La idea de hoy es meramente otra manera de decir: Que no me desvíe hacia la tentación. El propósito del mundo que ves es oscurecer tu función de perdón, y proporcionarte una justificación para olvidarla. Es la tentación de abandonar a Dios y a Su Hijo, adoptando una apariencia física. Esto es lo que miran los ojos del cuerpo.
Nada de lo que los ojos del cuerpo parecen ver puede ser otra cosa que una forma de tentación, ya que éste era el propósito del cuerpo mismo. Sin embargo, hemos aprendido que el Espíritu Santo tiene otro uso para todas las ilusiones que has hecho, y por lo tanto ve en ellas otro propósito. Para el Espíritu Santo, el mundo es un lugar donde aprendes a perdonarte lo que consideras tus pecados. En esta percepción, la apariencia física de la tentación se convierte en el reconocimiento espiritual de la salvación.
Para repasar nuestras últimas lecciones, tu función aquí es ser la luz del mundo, una función que te dio Dios. Sólo la arrogancia del ego te lleva a cuestionar esto, y sólo el miedo del ego te induce a considerarte indigno de la tarea que te asignó Dios Mismo.
La salvación del mundo aguarda tu perdón, porque a través de él escapa el Hijo de Dios de todas las ilusiones y, por lo tanto, de toda tentación. El Hijo de Dios eres tú. Sólo cumpliendo la función que Dios te dio serás feliz. Eso se debe a que tu función es ser feliz usando los medios por los cuales la felicidad se hace inevitable.
No hay otro camino. Por lo tanto, cada vez que eliges si cumples o no tu función, estás eligiendo en realidad si ser feliz o no. Recordemos esto hoy. Recordémonoslo por la mañana y de nuevo por la noche, y también durante todo el día.
Prepárate de antemano para todas las decisiones que tomarás hoy recordando que todas ellas son en realidad muy sencillas. Cada una conducirá a la felicidad o a la infelicidad. ¿Puede ser realmente difícil tomar una decisión tan sencilla? Que la forma de la decisión no te engañe. La complejidad de la forma no implica complejidad de contenido. Es imposible que cualquier decisión en la tierra pueda tener un contenido distinto de esta sola y simple elección. Ésa es la única elección que ve el Espíritu Santo. Por lo tanto es la única elección que hay.
Hoy, pues, practiquemos con estos pensamientos:
Que no olvide mi función. Que no trate de sustituir la de Dios por la mía.
Que perdone y sea feliz.
Al menos una vez dedica diez o quince minutos a reflexionar sobre esto con los ojos cerrados. Te vendrán pensamientos afines para ayudarte, si recuerdas la importancia crucial que tiene tu función para ti y para el mundo.
En las frecuentes aplicaciones de la idea de hoy que se harán a lo largo del día, dedica varios minutos a repasar los pensamientos, y luego a pensar en ellos y en nada más.
Esto será difícil al principio, particularmente, ya que no eres diestro en la disciplina mental que requiere. Puede que necesites repetir Que no olvide mi función bastante a menudo, para ayudarte a concentrarte.
Se requieren dos formas de períodos de práctica más breves. A veces, haz los ejercicios con los ojos cerrados, tratando de concentrarte en los pensamientos que estás aplicando. Otras veces mantén los ojos abiertos después de repasar los pensamientos y mira lenta y no selectivamente a tu alrededor, diciéndote:
Éste es el mundo que es mi función salvar.
✨ Resumen y puesta en práctica
No olvides tu función. Esta frase es una barandilla, un recordatorio que te devuelve a lo esencial. La lección de hoy es otra manera de decir: « No me dejes extraviarme en la tentación. » El mundo que ves fue concebido por el ego para oscurecer tu función de perdón. Cada distracción, cada problema, cada emoción fuerte es un intento de hacerte olvidar por qué estás aquí.
Los ojos del cuerpo solo ven formas de tentación: ese es su único propósito. Pero el Espíritu Santo puede usar esas mismas ilusiones con otro propósito: enseñarte a perdonarte a ti mismo. El mundo se convierte entonces no en una trampa, sino en un aula. Cada situación aparentemente difícil es una ocasión para recordar tu función y cumplirla. Eliges entre ser feliz o no serlo cada vez que eliges cumplir tu función o olvidarla.
Esta lección repasa y consolida las tres anteriores. Las lecciones 61, 62 y 63 establecieron respectivamente: eres la luz, tu función es el perdón, la paz llega a todos por medio de ese perdón. La lección 64 añade la advertencia crucial: vas a ser tentado a olvidar todo esto. Por eso las lecciones 65 y 66 martillearán la idea de que esta función es única y de que es tu felicidad misma.
Hoy, prepárate para cada decisión que tomes diciéndote: « Que no olvide mi función. » Antes de cada respuesta, cada acción, cada palabra, haz una pausa y pregúntate: ¿esto me acerca a mi función o me aleja de ella? Si sientes que te alejas, respira y elige de nuevo. La salvación del mundo espera tu perdón.
Tienes una sola función. No dejes que se hunda en el olvido. Cada instante es una ocasión para recordarla y cumplirla con amor.
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