitarios ni los hace reales ocultándolos de Él. Deja entrar la luz, y no mirarás ningún obstáculo a lo que Él quiere para ti. Abre tus secretos a Su benévola Luz, y mira cuán brillante sigue brillando esta Luz en ti.
Practica hoy Su Pensamiento, y deja que Su Luz busque y alumbre todos los lugares oscurecidos, y brille a través de ellos para unirlos al resto. Es la Voluntad de Dios que tu mente sea Una con la Suya. Es la Voluntad de Dios que Él tenga un solo Hijo. Es la Voluntad de Dios que Su único Hijo eres tú.
Piensa en estas cosas al practicar hoy, y comienza tus períodos de práctica más largos con esta instrucción en el camino de la verdad: La salvación es mi única función aquí.
La salvación y el perdón son lo mismo.
Luego vuélvete a Aquel que comparte tu función contigo, y deja que Él te enseñe lo que necesitas aprender para dejar a un lado todo miedo, y conocer tu Ser como Amor Que no tiene opuesto en ti.
Perdona todos los pensamientos que se opondrían a la verdad de tu plenitud, unidad y paz. No puedes perder los regalos que tu Padre te dio. No quieres ser otro yo. No tienes más función que la de Dios. Perdónate la que piensas que hiciste.
El perdón y la salvación son lo mismo. Perdona lo que has hecho, y estás salvado.
Tienes un mensaje especial para hoy que tiene el poder de eliminar para siempre de tu mente todas las formas de duda y miedo. Si te sientes tentado a creerlas verdaderas, recuerda que las apariencias no pueden resistir la verdad que estas poderosas palabras contienen:
La salvación es mi única función aquí.
Dios sigue siendo Amor, y esto no es Su Voluntad.
Tu única función te dice que eres Uno. Recuérdate esto entre los momentos en que das cinco minutos para ser compartidos con Aquel que comparte contigo el plan de Dios. Recuérdate:
La salvación es mi única función aquí.
Así pones el perdón en tu mente, y dejas que todo miedo sea suavemente puesto a un lado para que el Amor halle Su lugar legítimo en ti, y te muestre que eres el Hijo de Dios.
✨ Resumen y puesta en práctica
La salvación y el perdón son lo mismo. Ambos implican que algo va mal: algo de lo que hay que ser salvado, algo torcido que necesita ser corregido. La salvación se convierte en la zona fronteriza entre la verdad y la ilusión. Refleja la verdad porque es el medio por el cual puedes escapar de las ilusiones. Pero todavía no es la verdad porque deshace lo que nunca se hizo. La salvación es tu única función aquí: no hay otra.
¿Cómo podrían reconciliarse la tierra y el Cielo en una mente donde ambos existen? El Espíritu Santo guarda el plan de Dios para esta reconciliación. Opera en el tiempo porque tú todavía crees en el tiempo, pero Su Fuente es atemporal. No reconoce realmente el pecado: lo deshace sin ataque y sin rastro de dolor. Su única función es sustituir el miedo por el perdón, la ilusión por la verdad. Y esa es también tu función.
Tras la dedicación de la lección 98, la lección 99 precisa exactamente cuál es ese papel: la salvación. No una salvación lejana, sino el perdón inmediato que ofreces aquí y ahora. Las lecciones 100-105 desarrollarán las implicaciones: tu papel es esencial (100), la Voluntad de Dios para ti es la felicidad (101), compartes esa voluntad (102), Dios es felicidad (103), buscas lo que te pertenece (104), y la paz y la alegría de Dios son tuyas (105).
Hoy, recuerda cada hora: « La salvación es mi única función aquí. » Cuando se presente una situación difícil, no busques una solución compleja: perdona. Es tu única función. El perdón no es una opción entre otras; es LA función. Antes de actuar, de hablar, de reaccionar, pregúntate: « ¿Esto perdona? » Si la respuesta es no, elige otra cosa. Simplifica tu día a una sola cosa: perdonar.
Solo tienes una cosa que hacer aquí. Hazla, y todo lo demás encontrará su lugar.
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